viernes, 29 de febrero de 2008

Manon Lescaut, de Puccini: pequeña, y muy personal, discografía

La versión que recomendaría a todo indeciso que no sabe qué Manon Lescaut escoger, y que la escucha por vez primera, es la de Bruno Bartoletti (1971). A sus órdenes, Plácido Domingo (Des Grieux omnipresente, como vimos ayer), Montserrat Caballé y Vicente Sardinero. Una edición en mi opinión referencial, con la ventaja de que EMI la editó en su serie media, por lo cual el precio no es demasiado alto. Si se está pensando en tener una sola grabación de Manon Lescaut, con buen sonido y un buen reparto, esta sería la primera opción que aconsejaría. De los registros históricos, destacaría tres. El primero, el de Jonel Perlea con Licia Albanese, Jussi Björling y Robert Merrill. Albanese y Björling también son protagonistas, por cierto, de un registro en vivo del Met, con Mitropoulos en el foso, editado por Melodram. La grabación de estudio que nos ocupa, sin embargo, fue en origen publicada por RCA y más recientemente (y como suele ser habitual a un precio más reducido) por Naxos Historical. Dos grabaciones que no llegan a convencerme están protagonizadas por las archirrivales que reinaron sobre el planeta operístico en los años 5o, Maria Callas y Renata Tebaldi. La grabación de Francesco Molinari-Pradelli, cronológicamente la primera de las dos (1954) y estrictamente contemporánea de Perlea reúne a la Tebaldi, su habitual partenaire Mario del Monaco y a Mario Boriello como trío protagonista; la casa, claro está, es la Decca. Como Geronte, desgraciadamente, mi aborrecido Fernando Corena. No llega a convencerme, pese al placer que supone escuchar la voz de la Tebaldi. La grabación de Tullio Serafin es unos años posterior, 1957. Ni Maria Callas ni Giuseppe di Stefano (especialmente él) están en muy buena forma en este registro de EMI, pese a la pasión que transmiten a sus personajes. Para fans, lo mismo que en el caso de la grabación tebaldiana. Curiosa la presencia, por cierto, de Fiorenza Cossotto en el secundario papel del músico. He de reconocer que tengo una gran, gran debilidad por la grabación de Sinopoli con Mirella Freni, Plácido Domingo (¡otra vez Des Grieux!) y Renato Bruson, con la Philharmonia y el Coro del Covent Garden. Debilidad que no viene desde luego por parte de Sinopoli, que no es santo de mi devoción, sino principalmente por mi adorada Mirella. Grabada para Deutsche Grammophon, fue la primera Manon de cierta entidad que escuché y la considero muy, muy recomendable. La propia Freni volvería a grabar Manon con Luciano Pavarotti bajo la batuta de James Levine en 1992 (Decca). Por el año, recomendaría cautela con esta grabación de la que nada más puedo decir, por no haberla escuchado. Otra que tal baila (en cuanto a cautelas por cronología) es la de Riccardo Chailly con Carreras y Te Kanawa en 1987, con la Orquesta y el Coro del Comunale de Bolonia, en la que Paolo Coni comparte protagonismo con ambos... el año indicaría un estado no demasiado bueno de la voz de Carreras... En directo, y como grabación más reciente, la de la Scala, 1998. Riccardo Muti, que no se prodiga demasiado en Puccini, con José Cura y Maria Guleghina en una hiperlujosa puesta en escena de Liliana Cavani (existe filmación en DVD). Buen sonido directo de la Deutsche Grammophon y, debo decir, poco más. Cura, cuyo nombre suele producirme ciertas reticencias (¡por decirlo suavemente!) no está tan mal, pero tampoco puede decirse que me gustara. Nada, nada, no hay caso. Bartoletti, Bartoletti y Bartoletti... Mejor será.



Música para celebrar un cumpleaños

El de Rossini, concretamente, que nació un día como hoy. Así que para celebrarlo como es debido, rescato de mis archivos una versión de L'Italiana in Algeri elevada a las alturas tiempo atrás. La grabación, una de esas que hacía la RAI en directo pero sin público, tiene un sonido bastante bueno dadas las circunstancias. Su protagonista, una Isabella de libro que luego, muchos años más tarde (la grabación que pongo a vuestra disposición es de 1968), grabaría el que se considera por muchos como registro referencial de este título rossiniano: Marilyn Horne. Así que ustedes lo pasen bien, como se suele decir, y brinden abundantemente en honor de Don Joaquín. El reparto al completo:

L'ITALIANA IN ALGERI
Marilyn Horne (Isabella)
Mario Petri (Mustafá)
Pietro Bottazzo (Lindoro)
Walter Monachesi (Taddeo)
Guido Mazzini (Haly)
Giuliana Tavolaccini (Elvira)
Rosina Cavicchioli (Zulma)

Coro y Orquesta de la RAI de Turín
Carlo Franci
1968

CD1
CD2

Spirto gentil...

Canta Giuseppe Di Stefano, creo que en torno a 1949. Atención porque hace lo que le da la real e imperial gana con el aria y con el libreto pero en fin... eran otros tiempos. Y a él se lo perdono, débil que es una.

Vídeo de cameratamaestro

jueves, 28 de febrero de 2008

Preocupante

De lo que me acabo de enterar, referente a la ampliación del Museo del Prado. Espero de verdad que el problema esté solucionado y sobre todo que no se repita...

Manon y Des Grieux a granel


Así de popular era Manon en tiempos pretéritos,
como para inspirar esta pastelosísima postal

Unas cuantas maneras de cantar Donna non vidi mai. Ni están todos los que son, ni son de mi gusto todos los que están, pero hay para elegir; en esta ocasión no he tenido tantas energías en las búsqueda como en el caso de Tosca:

Y unas cuantas maneras de cantar Sola, perduta, abbandonata. Digo lo mismo que en el caso anterior:
Maria Callas, Eva Marton, Ghena Dimitrova, Mirella Freni, Montserrat Caballé, Anna Moffo, Renata Tebaldi, Miriam Gauci, Maria Guleghina.

