jueves, 13 de marzo de 2008

Medea, o Medea!


Luigi Cherubini, y el frontispicio de la partitura de Medée


El 13 de marzo de 1797 se estrenaba en el Teatro Feydeau de París Medée, de Luigi Cherubini, con libreto de François-Benoît Hoffmann (1760-1828) basado en la tragedia de Eurípides y también en la de Corneille. En origen se trataba de una opéra-comique y, fuerza es decirlo, no tuvo demasiado éxito, con lo cual las funciones no fueron numerosas... Después de su estreno parisino, Medée conocería una azarosa historia, de modo que poco de esa ópera que se estrenó en el París del Directorio queda en la forma que hoy la conocemos (aunque hoy en día hay grabación del original en francés). Veamos.
La ópera se representaría poco más tarde en Alemania (su estreno en Berlín tuvo lugar en 1800) y Viena (traducida al italiano, en 1802). El propio Cherubini preparó para Viena otra versión "abreviada" que se estrenó en 1809. Los recitativos fueron añadidos, ya muerto Cherubini, por Franz Lachner (1803-1890), que se basó precisamente en la versión vienesa. Total, un lío espantoso, agravado por el hecho de que, en 1865, para su estreno en Inglaterra, Luigi Arditi preparó sus propios recitativos. Finalmente, la Medea que hoy en día es más popular (gracias a la verdadera exhumación del personaje por obra y gracia de Ella, la Callas) es una traducción al italiano de la traducción alemana con recitativos de Lachner. El responsable de la edición fue Carlo Zangarini, que la preparó para el estreno en la Scala, acontecido en 1909. El teatro milanés no volvería a ver a la sacerdotisa de la Cólquide hasta 1953, cuando la rescató una audaz cantante que ya había paseado a la infanticida por el Maggio florentino, con apabullante éxito. Naturalmente me refiero a Maria Callas, que convertiría a Medea en uno de sus papeles estrella, arrancándola del olvido de medio siglo y dejando el personaje marcado para siempre; tanto es así que después pocas han sido las llamadas, y menos las que han logrado "domar" el papel. Es interesante que la que la sucedió como gran Norma del siglo, Caballé, también afrontara el papel de Medea. Ambos papeles se parecen, desde luego, aunque Norma sea una Medea frustrada... Callas interpretó a Medea en numerosas ocasiones, muchas de ellas (somos afortunados) preservadas en disco. Incluso llegó a grabarla en estudio, pese a lo poco "comercial" del título. Desde la interpretación de Florencia, en 1953, hasta la última de la Scala en 1961, que supuso su adiós al teatro del que fue reina absoluta durante los años cincuenta; amargo adiós en el que, la voz ya cansada, Callas cantaría, el puño dirigido hacia el indomable público de la Scala, Ho dado tutto a te! Crudel!. Y el público quedó enmudecido... "En mi vida he visto a nadie atreverse a eso en el teatro... a nadie. Y no hubo un murmullo de protesta contra ella después de eso. Quedé paralizado", diría más tarde el director de aquella noche, Thomas Schippers. Posteriormente se ha grabado la ópera en el francés original, y en 1997, en ocasión del bicentenario, se representó Medea con instrumentos de la época en el Lincoln Center, en forma de opera-comique, sin abreviar. El resultado también se registró en disco... No obstante, para celebrar el aniversario de Medea, de Cherubini, no es esta versión la que elijo, sino un registro de aquella que devolvió a la vida a la heroína (o villana, según se mire) en tiempos modernos. Sí, Maria Callas, en 1961. Naturalmente los silbidos que desencadenaron el desafío de Callas al público escalígero no se recogen en la grabación. Acompañan a Callas su Jasón habitual, Jon Vickers, Giulietta Simionato como la fiel doncella de Medea, Neris, y sorpresa, un joven Nicolai Ghiaurov en el papel de Creonte. Dirige Thomas Schippers.

LUIGI CHERUBINI
Medea

Maria Callas (Medea)
Jon Vickers (Gioasone)
Giulietta Simionato (Neris)
Nicolai Ghiaurov (Creonte)
Ivana Tosini (Glauce)
Edith Martelli (Prima ancella)
Limbania Leoni (Seconda ancella)
Alfredo Giaccometti (Un capo dell'guardia)

Coro y Orquesta del Teatro alla Scala
Thomas Schippers
En vivo, 1961

Aquí

miércoles, 12 de marzo de 2008

Teatro Real, 2008-2009

La nueva temporada del Teatro Real de Madrid está en línea. Aquí el enlace. Por haber, hay de todo. Y en especial, repartos de campanillas.

