viernes, 27 de febrero de 2009

Ópera en la radio para este fin de semana

Hoy a las 20:00, dos citas en dos lugares distintos, y las dos a la misma hora. A las 20:00, por CATALUNYA MÚSICA, un concierto de Daniela Barcellona e Isabel Rey, grabado por la emisora en noviembre del pasado año. El recital estará compuesto por obras de Händel, Respighi y Gluck. Por FRANCE MUSIQUE, a la misma hora, Ercole sul Termodonte, de Vivaldi. Grabación del pasado 27 de enero procedente del Théâtre des Champs-Elysées, estará dirigido por Fabio Biondi al frente de la formación Europa Galante, y entre los componentes del reparto figuran Vivica Genaux y Philippe Jaroussky.
Mañana sábado 28, a las 19:00 y por DEUTSCHLANDRADIO KULTUR, Die Rheinnixen, de Offenbach. Misma hora a la que comienza Il Trovatore, de Verdi, desde el Met. Puede escucharse por toda esta lista de emisoras. También será ofrecida por RADIO CLASICA DE ESPAÑA. RADIO 4 NETHERLANDS ofrece I Puritani, de Vincenzo Bellini, en grabación del pasado 26 de febrero. Curiosamente no se indica a la protagonista femenina. A las 19:30, Carmen, de Georges Bizet, con Vesselina Kassarova, José Cura e Ildebrando d'Arcangelo, por RADIO OESTERREICH INTERNATIONAL. Por BAYERN 4 KLASSIK y a partir de las 20:00 podremos escuchar un concierto dedicado a Mendelssohn, del que se conmemora este año el bicentenario de su nacimiento. CESKY ROZHLAS 3 -VLTAVA redifusiona la ópera de Marchsner Der Vampyr, la grabación que todos conocemos del Teatro Comunale de Bolonia. Además, hay otras repeticiones, como la de Adriana Lecouvreur, de Cilea, por SVERIGES RADIO P2 (a las 19:30). RADIO TRE (RAI) ofrece, a partir de las 20:00, Aida, de Verdi, con Hui-He, Salvatore Licitra, Giovanna Casolla y Ambrogio Maestri dirigidos por Daniel Oren. Se trata de una grabación procedente del pasado 20 de enero, realizada en el Teatro de la Ópera de Roma.

domingo, 22 de febrero de 2009

La Adriana del Met


Hace cuarenta años, Plácido Domingo debutaba en el Met en el papel de Maurizio di Sassonia, sustituyendo a Franco Corelli y teniendo como compañera a Renata Tebaldi. Ha llovido mucho desde aquel día, y ahora, en el mismo escenario, se encuentra el mismo tenor cantando el mismo papel. Bajado de tonalidad, dicen las malas lenguas. Dada la edad del héroe de esta historia no es de extrañar. Y a pesar de todo esto y de todas las ironías que quieran lanzarse, en la retransmisión de anoche resultó, según la impresión que tuve, el mejor de todos los involucrados en la función (hay tenores con la mitad de sus años que suenan mucho peor). No es poca proeza, pero no ha llegado el día que Domingo deje de sorprendernos. Menos mal. Armiliato estuvo bastante aburrido, el hombre. Qué le vamos a hacer. Bien, como de costumbre aquí tenéis la grabación, fragmentada y dividida en dos discos. El Acto III procede de una fuente distinta a los demás, como podréis apreciar por el sonido.

Adriana Lecouvreur - Francesco Cilea

Adriana ...... Maria Guleghina (soprano)
The Princess ...... Olga Borodina (mezzo-soprano)
Maurizio ...... Placido Domingo (tenor)
Michonnet ...... Roberto Frontali (baritone)
Prince of Bouillon ...... John del Carlo (bass)
Quinault ...... Philip Cokorinos (bass)
Poisson ...... Brian Frutiger (tenor)
Mlle Jouvenot ...... Jennifer Black (soprano)
Mlle Dangeville ...... Reveka E Macrovitis (mezzo-soprano)
Abbe of Chazeuil ...... Bernard Fitch (tenor)

Orchestra and Chorus of New York Metropolitan Opera
Marco Armiliato

Uno y Dos

En el primer intermedio, Renata Scotto estuvo conversando con Juan Diego Flórez, Natalie Dessay y Sondra Radvanovsky. Fue una lástima que el descanso fuera tan corto. Si queréis escuchar la conversación, podéis echarle el guante aquí.