Por si fueran pocos ejemplos, en Youtube podéis proseguir con las audiciones, y allí veréis:
Podríamos seguir hasta el día del Juicio por la tarde. Todo es cuestión de buscar. Así que, Lescautófilos, buena caza.


martes, 26 de febrero de 2008

Maazel contra el Eje del Mal

Viva la música; hoy martes la Filarmónica de Nueva York bajo la batuta de Lorin Maazel ha actuado en la capital de Corea del Norte, ya sabéis, ese país que, según Bush, es una amenaza para la seguridad mundial, miembro destacado de esa zona bombardeable que llaman el "Eje del Mal (la pobre Corea del Norte bastante tiene con lo que tiene, es decir, una dictadura), etc, etc, etc. Atención al programa porque en él se interpretaron los himnos de Corea del Norte y de los malos malísimos (desde el punto de vista de su gobernante, claro) Estados Unidos de América. Seguidos, eso sí, de un poco de Wagner (Preludio al Acto III de Lohengrin), un poco de Dvorak (Sinfonía nº 9) y un poco de Gershwin (Un americano en París). Programa americanísimo en pleno Eje del Mal (Bush dixit). Menos bombas y más música, esto es lo que hace falta (lástima que nadie vaya a molestarse en el cambio...).

Diana Damrau canta Mozart

Aria de concierto No, no che non sei capace, K219:

lunes, 25 de febrero de 2008

Simionato como Azucena

Dirige Carlo Maria Giulini. Video de felipecunha.

Euroscar


Javier Bardem se ha convertido en el primer actor español en conseguir un Oscar, por su papel en la película No country for old men, de los hermanos Coen, que se ha erigido como la gran triunfadora de una noche (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor de Reparto y Mejor Guión Adaptado) en la que por otra parte predominaron los nombres venidos de allende el Atlántico, ya que muchos de los afortunados son europeos. En la foto, Javier Bardem con la francesa Marion Cotillard (Mejor Actriz, por su encarnación de Edith Piaf en La vie en rose), con sus óscares.

Vídeo de TORCEROLLOS

El cumpleaños de un mito

Tal día como hoy venía al mundo en Nápoles uno de los tenores más legendarios de todos los tiempos: Enrico Caruso.


Vídeo de geologicalcamp



Vídeo de maldoror26



Otro vídeo de geologicalcamp

Manon sin Puccini; Henze


En 1951, cuando parecería que el mito de Manon había dado ya de sí todo lo que podía, Hans Werner Henze compuso Boulevard Solitude, una actualización de la vieja historia de Prévost, situada ahora en una anónima ciudad francesa de la posguerra. Con libreto de Grete Weil, el origen del interés de Henze por Manon surgió, al parecer, tras ver la película homónima de Henri-Georges Cluzot, ganadora del León de Oro del Festival de Venecia. La ópera (influída por tendencias jazzísticas y por la música popular francesa) se estrenaría en 1952, y constituiría el primer éxito de su autor. Se trata de una ópera en un acto, dividido en siete escenas que a su vez son separadas por Intermezzi. La historia es básicamente la misma que venimos tratando, pero las variaciones son significativas. En una estación de tren de una innominada ciudad francesa de los 50, Armand Des Grieux encuentra a la joven Manon Lescaut, que viaja hacia Lausana para completar sus estudios, acompañada por su hermano. El amor entre ellos surge a primera vista y huyen a París aprovechando un descuido de Lescaut. En París, ambos viven juntos en un apartamento hasta que a Armand se le acaban los recursos y Manon lo abandona (aconsejada por su hermano) por el viejo y rico Lilaque. Sin embargo aun sigue amando a Des Grieux. Cuando Lescaut la convence para que no deje a Lilaque, fuente de riquezas, y luego roba al anciano, éste lo descubre y echa a los hermanos de su casa. Armand se entera de ello en la universidad, informado por su amigo Francis. Al comienzo no le cree, lo que irrita a Francis. Después aparece Manon y el amor entre ambos se reaviva, pero la vida no mejora para ambos y Armand, desesperado, comienza a drogarse mientras Manon se convierte en amante del hijo de Lilaque. Lescaut roba un cuadro de la casa donde Lilaque la ha alojado. Manon es detenida. Cuando Armand acude a verla antes de su ingreso en prisión, no puede hablar con ella, pues está acompañada de otros presos. Así termina la Manon de Henze. Para que os hagáis una idea, aquí está la cuarta escena de Boulevard Solitude. Armand y los estudiantes están leyendo los poemas de Catulo:

viernes, 22 de febrero de 2008

Adiós, fotos

El avance de la tecnología es lo que tiene. Creo que aún anda por casa una Polaroid igual a la de la imagen (o al menos así era hasta una de las mudanzas sufridas en los últimos años), la cámara con la que me sacaron fotografías cuando vine al mundo. La cámara con la que hice, también, las primeras, porque era la única que andaba por casa (hasta la típica cámara de la primera comunión), casi siempre sin el flash que había que comprar aparte. Una cámara que ya no se fabrica, y cuyos carretes también van a desaparecer próximamente, víctima de la tecnología digital, aún más rápida que la rapidísima, para lo que era entonces, Polaroid. Parecía milagroso, a mis ojos, que la fotografía saliera instantáneamente, sin tener que esperar el (para mí) eterno tiempo de una semana que tardaba en revelarse el carrete en el laboratorio al que siempre íbamos. La Polaroid ni siente ni padece, desde luego, pero no he podido evitar sentirme algo nostálgica. Nada es eterno...

De Intermezzi y otros animales


Vídeo de ManonLes88

Ya que estamos hablando de Manon Lescaut, de Puccini, he aquí una de las piezas más conocidas de la ópera, su Intermezzo (aquí en interpretación de James Levine con, como no, la orquesta del Met). El Intermezzo es elemento común a muchas obras veristas, hasta tal punto que casi se ha considerado como un "requisito" del movimiento. Puccini no es verista y además su obra se resiste a ser fácilmente encasillada, aunque tenga algunos rasgos comunes a sus compañeros de generación, desde luego es un músico de mayor talla. Diferencia abismal a su favor, desde luego.
El Intermezzo verista suele constituir un oasis a las peripecias "realistas" y desgarradoras de los personajes. Como antecedente de esta costumbre se suele citar el preludio al Acto III de La Traviata, de Verdi. Helo aquí en la interpretación de Sir Georg Solti (Covent Garden, 1994, creo)

Vídeo de gabrielpadilla
Otro antecedente no verista de esta costumbre es el preludio al Acto IV de La Gioconda, de Amilcare Ponchielli, que recoge, entre otros, el sombrío tema del aria de la protagonista, Suicidio! (la intrepretación corre aquí a cargo de Antonino Votto en una de las grabaciones callasianas, concretamente la de 1952; la orquesta es la de la RAI de Turín):