Una noche en el cine: Carta de una desconocida

Una de las películas más hermosas y tristes que haya visto nunca. Gracias a leslie04film podemos disfrutarla en su totalidad. Joan Fontaine y Louis Jourdan en una película de Max Ophüls basada en el relato de Stefan Zweig. En el original, la protagonista se enamoraba de un escritor, no de un pianista. En mi opinión fue un acierto el cambio, la fascinación de la adolescente Lise se explica mucho mejor. Por cierto que la música está omnipresente en esta película. Que la disfrutéis.










Turandot sin Puccini: Weber y Hindemith


En torno a 1805, Carl Maria Von Weber encontró en el Dictionaire de musique de Rousseau una melodía "china" que atrajo su atención. Hasta tal punto que al año siguiente, 1806, compuso una Obertura china que se ha perdido. No obstante, esta Obertura ejerció una gran influencia en la creación de su música incidental para la Turandot de Schiller, basada en la obra de Gozzi. Hindemith retomaría el tema de la Obertura de Turandot en sus Metamorfosis sinfónicas sobre un tema de Carl Maria Von Weber. Debajo podéis escuchar tres fragmentos de la música compuesta por Weber para Turandot de Schiller, la obertura, la marcha china y la marcha fúnebre. También podéis escuchar el scherzo de las Metamorfosis de Hindemith.










domingo, 9 de marzo de 2008

Nabucco



Un 9 de marzo de 1842, Giuseppe Verdi, un joven compositor que había pensado en dejar la música para siempre, estrenó en la Scala de Milán una ópera que le haría abandonar sus dudas y su intención de no componer más (se hallaba en un estado desolador después de la muerte de su esposa y de sus dos hijos, aparte del fracaso de su obra cómica Un giorno di regno), y que le colocó definitivamente en los primeros lugares de la vida musical ya no italiana, sino universal: Nabucodonosor, más conocida por su nombre abreviado, Nabucco. Una obra, además, que conectaría (aunque no fuera esa su intención primigenia) con las ansias de libertad de los italianos ocupados por Austria, hasta el punto de que el coro del Acto III, Va, pensiero, se convirtió en una suerte de himno "oficioso" de Italia (y Verdi, por ende, en su compositor más patriótico). Lo sigue siendo incluso hoy, y la reacción del público asistente al estreno, que pidió el bis (como es también tradición), debió de ser muy similar a esta que se produjo en Nápoles en 1949 (una noche en la que, además, cantaba Abigaille una jovencita llamada Maria Callas...). Nabucco encarriló la carrera de Verdi, y además le dio ocasión de conocer a la que sería su segunda esposa, Giuseppina Strepponi, que estrenó el temible papel de Abigaille y que al poco tiempo perdería su voz. Una obra que es mucho más que el Va, pensiero, y que os invito a conocer (si es que no la conocéis ya) por medio de una grabación de 1951, con Previtali a la batuta y la asombrosa, aunque de carrera fugaz, Caterina Mancini. Vieja grabación de la RAI, de una ópera que no fue muy frecuentada, pese a su significado, en la primera mitad del siglo XX, suerte que compartía con todo el primer Verdi. El motivo para esta grabación fue el cincuentenario de la muerte de Verdi. Os dejo el reparto completo:

Paolo Silveri (Nabucco)
Marco Binci (Ismaele)
Antonio Cassinalli (Zaccaria)
Caterina Mancini (Abigaille)
Gabriella Gatti (Fenena)
Albino Gaggi (Gran sacerdote de Baal)
Licinio Francardi (Abdallo)
Beatrice Preziosa (Anna)

Coro y Orquesta de la RAI de Turín
Fernando Previtali, 1951

Cd1
Cd2

sábado, 8 de marzo de 2008

Gundula Janowitz canta el Requiem de Brahms


Porque esta música, y todas las músicas, y todas las artes, son la antítesis de la barbarie que ayer nos golpeó por culpa de unos cobardes asesinos.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Turandot antes de Puccini, o los orígenes de la leyenda