sábado, 21 de febrero de 2009

La Traviata: pequeña videoteca

(No están todas las que son, lo sé, pero sí todas las que he visto; algunas de ellas en varias ocasiones).
Hace ya bastante tiempo estuve hablando en el blog de alguna edición en DVD de esta obra maestra de Verdi. Vamos ahora a repasar unas cuantas ediciones. Empecemos por las versiones fílmicas de La Traviata, que no han sido pocas. No obstante, y a falta de que se edite en ese soporte (o en el que le suceda) la película con Freni, Bonisolli y Bruscantini, se señalarán dos:
La más antigua es la protagonizada por Anna Moffo, Franco Bonisolli y Gino Bechi, con la dirección orquestal de Giuseppe Patané. La película está filmada por Mario Lanfranchi y ha sido reeditada en DVD por VAI. No hay que esperar gran cosa del sonido de 1967. Una pequeña muestra la podéis ver aquí. Anna Moffo ya había realizado anteriormente varias películas dedicadas a la ópera, como La Sonnambula (1956), que la convirtió en una celebridad, Falstaff, Madama Butterfly (ambas, también, de 1956) o La Serva Padrona (1960); posteriormente a La Traviata, rodaría Lucia di Lammermoor, o, dentro de la opereta, Der Csardasfürstin (ambas de 1971). Aparte, es de todos conocida su otra carrera cinematográfica. Estadounidense de origen italiano, Moffo había debutado en 1955 como Norina en el festival de Spoleto. Ya en su época de estudiante en Philadelphia había llamado la atención de un productor de cine que le había ofrecido una carrera en Hollywood. Ella prefirió seguir su formación como cantante, pero puede decirse que estaba destinada a acabar en la pantalla. Lo que nos ofrece esta película es una Traviata al estilo de entonces, con los cortes tradicionales que comenzaban a abolirse. Moffo tenía la voz, y además el físico del personaje, convenciendo además como actriz. Menos convincentes son sus compañeros de reparto; la envoltura general de la película es bastante kitsch y no ha envejecido demasiado bien. No obstante, y a pesar de ofrecernos la versión cortada de la partitura, es preferible a la posterior...
Estoy hablando de la famosa Traviata filmada a comienzos de los ochenta (1983, para ser exactos) por Franco Zeffirelli, con Teresa Stratas, Plácido Domingo y Cornell MacNeil. Que, además, ha sido recientemente reeditada en DVD por Deutsche Grammophon. Problema número uno: la protagonista. No es posible tener a una señora con la voz hecha unos zorros en el papel principal. Zeffirelli reincidió en su fichaje después de la Nedda que aparece en su película de Pagliacci. Segundo, y gravísimo, a mi entender, problema: Zeffirelli mismo. Y dejando a un lado su tendencia a llenarlo todo de gente y de cosas de manera en muchas ocasiones innecesaria, llama la atención otra cosa: la tendencia a cortar y pegar la partitura cuando le conviene. Esta película (que supuso para muchos el primer acercamiento a la obra de Verdi, y eso está muy bien, ojo) puede ser llamada "la Traviata de Zeffirelli", pero no la de Verdi. El director se inventa un "entreacto" con la música de baile del Acto I, o alarga el ballet de la fiesta de Flora con repeticiones inexistentes en Verdi (y lo podéis comprobar aquí). Al menos no se carga recitativos enteros como en la posterior Otello. Lo que más me molesta no es eso, sino que eso lo haga un señor que siempre acusa al resto de directores de escena de estar en el camino equivocado y de traicionar al espíritu del autor.
Una Traviata muy aconsejable es la de Angela Gheorghiu en el Covent Garden, en 1994, con Solti. Claro que tenemos el inmenso, inmenso, inmenso, problema de Frank Lopardo. Aún no me explico lo de ese caballero y la extraña preferencia que los grandes directores demostraron por él. Que si Solti, que si Abbado (en ese Barbiere de galería de los horrores con Domingo y Battle), que si Muti... No, no lo comprendo. Bueno, vamos a lo que nos importa en una Traviata, que es Violetta. Bien, la joven Gheorghiu, recién descubierta por Sir Georg, hace una buena protagonista. Además lo canta todo, todo y todo, salvo los añadidos tradicionales, ya que Solti quiso una edición libre de ellos. Como intérprete está creíble y mucho más contenida que en su posterior vídeo de la Scala (compárese esto y esto). Nucci no es santo de mi devoción (bien, tampoco lo es Gheorghiu), aunque, con el panorama actual de barítonos, esperemos que nos dure mucho, mucho y mucho. Sobre Lopardo ya se ha hablado... Ah, la puesta en escena, tradicional y sin excesos. Lo que menos me gusta es el Acto III, en el que da la sensación de que a Richard Eyre se le han agotado las ideas. En conjunto, muy recomendable... y una cosa más. Este fue mi primer referente en vídeo de La Traviata y el primer DVD de ópera que tuve. Así que, a pesar de los pesares, y de que cada vez que lo reviso lo encuentro menos atractivo, le tengo cierto cariño.
Volvemos a Zeffirelli, aunque no en una filmación, sino en el pequeño teatro de Busetto, en el que se llevaron a cabo una serie de representaciones verdianas para celebrar el centenario de la muerte del Maestro. El pequeño escenario del teatro en cuestión sienta bien a nuestro director de escena, sólo hay que pensar en la Aida del mismo año y representada en también en Busetto, brillantemente resuelta a pesar, o tal vez a causa, de la angostura del espacio (véase la marcha triunfal, que huye de los tópicos y se convierte en algo bastante más intimista). Protagonistas de esta Traviata son Stefania Bonfadelli, Scott Piper y Renato Bruson, dirigidos por Plácido Domingo. Ella es una buena actriz, que además resuelve bastante bien las dificultades del papel, y hasta tiene el físico adecuado para dar vida a Violetta. Podéis verla aquí. Bruson es un Germont incombustible, como ya se ha apuntado en otra entrada. El eslabón débil es aquí Scott Piper, el tenor, que también aparece como Radamés en la Aida antes mencionada. Plácido Domingo no pasará a la Historia precisamente por su trabajo como director de orquesta, pero los hay profesionales que son bastante peores. La partitura está completa; ya he hablado un poco de Zeffirelli. Recupera la idea de la película de empezar por el final, con Violetta vagando por la casa semivacía en la que agoniza. Afortunadamente, aquí hay menos gente y menos cosas que en el film, todo está más claro y la partitura es respetada y se ofrece en su totalidad.
Pasemos ahora a una propuesta "diferente", la que con dirección escénica de Robert Carsen pudo verse en el teatro de La Fenice en el año 2003. Se trataba de la primera ópera representada en el teatro reconstruído. El reparto de esta Traviata está formado por Patrizia Ciofi, Roberto Saccà y Dmitri Hvorostovsky, siendo nuestra protagonista la mejor de los tres. Dirige a las huestes del teatro veneciano Lorin Maazel, que varios años más tarde ha puesto de hoja de perejil el trabajo de Carsen. Es una lástima que una actualización tan inteligente y respetuosa del espíritu de la obra (con algún detalle sorprendente que apunta al manejo de las fuentes primigenias de La Traviata; por haber, hay hasta un ejemplar de Manon Lescaut) no cuente con un reparto a su altura. Si Patrizia Ciofi (a la que podéis ver aquí en Amami, Alfredo!) sale con bien del envite, sus compañeros no están en el mismo caso, especialmente Saccà. Como espectáculo, me parece fascinante, incluso consiguiendo que tolere cosas que normalmente me chirrían bastante, como la escenificación de ambos preludios, que se realiza de forma muy efectiva e inteligente.Tal vez no sea ideal como primera opción, pero en todo caso me parece de visionado imprescindible.
La Traviata que se representó en 2003 en el Teatro Real de Madrid también sitúa a Violetta en el siglo XX, si bien en una época muy definida: los años cuarenta. Un espectáculo que en su vertiente escénica estaba a cargo de Pier Luigi Pizzi y que había sido pensado para Angela Gheorghiu. Ésta apareció brevemente por Madrid y acabó cancelando su aparición, en desacuerdo con la puesta en escena, que consideraba indigna de Verdi. Las malas lenguas, que nunca paran, achacaron su decisión al hecho de que la soprano del segundo reparto, Norah Amsellem, podía alcanzar el tradicional "mi" de Sempre libera. Fue Amsellem (a la que podéis ver aquí), finalmente, quien cantó en el primer reparto, alcanzando un éxito suficiente para que la producción fuera repuesta dos años más tarde con los mismos protagonistas: la propia Amsellem, Josep Bros y Renato Bruson, dirigidos por Jesús López Cobos. De estas funciones (que se retransmitieron en directo por la 2 de TVE) procede el DVD. Como espectadora de las primeras representaciones, debo decir que el DVD no sorprende a ninguno de los protagonistas en su mejor noche. En la representación a la que yo acudí, recuerdo que me impactó mucho Josep Bros; me pareció una voz muy bella, y recuerdo que en general fue una Traviata conmovedora. Con respecto a la puesta en escena, no hay nada de escandaloso en ella. A menos que consideremos como tal el bastante discreto top-less de alguna de las bailarinas de la fiesta de Flora, durante la dichosa escenita de las gitanas y toreros.
En el Festival de Salzburgo de 2005 se estrenó una nueva producción de La Traviata a cargo de Willi Decker. Sus protagonistas, Anna Netrebko, Rolando Villazón y Thomas Hampson, dirigidos por Carlo Rizzi y acompañados de un reloj omnipresente sobre el que, mucho más tarde, agonizará Violetta. La puesta en escena (o gusta, o no, no hay términos medios con esta propuesta) somete a una dura prueba a los cantantes, que corren constantemente de un lado para otro. Hacer eso y seguir con la representación no debe ser nada fácil. Netrebko, pese a las dificultades en el primer acto, es quien mejor sale de ello; además compone un personaje convincente (no obstante, yo prefiero las grabaciones de la Traviata que cantó a principios de 2008 en Londres; es dudoso que salga en DVD, dado que se trata de la producción de Richard Eyre de la que otrora fuera protagonista Gheorghiu), muy especialmente en los Actos II y III. Villazón pone toda la carne en el asador, resultando un Alfredo tal vez algo más apasionado de lo conveniente. Hampson, siendo benévolos, nunca ha sido un cantante adecuado para Verdi. Rizzi, ni bien, ni mal, sino todo lo contrario. Dirige "adecuadamente" sin aportar nada especial; claro que la Filarmónica de Viena no puede sonar mal. Eso sería un contrasentido. Decker incurre en bastantes contradicciones con respecto al libreto de Piave; la presencia constante de Grenvil persiguiendo a Violetta como si fuera la misma Muerte o vestir a todos los miembros del coro (y a la mismísima Flora Bervoix) de hombre son algunas de las ideas que aporta esta producción.
En una temporada (2006-2007) en la que su esposo había comenzado huyendo del escenario del mítico teatro, Angela Gheorghiu encarnó a Violetta en el escenario de la Scala, con Ramón Vargas y Roberto Frontali como compañeros de reparto y bajo la batuta de Lorin Maazel. Es por todos conocidos que una soprano que cante Violetta en la Scala se arriesga a ser comparada con Ella, Callas. Es conocido por todos y cada uno de los que escucharon en directo la primera función de esta Traviata (o la siguieron por la radio) en concreto, que Gheorghiu no se encontraba en su mejor noche, y que sólo la dirección plúmbea de Maazel (que, entre otras cosas, hizo cortes no demasiado frecuentes a estas alturas de siglo) la salvó de un tratamiento más duro por parte de crítica y público, al acaparar las iras de ambos. En ocasiones sus gestos parecen la caricatura de los que ella misma empleara en el Covent Garden (obsérvese Sempre libera), y resulta demasiado verista. Mejor estuvieron los caballeros, Vargas y Frontali. Sobre todo el primero. La producción de Liliana Cavani tiene más de veinte años, ya que fue estrenada en 1990 (primera Traviata escalígera en décadas) y en su momento se publicó un VHS (y Laser-Disc) de las representaciones del año 92, con Tiziana Fabbricini y Roberto Alagna dirigidos por Riccardo Muti (vídeo descatalogado, pero que puede encontrarse por ahí). Las dos décadas se notan mucho, y el nuevo vídeo no le hace demasiado favor a la puesta en escena. Ni siquiera la caída de los vestidos (por no hablar del sentido de pequeños gestos que aquí se han esfumado) parece natural en esta "reedición". Si queréis a la mejor Gheorghiu, es preferible que la veáis en el DVD del Covent Garden.