De todas maneras, y ya metidos de lleno en el movimiento verista, el rey absoluto de este tipo de piezas es el Intermezzo de Cavalleria Rusticana (que viene a decir Caballerosidad rústica), la obra de Pietro Mascagni con la que "oficialmente" comienza el verismo. Aquí la tenemos en interpretación del padre de la criatura, el mismo Pietro Mascagni. Una grabación de 1940 con la Orquesta de la Scala:

Otra interpretación, esta vez en vídeo, la de Muti en el Festival de Rávena allá por el 96, en este vídeo de jesusmiramon:

La eterna "hermanita" y acompañante de Cavalleria, I Pagliacci de Ruggero Leoncavallo, también cuenta con un Intermezzo de gran dramatismo. La interpretación corre esta vez a cargo de Herbert von Karajan y de, nuevamente, la Orquesta del Teatro alla Scala (grabación de obligada escucha, por cierto):

Mucho menos conocido, pero no por ello falto de interés es el preludio al Acto IV que compuso Alfredo Catalani (1854-1893) para su ópera más célebre, La Wally (que pese a todo no es demasiado conocida, aria del acto I aparte), estrenada en la Scala en 1892 y rescatada en nuestro siglo por Renata Tebaldi, que hizo suyo el papel de la protagonista (hasta tal punto que pocas lo han abordado o grabado después en su integridad, claro que Ebben, ne andrò lontana lo graba todo el mundo). La interpretación corre a cargo de Fausto Cleva; a Catalani tampoco se le puede etiquetar exactamente como verista. Su evolución posterior a esta ópera queda sin resolver debido a su temprana muerte:

El tema, como puede verse, es inagotable.





Nilsson canta Isolda

Hoy me levanto wagneriana. Otra vez el Liebestod (...y llevamos... unos cuantos), que obviamente me tiene fascinada.


jueves, 21 de febrero de 2008

La pifia

Sobre Gioconda (esa ópera que se está representando en el Real y que parece componerse para nuestros medios de comunicación en La danza de las horas, exclusivamente y sin que nadie cante- ¿pero no es una ópera?). Esto es lo que pasa por utilizar arbitrariamente el corrector de textos:

martes, 19 de febrero de 2008

Puccini y Manon Lescaut: el argumento


(Para ilustrar musicalmente el argumento de los cuatro actos de Manon Lescaut, de Puccini, he elegido una vieja grabación en directo del Met, que data de 1950. Los protagonistas son Richard Tucker como Des Grieux y Dorothy Kirsten como Manon; les acompañan el Lescaut de Giuseppe Valdengo y el Geronte de Gerhard Pechner. Dirige Fausto Cleva. El sonido no es especialmente bueno, sobre todo en Sola, perduta, abbandonata, que por esa razón no he incluído en la selección)


ACTO I. Una plaza en Amiens, junto a la puerta de París. Una pequeña multitud de estudiantes, soldados y burgueses pasea por la plaza junto a una posada, mientras atardece (Ave, sera gentile). Entre ellos destaca el joven Edmondo, que aborda a toda joven que se le acerca jocosamente. Cuando entra su amigo el Caballero Des Grieux, éste se burla abiertamente de la idea del amor, "ese drama, o mejor dicho, comedia" que nunca ha conocido, refiriéndose a las muchachas que pasean por la plaza irónicamente (Tra voi belle, brune e bionde). Llega el coche de París y entre los pasajeros que bajan de él se encuentra Manon, acompañada por su hermano, Lescaut y el viejo Geronte di Ravoir. Fascinado por su belleza, Des Grieux aborda a la muchacha y le pregunta cómo se llama. Manon le cuenta que por voluntad de su padre la llevan al convento. Des Grieux le pide una cita para esa noche (Cortese damigella); Des Grieux se confiesa enamorado, nunca ha encontrado a una joven como ella (Donna non vidi mai); ante la burlas de sus compañeros, acaba marchándose. entretanto, el viejo Geronte conversa con el hermano, sumamente interesado en la joven, invitando a ambos a cenar. El rico anciano pretende seducirla y llevársela a París, sobornando al posadero para que tenga preparado un coche. Edmondo descubre el plan y avisa a Des Grieux para que huya con Manon. La joven acude a la cita nocturna (Vedete? Io son fedele alla parola mia). Des Grieux se muestra al comienzo sorprendido por la inmensa tristeza de la joven, que le comenta que antes era alegre y vivía feliz, pero que todo cambió con la perspectiva del ingreso en el convento. El estudiante le confiesa su amor y advierte a Manon del plan de Geronte. Le pide entonces que huya con él a París en el coche preparado por el anciano. Manon se resiste primero, pero acaba cediendo y ambos huyen. Cuando Geronte se presenta dispuesto a seducir a la muchacha, advierte que esta se ha esfumado junto con el coche y quiere salir en su persecución. Lescaut, que ahora se da cuenta de las intenciones de su compañero de viaje para con su hermana, lo tranquiliza asegurándole que Manon no aguantará mucho una vida de pobreza junto a un estudiante y acabará entregándose a él.
ACTO II. Un salón en casa de Geronte en París. Tal y como Lescaut había previsto, Manon ha abandonado a Des Grieux y ahora vive rodeada de riqueza en casa de Geronte. Su hermano la visita mientras termina de acicalarse (Dispesotto questo riccio!). Sin embargo, Manon echa de menos a Des Grieux y lamenta haberlo abandonado sin un adiós a cambio de aquellos lujos que la aburren (In quelle trine morbide). Lescaut le cuenta entonces que sigue frecuentando a Des Grieux, que ahora es un consumado jugador que espera un momento de racha para enriquecerse y reconquistar a Manon. Son interrumpidos por un grupo de músicos que Geronte ha contratado para que distraigan a la joven con un madrigal compuesto por él mismo (Sulla veta tu del monte). Ella, aburrida, los despide mientras Lescaut se marcha con la intención de introducir en la casa a Des Grieux. Entretanto Manon es agasajada por Geronte y algunos amigos mientras le imparten una lección de baile (Vi prego, signorina). Cuando Geronte la deja para que ella termine de prepararse para ir a la calle, aparece Des Grieux. Al comienzo le recrimina a Manon que lo abandonase fríamente, pero la muchacha lo reconquista con facilidad, diciéndole que lo ama a él (Ah... Sarò la più bella). Extrañado por la tardanza, Geronte vuelve y los sorprende abrazados. Manon se burla de él; cuando el anciano desaparece, Des Grieux trata de llevársela de inmediato, pero ante tantas riquezas la joven vacila. Des Grieux se queja amargamente y Manon, abatida, le pide perdón; pero cada momento es precioso. Lescaut aparece para avisarles de que Geronte ha denunciado a Manon como prostituta y que su destino será el exilio. La joven se entretiene recogiendo algunas joyas. Cuando quieren huir, es tarde. Las joyas caen al suelo y Manon es detenida. Lescaut impide que Des Grieux corra tras ella, porque si lo detienen, nadie podrá salvarla.
Sigue el Intermezzo, que refleja la prisión y el viaje a le Havre.
ACTO III. El puerto de Le Havre. Des Grieux y Lescaut han llegado a Le Havre siguiendo a Manon, con el plan de liberarla. Sobornando a uno de los carceleros, han logrado que la muchacha pueda ver a su amado. Pero los intentos de Lescaut por liberar a su hermana fracasan. Aconseja a Des Grieux que huya para conservar la vida. Otro tanto hace Manon, pero Des Grieux se niega a abandonarla. Mientras los oficiales comienzan a pasar lista a las condenadas, mientras una multitud curiosa (alertada por el intento de asalto de Lescaut) asiste al triste espectáculo (Silencio! L'appello cominciano già!). Manon se despide de él, pero Des Grieux saca la espada y trata de llevársela por la fuerza. Inmediatamente se da cuenta de que todo es inútil y, dejándose desarmar, apela a la piedad del capitán del barco, suplicándole que lo admita a bordo junto a Manon. Apiadado, el capitán consiente.
ACTO IV. Un páramo en los confines de Nueva Orleans. Des Grieux y Manon vagan por el desierto; han huído de Nueva Orleans después de un duelo entre Des Grieux y el hijo del gobernador (Tutta su me ti posa). Completamente agotada, sedienta, Manon no puede seguir avanzando. Des Grieux se ve obligado a dejarla durante un momento para buscar agua. Sola, Manon da rienda suelta a su desesperación (Sola, perduta, abbandonata). Des Grieux regresa sin haber encontrado ni una gota. Manon se despide de él y muere entre sus brazos diciéndole que sus culpas serán olvidadas, pero que su amor por él nunca morirá (Fra le tue braccia, amore).

