lunes, 30 de junio de 2008

Vives, o los Bohemios a la española.

Terminemos el repaso a los otros bohemios "musicales" con una obra española. El 24 de marzo de 1904, se estrenaba en el Teatro de la Zarzuela de Madrid Bohemios, con música de Amadeo Vives y libreto de Guillermo Perrin y Miguel Palacios. La obra, tras un primer tramo en el que causó manifestaciones de aburrimiento por parte de los asistentes al estreno (bostezos ostensibles, entre otras cosas), acabó entusiasmado tras el coro de los bohemios del segundo cuadro. Bohemios sufriría una "remodelación" para convertirse en ópera, y como tal sería estrenada en 1920 en el Teatro Real. Pero de todas maneras la conocemos más como zarzuela. Una nueva remodelación la establecería como una "zarzuela corta" en un acto, dividido en tres cuadros.
La historia de Bohemios, aunque inspirada lejanamente en Murger y en las obras que la antecedieron, se aparta radicalmente de las peripecias trágicas de Mimì y Rodolfo, para contarnos la historia de tres jóvenes (Roberto, Cosette y Víctor) que tratan de abrirse paso en el mundo musical parisino... Roberto Randel es un músico joven que compone una ópera, o al menos lo intenta; en su buhardilla le acompaña su amigo Víctor, aspirante a libretista. En cuanto a Cosette, es la joven vecina de Roberto, a la que éste no ha visto jamás, pero que repite cantando todas y cada unas de las notas que él escribe (lo que Roberto encuentra fatal para el progreso de su obra). Cosette va a dar un recital y Marcelo, su padre, pide a los amigos un abrigo prestado para acudir presentable al concierto. Los amigos marchan hacia un restaurante, para ver si aún les dejan comer sin pagar la cuenta... Mientras Pelagia, la portera, entra para limpiar (o intentarlo) la buhardilla de Roberto, Cosette entra y deja unas entradas sobre el piano de Roberto. En el segundo cuadro, nos encontramos en una concurrida plaza del Barrio Latino. Mientras las parejas pasean de un lado a otro, Roberto y Cosette se encuentran cara a cara por vez primera. Por supuesto, surge entre ellos el amor. Víctor, que no ha conseguido comer, finge su suicidio dos veces. La segunda llama la atención de un tal Girard, que afirma que, con la calidad de su libreto, debería dejar a Randel; él puede conseguir que Auber ponga música a sus versos... En el salón de la Opéra-Comique se desarrolla una fiesta previa al concierto de Cosette. Girard sigue enredando. Después de prometer a Víctor una colaboración con Auber, hace otro tanto con Roberto, presumiendo de conocer a Scribe y aconsejándole que deje a su libretista... Roberto va a saludar a Scribe, que le rechaza. Cuando los dos amigos se encuentran, descubren las patrañas de Girard, que remata su actuación presentándolos... y aconsejándoles que trabajen juntos. Cosette canta un aria de la ópera de Roberto (Luzbel) acompañada al piano por éste, siendo aplaudida. El futuro de los tres jóvenes parece asegurado; Girard se ofrece a proteger a Cosette y a influir en la prensa para el estreno de la ópera, pero ya nadie le escucha...

Il suo nome è Musetta...



Musetta. He de decir que esta jovencita es mi personaje favorito de La Bohème. Al parecer Murger la modeló a imagen y semejanza de la esposa de un compositor de canciones, Pierre Dupont. La esposa de Dupont se llamaba Lise, pero su imagen literaria recibió el nombre de Mariette, y el sobrenombre de Musette, que significa "gaita" (lo que debía aludir a que era ruidosa, la muchacha). Habitante del Barrio Latino, modelo cotizada por los pintores porque estaba "bien hecha", Musette era capaz de desnudarse en público tranquilamente, pues a ello estaba acostumbrada... Era una "lorette", es decir, había ascendido desde su posición de trabajadora sencilla con algún amante ocasional (la posición de Mimì) a la de una joven con protectores más o menos fijos (como Alcindoro), que alternaba las temporadas en las que tenía coche con aquellas en las que (para emplear un término de la época) se convertía en una mujer a pie. Musette progresó lo bastante en esta particular carrera como para dejar el Barrio Latino por la Rue de Breda y amasar, pese a los altibajos, una pequeña fortuna. Se sabe que se embarcó con ella hacia Argelia en 1863, en un barco llamado Atlas. El barco desapareció en el Mediterráneo, y ese fue el final de la pobrecita Musette. La intervención estrella de nuestra "lorette" tiene lugar en el Acto II, en el Café Momus; Musetta hace una entrada espectacular arrastrando a su último protector, Alcindoro, y reconquista a Marcello (su amante recurrente) con un atrevido vals en el que se ven envueltos todos los personajes. Escuchemos a...

domingo, 29 de junio de 2008

Sé que este es un blog de ópera, pero...


¡¡¡CAMPEOOOOOOOOOOO
OOOOOOOOOONES!!!


(ya lo dije esta mañana, es "la folía")

A vueltas con Alagna

Que no. Que no estemos tan seguros de que Roberto Alagna va a volver a la Scala, como afirmaba el tenor muy ufanamente en El País. En el mismo diario un portavoz del teatro aclara: "Se ha hablado de proyectos posibles, focalizados en una Carmen y un Simón Bocanegra, pero de momento no hay nada concreto, ningún compromiso, sólo un pourparler". Total, que todo sigue como antes, sólo que un poco más distendido. De momento, pequeña fantasmada de Robertino, a lo que parece.
En cuanto al recital que ha cerrado, en el Teatro Real, el ciclo de Grandes Voces, la prensa se muestra dividida. Ojo a lo que dice El País:
No vino a cuento la insistencia en Aida, pero al menos se veían ganas de triunfar, quizá hasta desesperadas. El segundo momento conflictivo vino con Questa o quella, de Rigoletto, que el tenor cantó peor que cualquiera de sus arias anteriores, lo que suscitó alguna protesta y un grito de esos que cortan la respiración: "A aprender al conservatorio". El tercer momento fue el Exultate, de Otello, donde tenor, orquesta y coro bordearon el naufragio.
(...)
lo que el concierto dejaba era una sensación de monotonía, de falta de expresividad, de lunares técnicos, de emoción congelada. Tratándose de Verdi, mala cosa. La orquesta y el coro no estuvieron excesivamente inspirados a las órdenes de David Giménez. Todo sonó un poco ramplón, charanguero, con una elección de los tiempos más que discutible.