El Turán es una estepa de Asia Central, que ocupa la mayor parte de Kazajistán y Urkmenistán, atravesada por el río Amu Daria y limitada por el Caspio y el mar de Aral, o al menos lo que queda de este último. El nombre de la heroína de la última ópera de Puccini deriva del persa y alude a esa región: Turandot, hija del Turán. Aunque el libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni se basaba principalmente en la Turandotte de Carlo Gozzi, en la que a su vez se basaría Schiller, la leyenda es mucho más antigua y queda establecida por vez primera por el poeta persa Nezami, también llamado Nizami, cuyo nombre completo es Ilyas ibn Yusuf Nezami, conocido además por Nezami-ye Ganjavi (1141-1209). Considerado como el más grande poeta épico de la lengua persa, Nezami escribió en torno a 1196 el Libro de las Siete Bellezas (Haft Peykar), también llamado Libro de las Siete Princesas. Es el quinto libro de un ciclo más amplio, el Panj Ganj (en persa Las Cinco Joyas), más conocido por el nombre arábigo de Khamse. El protagonista de este libro es el rey sasánida Bahram V, pero el personaje que atrae nuestra atención es una altiva princesa de origen ruso, Turandokht, que se encierra en una fortaleza, convencida de que ningún hombre es digno de ella, y propone a sus pretendientes mortales acertijos; ni siquiera acertándolos tenían la seguridad de salir vivos de su fortaleza, pues para llegar a la princesa debían atravesar una puerta "guardada por misteriosas espadas que amenazan con decapitar al intrépido". Turandokht cae enamorada del protagonista apenas franquea el umbral de su castillo, no obstante insiste en que pase por los acertijos antes de entregarse a él, disimulando sus sentimientos bajo una gélida apariencia.


El poeta persa Nezami en una recreación moderna

La historia fue conocida en Europa gracias, principalmente, a la traducción al francés de François Pétis de la Croix (1653-1713), orientalista francés que tradujo la obra de Nizami como Les mille et un jours. Contes perses, turcs et chinois, traducción publicada entre 1710 y 1712. En los cinco volúmenes que ocupaba la traducción de Pétis de la Croix se nos narra la Histoire du Prince Calaf, nombre que ya nos resulta muy familiar. Calaf es el hijo de Timurtasch, rey de los tártaros. Derrocado este por el sultán de Carizme que ha invadido su reino, el príncipe Calaf viaja a China. Allí se enamora de Tourandocte, la hija de Althoum Khan. Tourandocte es famosa por someter a sus pretendientes a temibles acertijos, que Calaf descifra fácilmente. Cuando a su vez desafía a la princesa a que averigüe su nombre, Tourandocte envía a su esclava personal, Adelmule, para que seduzca a Calaf y le sonsaque el nombre... Pero con lo que no cuenta la princesa es con el enamoramiento de su esclava. Adelmule, sabiendo que su amor por Calaf es imposible, advierte al príncipe de las intenciones asesinas de su señora, a la que sin embargo acaba por revelar el nombre, y se quita la vida. Todo conduce sin embargo a un final feliz para el resto de los personajes. Tourandocte acaba por casarse con Calaf y los derechos de Timurtasch son restablecidos. Una alusión a una historia similar también aparece en la traducción de Las mil y una noches. No obstante, en la adaptación de Pétis de la Croix ya podemos ver la trama principal de la obra pucciniana. La historia de Tourandocte, como la llamó Pétis, conoció cierta popularidad a partir de la época, la suficiente como para que en 1729 se estrenara un vaudeville basado en ella, La Princesse de la Chine, de Alain-René Lesage (el autor de esa novela picaresca a la francesa que es Gil Blas de Santillana) y Jacques-Philippe d'Orneval.
No obstante, la siguiente adaptación de la historia de Turandot, la de Carlo Gozzi, Turandotte (1762), terminaría de delinear la historia que todos conocemos. Gozzi añadió tres personajes cómicos, Truffaldino, Pantaleone y Tartaglia (el Tartamudo), que son el jefe de los eunucos, el secretario y el Gran Canciller de Altoum respectivamente, y que pueden ser considerados como los antecedentes de Ping, Pang y Pong. Adelmule se transforma en Adelma, princesa tártara convertida en esclava favorita de Turandot. La galería de personajes se amplía aún más. Otra esclava de la princesa, Zelima, el antiguo preceptor de Calaf, Barach, conocido en la corte bajo el nombre de Assan. La Turandot de Gozzi también siente piedad de Calaf al verlo (Costui mi fa pietà, comenta a Zelima), pero pronto vence su altivez. Entretanto, su esclava, la princesa tártara Adelma, reconoce en Calaf a un joven que antaño viera en la corte de su padre y al que amó en el acto, aun creyéndolo un siervo. Turandot propone sus tres enigmas y Calaf los resuelve, para desesperación tanto de la princesa como de Adelma, que no desea que sea esposo de su señora. Esta, por otra parte, suplica a su padre que no la entregue a Calaf. Sólo el pensamiento de estar sometida a un hombre, dice, la mata. Calaf le propone que intente averigüar su nombre; si lo hace, podrá disponer de su vida. La princesa lucha entre su convicción de rechazar al extranjero y los sentimientos que nacen hacia él en su corazón, que confiesa ante sus esclavas. Adelma intenta convencer con embustes a Calaf, cuyo nombre averigua, de que Turandot quiere matarle a traición, pero el príncipe se niega a huir con ella. Finalmente y cuando Calaf está a punto de apuñalarse ante la princesa, ella detiene su brazo. Turandot acaba perdonando la traición de Adelma. La esclava es liberada y se le concede un reino y el privilegio de escoger a su esposo. Todo termina felizmente para los implicados.
La obra de Gozzi conocería una amplia difusión, en especial gracias a la adaptación alemana de Schiller, Turandot, Prinzessin von China (1802), para la que Carl Maria von Weber compondría la música incidental. Pero de la música nos ocuparemos en otra entrada.