viernes, 20 de febrero de 2009

Ópera en la radio para este fin de semana


Empecemos con lo que podremos escuchar esta misma tarde: a partir de las 20:00 y por NDR KULTUR, el oratorio Saul, de Händel, en una grabación procedente del pasado 21 de enero.
Mañana sábado 21, a las 19:00 y por DEUTSCHLANDRADIO KULTUR, redifusión de Ercole amante, de Vivaldi. Entre el reparto, Anna Bonitatibus, Luca Pisaroni, Anna Maria Panzarella y Verónica Cangemi, con Ivor Bolton dirigiendo. A las 19:00, también, Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea desde el Met, por todas estas emisoras. Como ya sabréis, se trata de unas funciones en las que Plácido Domingo está retomando, cuarenta años despúes (!), el papel con el que debutara en el teatro neoyorkino. Lo acompañan Maria Guleghina y Olga Borodina como las dos damas que se lo disputan; Roberto Frontali será Michonnet, y dirige Marco Armiliato. Aparte de las emisoras ya citadas, se ocuparán de Adriana DWOJKE POLSKIE RADIO y RADIO TRE (RAI). RADIO CLASICA DE ESPAÑA ofrece en diferido Lohengrin, de Richard Wagner, en una grabación procedente de la Staatsoper de Viena que ya hemos podido escuchar en otras ocasiones. NRK KLASSISK y NRK P2 ofrecen desde las 19:30 la repetición de Béatrice et Benedict, de Hector Berlioz, emitida hace unas semanas, con dirección de Colin Davis y, entre otros, Joyce di Donato; a las 21:00, otra repetición más: la de La Rondine del Met con Alagna y Gheorghiu. Por LATVIA RADIO KLASIKA.
Ya al margen de la ópera y para el domingo 22, por NRK KLASSISK, una Novena Sinfonía de Beethoven dirigida por Kurt Masur y procedente de una grabación realizada el 12 de julio de 2008 en París.

Más sobre Chailly y Valencia

Aunque a estas alturas es poco probable que las cosas echen marcha atrás, por lo visto no está todo tan claro como parecía la semana pasada, según declaraciones del propio interesado, que se encuentra en Madrid el director milanés, que, por otra parte, se :

Riccardo Chailly dirigirá el 17 de abril por primera vez a la Orquestra de la Comunitat Valenciana (OCV) en el Palau de les Arts. Aunque se ha hablado de que ese día podría firmar su contrato para sustituir a Lorin Maazel como titular, él dice que eso "será todo. De momento". Chailly no niega, no obstante, las conversaciones con el coliseo valenciano.
"Eso es todo. De momento -precisó-. Si en el futuro habrá otras posibilidades para hacer una ópera u otras cosas, ya veremos. Esta relación se va a desarrollar espontáneamente, de forma natural y estoy muy contento con este comienzo".
Más en el diario Levante.

Interludio animado: "The Barber of Seville"

Un día como hoy de 1816 se estrenaba Il Barbiere di Siviglia de Gioachino Rossini. Un estreno tumultuoso, ya que muchos se pusieron de acuerdo para silbar la obra que compartía título y argumento con la obra de Paisiello (padrino de esta casa) estrenada en 1782. Naturalmente, el genio de Rossini, a la larga, pudo más y hoy del de Paisiello se acuerdan (o nos acordamos) cuatro gatos. Vamos a celebrar la efeméride de una manera un tanto sui generis, con una peliculita de marionetas muy simpática que resume la ópera. Única pega, que está en inglés:



Los vídeos son del canal de margaloca

martes, 17 de febrero de 2009

La Traviata: pequeña y personal discografía

No sé si a estas alturas hace falta recordarlo, pero esta pequeña lista de grabaciones no es, ni mucho menos, una discografía "esencial", así en términos absolutos. En todo caso, es la que prefiero. Comenzamos con un testimonio que ha caído en nuestras manos de manera completamente casual, la grabación con Ponselle, Jagel y Tibbett dirigidos por Ettore Panizza. Ponselle no cantó demasiado el papel, pero lo que hizo le bastó para marcarlo para siempre. Procedente de unas funciones del Met de 1935, la conservamos únicamente porque la señora Tibbett grabó la retransmisión por radio. La grabación quedó en un cajón hasta que fue "redescubierta". Editada por Naxos historical, el sonido es naturalmente deficiente, pero aceptable teniendo en cuenta la época. Ponselle ofrece por primera vez un retrato veraz de Violetta (aunque se puede poner algún pero a la manera de interpretar la escena de la fiesta de Flora, demasiado verista). A Ponselle le añadimos un, también, soberbio, Tibbett. Una grabación a atesorar.
De Ponselle pasamos a Callas y sus dos míticas grabaciones en directo. Hay más Traviatas de Callas, por supuesto. Las dos mejicanas y el estudio para Cetra en la que ella solita sostiene la grabación (porque a Albanese, Savarese y Gabriele Santini no hay quien los soporte); y posteriores, la del Covent Garden. No obstante, las dos más conocidas son la de Milán en 1955 y la de Lisboa en 1958. Hablemos primero de la de Milán, también conocida como La Traviata del Siglo, editada "oficialmente" por EMI (y extraoficialmente y a menor precio por otras discográficas). Maria Callas, Giuseppe di Stefano y Ettore Bastianini son el trío protagonista de esta mítica producción de Visconti cuya sombra pesa cual maldición sobre los hombros de toda osada soprano que se atreva a cantar Violetta en el mismo teatro, la Scala de Milán. El mito de estas funciones se construyó a posteriori, pues en su día Visconti fue duramente criticado por trasladar la acción a los años ochenta del siglo XIX y porque Violetta se quitaba los zapatos en escena o moría a medio vestir, con el sombrero puesto (como se encargó de reseñar un crítico de la época). Esta grabación recoge, además, la única actuación de Di Stefano en la producción de Visconti; el tenor se hartó de la atención, a su juicio excesiva, que se le prestaba a la dirección de actores y a lo centrados que estaban todos en Callas, así que después de terminar la función, se largó. La Divina estaba en 1955 en su annus mirabilis y era la reina absoluta de la Scala de Milán. Es el año de La Sonnambula con Bernstein, la Norma con Votto... También es el año del mucho menos exitoso Chénier, todo hay que decirlo. En plenitud de sus recursos, conmovedora, Callas da una de las interpretaciones más completas que puedan escucharse del personaje. El problema viene, sobre todo, por sus compañeros de reparto, que no están a la misma altura. Di Stefano está pasado de revoluciones, y eso se advierte especialmente en la escena de la fiesta de Flora. Sobre la dirección de Giulini, añadiré que... gracias a ella reparé en la importancia que puede tener un director en una representación operística, que su interpretación cuenta y que no se debe limitar a hacer ñigoñigoñí al fondo y a la derecha. Don Carlo Maria está a años luz por encima de Santini y demás agitadores de palos sin personalidad. El sonido depende de la edición que escojamos. No necesariamente el de EMI es el mejor. En todo caso, y aunque deficiente dada la época, es bastante aceptable. También se ha publicado (en la casa Myto) el resultado de las funciones de 1956 en las que se retomó la producción, esta vez con Gianni Raimondi como Alfredo.
La otra Traviata de Callas absolutamente imprescindible es de 1958 y la sorprende en el descenso de su fugaz carrera. La Traviata de Lisboa, de la que ha emergido no hace mucho una fuente con una nitidez de sonido bastante sorprendente, ha sido publicada por EMI y por otras casas. Maria Callas está acompañada aquí por Alfredo Kraus y Mario Sereni. Todo callasiano tiene el corazón dividido entre Lisboa y Milán; aquí Callas, a punto de decirle adiós a este personaje tan asociado con ella ( y con la voz rebelándose en más de una ocasión) está acompañada por un Alfredo que no se toma el papel como un inevitable peaje de todo tenor principiante (el señorito Germont no ha contado, tradicionalmente, con demasiadas simpatías en la cuerda) y que demostrará a lo largo de los años que puede convertirlo en algo más que el comparsa de Violetta, ese con la mentalidad de un crío de diez añitos, ese al que todo el público considera un impresentable (y que además no es fácil de cantar, por ti todo lo anterior fuera poco). Se puede preferir Sereni a Bastianini. El sonido también juega a favor de Lisboa, sobre todo tras el descubrimiento de las grabaciones de la radio portuguesa, limpias de todo el ruido de fondo que lastra las ediciones anteriores (la primera la de EMI). Ghione hace lo que puede con la orquesta y el coro del Sao Carlo, que no se lo ponen nada fácil y, en mi opinión, suenan a cacharrería (y ninguna remasterización en el mundo puede arreglar eso, por más que se progrese en este sentido); por eso, y por las mejores condiciones vocales de Callas, al final si tuviera que conservar sólo una de las dos sería la de Giulini. Con todo el dolor por renunciar a Kraus. Para acabar con Callas, hay también grabación de las funciones del Covent Garden.
Hasta ahora todas las Traviatas que se han citado conllevan los cortes tradicionales que se aplicaban en la época, esto es, las segundas estrofas de Ah, fors'è lui y Addio, del passato, la cabaletta de Alfredo O mio rimorso de la primera escena del Acto II, la cabaletta de Germont al final de esa misma escena, etc. Alguna grabación anterior ha recuperado la cabaletta de Alfredo (la de Tebaldi, Poggi y Protti en estudio, 1954, con dirección de Molinari-Pradelli), pero la de Pritchard con Joan Sutherland, Carlo Bergonzi y Robert Merrill, grabada en 1962 para Decca es una de las primeras en incorporar la partitura completa, sin un solo corte, aunque, eso sí, con todas las "tradiciones" incorporadas. El mi bemol de Violetta al final de Sempre libera, o el (horrible, horrible, horrible, aunque cantándolo Bergonzi o Kraus, por poner dos ejemplos, se puede escuchar) añadido del do de O mio rimorso ahí están. Sutherland entró en dos ocasiones en el estudio para grabar La Traviata. En la segunda estaría dirigida por su marido, Bonynge, y acompañada, como habitualmente, por Pavarotti y Milnes. Con Pritchard, la que seguramente es la mejor intérprete del Acto I se encuentra en mejores condiciones de voz, aunque para el Acto II y el III no sea especialmente conmovedora. Además tenemos un Alfredo que, como el otro gran intérprete al que nos referíamos, Kraus, se preocupa mínimamente por tan maltratado personaje. Merrill es un Germont clásico, que ya había cantado el papel con Toscanini, que lo había elegido a pesar de las reservas iniciales a la hora de contratar para la parte del padre a un joven barítono.
Recientemente reeditada por EMI en la colección Great Recordings of the Century (advertencia, con libreto en PDF y cuatro hojitas de nada acompañándola), la Traviata grabada en estudio en 1980 con Renata Scotto, Alfredo Kraus y Renato Bruson bajo la batuta de Riccardo Muti puede considerarse como la última gran referencia de esta ópera verdiana, y una de las mejores en estudio. Y eso a pesar de que es evidente que al reparto la grabación ya le pilla mayor. Scotto ya había grabado otra Traviata en estudio con Antonino Votto (que fue, mira por dónde, maestro de Muti) en los sesenta, y, aunque aquella la sorprende con una voz fresquísima y esta con serias dificultades en el Acto I, la profundidad psicológica que ha adquirido su visión del personaje hacen a esta tardía grabación preferible. Su interpretación, por ejemplo, de Amami Alfredo, o Addio, del passato, está a la altura de ilustres antecesoras. A su lado, un Alfredo Kraus que suena asombrosamente fresco, dada la cantidad de años y de Alfredos que han pasado desde su encuentro en 1958 (Tarde, demasiado tarde, según diría Ella) con la Violetta de Callas. Técnicamente, perfecto, aunque más tarde confesaría que no se sentía demasiado cómodo con Muti dirigiendo, por ser demasiado estricto con los cantantes. Aún haría otra grabación de estudio Don Alfredo, con Mehta y Kiri Te Kanawa, en el año 92, grabación que tengo en la pila de "no tocar ni en sueños" y en la que él es lo mejor del reparto, a pesar de que los doce años se notan, y mucho. Completa la terna protagonista Renato Bruson, ese Germont incombustible que todavía anda paseando el papel por los teatros. Muti no es el primero en ofrecernos una versión integral de la partitura sin cortes pero despojada de elementos "de tradición" (los ya citados mi de Violetta, que, sin embargo, si ha permitido en vivo, y el do de O mio rimorso), pues ya lo hiciera Prêtre en su grabación con Caballé y Bergonzi para RCA. Pero sí es (para mí, que acaso estoy un poquitín cegada por la parcialidad, todo hay que decirlo) el que mejor sale de la empresa, con gran diferencia.