Y ojo a lo que publica ABC:

Agradezcamos su interesante programa «tutto Verdi», extraído de sus óperas «Macbeth», «La forza del destino», «I Lombardi» y «Aida», incluidas en la primera parte de la velada, y con «La traviata», «Rigoletto», «Luisa Miller» y «Otello» en la segunda. Generoso en las «propinas» concedidas, con orquesta y al final solo, estimo necesario consignar que si no hubo función de ópera, sí se respiró su genuino ambiente con la volcada y notoria influencia del entusiasmo espectacular de los «pros» y la escasa intolerancia de los «noes», que tendrían una justificación ante una correctísima afinación, quebrada únicamente en un comienzo inestable en «La mia letizia infondere», el aria de «I Lombardi».
(...)
Preparó muy bien las contadas intervenciones corales el vienés Peter Burian, y un muy sincero aplauso para la batuta de Giménez Carreras, penetrante en las partituras que dejan admirar sobre sus contornos una sustancia importante, aplauso mantenido para la siempre acertada labor de los profesores de la gran Sinfónica madrileña, que dejó admirar nuevamente su extraordinaria clase cuando siempre actúa fuera del foso.


Por lo que han comentado bastantes asistentes al concierto y por lo que puede escucharse en el blog de Mocho parece que el recital estuvo más cerca de la decepción que otra cosa. Lástima. Y a mí que la voz de este señor cada día me gusta más. Pero a veces no sé si el personaje de Alagna me enternece o si tengo ganas de darle un coscorrón, a ver si espabila un poco. Con lo bien que lo hace cuando quiere... Ay...
Lo que tampoco comprendo es lo de los críticos, que parecen haber asistido a dos conciertos distintos, tanto en lo que se refiere a la actuación del consorte de la Gheorghiu como a la prestación de coros y orquesta. Pero bueno, con eso también contaba...

Mi chiamano Mimì

¿Sería así Mimì?

"Llamamos modistilla a la joven que, sin oficio ni beneficio, se ve obligada a trabajar para vivir y no tiene más sostén que el trabajo de sus manos. Esta clase está formada en su mayoría por montadoras de cofias, costureras y obreras de la lencería. Todas estas hijas del pueblo, acostumbradas desde la infancia a un trabajo asiduo para ganarse el sustento, abandonan a los dieciocho años a sus humildes progenitores, alquilan una habitación particular y se abandonan a su fantasía (...). La modistilla es más feliz en su pobreza que la hija del burgués (...). Su indigencia le confiere plena libertad y su felicidad procede en ocasiones de no haber tenido dote (...). De este modo la modistilla se hace libre; amparada en su oficio, se abandona a sus caprichos y no tarda
en encontrar en el mundo un amigo que no se ata a ella y la mantiene".

Louis-Sébastien Mercier, Escenas de París.



La verdadera Mimì (o Lucia, o Lucille, como su original literario) parece haber sido una amiga de Murger, Marie, cuyo apellido de casada era Duchampy. El primer amor (y tal vez un modelo más para su creación literaria) de Murger había sido una tal Angèle, una prima suya hija de un fabricante de estufas. Marie era una muchacha pálida y de ojos azules que demostró siempre una gran compasión hacia Murger, aun después de casarse. El escritor siempre conservó un ramo de flores secas, unos guantes y un antifaz de terciopelo pertenecientes a Marie. Su "hermana" en la ficción moriría afectada por la tisis en un hospital, desterrada del edificio por el casero Benoît, que no admitía muertes en su edificio. Rodolphe, que no había sido informado a tiempo, ni siquiera pudo reclamar su cadáver. Theodore de Bainville escribe: "La verdadera Mimì era una de esas enfermizas flores parisinas que nacen y crecen en la sombra, sin un rayo de luz, y que se vuelven locas de alegría cuando, en Marlotte o Bougival, ven por fin el sol. Muy pálida, la piel blanca como la de un cadáver, los cabellos castaños algo marchitos, los ojos azul-gris; uno podía ver que había sufrido con resignación, y que la pobreza con un poeta debía de parecerle el paraíso". Un tercer modelo real para Mimì pudo ser una fugaz amante de Murger, Juliette, una joven rubia que, muy educadamente, ofrecía té a los bohemios amigos de su amante sentándose a escuchar sus conversaciones mientras tosía a causa de los cigarros que fumaban. Esta aspirante a Mimì murió prematuramente, como sus hermanas de ficción. Escuchemos (y veamos, en algunos casos) a...

Folia di Spagna



La Folía es una danza de origen portugués que en el siglo XVII cobró gran importancia en España, desde donde fue exportada a Francia, Italia y Alemania. Numerosos compositores (entre ellos uno de los favoritos de esta casa, Antonio Salieri) utilizaron la Folía como base para sus obras. Su nombre viene de la corrupción del término francés con el que se la conocía, folie, es decir, locura, lo que tal vez aludiera a su carácter alegre y desenfrenado... Su estructura fue fijada por Lully. Entre la lista de los compositores que la utilizaron como base están los nombres de Corelli, Bach, Boccherini, Cherubini, Paganini, Scarlatti... Escojo a Salieri, no en vano he dicho que es uno de los favoritos de esta casa...
Lo de "Folia di Spagna" precisamente hoy no es un azar. Quien quiera relacionar esta entrada con cierto acontecimiento deportivo acierta de pleno. A ver si es verdad que se desata.