domingo, 17 de febrero de 2008

Música para animar los días grises

En estos días lluviosos, grises y tristones (sobre todo si se trata de un domingo, porque los domingos están para deprimirse) ¿qué mejor que animarse escuchando música? He aquí a Leonard Bernstein dirigiendo El buey sobre el tejado, de Darius Milhaud. Ánimo, que cada vez queda menos para el próximo viernes (vídeo de furiozara):

sábado, 16 de febrero de 2008

Manon Lescaut y Puccini: del libreto al estreno

Ricordi debió echarse las manos a la cabeza cuando Giacomo Puccini le expresó su deseo de poner en música la novela de Prévost Manon Lescaut. El motivo, claro está: hacía muy poco tiempo que Massenet había estrenado con gran éxito Manon. Mientras, Puccini había estrenado ya dos óperas (Le Villi y Edgar) que se habían saldado con sendos fracasos. Pero el compositor acabaría imponiendo su criterio. "Es una heroína en la que creo", dijo en más de una ocasión. Y además, sostenía que su concepción del personaje sería diferente de la massenetiana. "Massenet siente este tema como francés, con pelucas empolvadas y minuetos. Yo lo siento como italiano, con pasión desesperada". Además, para rematar su argumentación, no veía por qué no podía haber dos óperas con el mismo tema "una mujer inconstante puede tener más de un amante", fue su frase para describir a Manon. Así, convencido Ricordi, comenzó el proceso de tres años que alumbraría la ópera.
Lo más complejo fue el libreto, que fue cambiando de manos tan a menudo que finalmente no se atribuyó a ningún libretista cuando fue publicado por vez primera; lo normal hoy en día es citar a los cinco libretistas que intervinieron en él. El primer encargado de realizarlo fue Ruggero Leoncavallo, que no mucho después (sobre todo a raíz de las "dos Bohèmes") se convertiría en archienemigo de Puccini. Leoncavallo, no obstante, no duró mucho en el puesto. Puccini entonces se volvió hacia Marco Praga (1862-1929), un dramaturgo conocido suyo. Praga aceptó, si bien, como inexperto en escritura de libretos y poco hecho a versificar, "reclutó" al poeta y crítico Domenico Oliva (1860-1917). Juntos crearon un esquema que seguía, en su concepción original, muy de cerca la novela de Prévost y que por tanto se parecía bastante al desarrollo de los hechos en Massenet, escena del "nido de amor" parisino de Des Grieux y Manon incluída. Una vez más, las constantes intervenciones de Puccini en la realización del libreto molestaron a sus colaboradores. Praga abandonó, dejando sólo a Oliva con el trabajo. Oliva retocó el Acto III en el que se llama a las prostitutas a bordo de la nave que las lleva a América (una de las escenas más impactantes de la ópera, sin duda), pero también acabó marchándose. Finalmente, Ricordi recomendó a Puccini que emplease a Giuseppe Giacosa. Este fue el primero en recomendar, a su vez, a Luigi Illica. El compositor convenció a ambos para que colaboraran, y así surgió la "tríada" sobre cuyas relaciones hablamos en la entrada dedicada a la gestación de Tosca el mes pasado.
Todo este trasiego de libretistas no podía sino pasar factura a Manon Lescaut. Finalmente la escena del "nido de amor" acabó desapareciendo; en cierto sentido fue un bien para la ópera de Puccini, puesto que así se desmarcaba de la obra de Massenet. Sin embargo, mientras que en Massenet se establece una línea narrativa más lineal y lógica, en Puccini la peripecia de Manon queda un tanto deslabazada. Más que la Historia de Manon Lescaut y el caballero Des Grieux es algo así como una serie de episodios en la vida de ambos. También hay una notable falta de lógica en el comportamiento de algunos personajes, Lescaut (aquí sí el hermano de Manon, no su primo como en Auber y Massenet) sin ir más lejos. Pasa de ser el cínico personaje del Acto I que negocia la "venta" de su hermana a Geronte a ayudar de forma "altruísta" a los enamorados en los actos II y III. El Acto IV también es problemático, pues en él no pasa absolutamente nada... el peso del dramatismo reposa sobre Sola, perduta, abbandonata, que (de forma bastante sorprendente) el propio Puccini decidió suprimir después de la primera representación. Sólo la insistencia de Arturo Toscanini le hizo recapacitar en ocasión de un reestreno en 1922. Sola, perduta, abbandonata, volvió a su lugar, de donde no desaparecería más.
El estreno en el Teatro Regio de Turín (1 de febrero de 1893) supuso para Puccini su primer gran éxito, no sólo por parte del público, que lloró sin pudor alguno durante la representación. El Corriere della Sera escribió: "Entre Edgar y Manon Lescaut, Puccini ha salvado un abismo". La crítica proseguía: "El genio de Puccini es verdaderamente italiano". Las críticas positivas no se limitaban al ámbito italiano. Cuando George Bernard Shaw asistió a una representación en 1894, comentó: "Puccini es en mi opinión el heredero de Verdi, más que ninguno de sus rivales". Mientras que en 1893 Manon Lescaut se estrenaba en lugares tan dispares como Madrid o San Petersburgo, y al año siguiente desembarcaría en Londres, Méjico o Philadelphia, en Francia, donde imperaba su "hermana" massenetiana, no la vieron hasta 1906, y eso en Niza. De todas maneras, los posteriores éxitos puccinianos fueron dejando de lado a Manon Lescaut. Entre 1909 y 1920 sólo se representó una vez en la Scala, donde volvió bajo la batuta de Toscanini. Hoy en día comparte popularidad con la Manon massenetiana.