domingo, 15 de febrero de 2009

Eugene Onegin desde el Met

Ayer pudimos escuchar desde el Met Eugene Onegin, de Tchaikovsky, con Thomas Hampson en el papel titular, Karita Mattila como Tatiana (en la imagen, tomada de aquí, donde además podéis leer la crítica de una de las funciones) y Piotr Beczala como Lenski. La producción es la de Robert Carsen, que ha sido editada en DVD con Renée Fleming, Dimitri Hvorostovsky y Ramón Vargas. Lo mejor de la función de anoche fue un Beczala que sonaba muy distinto al Edgardo de la pasada semana, y que se llevó el aplauso de la función después de Kuda, kuda. Mattila se las compuso bastante bien con su personaje, aunque a veces se la notó un tanto fatigada. Hampson... en fin, gritó cuanto quiso, con una voz áspera. Rugiente, el buen señor. Como de costumbre, y para juzgar por vosotros mismos, aquí tenéis la grabación, buen sonido en mp3 a 320 /kps, fragmentada y dividida en dos discos por si queréis grabarla.





Tchaikovsky

Eugene Onegin

Tatiana ...... Karita Mattila (soprano)
Onegin ...... Thomas Hampson (baritone)
Lensky ...... Piotr Beczala (tenor)
Olga ...... Ekaterina Semenchuk (mezzo-soprano)
Prince Gremin ...... James Morris (bass)
Larina ...... Wendy White (mezzo-soprano)
Filipyevna ...... Barbara Dever (mezzo-soprano)
Triquet ...... Tony Stevenson (tenor)
Zaretsky ...... Richard Bernstein (bass)
Orchestra and Chorus of the Metropolitan Opera
Jiri Belohlavek (conductor)




sábado, 14 de febrero de 2009

viernes, 13 de febrero de 2009

Ópera en la radio para este fin de semana

Los que os conectéis a BARTOK RADIO hoy a partir de las 20:00 podréis escuchar un Réquiem de Verdi con la Staatskapelle de Dresde bajo la dirección de Fabio Luisi, y las voces de Anja Harteros, Marianne Cornetti, Johann Botta y Paata Burchuladze. También podrá seguirse por MDR FIGARO. Este concierto conmemora la destrucción de la Semperoper el 13 de febrero de 1945, cuando la cuidad fue bombardeada por los Aliados. Otro concierto de esta tarde nos acerca a la obra Le Roi David de Arthur Honneger, en su versión original, con la Orquesta Filarmónica y el Coro de Radio France. Será, también, a partir de las 20:00 por FRANCE MUSIQUE.
Para mañana sábado 14 a las 17:00, LRT KLASIKA recupera una grabación de Les Contes de Hoffmann, de Jacques Offenbach procedente del Festival de Salzburgo de 2003. Entre sus protagonistas, Neil Shicoff y Angelika Kirchschlager. A las 19:00 y por DR P2, Il Turco in Italia, de Rossini, en una grabación procedente del 20 de enero de este año y realizada en el Teatro Carlo Felice de Génova. Vincenzo Taormina, Antonella Nappa y Myrtò Papatanasiu bajo la dirección de Johnatan Webb. A las 19:00, también, nos espera la habitual cita con el Met, que nos ofrecerá (por todas estas emisoras) Eugene Onegin, de Tchaikovsky. Los protagonistas serán Karita Mattila, Thomas Hampson y Piotr Beczala, dirigidos por Jiri Belohlavek. Por RADIO CLASICA DE ESPAÑA, nos espera una velada barroca: Ptolomeo, rey de Egipto, de Händel. RADIO TRE (RAI) retransmitirá Pagliacci, de Leoncavallo. En el reparto, Salvatore Licitra, Amarilli Nizza y Seng-Hyoung Ko, con Patrick Fournillier dirigiendo a la Orquesta y el coro del Maggio Musicale Fiorentino, a partir de las 20:30.
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Aún más cosas para este sábado:
a las 19:00 por HR2 KULTUR, Orlando Paladino, de Haydn. A las 19:30, RADIO OESTERREICH INTERNATIONAL repite la Lucia con Netrebko y Beczala que pudimos escuchar la semana pasada. Y a las 20:00, Stiffelio de Verdi por SVERIGES RADIO P2, con José Cura, Hui-He y Anthony Michaels-Moore desde Viena (vosotros veréis...).
Mañana domingo 15 por
RADIO TRE (RAI) , a las 17:50, concierto de Violeta Urmana. Grabado en noviembre del año pasado. Se interpretarán obras de Mendelssohn, Berlioz y Wagner. Urmana estará acompañada por la orquesta del Teatro San Carlo de Nápoles, dirigida por Jeffrey Tate.

jueves, 12 de febrero de 2009

La Traviata: el argumento

La Traviata, de Giuseppe Verdi, se abre con un breve Preludio en el que, después de un tema que oiremos antes del Acto III y durante toda la primera parte del mismo (y que podemos asociar con la agonía de Violetta) ya se nos augura la gran frase de la heroína en la escena primera del Acto II, Amami, Alfredo!. Podemos verlo dirigido en esta ocasión por Sir Georg Solti (un hombre que se prodigó poco en la discografía de esta ópera) al frente de la orquesta del Covent Garden, en 1994. Vídeo de gabrielpadilla.

El telón se abre entonces sobre la fiesta del Acto I en la que se encuentran nuestros dos protagonistas: Violetta Valéry, la célebre cortesana (y anfitriona de la velada) y Alfredo Germont, el joven sin-oficio-conocido que la ama en secreto. Después de que Gaston, vizconde de Lethorieres, presente a Alfredo ante la concurrencia formada por Violetta, su amiga Flora Bervoix, el Marqués d'Obigny y el barón Douphol (que, como amante titulado de la señora de la casa, siente inmediata antipatía), y después de que la cortesana haya acogido con burlona incredulidad la evidente admiración que el joven siente por ella, tiene lugar el famoso brindis, que, rechazado por el barón, entona el propio Alfredo. He aquí un fragmento popular, maltratado y sacado de contexto ad nauseam (ha sido incluído, como bien sabréis, hasta en los conciertos de los Tres Tenores y en toda gala lírico-festiva de cierto nivel; y en las que no tienen nivel, también). Para ser originales, disfrutémoslo en las voces de Leyla Gencer y Flaviano Labò:

(vídeo de luiscar89).
Después de esa manifestación hedonista que es el Brindis, Violetta invita a los presentes a bailar en la estancia contigua. Sin embargo, se siente mal y tiene que quedarse atrás. Alfredo es el único que se interesa por cómo se encuentra. Después, en el dúo Un dì, felice, mientras -repentinamente- la música de la fiesta se esfuma, como si hubiera pasado a otro plano, Alfredo le confiesa que la ama desde hace un año. Violetta (tras manifestar incialmente su escepticismo) reacciona, entre bromas y veras, aconsejándole que la olvide, porque ella no puede sentir un amor semejante. Veamos a una joven Angela Gheorghiu y (desgraciadamente viene en el lote) a Frank Lopardo dirigidos por Georg Solti. El vídeo es de nehotaratul.