sábado, 28 de junio de 2008

La Bohème: pequeña y personal videoteca

Mucho Zeffirelli. Mucho, mucho pero mucho. Demasiado. Entre las versiones en DVD de La Bohème abundan sus puestas en escena. Que me resultan agobiantes, hiperrecargadas y tendentes a distraerme de la música que me circunda (y no sólo las de La Bohème... sino prácticamente todo lo que hace... No todo pero casi todo). Y además me persiguen pues casi todas las Bohèmes que servidora ha visto estaban montadas por este caballero. Comencemos por la versión fílmica, con Freni y Raimondi en los papeles de Mimì y Rodolfo respectivamente. Dirige Herbert Von Karajan, al que podemos ver brevemente al inicio del Acto I. Una dirección escénica que recuerda mucho a las posteriores del Met y de la Scala (aún en funcionamiento, y lo que te rondaré...), también conservadas en vídeo. En ocasiones la cámara realmente molesta, como por ejemplo en el Café Momus, en el que los extras irrumpen reiteradamente entre ésta y los protagonistas, que en el Acto II quedan un poco agobiados entre la multitud. Afortunadamente, está el reparto para consolarse de tanto horror vacui. Aquí podeís ver a Raimondi y Freni en el Acto I. Otra Bohème "zeffireliana" es la montada para el Met, que parece haberse despedido este año con las representaciones de Gheorghiu y Vargas. En esta ocasión, se trata de Stratas y Carreras, un tenor que daba el tipo físico de Rodolfo a la perfección (y en sus primeros años era un gozo escucharlo). Apuntemos la presencia de Renata Scotto como Musetta. Los cambios respecto a la versión anteriormente citada son escasos. Podemos ver algunos ejemplos de este vídeo aquí:
Che gelida manina.
O soave fanciulla
La Scotto y su Musetta...
De la producción de la Scala, que este verano volverá a verse, y que viene utilizándose desde los años 70, hay un vídeo con Pavarotti y Cotrubas, con Popp como Musetta -una delicia-, y Carlos Kleiber-un lujazo-en el foso (véase ejemplo). Pero el DVD publicado por TDK recoge una representación de 2001, en el Teatro degli Arcimboldi (la sede "provisional" de la Scala durante su última restauración) con Cristina Gallardo-Domás y Marcelo Álvarez. Calidad de sonido e imagen sensacional. Ya hay aquí algunas fotografías de esa producción, muy parecida a las anteriores. La diferencia entre el vídeo de los años 70 y el de 2001 en el aspecto escénico es que en este último hay todavía más gente... Una representación por lo demás muy conmovedora (ya se tiene que hacer mal con la Bohème para que al final no se llore por Mimì, y no es este el caso de Álvarez y Gallardo-Domás) Veamos algunos ejemplos:
Che gelida manina
Acto II (inicio)
Sono andati?

Existen más ediciones en dvd de La Bohème, sin Zeffirelli... La única de ellas que he visto es esta con Neil Shicoff e Ileana Cotrubas. Ellos están muy bien, pero la producción es tan trillada y de tal pobreza (al menos para mí) que casi (casi) echo de menos a Zeffirelli. Ver para creer.

Domingo, Netrebko y Villazón en concierto

Ayer en Schönbrunn.







Vídeos de yeongiwon.

viernes, 27 de junio de 2008

La bella Anna (Moffo)

Un día como hoy de 1932 nacía en Wayne, Pennsilvania, Anna Moffo, soprano estadounidense de ascendencia italiana (su padre, Nicola Moffo, era un zapatero). Apenas terminó sus estudios recibió una oferta para ir a Hollywood, pero Anna prefirió seguir con su formación musical en Philadelphia y en la Accademia de Santa Cecilia, en Roma. Allí estudiaría con Mercedes Llopart y Luigi Ricci, debutando en 1955 como Norina en Don Pasquale, de Donizetti. Al año siguiente se hizo famosa en toda Italia gracias a protagonizar una versión televisiva de Madama Butterfly para la RAI. Aparecería en dos producciones similares de Falstaff y La Sonnambula. En el 57 comenzó a grabar con EMI (Nanetta de Falstaff con Karajan, Musetta para la grabación de Bohème con Callas y Di Stefano...). Ese año debutó en la Scala y en Viena, y también volvió a su tierra natal para cantar Mimì en Chicago. Debutó en el Met en 1959 con uno de sus papeles habituales, Violetta en La Traviata (de la que hará una versión fílmica, con Franco Bonisolli como Alfredo). También debutaría (como Amina) en la ópera de San Francisco, apareciendo después en programas televisivos, tanto en Estados Unidos como en Italia. Se retiraría de los escenarios en 1983, si bien hacia 1974 había sufrido una crisis vocal de la que no se había repuesto del todo. Murió en marzo de 2006 después de una larga lucha contra el cáncer que la afectaba.





Ópera en la radio para este fin de semana

Mañana sábado 28 de junio tenemos dos platos fuertes: la retransmisión, por una parte, de Don Carlo, de Giuseppe Verdi, por la BBC3, con Rolando Villazón, Simon Keenslyde, Marina Poplavskaya, Sonia Ganassi y Ferruccio Furlanetto,dirigidos por Antonio Pappano. Mañana a las 19:30 (si mis cálculos son acertados). El otro plato fuerte lo podremos disfrutar también desde las 19:30 a través de France Musique: I Capuleti ed i Montecchi de Vincenzo Bellini, con Joyce di Donato y Anna Netrebko -bajo dirección de Evelino Pidò-, grabación procedente de las recientes funciones parisinas. Tenemos un sábado muy verdiano, pues, Don Carlo aparte, las radios ofrecerán retransmisiones de Otello (desde la ópera de Los Ángeles, con Ian Storey y Elena Evseeva, bajo dirección de James Conlon y por la KUSC ) y Luisa Miller, a partir de las 18:00 desde el Liceu de Barcelona esta última y a través de CATALUNYA MÚSICA. Para wagnerianos, la emisora finesa YLE KLASSINEN ofrece una grabación de Sigfried, de Richard Wagner, efectuada en la ópera de Viena, con Nina Stemme y Stephen Gould entre otros (como la Luisa, desde las 18:00). A las 20:00 RADIO CLASICA DE ESPAÑA, ofrecerá El caso Makropoulos, de Janacek, desde el Teatro Real de Madrid.
Muchas más cosas en Operacast.

jueves, 26 de junio de 2008

¿Alagna vuelve a la Scala?


Pues tal parece dar a entender el tenor en El País. De nuevo me he enterado de la noticia vía Opera Chic:

En la ópera se perdona poco. Tras dos décadas de carrera, aún le sorprende la inclemencia con que se recibe el menor fallo: "Hay una mezcla de amor, odio, envidia y pasión". La Scala, sin embargo, sí perdona. O pide perdón. Alagna desveló ayer que acaban de ofrecerle seis óperas. De momento ha aceptado participar en Carmen y Simón Bocanegra, con Plácido Domingo. Con regocijo detalló el tono de Stéphane Lissner, el director artístico de la Scala, al telefonearle esta semana. Lissner sonó amedrentado primero y aliviado al fin. "Esperaba la llamada pero no tan pronto", confiesa Alagna.