lunes, 3 de marzo de 2008

Core 'ngrato (canta Pippo)

boomp3.com
Catarí', Catarí'...

pecché mm''e ddice sti pparole amare?!

Pecché mme parle e 'o core mme turmiente Catarí'?!

Nun te scurdá ca t'aggio dato 'o core, Catarí'...

Nun te scurdá...

Catarí'...

Catarí', che vène a dicere

stu pparlá ca mme dá spáseme?

Tu nun ce pienze a stu dulore mio?!

Tu nun ce pienze, tu nun te ne cure...
Core, core 'ngrato...

T'hê pigliato 'a vita mia!

Tutto è passato...

e nun ce pienze cchiù.
II
Catarí', Catarí'...

tu nun 'o ssaje ca fino e 'int'a na chiesa

io só' trasuto e aggiu pregato a Dio, Catarí'...

E ll'aggio ditto pure a 'o cunfessore: "Io stó' a murí

pe' chella llá...

Stó' a suffrí,

stó' a suffrí nun se pò credere...

stó' a suffrí tutte li strazie..."

E 'o cunfessore, ch'è perzona santa,

mm'ha ditto: "Figliu mio lássala stá, lássala stá!..."
Core, core 'ngrato...

T'hê pigliato 'a vita mia!

Tutto è passato...

e nun ce pienze cchiù.

Adiós, Pippo


Hoy nos ha dejado una leyenda, Giuseppe di Stefano. El inimitable, único Pippo, el tenor de la voz cálida, ardiente y seductora que se malgastó un poco por cantar lo que no debía, un poco por vivir como a él le dio la real gana, y estoy verdaderamente abatida y triste por la noticia. Una noticia esperada, desde que en Kenia fuera salvajemente agredido no había conseguido recuperarse. Noticia esperada, no por ello ha causado menos impacto en mí. Tengo por Giuseppe di Stefano (que es mucho más que "ese que siempre cantó con la Callas", ojo) una especial predilección que ningún crítico del mundo podría contrarrestar, por más que me señalase defectos, que los tenía (como todo cantante). Un cantante de la legendaria era en la que Callas, Del Monaco, Tebaldi, se alternaban en las funciones. Uno de los escasos testigos y protagonistas de aquellos tiempos se ha marchado a los cielos, a seguir cantando con Mario, Maria, Renata, Luciano, los dos Francos (Corelli y Bonisolli), Alfredo, Beverly y tantos, tantos otros que menudos conciertos deben formar allí arriba. Adiós, Pippo. Buen viaje y gracias por tantos momentos que nos regalaste.
boomp3.com

sábado, 1 de marzo de 2008

Marzo, el mes de Turandot


Continuando con el repaso a la obra de Puccini, este mes será dedicado en la medida de lo posible a su obra inacabada y estrenada póstumamente, Turandot, la historia (con múltiples, innumerables fuentes, cuyo rastro podemos encontrar por doquier, desde Las mil y una noches hasta los cuentos de los hermanos Grimm) de una despiadada princesa aficionada a los acertijos, de un príncipe bastante insensible con una pobre esclava que lo ama de verdad y que muere con él (pero eso a él no le importa, va detrás de la princesa), de tres ministros que se toman los arrebatos de su soberana con bastante filosofía dadas las circunstancias, y de un emperador de la China que no parece pintar mucho en todo el asunto. Una ópera sin embargo maravillosa, pese a que se pinte así a sus personajes, a la que también se han buscado finales alternativos, ya que, como dijo Toscanini en el estreno mientras el telón bajaba sobre el escenario, tras la muerte de la infortunada Liù, "aquí termina la obra, porque aquí murió el Maestro". Alfano había terminado lo que Puccini dejó inacabado, pero existen alternativas al final "oficial", y aun hoy los directores de escena y algún músico siguen buscando su final particular para la principessa di gelo.
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