Cuando Gastón irrumpe en la sala en busca de los rezagados, con él vuelve la música de la fiesta. Violetta le quita hierro al coloquio diciéndole que Alfredo y ella estaban tonteando, después de lo cual le ordena a su admirador que no le vuelva a hablar de amor. El joven Germont se siente herido y está dispuesto a marcharse. Violetta, entonces, le entrega una flor y le pide que se la devuelva cuando se haya marchado. En otras palabras, le da una cita para el día siguiente, tal vez esperando que eso calme los delirios amorosos de Alfredo. El caso es que éste se muestra doblemente feliz y se marcha, poco antes de que lo hagan los demás invitados, que se despiden de su anfitriona dejándola sola. Y, una vez se ha quedado la casa vacía, Violetta se arranca la máscara de indiferencia: las palabras de Alfredo han hecho más efecto de lo que ella querría reconocer. En el aria Ah, fors'è lui Violetta expresa el temor y la esperanza de que este joven la haga experimentar el amor que nunca antes ha sentido; acaba por repetir las mismas palabras que Alfredo le ha dicho: Amor è palpito... Lo normal (como en el caso de Addio, del passato) fue, durante mucho tiempo, cortar la segunda estrofa de este aria. En su versión integral y con Beverly Sills (con la Royal Philharmonic bajo las órdenes de Aldo Ceccato) suena así:

Pero Violetta no quiere abandonar tan fácilmente la existencia que hasta ahora ha llevado, y eso se manifiesta en la cabaletta, Follie, follie!... Sempre libera en la que es interrumpida por el canto de Alfredo que retoma sus frases del dúo del Acto I. Tradicionalmente se concluye la cabaletta con un mi bemol por parte de la soprano, aunque no todas lo han hecho (Ponselle por ejemplo no lo incluye en la grabación en vivo que de ella se conserva). Escuchemos a una de las mejores Violettas en lo que al Acto I respecta, Joan Sutherland, en su primera grabación en estudio, con Carlo Bergonzi como Alfredo y bajo dirección de John Pritchard:

El Acto II a menudo se dividía en el pasado, debido a la dificultad que entrañaba el cambio de decorado entre la Escena Primera, que transcurre en la casa de Auteuil en la que Alfredo y Violetta viven su idilio, y la Escena Segunda, que tiene lugar en la casa de Flora Bervoix. Al inicio del Acto II nos encontramos con un Alfredo radiante que lleva tres meses con su amada Violetta, que se ha propuesto vivir sólo para él y que ha dejado atrás su antigua vida. No obstante, con la entrada de Annina, Alfredo descubre la verdad. En pocas palabras, es un mantenido y Violetta está vendiendo todo cuanto tiene para conservar el pequeño oasis de Auteuil. Alfredo se siente avergonzado y decide poner remedio a la situación, no sin antes advertir a Annina que no debe revelar a su señora lo que va a hacer. Tradición afianzada hasta bien entrados los sesenta era cortar la cabaletta O mio rimorso. Otra tradición que se contradice con lo anterior era coronar la dicha cabaletta con un do (opinión personal: añadido horrible y que nada tiene que ver con el personaje, que es un señorito que va al notario de la familia y no un guerrero dispuesto a hacer uso de una catapulta). Escuchemos a Alfredo Kraus (en el Teatro de la Zarzuela, 1977) en el aria, en un vídeo de Oneguin65:

Después de la partida de Alfredo, Violetta tiene una sorpresa nada agradable: la visita de Germont padre. Éste viene con todos sus prejuicios a cuestas dispuesto a romper la relación entre Violetta y su hijo, que hace daño a la reputación de la familia. No obstante, lo que encuentra no es lo que esperaba. La mujer con la que Alfredo convive no es una cualquiera sedienta del dinero de los Germont (de hecho es ella la que mantiene la casa, y no su amante); de esto se aprovecha el padre de Alfredo para apelar, no a sus intereses, sino a su corazón. Le explica entonces que su joven e inocente hija no podrá casarse si la relación entre Alfredo y ella continúa, que el idilio no durará, ya que, señala Germont (poniendo escasa confianza sobre la constancia de Alfredo), una vez la pasión se desvanezca, la unión, no reconocida por el Cielo (léase Iglesia) no aguantará. Violetta, que se ha defendido por todos los medios posibles de la exigencia de Germont, se rinde a la evidencia y consiente en renunciar a lo único que la hacía feliz, con la condición de que Germont se lo cuente más tarde (esto es, cuando la enfermedad haya acabado con ella) a Alfredo. Escuchemos a Maria Callas y Ettore Bastianini en el extenso dúo de Violetta y Germont:


Vídeos de Macbett0
Una vez se ha despedido de Germont, Violetta escribe una carta a Douphol y se la entrega a una sorprendida Annina. Luego, mientras escribe la carta de ruptura a Alfredo, este aparece. Violetta le suplica que la ame como ella lo ama a él y se esfuma, dejando tras de sí a su amante que parece muy satisfecho de desatar tales sentimientos. De nuevo, Callas:

(vídeo de 214Juan)
La alegría dura poco, porque de inmediato llega el mensajero con la carta de ruptura. Alfredo se desespera, y la entrada de su padre de nada sirve para consolarlo. Germont le ruega a su hijo que vuelva con él a la Provenza natal. Loco de celos al creer (acertadamente, aunque equivocado en los motivos) que Violetta ha vuelto con Douphol, Alfredo sale a toda prisa para ir a encontrarla a la fiesta a la que Flora los había invitado. Titta Ruffo en Di Provenza:

(del canal de baritonoguapo)
La cabaletta posterior (No, non udrai rimproveri) de Germont solía cortarse.

La Escena Segunda transcurre, como ya hemos dicho, en la casa de Flora, durante una fiesta de disfraces. Tras el cotilleo entre Flora, el Marqués y el Doctor Grenvil sobre la ruptura de Violetta y Alfredo y unas cuantas escenas "folcklóricas" con invitados disfrazados de gitanas y toreros, entra Alfredo, que finje indiferencia cuando le preguntan por Violetta y se sienta a la mesa de juego. Ella llega poco después del brazo del barón y la tensión sube irremediablemente; mientras Alfredo gana partida tras partida, lanza indirectas contra la cortesana, hasta que un criado de Flora interrumpe el juego anunciando que la cena está lista. Violetta llama aparte a Alfredo para rogarle que abandone la fiesta; teme que el barón rete a Alfredo a un duelo. Una vez más, él la malinterpreta y le pregunta si teme quedarse sin protector; luego, al decirle ella que ha jurado a quien tenía derecho a pedirlo que se alejaría de él, le responde que si ama a Germont. Para no revelar la verdad, Violetta contesta que sí. Alfredo entonces llama a los invitados y, ante todos, humilla a la cortesana al arrojarle el dinero que había ganado en el juego, en pago de lo que había gastado durante el verano. Violetta se desmaya. La indignación es generalizada, y compartida por Germont que, entrando en el salón, echa en cara a su hijo un acto tan despreciable. El acto termina con Alfredo (retado a duelo por el barón) manifestando su remordimiento y con Violetta proclamando que lo amará incluso después de muerta. Veamos la escena entera con un jovencito Alagna (qué bien cantaba, demonios) y la fugaz Tiziana Fabbricini como Violetta. Paolo Coni es Germont. Coro y orquesta de la Scala con Riccardo Muti en el foso Vídeo de Onegin65.