Distintas maneras de cantar "Che gelida manina"

Luciano Pavarotti:

(vídeo de Felipecunha)
Miguel Fleta:

(vídeo de GerardoRosvaenge)
Plácido Domingo:

(vídeo de Gabba02)
Beniamino Gigli:

(vídeo de irmoma)
Sergei Lemeshev (en ruso, o eso parece):

(vídeo de futumodcord)
Jussi Björling:

(vídeo de violinthief)
Giuseppe di Stefano:

(vídeo de edsauced)
Gianni Raimondi:

(vídeo de JHustings)
Enrico Caruso:

(vídeo de tomfroekjaer)
Rolando Villazón:

(vídeo de valdezalcantara)
Nicolai Gedda:

(vídeo de Onegin65)
Roberto Alagna:

(vídeo de Gabba02)
Neil Shicoff:

(vídeo de sez71)

jueves, 19 de junio de 2008

Mimì en Broadway

En 1996 se estrenaba en el Nedenlander Theater de Nueva York un musical basado en La Bohème de Puccini: Rent. Lo hacía un día después de que su compositor, y autor también del libreto Jonathan Larson falleciera a causa de un aneurisma en la aorta. Desde entonces Rent se ha convertido en uno de los espectáculos más representados y premiados de Broadway (aparte de haber sido objeto de una adaptación cinematográfica en 2005), a pesar del hecho de que no se trata de una comedia musical al uso. De hecho, no tiene nada de comedia, pese al (casi obligado, lástima) final feliz en el que Mimí, que aquí es bailarina en un club, "revive". Los personajes viven bajo la constante sombra del SIDA (que algunos de ellos padecen), de la marginación y de la drogadicción, de la muerte y del suicidio. Las referencias a La Bohème son, aunque las circunstancias de los personajes sean distintas, constantes. Para empezar, las iniciales de los personajes de Rent tienen su equivalente en la obra pucciniana. Mimì se ha convertido en Mimi Márquez, Rodolfo en Roger Davis, Marcello en Mark Cohen, Colline en Tom Collins, Musetta en Maureen Johnson... También hay alguna cita musical, en concreto al vals de Musetta; aparte de que se repiten situaciones... Roger conoce a su vecina Mimi cuando esta le pide que le encienda una vela, porque el casero (Benny, antiguo compañero de Roger y Mark casado ahora con la hija del dueño del edificio, y equivalente del Benoît pucciniano) ha cortado la luz. En este artículo podeís encontrar el argumento completo. También, si domináis el inglés, os puede servir la página oficial del musical. Para terminar, vamos a ver algunos vídeos de su adaptación cinematográfica.
Seasons of love (una canción saqueada por la publicidad):

One song glory:

Light my candle:

La declaración de intenciones de los bohemios, La Vie Bohème:


Los vídeos son de eveyrocks (Seasons of love y La Vie Bohème), tinytimtom (One Song Glory) y Grizzlymon (Ligth my candle).

Alfredo Catalani

Un día como hoy de 1854 nacía Alfredo Catalani, compositor que en la actualidad es conocido fundamentalmente a través de su ópera La Wally, o para concretar, por un aria perteneciente a dicha obra, Ebben? Ne andrò lontana, que toda soprano que se precie ha cantado o grabado alguna vez (las Wallys son menos, y desde Tebaldi se han dado pocas grabaciones completas...). El pobre Catalani murió de tuberculosis antes de cumplir los cuarenta años, de modo que no sabemos qué hubiese sido de su carrera o de la música italiana si hubiera vivido... Perteneciente a una familia de músicos, el joven Catalani se formó en su Lucca natal y luego siguió sus estudios en París y en Milán. Su primera ópera fue La Falce, en un acto, con libreto de Arrigo Boito, estrenada en 1875. Catalani apostaba por una "renovación" de la ópera italiana, aprovechando las influencias wagnerianas y también francesas... Catalani se adscribía al movimiento de la Scapigliatura milanesa. No era exactamente una corriente intelectual, sino una suerte de actitud ante la vida, una rebeldía contra la cultura burguesa, contra las corrientes "oficiales" de esta. Uno de los objetivos de esta rebeldía era, sin salir del campo de la ópera, la música de Verdi (por otra parte nada favorable a la música de Catalani) que hacía delirar al público "con gritos y efectos teatrales sin sentido común".
La trayectoria de Catalani siguió con el estreno de Elda (1880), que sería sometida a una profunda reelaboración y reestrenada en 1890 como Loreley. A Elda siguieron obras admiradas por la crítica (y por otros músicos como el joven Puccini) como Dejanice (1883) o Edmea (1886). Catalani mostraba una clara predilección por los temas germánicos, y precisamente un tema germánico sería el de su última y más conocida ópera, La Wally, basada en un poema de Wilhelmine von Hillern, Die Geier-Wally. El estreno tuvo lugar el 2o de enero de 1892 bajo la dirección de un joven Arturo Toscanini. El éxito fue grande, y Catalani, ya enfermo, tuvo que salir numerosas veces a saludar (por otra parte, Toscanini amaba tanto esta ópera que bautizaría a su hijos como Walter y Wally). El compositor moriría solamente un año más tarde del estreno de La Wally.
Escuchemos:
La Danza de las Ondinas, de Loreley. Dirige Arturo Toscanini.


También de Loreley; Amor, celeste ebbrezza. Canta Magda Olivero:


Dos fragmentos de la Misa de 1872, Kyrie y Agnus Dei:




Y por último, de su obra más conocida, La Wally, el final del Acto I desde Ebben? Ne andrò lontana y el Preludio al Acto IV. La grabación procede de un directo de la Scala de 1953, con Renata Tebaldi, Mario del Monaco y una jovencita Renata Scotto. Dirige Carlo Maria Giulini.



Adiós a Cyd Charisse

Otro mito del cine que se nos va:

Vídeo de elgatorojo07

martes, 17 de junio de 2008

Boulez y La Consagración de la Primavera de Stravinsky

Porque Stravinsky vino al mundo un día como hoy... Pierre Boulez y la London Symphony:




Vídeos de Alicuche2

La Bohème sin Puccini: Leoncavallo.