La UE se une a las huestes de la Innombrable

Charlie McCreevy, comisario de Comercio Interior de la Unión Europea, ha anunciado la intención de la misma de ampliar los derechos de autor de 50 a 95 años, lo que a los amantes de la música clásica y de plataformas que altruístamente la difunden nos dejaría más o menos limitados a las grabaciones de... ¿Adelina Patti? Porque en 95, no nos alcanza ni la Ponselle... He aquí lo que dice el McCreevy en cuestión:
"No encuentro una razón que justifique que un compositor se beneficie de la protección de sus derechos durante toda su vida y 70 años después de su fallecimiento, mientras que un intérprete sólo tiene protegidos sus derechos durante 50 años, de modo que a veces ni siquiera cubren su vida entera"


Alucinante. Yo también quiero vivir 100 o 200 años, los que calcula más o menos este caballero a los músicos.

Sarasate: Fantasía sobre Carmen

Abbado, la Filarmónica de Berlín y el violinista Gil Saham. No me digáis que no levantan la moral estos dos:


Vídeos de huutuelm

miércoles, 13 de febrero de 2008

Herr Richard, 125 años

Tal día como hoy de 1883 moría en Venecia uno de los músicos más influyentes y geniales de todos los tiempos, Richard Wagner. Una no es una wagneriana fanática y en cierto momento le tuvo hasta miedo. En fin, eso es lo que pasa por creer a pies juntillas en la famosa frase de Woody Allen sobre Herr Richard y la invasión de Polonia, sin haber escuchado otra cosa que la Cabalgata de las Walkirias, tan explotada por la publicidad y el cine que es uno de esos fragmentos musicales que algunos melómanos llegan a odiar con frenesí (en mi caso el puesto número uno lo ocupa el dichoso Bolero de Ravel, oh dioses, cuánto lo odio). Luego las cosas fueron cambiando. Vinieron el Holandés, y Senta, Tristán e Isolda, Tannhäuser, Venus y la pavisosa de Elisabeth, etc. En fin, que aprendí a amar la música de Wagner; cualesquiera que fuesen sus ideas, porque al fin y al cabo me interesaba el compositor. A los artistas los amo por su arte; cómo sean, o fueran, en privado no me preocupa.
Sobre Wagner habría mucho que hablar, podríamos teorizar durante horas, y de su obra (que voy descubriendo poco a poco, con premeditada y hasta deliciosa lentitud) exactamente lo mismo. Mejor es escuchar su música. Este año me atreveré, por fin, a escuchar entero el Anillo, algo que deseo hacer desde hace tiempo. Entretanto, disfrutemos de una pequeña selección wagneriana...

El Liebestod dirigido por Toscanini (1951)

La escena de la inmolación dirigida por Solti y cantada por la Nilsson (cualquiera diría que el estudio es un teatro con estos dos).

El propio Solti y Wolfgang Windgassen al alimón: muerte y marcha fúnebre de Sigfrido.
Vídeos de olaig100, WagnerOperas y heildingunther, respectivamente.

martes, 12 de febrero de 2008

Manon sin Puccini: Massenet

Maurice Leloir: Manon Lescaut (1892). Leloir fue un habitual ilustrador
de la Francia del s. XIX. Entre los libros que ilustró estaba
Manon Lescaut
(también era un habitual en Dumas); además fue el responsable de los carteles
para el estreno de
Manon de Massenet.



Lo de Jules Massenet con Manon roza la obsesión enfermiza. Nada menos que tres de sus obras estuvieron dedicadas a la jovencita y a su enamorado Des Grieux. Su ópera en cinco actos (una opéra-comique) Manon, la ópera en un acto Le portrait de Manon, y el ballet La historia de Manon Lescaut. La principal rival de la ópera de Puccini será naturalmente Manon, que hoy mantiene un privilegiado rango en el repertorio operístico, incluso más alto que el de su "hermana" italiana. Estrenada en 1884 con libreto de Henri Meilhac y Philippe Gille, seguía con mayor fidelidad el argumento de la novela de Prévost, aunque con algunas excepciones. Auber ya había convertido a Lescaut en el primo, no el hermano, de Manon, y Massenet mantuvo el cambio de parentesco. Si añadió la escena de Saint-Sulpice, de gran importancia en la novela, que tanto Auber como Puccini evitaron. Massenet sigue una línea narrativa más detallada de la historia de Manon, aunque cambia igualmente el lugar del desenlace; en esta Manon, la protagonista no llega a embarcar para América, muriendo de agotamiento en el camino a Le Havre, mientras Des Grieux trata de liberarla. Este tiene un mayor protagonismo que en Auber (donde el papel no tenía una sola aria), mientras que la heroína tiene un carácter dulcificado frente a la criatura de Prévost, e incluso frente a Puccini. Manon, además, sufre en esta visión massenetiana una transformación desde la muchachita excitada por la novedad de su primer viaje hasta la sofisticada élegante del cuadro del Cours-la-Reine, para llegar a la criatura devastada del Acto V (en origen, segunda escena del IV). Sin embargo Manon, en manos inadecuadas, puede acabar en la ñoñería y el aburrimiento (el ballet de la escena del Cours-la-Reine es tan aburrido que la propia Manon prefiere salir huyendo hacia Saint-Sulpice), como es también el caso de su hermana pucciniana (a Auber no le salva ni Santa Cecilia en carne mortal). Manon es una obra popular. Toda soprano que se precie graba al menos el aria de la Petite table o la escena del Cours-la-Reine, aunque pocas lleguen a los niveles de entendimiento del personaje a los que llegaba Beverly Sills, aquí cantando la Gavota del Acto III:

Para terminar, una pequeña selección videográfica, perteneciente a las representaciones del pasado julio en el Liceu de Barcelona, con la Manon de Natalie Dessay (poco adaptada al papel vocalmente se dijo, pero para mí magistral interpretativamente) y el Des Grieux de Rolando Villazón, que lo pasó bastante mal, sobre todo en Saint-Sulpice. Eso sí, almas sensibles, preparad los pañuelos, los vais a necesitar.
Je suis encore tout étourdie:

Voyons, Manon, plus de chimères:

El dúo del Acto I:

On l'apelle Manon:

Allons, il le faut... Adieu, notre petite table:

La escena del Cours-la-Reine:

La escena de Saint-Sulpice:


Y por último el dúo final:
Los vídeos son de antmusique


lunes, 11 de febrero de 2008

Se apaga la voz de Inga Nielsen


El cáncer se la ha llevado hoy, con sólo 61 años de edad. Descanse en paz.

Amneris y los vecinos


Cuenta una bonita leyenda, que no sé si será cierta (y tampoco me importa si no lo es) que cuando los soldados de Napoleón llegaron ante el templo de Karnak durante la expedición egipcia de 1798-1799, la majestuosidad del lugar los hizo detenerse y, espontáneamente, presentaron armas ante aquellos monumentos sobre cuyo significado no tenían ni repajolera idea, pero que les impresionaron como habían impresionado a tantos viajeros, y como seguirían impresionándolos mucho después de que ellos pasaran por allí. El problema es cuántos viajeros más "presentarán armas" ante la majestuosidad de Tebas, la de las Cien Puertas, la que Verdi imaginara como hogar de la desventurada Amneris, por otro nombre Giulietta Simionato. Si nos fiamos de las últimas noticias, pocos. Todo el mundo ha tenido algún vecino despistado o fastidioso que se ha dejado el grifo abierto o la lavadora puesta y que ha terminado inundando a los demás. En el caso de Luxor, el vecino fastidioso que no advierte el daño que ha hecho es la presa de Asuán, que en veinte años ha dañado más esos viejos cimientos que milenios de esplendores, decadencias, macedonios de Alejandro, romanos de César, monjes coptos que martilleaban las imágenes de los dioses, la construcción de una mezquita, viajeros medievales, soldados franceses, cazadores de tesoros, turistas victorianos, dos guerras mundiales... Hay un plan para salvar los milenarios monumentos (el pan de Egipto, a la larga) de la fastidiosa vecina de Amneris. Esperemos que lleguen a tiempo.

Manon sin Puccini; Auber


Lo que escucháis es la obertura de una opéra-comique estrenada en París el 23 de febrero de 1856, Manon Lescaut. El padre de la criatura era Daniel-François-Esprit Auber. El libreto, del hiperactivo Eugène Scribe, con la historia que todos conocemos sobre la alegre muchachuela, Des Grieux, la muerte en la Luisiana, etc; aunque Scribe añadió a una amiga de Manon, Marguerite, de la que ni el mismo abate Prévost sospechaba la existencia. Además todos y cada uno de los pretendientes y "protectores" ricos de Manon quedaban resumidos en uno, el Marqués d'Hérigny (que es enviado al otro barrio al final del Acto II). Aquellos que tengáis a las Manon puccinianas y massenetianas por ladrillos azucarados e insoportables deberíais daros una vuelta por esta Manon que gana en azúcar y ñoñería a casi cualquier ópera no sólo sobre Mademoiselle Lescaut, sino a cualquiera pasada, presente y futura. Básicamente se trata de una obra para lucimiento de la protagonista, con muchas coloraturas y todo eso. Durante un tiempo fue bastante célebre, sobre todo por la bourbounnaise de Manon C'est l'histoire amoureuse, más conocida como L'eclat de rire, algo así como "la carcajada". Hela aquí en la voz de la Stupenda, Joan Sutherland:

Massenet y el éxito de su visión de Manon Lescaut barrieron a la de Auber del repertorio y casi casi de la memoria. Hay una versión en estudio con Mady Mesplé, editada por EMI en 1975

Un poco de todo

Pues resulta que los Alagna (Roberto y sus hermanos David y Federico) están en Valencia, donde en su estilo Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como, presentan la ópera El último día de un condenado a muerte, basada en Víctor Hugo. La cara mitad de Roberto, uséase Angela Gheorghiu, debería haber sido del reparto, pero ha cancelado, del mismo modo que canceló su concierto en la Sale Pleyel de París. Otro de los que cantarán esa ópera en el Palau será el baribuenorro Erwin Schrott, que también anda por la ciudad del Turia grabando un disco con su futura señora, es decir Anna Netrebko (por si alguien no se había enterado, se casan de penalty; por cierto, enhorabuena), que últimamente ha cosechado un considerable éxito en Londres cantando tal que así La Traviata en el Covent Garden. El habitual compañero de Anna en grabaciones y representaciones teatrales, Rolando Villazón, está por su parte grabando su nuevo disco, Cielo e mar, del que podemos ver un "como se hizo" en Dailymotion