Solti, de nuevo, nos lleva al Preludio del Acto III, que, siempre se ha dicho, fue el modelo en el que se basaron muchos compositores del verismo a la hora de introducir el Intermezzo dentro de sus descarnadas óperas.

Nos encontramos nuevamente en casa de Violetta, pero lejos de sus tiempos de esplendor. La antigua cortesana está moribunda, acompañada únicamente por su fiel Annina y la única visita que recibe de cuando en cuando es la del Doctor Grenvil, il vero amico. Después de revisar a Violetta, el doctor le anuncia que pronto sanará, pero ella no le cree. Con razón; instantes después reconoce ante Annina que le quedan sólo unas horas de vida. Tras pedir a su doncella que vaya a darle la mitad de su escaso capital a los pobres, Violetta relee la carta que Germont le ha enviado: Alfredo está enterado de todo y va a regresar a París, pero ella duda que vaya a encontrarla con vida. Violetta se despide del mundo en el aria Addio, del passato. Una vez más la tradición ha establecido el corte de una de las estrofas (en la que Violetta, de forma bastante tétrica, se refiere a su tumba, que no tendrá siquiera una cruz con su nombre). Versión libre de tijeretazos a cargo de Renata Scotto y Riccardo Muti:

(del canal de oloferne84)
Y, mientras Violetta agoniza, las gentes de París celebran alborozadas el carnaval. Annina vuelve, agitada. Alfredo viene. La alegría parece revivir a Violetta. Él llega y la estrecha en sus brazos: lo sabe todo, le pide perdón y confía en que podrán vivir juntos, felices, lejos de París. Aquí también se ha tendido a meter la tijera, evitando una repetición del dúo. Veamos a Villazón y Netrebko en la famosa Traviata "del reloj" de 2005:

(vídeo de omraamm)
Sin embargo, Violetta está demasiado débil incluso para vestirse. Luego de enviar a Annina a buscar al doctor, se lamenta de morir tan joven y a punto de alcanzar, después de tantos padecimientos, la felicidad. Alfredo trata de calmarla sin éxito. Entran Annina, Grenvil y Germont, que (a buenas horas) se arrepiente de haber exigido a Violetta el sacrificio de separarse de Alfredo. Resignada, por fin, a morir, Violetta le entrega a Alfredo una miniatura suya y le pide que se la regale a la joven que se case con él. Cuando los dolores desaparecen, se cree curada por una especie de milagro, pero en realidad es el fin: cae muerta instantes después. Escuchemos a Virginia Zeani en una función (esta sí, con tijeras incorporadas) de 1960 que tiene detrás su historia; debería haberla cantado Joan Sutherland, que cayó enferma, lo que obligó a Zeani a cantarla sin ensayos previos (hasta el punto de que entró en el teatro preguntando ¿Quién es mi Alfredo?). El vídeo es de CharlotteinWeimar:



Chailly se va a Valencia

El director milanés Riccardo Chailly (nada, pero nada favorecido en la foto de Efe, tomada sin demasiados escrúpulos del enlace de abajo) será el sucesor de Lorin Maazel, según publica el diario Levante. El contrato deberá firmarse en abril, y según se ha sabido, Chailly "competía" por el puesto con otros dos nombres ilustres: Essa-Peka Salonen y Riccardo Muti, opción que, nos cuentan en el citado diario, se había mantenido hasta el último momento (pese a que todo el mundo sabe que ya le echaron el lazo en las Américas). Maazel formó la Orquesta (de lo mejorcito que tenemos por las Españas) y la dirigió tres temporadas, y oficialmente se marcha para hacerse cargo de un festival en Castleton, aunque puede que haya otras razones (el dinero, la pasta, el parné)... Chailly rompió en mayo pasado su relación con la ópera de Lepzig y ya se rumoreaba lo de su fichaje valenciano.

martes, 10 de febrero de 2009

Otro cumpleaños

El de Leontyne Price.

Vídeo de Onegin65

El Met 2009-2010 (más o menos)

La nueva temporada del Met está colgada en la red, si bien por orden alfabético, no cronológico. Muchos más detalles aquí, naturalmente en inglés. Como ya se sabía desde hace tiempo, en el próximo año debutarán en el teatro neoyorkino no pocos nombres ilustres, sobre todo en lo que respecta al foso, al que descenderán por vez primera Essa-Peka Salonen, Pierre Boulez y Riccardo Muti (obviamente, el que más me interesa). Aparte de las inevitables Carmen, Bohème, Traviata o Tosca (en nueva producción, y que marcará el inicio de la temporada, con Karita Mattila en el papel titular), hay unos cuantos estrenos. Uno muy tardío es el de Attila. Anda que no ha llovido desde la década de los cuarenta del siglo XIX; inexplicable, además, teniendo en cuenta que uno de los grandes Attilas ha sido Samuel Ramey, estadounidense. Por tener, tenía hasta el physique du rôle, que dicen los finústicos. Vamos, que tenía cara de Attila y cuerpo de Attila, aparte de la voz del rey de los hunos, como puede verse aquí (vídeo de margaloca).

En este vídeo procedente de la Scala, Ramey está dirigido por Riccardo Muti, que se encarga también de dirigir en estas funciones que, los hados mediante, tendrán lugar en marzo de 2010 (y que, naturalmente, constituye mi principal punto de interés; para qué nos vamos a engañar), salvo las cuatro últimas que dirigirá.... ¿lo adivináis? Pues sí, Armiliato. Su protagonista será Ildar Abdrazakov, acompañado de Violeta Urmana como la temible (vocalmente y en cuanto heroína vengativa a lo Abigaille) Odabella. El joven Verdi creó unas heroínas que tienen a bien merendarse a las cantantes, o al menos hacérselo pasar muy mal. Lo que tiene que cantar la señorita Odabella nada más salir es esto:

(vídeo de Onegin65)
Y así de guerrera estará todo el rato. No es poca la tarea que le espera a la Urmana. Completarán el reparto Carlos Álvarez (esperemos que se recupere mucho antes y que podamos seguir escuchándole) y Ramón Vargas, como Ezio y Foresto respectivamente.
Otra cosa más y muy apetecible: La Fille du Régiment con Juan Diego Flórez y Diana Damrau. Otra razón para encomendarse a medio Olimpo y al Hades en pleno en busca de una fortuna para hacer frente a los gastos de ir al Met (superar la fobia a los aviones también es un elemento a tener en cuenta). No es algo excesivamente original, aunque por otra parte lo es más que poner Bohèmes y Traviatas todos los años. Que sí, alimenticias. Preferidas del público (y comparto la opinión). Pero hay tantas en el repertorio... A modo de recordatorio.