La historia suele contarse así: Puccini y Leoncavallo se encontraron en un café. El compositor de Pagliacci se ofreció a trabajar junto a Puccini en un libreto basado en las Histories de la Vie de Bohème de Murger. Puccini no quiso saber nada del libreto propuesto por Leoncavallo, y el tema quedó enterrado... Hasta que en 1895 Leoncavallo se enteró de que Puccini estaba trabajando de forma entusiasta en una Bohème, con libreto de Illica y Giacosa. Así que se desató la competencia entre ambos; Puccini terminó antes, estrenando la ópera el 1 de febrero de 1896. Leoncavallo estrenaría "su" Bohème en mayo de aquel mismo año. Su Bohème fue aplaudida y después acabó por olvidarse casi por completo. El argumento es similar, incluido el protagonismo dado a Mimì, que en la novela de Murger era sólo una de las amantes de Rodolfo que moría sola en un hospital... Leoncavallo rescata a un personaje olvidado en la versión pucciniana, Eufemia, la amante de Schaunard. También hay algunos cambios en las voces; Rodolfo es confiado a un barítono, Marcello a un tenor, y Musetta a una mezzo. El número de actos es el mismo.
Acto I. Nochebuena. Estamos en el edificio que alberga al Café Momus, y el propietario de las habitaciones en las que viven los bohemios, Gaudenzio, explica a Schaunard que está harto de ellos, porque nunca gastan dinero en el café y siempre dan problemas... Schaunard trata de calmarlo; piensa dar una fiesta que traerá beneficios al café. Y llegan los invitados... Rodolfo, el poeta; Marcello, el pintor; Colline, el filósofo; Eufemia, la novia de Schaunard; Mimì, novia de Rodolfo, que trae consigo a su amiga Musetta. El flechazo entre ella y Marcello es instantáneo. Desgraciadamente, ninguno de los invitados tiene dinero para pagar la cuenta... Al final es pagada por un tal Barbemuche, aunque Schaunard insiste en ganarle el dinero "honorablemente" al billar.
Acto II. El patio de la casa de Musetta. Mientras anochece, el conserje, llamado Durand, está sacando las pertenencias de Musetta al patio; su rico amante se ha cansado de ella (o más bien de que ella le sea infiel) y se niega a seguir pagando las facturas. Como consecuencia, está siendo embargada. Musetta parece tomárselo con filosofía, y decide recibir a "sus invitados", es decir, los bohemios, en el patio. Los bohemios organizan una fiesta en el improvisado lugar, mientras los vecinos protestan por el ruido. Mimì deja a Rodolfo por el Vizconde Paolo. Las protestas de los vecinos suben de tono y los bohemios acaban huyendo.
Acto III. La buhardilla de Marcello. Marcello y Rodolfo no viven buenos tiempos. Primero, no ganan suficiente dinero para sustentarse; segundo, y esto atañe al pintor, Musetta ha decidido buscar a un amante rico que la mantenga... Mimì intenta reconciliarse con Rodolfo, pero este la rechaza duramente. Los dos amigos se quedan solos...
Acto IV. De nuevo es Nochebuena. En la buhardilla de Rodolfo, él y Marcello comparten una triste cena. Esperan a Musetta, a la que han invitado, pero la que llega es una Mimì exhausta. Musetta aparece y vende sus joyas para comprar leña para su amiga. Pero todo es inútil. Mimì muere mientras suenan las campanas que anuncian el día de Navidad.

De esta Bohème de Leoncavallo vamos a escuchar tres fragmentos:

La canción que Musetta dedica a su amiga Mimì, Mimì Pinson, la biodinetta:

El aria de Marcello del Acto III, Testa adorata, aquí interpretada por Plácido Domingo:

Y el final, con Lucia Popp (Mimì), Alexandra Milcheva (Musetta), Franco Bonisolli (Marcello) y Bernd Weikl (Rodolfo):


Gounod


Un día como hoy de 1818 nacía en París Charles Gounod, uno de los compositores esenciales del repertorio galo, y también el padre de dos de las óperas en lengua francesa más representadas: Faust y Roméo et Juliette. Hijo de un pintor y de una pianista, Charles Gounod recibió sus primeras lecciones musicales de manos de su madre; en cierta manera, no le quedaba otra que dedicarse a la música. Después, estudió en el Liceo de San Luis, además de recibir lecciones de composición de Antoine Reicha (1770-1836); más tarde, en el Conservatorio de París, sería alumno de Halévy y de Lesueur. En 1839 ganó el Premio de Roma, donde pasaría tres años. Allí estudió la polifonía del siglo XVI, interesándose mucho en Palestrina. En 1842 haría un viaje a Austria y Alemania, donde entró en contacto con la música de Mendelssohn y Schumann. De regreso en París estuvo trabajando como organista. Primero se dedicó a la música sacra (Gounod era muy religioso, incluso estuvo a punto de tomar los hábitos). En 1851, sin embargo, estrena su primera ópera, Sapho. Su éxito sin embargo no llegaría hasta 1859, año en el que estrenó Le médecin malgré lui y, sobre todo, Faust. Repetiría el golpe con Mireille (1864) y Roméo et Juliette (1867). En 1870 y debido a la guerra franco-prusiana, Gounod buscó refugio en Londres, donde llegó a ser director de la Sociedad Coral del Royal Albert Hall. En 1874 regresaría a París. Sus últimas óperas no alcanzaron el éxito de antaño. Terminó su carrera tal y como la había empezado: dedicado a la música sacra.

lunes, 16 de junio de 2008

Una Bohème...


Giacomo Puccini
LA BOHÈME

Luciano Pavarotti (Rodolfo)
Mirella Freni (Mimì)
Rita Talarico (Musetta)
Sesto Bruscantini (Marcello)
Nicolai Ghiuselev (Colline)
Gianni Maffeo (Schaunard)
Alessandro Maddalena (Benoît)
Mario Frosini (Parpignol)
Franco Calabrese (Alcindoro)

Coro y Orquesta de la RAI de Roma
Thomas Schippers, 1969

Cd1
Cd2

¡A disfrutarla!