Otro disco de Rolando Villazón, Gitano, era uno de los nominados para el apartado clásico de los Premios Grammy, concretamente en la categoría de Mejor Interpretación Vocal (o algo así... digamos que es una traducción libre), pero finalmente el premio se lo ha llevado Lorraine Hunt. También estaban nominadas Anna Netrebko en el mismo apartado, por su Russian Album (bonito disco, por cierto) y Renée Fleming por Age of The Diva. Este último disco compartía nominación en la categoría de mejor álbum clásico del año con Riccardo Muti (que anda por Viena dirigiendo Così fan Tutte tal que así) por la grabación de la Misa de Cherubini que últimamente estoy escuchando tanto; el premio en todas las categorías en las que competían ambos se lo ha llevado un álbum de música contemporánea, Made in America, de Tower. Salvo en el apartado de mejor interpretación coral, donde Renée no estaba en la lista de los elegidos, y que se ha llevado la grabación de Un Réquiem alemán con la Filarmónica de Berlín y el Coro de la Radio de Berlín, dirigidos por Simon Rattle, con Thomas Quasthoff entre el reparto solista. Enhorabuena a los premiados.

domingo, 10 de febrero de 2008

Leontyne Price, 81 años

El ayer y hoy de una voz única que hoy hace 81 años que está sobre la Tierra. Esta era su voz en 1964:

Y en este mismo 2008, la Señora Price (a esta también hay que dirigirse con mayúsculas, eh) tiene ESTA VOZ (video de Oneguin):

Felicidades y que siga usted así de estupenda por mucho, mucho, mucho tiempo.



Traviata o cómo cambia el cuento

Entre esto (Scala, 1992; Tiziana Fabbriccini, Roberto Alagna, Riccardo Muti)...

Y esto (Scala, 2007; Angela Gheorghiu, Ramón Vargas, Lorin Maazel, que pongo en dos entregas porque en una no cabe...):




Vídeos de Oneguin65

Búsquense las diferencias (y similitudes, léase siempre hay presente un miembro de la familia Alagna, casualidades de la vida). ¿A quién preferís? ¿Tiziana Fabbriccini? ¿La Gheorghiu? ¿Muti? ¿Maazel? ¿Vargas o Alagna (en esto están a la par para mí, los dos me gustan)? Excuso expresarme al respecto, supongo que ya imagináis por dónde van los tiros en cuanto a quién me quedaría... Hablando de todo un poco esta producción de Liliana Cavani volverá a la Scala (parece que por última vez) este verano en lugar del Andrea Chénier planeado, en el que ha cancelado hasta el busto de Marat. Los protagonistas serán Mariella Devia, Josep Bros y Renato Bruson.

sábado, 9 de febrero de 2008

Todo en el mundo es burla...

Un día como hoy de 1893 se estrenaba la última ópera de Giuseppe Verdi, Falstaff. Desde que estrenara Il finto Stanislao, es decir, Un giorno di regno (1840), Verdi había evitado acercarse a la ópera cómica. Aquella había constituido un gran fracaso y lo sumiría en una depresión que agravada con las tragedias familiares (la pérdida de sus hijos y de su esposa) estuvo a punto de apartarle de la música para siempre. Luego llegó Nabucco... pero eso es otra historia. Falstaff sí fue, al contrario que el Giorno, un éxito. Verdi dejaría escrito que la compuso "para divertirse". "Estoy escribiendo para distraerme", diría. O preparándola para que otro la pusiese en música "para que tú, Arrigo, u otro componga un gran Falstaff". Verdi mantuvo su actividad en secreto. Sólo en 1891 la Ricordi se enteró de la creación de Falstaff. El juicio de Verdi sobre la última de sus óperas: ¡La ópera es totalmente graciosa! Amén. Es curioso que esta obra, a la que muchos consideran como la culminación del género cómico, la ópera con la que termina el siglo XIX, no sea muy apreciada precisamente por gran parte de los verdianos. Recordemos la efeméride con su famosa fuga final:

Una tarde con Manon Lescaut


Para seguir con el mes de febrero dedicado a la heroína pucciniana, aquí tenéis una grabación que podréis disfrutar en vuestras propias casas, si es que os apetece...


Puccini Manon Lescaut

Mirella Freni (Manon)
Peter Dvorsky (Des Grieux)
Brian Schexnayder (Lescaut)
Italo Tajo (Geronte)


Coro y Orquesta del Metropolitan Opera House de Nueva York
Nello Santi
En vivo, 1990

Aquí

viernes, 8 de febrero de 2008

jueves, 7 de febrero de 2008

Manon Lescaut antes de Puccini: la novela


Manon Lescaut tiene dos narradores. Uno es el "hombre de calidad" cuyas memorias contienen la trágica historia de la joven Lescaut y su enamorado caballero. El otro es el propio Des Grieux. Según indica Prévost, su intención es moralizante:
En la conducta del caballero Des Grieux verá un terrible ejemplo de la fuerza de las pasiones. He de pintar a un joven ciego que se niega a ser feliz para precipitarse por propia voluntad en los mayores infortunios; que poseyendo todas las cualidades más meritorias prefiere por su gusto una vida oscura y bohemia a las ventajas de la fortuna y de la naturaleza; que prevé sus desdichas sin querer evitarlas, que las siente y le agobian, sin aprovechar los remedios que de continuo se le ofrecen y pueden acabar con ellas en cualquier momento. Para resumir, un carácter ambiguo, mezcla de virtudes y de vicios, un incesante contraste de buenos sentimientos y de malas acciones componen el fondo del cuadro que trazo.