(una vez más, gracias a Onegin65)
Lo más sorprendente es que... ¡he leído que Kiri Te Kanawa será la Crackentorp! Poco la imagino yo de esa guisa. Hay muchas otras cosas más, entre ellas otra muy apetecible, la Armida de Rossini (otro estreno tardío) con Renée Fleming. Armida será una de las óperas que podrán verse vía satélite en cines de todo el mundo (bueno, ya sabéis que, de momento, en España nada de nada). Así que es más que probable que aparezca un dvd tarde o temprano. Otras representaciones destinadas a ser retransmitidas de esa manera son Les Contes de Hoffmann, Der Rosenkavalier, Turandot (con Guleghina y Marcello Giordani), Carmen (con Gheorghiu en el papel protagonista, suponiendo que no cancele), Simon Boccanegra (con Plácido Domingo como Simón), Tosca y Aida (Urmana de nuevo, con Licitra-ay-y Guelfi-ayayay-, y dirección de Gatti). Lástima, porque sería más interesante ver el Janacek (con la dirección escénica de Chéreau y el debut de Salonen en el foso; pero deben pensar que con un DVD editado ya hay bastante), Attila u otra ópera no demasiado frecuente y también muy apetecible: Hamlet, de Thomas, con Natalie Dessay. Lo que me recuerda que Mignon también es digna de recuperarse. En fin, veamos la gran escena de Ofelia con Dessay en el Liceu. Los vídeos son de Norina1982



La ci darem la mano

Cesare Siepi y Erna Berger cantan Là ci darem la mano. No hacen falta excusas para escuchar a Mozart en general ni este dúo en particular (Mozart es perfecto bajo toda circunstancia), pero resulta que hoy es el aniversario del nacimiento del señor Siepi. Así que felicidades a nuestro Don Juan.

El vídeo es del canal de dorje1975

lunes, 9 de febrero de 2009

Los orígenes de La Traviata: La Dama de las Camelias


Dicen que ha habido gente que se ha arruinado por esa joven, y que tenía amantes que la adoraban. ¡Y pensar que ni uno de ellos viene a ofrendarle siquiera una flor!,me parece algo muy triste y curioso. Y, a pesar de todo, no hay que compadecerla, pues tiene su tumba, y aunque sólo uno se acuerde de ella, éste ya cumple por los demás. Pues tenemos aquí pobres chicas de la misma condición, y de la misma edad, que van a parar a la fosa común, y se me parte el corazón al oír sus músieros cuerpos en la tierra. ¡Y, una vez muertas, absolutamente nadie se ocupa de ellas!

(Alejandro Dumas, La Dama de las Camelias, capítulo 5)

Alejandro Dumas hijo (1824-1895) es conocido fundamentalmente por La Dama de las Camelias, como recordamos una idealización de la relación que tuvo con Marie Duplessis. Fruto de una relación del padre de D'Artagnan y compañía con una costurera (Marie-Catherine Labay) y reconocido por éste en 1831, heredó el talento literario de su progenitor, si bien no en la misma medida. A partir del año citado, los padres de Alejandro entablaron una batalla por su custodia,que perdió Marie-Catherine. El niño, pues, fue arrebatado a su madre. Durante toda su vida el origen ilegítimo de su nacimiento, así como cierto resentimiento hacia su padre serían motivo de tormento para él. En el año 1844 fue a vivir con su padre en Saint-Germain-en-Laye, misma época en la que conoció a Marie Duplessis, con los resultados que ya conocemos. La Dama de las Camelias no era su primera obra; sin embargo, estaba llamada a ser su éxito más duradero, sobre todo a raíz de la adaptación teatral, un drama en cinco actos del que él mismo es responsable y que hizo, según propia declaración, porque necesitaba el dinero.


A la hora de llevar a la ficción su romance con la cortesana, Dumas tomó como modelo Manon Lescaut, del Abate Prévost, libro que juega un importante papel en la narración. Recordemos que es la compra de un ejemplar de esta novela lo que propicia el encuentro entre Armand Duval y el narrador principal e innominado del relato. Si recordamos Manon, hay ciertos paralelos en la estructura. En ambos casos, el relato es un largo flash-back. En ambos casos, el narrador principal es el encargado de abrirlo y de ponerle fin, dejando en medio el testimonio de los protagonistas de esa historia que se ha encontrado por casualidad. Eso sí, al contrario que en la novela de Prévost, aquí se concede espacio a la voz de Marguerite. Voz de ultratumba que llega a través del diario dejado a Armand, y en la que se nos explica al fin el sacrificio que la joven ha hecho por él.

El argumento es familiar para todos y no hace falta extenderse demasiado en él: Armand Duval, un joven de la burguesía, se enamora perdidamente de la cortesana Marguerite Gautier, que acaba correspondiéndole. Su idilio en el campo acaba interrumpido por Duval padre que, en nombre de su hija menor, insta a la cortesana a abandonar a Armand. Ésta accede; su amante, que nada sabe de todo ésto, se comporta cruelmente con ella (lo menos que hace es entablar relaciones con otra cortesana, Olympe, y exhibirla ante los ojos de la pobre Marguerite). Termina viajando a Oriente para olvidar a Marguerite; allí se entera de la enfermedad de la joven, y regresa a París para encontrarse con que ella ya ha muerto. Por medio de su amiga Julia Duprat, Marguerite confiesa a Armand la verdad. Es un joven atormentado por la culpa el que se encuentra más tarde el narrador después de la subasta que señala la dispersión de los bienes de la cortesana. Dumas no tuvo reparo alguno en confesar quién era la inspiradora de la heroína de aquella historia que, decía el innominado narrador, sólo encerraba un mérito, el de ser verdadera.


He aquí pues cómo, debido a un éxito extraordinario, este libro impreso con el frescor de una novela fútil, destinado a vivir apenas un día, se reimprime hoy con todos los honores de un libro aceptado por todos. Léanlo, y reconocerán en sus menores detalles la conmovedora historia de la que, este joven tan extraordinariamente dotado, ha escrito la elegía y el drama con tantas lágrimas, éxito y dicha.

(Jules Janin, La señorita Marie Duplessis)



Las grandes actrices trágicas se apresuraron a incorporar a Marguerite a su repertorio. Aunque el papel fue estrenado por Eugènie Doche, actriz de talento discutido en la época, una de las que más se identificó con él fue Sarah Bernhardt (en la imagen). La Divina Sarah llegó a tiempo de protagonizar una adaptación cinematográfica en 1912; el cine se interesó por la cortesana desde muy pronto. La primera incursión de Marguerite en la gran pantalla data de 1907. Naturalmente, la más célebre adaptación es la protagonizada en 1936 por otra Divina, Greta Garbo: Camille, de George Cukor (conocida en España como Margarita Gautier), con un jovencito Robert Taylor y una notable influencia del libreto de Piave para La Traviata, tanto en lo que respecta a la banda sonora (llena de citas de la partitura verdiana, especialmente de Ah, fors'è lui y Amor è palpito) como en lo que se refiere al guión.

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