La Reina de la Noche

Vídeo de glenmed

domingo, 15 de junio de 2008

Mitos irrenunciables: Anita Cerquetti

Anita Cerquetti tuvo una carrera breve, demasiado breve. Eso es lo primero que todo aficionado descubre sobre ella, tras el descubrimiento de su asombrosa voz, claro está. En mi caso ese descubrimiento tuvo lugar gracias a un Vissi d'arte bajado de la red por puro azar. Lo mismo que sucedería no mucho más tarde con Antonietta Stella.
La Cerquetti fue uno de esos prodigios que se pasearon por los escenarios operísticos de los años 50, donde no sólo existían Callas y Tebaldi... Nacida en 1931 en Montecosaro, cerca de Macerata, en sus primeros años no estudió canto, sino violín. Pero la prodigiosa voz de Anita ya había llamado la atención de uno de sus profesores en el Conservatorio. O, según cuenta otra historia, cantó a los dieciséis años en la boda de una amiga, boda a la que asistía también un miembro de la orquesta del Teatro San Carlo de Nápoles, que le aconsejó que estudiara canto... Sea como fuere, el caso es que Cerquetti se inscribió en el Conservatorio Francesco Morlacchi de Perugia, estudiando con Aldo Zeetti. Le bastó poco tiempo para "pulir" su voz. Su primer concierto como solista tiene lugar en 1949, en Città di Castello. En 1951 (luego de haber participado en diversos concursos) hizo su debut como Aida en Spoleto. En julio de 1952, en el Teatro Nuovo de Milán, cantaría la Leonora del Trovatore. Los críticos alababan la poderosa y límpida voz, pero Anita distaba mucho de ser una estrella... No dejó de lado su formación y siguió estudiando para perfeccionar su técnica. Aida, finalmente, sería el papel con el que debutaría en la Arena de Verona en 1953. De todas maneras, los teatros importantes seguían sin hacer demasiado caso de la Cerquetti. Si exceptuamos a Florencia, claro, que siempre le prestó gran atención... Tampoco fue una asidua de las discográficas. La única grabación comercial de una ópera que grabó Cerquetti fue La Gioconda para Decca, con Del Monaco y Simionato, además de un recital para la misma compañía londinense. Se conservan, eso sí, grabaciones de Ernani, Un Ballo in Maschera, La Forza del Destino (Verdi), Gli Abencerragi (Cherubini), Norma (Bellini)... La sacerdotisa gala sería uno de los papeles más habituales de Cerquetti, y también el que la llevaría a los titulares... Aunque con una pequeña ayuda externa. En 1958, y en presencia del Presidente de la República, Maria Callas, que estaba cantando Norma en Roma, abandonó la función tras el primer acto. En realidad, Callas estaba enferma y no se sentía capaz de continuar, aunque eso no se supo hasta mucho después y en su momento fue tomado como un capricho de la Divina. En todo caso, fue Anita (que estaba cantando Norma en el San Carlo de Nápoles) la que sustituyó a la Callas, cosechando un gran éxito. No mucho después, recibía una invitación de la Scala. Allí cantaría la Abigaille de Nabucco en junio; posteriormente rechazó un contrato que Rudolph Bing le ofreció para cantar en el Met. En 1959 diversos acontecimientos afectaron profundamente a la soprano: la muerte de su padre y de su mentor Zeetti. Paulatinamente se retiró de los escenarios, hasta su desaparición de estos en 1961.


Puccini: La Bohème. Argumento.