En el LIBRO PRIMERO, el "hombre de calidad" llega a la localidad de Pacy-sur-Eure en su camino de regreso a Ruan. En Pacy encuentra a los vecinos alborotados por la llegada de un convoy repleto de muchachas "de vida alegre"condenadas a ser deportadas a América. Le llama la atención una de ellas por su porte y belleza ("su aspecto armonizaba tan poco con su condición que en cualquier otra circunstancia podría haberse tomado por una señora de alto rango"); también es llamativo el hecho de que la acompañe constantemente un desesperado joven "que sólo puede ser su amante o su hermano". El joven parece agotado y enfermo, y le confiesa haberlo intentado todo para liberar a su amada, pero no revela nada acerca de su historia. Es dos años más tarde cuando ambos se vuelven a encontrar y el misterioso joven se aviene a contar la historia de su amor por Manon. El desconocido es el caballero Des Grieux, que a los 17 años, de regreso a su ciudad natal de Amiens, acompañado de su amigo Tiberge, conoce en un albergue a la joven Manon Lescaut, que va de camino al convento, y queda fascinado por ella: "Se me antojó tan encantadora que yo, que jamás me había detenido a pensar en la difernecia de sexos ni fijado en mujer alguna mi atención; yo, repito, que por mi prudencia y mi comedimiento admiraba a todos, de pronto me sentí inflamado hasta creerme transportado en brazos del amor". La joven se lamenta de ser trasladada contra su voluntad al convento. Des Grieux se ofrece a arrebatarla a ese destino. Manon, que es acompañada por un viejo sirviente, finge que Des Grieux es su primo y sugiere pasar la noche en la posada. Los dos deciden huír juntos, pese a los intentos de Tiberge de disuadirlos. Escapan en la silla de posta, con lo puesto. Des Grieux dice que Manon "no tenía otro equipaje que su lencería". Aunque en principio la intención de los jóvenes es casarse, la pasión puede más y apartan el proyecto del matrimonio de su mente "defraudamos los derechos de la Iglesia y nos hallamos casados sin saber cómo". Se instalan en París en una habitacion amueblada. Durante tres semanas, son felices. "Yo habría sido dichoso toda mi vida si Manon me hubiera guardado fidelidad", dice Des Grieux. Cuando, pasado el primer entusiasmo de la pasión, Des Grieux reflexiona y planea casarse con ella, pidiéndole autorización al padre entretanto, la joven acoje la propuesta "con frialdad". Manon teme perderle si Des Grieux padre niega la autorización, pero también se ve cortejada por un rico vecino, el "señor de B", que le hace visitas clandestinas en la pequeña habitación que Des Grieux y ella comparten. El propio Des Grieux se entera un día por medio de la doncella. Des Grieux se niega a creer que Manon pueda engañarle. Cuando le pide explicaciones a su amante, la joven rompe a llorar. En ese momento llaman a la puerta y Des Grieux se ve retenido por lacayos enviados por su padre, que lo meten en un coche junto a su hermano. El coche los lleva a Saint-Denis. Comprende que Manon y el señor de B., como se llama siempre en la novela, son los que le han delatado. Su desesperación al saber que Manon le es infiel es inmensa. Su padre lo encierra en su habitación y Des Grieux, al saber que la joven vive en París mantenida por su rico amante, decide renunciar al mundo, entrando en el seminario de Saint-Sulpice. Alcanza cierta notoriedad como orador, y en la Sorbona vuelve a encontrarse con Manon: "Era Manon. Era ella, más amable y más hermosa que nunca. Contaba entonces dieciocho abriles. Sus gracias superaban a toda descripción; teníauna figura tan esbelta, tan gentil, tan agraciada... ¡la figura del amor mismo!". Des Grieux empieza por reprocharle su traición, pero ella rompe a llorar: "Pretendo morir (...) si no me devuelves tu corazón, sin el cual me es imposible la existencia". Manon es perdonada y reconquista a su amante. Vuelven a huir juntos, y con el dinero que la joven conserva de su viejo amante, se instalan en Chaillot. Con ellos va a vivir el hermano de Manon, un guardia de corps. Los tres despilfarran pronto todos sus recursos. Lescaut sugiere que Manon "debería mantenernos a los tres", o que Des Grieux se sirva de su juventud para entrar en relaciones con alguna rica dama que lo mantenga. Des Grieux se niega, como también se niega a jugar para mantenerse, como le sugiere Lescaut. Finalmente le pide dinero a su amigo Tiberge. Este se lo presta, pero son recursos pobres para el amor que Manon siente por el lujo. Después de gastar la suma, y de perder buena parte de los recursos que tenían en el incendio de su casa en Chaillot (Manon, aburrida del pueblecillo, ha acabado por convencerle de volver a París), Des Grieux se convierte en un experto jugador. Su talento para los juegos de azar (y para las trampas) hace que Manon y él pronto amasen una cnsiderable fortuna. Una noche, sin embargo, sufren un robo a manos de sus criados. Manon se convierte en amante de un rico anciano, el señor de G. M. aconsejada por su hermano. El viejo amante de Manon le proporciona dinero y una casa, pero Lescaut intenta convencer a los jóvenes para que lo estafen. Los tres se burlan del anciano y huyen en el coche, pero son detenidos. Manon es encarcelada en La Salêtrière y Des Grieux, en la cárcel de Saint-Lazare. Después de escapar, Des Grieux vuelve a unirse a Lescaut, que le proporciona un arma. Con ella acude a la Salpêtrière y saca de allí a Manon. Cuando parece que los amantes van a conseguir al fin un poco de tranquilidad, aparece en escena el hijo del señor de G. M. , que se enamora de Manon. Ella concibe un plan para estafarle y vengarse así de su padre, pero fracasa. Manon y Des Grieux son de nuevo detenidos. Encarcelado en el Chatelet, el joven recibe la visita de su padre, que recrimina todas sus acciones pero le perdona. La ruptura entre padre e hijo, sin embargo, se hace inevitable cuando el último descubre su influencia en el destierro de Manon a América. Des Grieux gasta sus últimos recursos intentando liberarla. Finalmente, se enrola en el barco que la lleva al Nuevo Mundo para no separarse de ella.
LIBRO SEGUNDO: conducidos a Nueva Orleans, Manon promete a su amante que ha cambiado y que jamás volverá a engañarlo. Su historia conmueve de tal manera al gobernador de la ciudad que éste decide protegerlos y casarlos. Pero la boda no tendrá lugar. El sobrino del gobernador, Synnelet, se enamora de Manon y la asedia. Synnelet se enfrenta con Des Grieux en duelo y es dado por muerto, mientras su contrincante resulta herido. Manon y él huyen de la ciudad hacia el desierto, aterrados por la posible reacción del gobernador. Manon muere de agotamiento. Des Grieux excava una tumba para ella y decide dejarse morir sobre la sepultura. Pero Synnelet, que no sólo no estaba muerto, sino sólo herido, es encontrado y relata su duelo con Des Grieux. Este es hallado inconsciente sobre la tumba de la muchacha; en un primer momento se le acusa de asesinato, pero Synnelet confiesa la verdad y solicita su indulto. Finalmente Des Grieux es liberado y su amigo Tiberge, que ha viajado a América, le informa de la muerte de su padre y le convence para volver a Francia.
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