Acto I. Es Nochebuena. Nos encontramos en una humilde (o más bien, misérrima) buhardilla parisina en la que vive una serie de estudiantes. De momento, los únicos presentes son el pintor Marcello y el poeta Rodolfo, que se lamentan del hambre y del frío que tienen que soportar en semejante cuchitril (en el que no queda leña para alimentar la estufa), aunque en realidad se lo toman con bastante filosofía... Finalmente (y tras varias deliberaciones acerca de qué parte del escaso mobiliario pueden sacrificar) , deciden quemar el drama que Rodolfo está escribiendo para calentarse. Mientras el manuscrito arde en la estufa, entra Colline, el filósofo, quien se queja de no haber podido comprar unos libros y se sienta con Rodolfo y Marcello ante la estufa. El manuscrito no tarda en consumirse, momento en que hace su aparición Schaunard, el músico. No viene solo; trae alimentos, leña, dinero, acontecimiento ante el cual sus compañeros de vivienda quedan atónitos. Schaunard explica cómo consiguió la pequeña fortuna merced a un excéntrico inglés que quería deshacerse de un loro (supuestamente, debía matarlo con el sonido de su violín, pero Schaunard logró seducir a la criada y que ésta le administrara perejil al animal, que murió envenenado "como Sócrates"). Colline, Marcello y Rodolfo apenas le prestan atención, pues han comenzado a devorar los manjares. Schaunard se los arrebata y sólo les deja el vino; hay que guardarlos para lo que pueda venir más tarde. Comerán fuera. Mientras beben, aparece el casero, Benoît, que viene a cobrar el mes de alquiler. Los estudiantes lo invitan a brindar con ellos y el casero acaba por confesarles sus aventurillas amorosas. Ellos reaccionan fingiendo una gran indignación ya que Benoît está casado, y lo echan sin pagar la mensualidad... después de lo cual deciden salir a la calle y cenar en el Café Momus. Rodolfo se queda atrás, pues todavía tiene que terminar su artículo para el Castor. Sin embargo no escribe mucho tiempo; primero, porque no está inspirado, y segundo, porque unos golpes en la puerta y una voz femenina le hacen dejar la pluma definitivamente. Cuando Rodolfo abre, se encuentra con Mimì, una joven vecina a la que se le ha apagado la vela en las escaleras y que le pide al poeta que se la encienda. Pero la muchacha, que ha entrado jadeante, se desmaya, momento en que deja caer la llave de su habitación. Rodolfo la reanima y le da un sorbo de vino para que cobre fuerza. Mimì sale de la buhardilla con su vela encendida, pero vuelve de inmediato al notar la pérdida de la llave. Su vela se apaga con la corriente y el poeta apaga la suya para que la joven se quede. Ambos buscan la llave en la oscuridad (Rodolfo la encuentra en seguida y se la guarda) y sus manos se unen. Rodolfo y Mimì abandonan la búsqueda para "presentarse" mutuamente. Cuando sus amigos lo llaman desde la calle, impacientes porque tarda en bajar, Rodolfo les grita que no está solo y le pide a Mimì que los acompañe al Momus. Tras una pequeña resistencia, Mimì accede. Ambos salen proclamando su amor...
Acto II. El Barrio Latino. O más concretamente, el Café Momus. Las calles de París están llenas de una verdadera multitud. Estudiantes, vendedores ambulantes de géneros de todas clases, niños... Entre todos ellos deambulan nuestros estudiantes. Finalmente todos se reúnen en el Café Momus, donde Rodolfo presenta a Mimì ante sus amigos, que la admiten en su grupo no sin cierta ironía, dejando claro que ella no es la primera que es introducida de tal guisa... Mientras inician la comida, aparece Musetta, que había abandonado a Marcello en busca de mejores perspectivas. La joven va vestida lujosamente y seguida a todas partes por su anciano protector, Alcindoro, al que ella se dirige como Lulú, tratándolo como a un perro faldero (orden "Siéntate" incluída). Al percatarse de la presencia de Marcello, Musetta trata de llamar su atención por todos los medios, incluyendo una atrevida canción que saca de quicio a Alcindoro. Entretanto, Rodolfo pone a Mimì al corriente de lo ocurrido entre el pintor y su ex. Musetta concluye su canción con un grito de dolor (fingido) porque le aprieta el zapato; Alcindoro sale corriendo para comprar un nuevo par, momento en que el pintor y Musetta caen el uno en brazos del otro. La cuenta llega entonces... Los bohemios descubren que no tienen dinero para pagarla. Musetta une las cuentas de las dos mesas y le dice al camarero que pagará el señor que estaba con ella. Aprovechando la confusión creada por el desfile militar que se aproxima, Marcello y los demás salen huyendo con Musetta en brazos, mientras Alcindoro aparece con el par de zapatos, encontrándose con el último saludo de su "protegida" en forma de costosa factura.
Acto III. Afueras de París, en la Barriére de l'Enfer. Es de madrugada, y en medio del frío, los barrenderos, lecheras y otros comerciantes entran en la ciudad para comenzar a vender sus mercancías. Desde la hostería cercana se oye la voz de Musetta. Mimì aparece, aterida, y pregunta por Marcello, que está trabajando precisamente en la fachada de la hostería... Mimì averigua que, como sospechaba, Rodolfo está con el pintor. Pero no quiere verlo y le confiesa angustiada que su vida junto al poeta se ha vuelto insostenible; la acosa con sus celos, le dice constantemente que deben separarse, que no sirve para él. Por último, la ha abandonado diciéndole que todo había terminado entre ellos, destrozándola. La pobre Mimì pide ayuda a Marcello, que le dice que hablará con Rodolfo y que se vaya a casa. Pero Mimì se oculta para escuchar la conversación. Cuando Rodolfo llega junto a su amigo, le dice alegremente que va a separarse de Mimì, porque coquetea con todos. Marcello no le cree, y Rodolfo deja de fingir. Ama a Mimì, pero sabe que está enferma y que tal vez le quede poco de vida; sabe también que con sus medios no podrá ayudarla a curarse. El llanto y la tos de Mimì al descubrir la verdad delatan su presencia. La risa de Musetta desde la hostería despierta los celos de Marcello, que deja sola a la pareja. Mimì anuncia a Rodolfo que deben separarse; ella volverá a su pequeña habitación... Pero finalmente ninguno de ellos tiene valor para romper la relación y vuelven juntos a casa; mientras tanto, Musetta y Marcello discuten acaloradamente porque ella estaba coqueteando con uno de los clientes de la hostería. Tras insultarse mutuamente, Musetta se marcha.
Acto IV. Volvemos a la pobre buhardilla que conocimos en el Acto I. Marcello y Rodolfo están dedicándose a sus respectivos oficios, mientras hablan de sus respectivas ex. Rodolfo ha visto a Musetta vestida con elegancia, Marcello ha visto a Mimì en una calesa proporcionada por su protector, un joven vizconde. Uno y otro fingen no darle importancia al asunto, pero en realidad no pueden dejar de pensar en ellas. Schaunard y Colline entran con la (escasa) cena, interrumpiendo las meditaciones amorosas de sus compañeros. Los cuatro se sientan a la mesa, y la situación acaba desembocando en una divertida parodia de una fiesta palaciega... Hasta que la puerta se abre con brusquedad, dejando paso a una jadeante Musetta; Mimì la acompaña y se siente mal, no ha podido subir las escaleras. Mientras Rodolfo y los demás se precipitan a ayudar a la joven costurera, Musetta cuenta que hacía días que había oído que Mimì se había marchado de la casa del vizconde. Estuvo buscándola por las calles hasta que la vio pasar tambaleándose cerca de ella; Mimì sabe que se muere, y quiere morir junto a Rodolfo; le ha pedido a Musetta que la acompañe. Al comprobar que no hay nada que pueda ayudar a Mimì a recuperarse, Musetta decide vender sus joyas para comprarle una medicina a Mimì. Envía para ese menester a Marcello, pero cuando la moribunda se queja de que sus manos están heladas y suspira por un manguito que las caliente, sale con el pintor para comprárselo. Colline decide vender su abrigo; antes de salir, le pide a Schaunard que lo siga, para que Rodolfo y Mimì, que parece dormitar, se queden solos. Una vez todos se han marchado, Mimì abre los ojos; estaba fingiendo. Ambos recuerdan el momento en que se conocieron: cómo la vela de ella se apagó, y cómo buscaron la llave (Mimì supo desde el principio que Rodolfo la había encontrado de inmediato), hasta que sus manos se unieron en la oscuridad. Un nuevo ataque de tos agota a Mimì, coincidiendo con la entrada de Schaunard y , poco más tarde, de Musetta y Marcello (que ha ido a avisar al médico). La primera entrega el manguito a la enferma, que cree que es Rodolfo quien se lo regala; Musetta le permite creerlo. Mimì parece dormirse... Mientras Musetta prepara la medicina y reza por la muchacha, Schaunard se acerca a la cama y descubre que Mimì ha muerto; se lo susurra a Marcello. Rodolfo tapa la ventana con el chal de Musetta para que la luz no moleste a Mimì, y al volverse se da cuenta de la expresión de sus amigos. Marcello no lo soporta más y abraza sollozando a Rodolfo, diciéndole que tenga valor. Rodolfo se precipita hacia la cama, gritando el nombre de Mimì.

sábado, 7 de junio de 2008

O soave fanciulla (Netrebko y Villazón)

Pues sí. Que lanzan una Bohème, bajo dirección musical de Bertrand de Billy. Aunque no forma parte de la promocíon, podemos verlos juntos en un vídeo muy de diseño (parece de ciertos grandes almacenes, sólo falta el letrero de Cortylandia; pobrecitos míos). Vídeo de ejrouge


Juro solemnemente que al ver a Rolando sentado ante la máquina de escribir me he dicho; "Anda, si es Moulin Rouge" (mis asociaciones de ideas son incorregibles, lo sé).
Vamos a lo que vamos; he aquí algunos audios que circulan por Youtube y que están acompañados de imágenes del DVD que han rodado paralelamente:

Sì, mi chiamano Mimì:



Dunque è proprio finita?


Y el final:


(Los vídeos son de magghot)

Habrá que esperar a escuchar la grabación entera.

martes, 3 de junio de 2008

La Bohème antes de Puccini: Henri Murger

De las obras literarias de Henri Murger (1822-1861) Scènes de la vie de Bohème es la más célebre. También sería autor, de unas Scènes de la vie de jeunesse (1851), otras Scènes de campagne (1854), etc. La que nos ocupa, y que nos interesa, reflejaba en cierta medida su primera juventud pasada en compañía de unos artistas nada ricos en recursos en el Barrio Latino de París, su ciudad natal. Hijo de un sastre que a la vez (curiosa mezcla) era portero en un edificio de la Rue Saint-Georges, Murger recibió una educación somera. Sin embargo, consiguió entrar en el despacho de un abogado donde, para desesperación paterna, se entretenía escribiendo versos. De alguna manera los versos llamaron la atención de un miembro de la Academia, que le consiguió un trabajo como secretario de un noble ruso, el Conde Tolstoi. Tolstoi (sin relación al parecer con el autor de Guerra y Paz) le pagaba una miseria: cincuenta francos al mes. Pero al parecer el tiempo que pasó como su secretario contribuyó a mejorar su formación. Entretanto, seguía escribiendo. Primero poesía, luego cosas más prácticas que podían encontrar una salida al mercado literario. Ejemplo, sus escritos para periódicos como el Moniteur de la Mode, o incluso el Castor, conocido por todos los amantes de Puccini... Alrededor de 1844, Murger entró en el periódico Le Corsaire, en el que por fin publicaría sus Scènes de la vie Bohème en forma de folletín. Por cada entrega, su autor recibía quince francos. No era mucho, pero el trabajo causó cierta sensación en los círculos literarios a los que llegaba el periódico. Le Corsaire no tenía gran tirada ni difusión. Cuando se publicó en un solo volumen, lo vendería a un editor por quinientos. La verdadera "eclosión" de las Scènes... tuvo lugar cuando el dramaturgo Theodore Barrière (1823-1877) le propuso a Murger la posibilidad de una adaptación teatral de su libro. La historia de cómo Barrière convenció a Murger para que aceptase que su obra se llevase a escena es digna de figurar en los cuatro actos de La Bohème. El dramaturgo fue a verlo y se lo encontró en cama, porque, al haberle prestado su único par de pantalones a un amigo, no podía salir de la buhardilla (con una sola silla) en la que vivía. En 1849, La Vie de Bohème, como se llamó al drama adaptado por Barrière con colaboración de Murger, subía al escenario del Varietés y se convertía en un éxito. De modo que Murger consiguió salir de la miseria, y hacerse un nombre en el mundo literario de París; moriría prematuramente en 1861, siendo enterrado en el cementerio de Montmartre.
Murger era un personaje curioso; adicto al café (como Balzac, su contemporáneo) trabajaba de noche rodeado de velas, bebiendo taza tras taza. Esto causaba una permanente hiperactividad; para él era una tortura estar en un mismo lugar durante más de una hora. Perfeccionista y siempre consciente de su formación deficiente, solía hacer y rehacer sus ideas, escogiendo la que le parecía mejor plasmada. Era sumamente cuidadoso en la elaboración de sus obras, y probablemente esta obsesión retrasaba la publicación de las mismas.

domingo, 1 de junio de 2008

La Bohème; pequeña y personal discografía


Herbert Von Karajan/Luciano Pavarotti, Mirella Freni, Rolando Panerai, Elizabeth Harwood, Nicolai Ghiaurov, Gianni Maffeo. Decca 1972. Mi primera, y hasta única opción: la grabación de Karajan con Pavarotti y Freni. Digo y hasta única opción porque si tuviera que elegir únicamente una grabación de La Bohème de Puccini elegiría esta. Hay que escuchar todas las demás, sí. Pero esta queda por encima de todas. No sólo porque en mi mente Rodolfo y Luciano son prácticamente inseparables, o porque también lo sean Freni y Mimì. Es por Karajan. Es por Ghiaurov. Es por la Filarmónica de Berlín. Es por todo. Una grabación redonda. A Pavarotti lo podemos encontrar en otra grabación mítica, la de la Scala con Cotrubas, bajo la batuta de mi admirado Carlos Kleiber, función de la que existe vídeo. Además con Lucia Popp de Musetta (un lujo y una delicia) y Cappuccilli como Marcello. Después de la de Karajan, mi segunda opción es Tullio Serafin/Carlo Bergonzi, Renata Tebaldi, Gianna d'Angelo, Ettore Bastianini y Cesare Siepi, con la Orquesta de la Accademia di Santa Cecilia de Roma. Decca. 1959. Mimì, como Leonora di Vargas, es uno de los personajes en los que, callasiana irredenta como soy, prefiero a Renata Tebaldi. Ella tiene otra Bohème en la que está más joven y con la voz más fresca, pero desgraciadamente acompañada por un reparto no muy interesante y por un director como Alberto Erede. Luego, como tercera opción, incluiría la de Beecham/Jussi Björling, Victoria de los Ángeles, Lucine Amara, Robert Merrill y Giorgio Tozzi, Orquesta y Coro de la RCA Italiana. EMI, 1956. Es una grabación que parece haber quedado un tanto anticuada, pero de todas maneras merece la pena escuchar a Björling y a De los Ángeles.., como también merece la pena la de Antonino Votto/Giuseppe di Stefano, Maria Callas, Rolando Panerai, Anna Moffo, Nicola Zaccaria. Coro y Orquesta de la Scala de Milán, EMI 1956. Interesante sobre todo por la creación que Callas hace de Mimì, papel que nunca cantó en escena. Di Stefano no estaba tan bien en esta Bohème... La voz ya se le rebelaba. La Moffo, muy graciosa como Musetta... Estas son las cuatro grabaciones que recomendaría, la ultima evidentemente en mi condición de callasiana. Hay que pagar un peaje por las debilidades. De las modernas, no obstante, y sin haberla escuchado, tiene bastante predicamento la de Riccardo Chailly con Alagna y señora, en una grabación de estudio con la orquesta de la Scala (Decca, 1998) basada en una edición crítica de la partitura. Dado que no la conozco, no opinaré sobre ella; de todas maneras viendo la labor de la Gheorghiu como Mimì (la canta estupendamente, sólo que, al contrario que en Magda, me deja fría como un témpano) parece merecer la pena.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Mi canal

Add to Technorati Favorites Add to Technorati Favorites