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¿Y quién era Marguerite número 2? Pues Mirella Freni, en una grabación de estudio (la única en directo era Marguerite 4) de 1978, con la orquesta de la Ópera de París bajo la dirección de Georges Prêtre, una grabación para EMI en la que sus compañeros de reparto eran Plácido Domingo y Nicolai Ghiaurov. Consultando la discografía de Freni puede verse que esta grabación no es ni mucho menos el único testimonio que tenemos de su Marguerite, aunque sí el más tardío. Al menos, uno de los más tardíos editados "comercialmente". Escuchémosla nuevamente, aunque se haya ido de vacío:
Marguerite número 1 y Marguerite número 4 han empatado a tres votos, así que primero nos ocuparemos de la uno. Se trataba de Joan Sutherland. En esta ocasión el aria procede de un estudio de 1966 para Decca, dirigido, cómo no, por Richard Bonynge, aquí a cargo de la London Symphony. Compañeros de reparto de Dame Joan en esta grabación reeditada en serie económica por la casa londinense eran Nicolai Ghiaurov (omnipresente en esta época en el papel de Mefistófeles) y Franco Corelli. Al contrario que en el caso de Freni, el papel se haya curiosamente ausente de la discografía "oficial" de la Stupenda. Volvamos a escucharla:
La soprano que ocupaba el cuarto lugar en la lista, Marguerite 4, era Renata Scotto. Ya se ha dicho que su grabación era la única en directo. Proviene de una de esas habituales giras de grandes compañías operísticas europeas por Japón. En esta grabación de 1973 (de la que también está disponible el vídeo) la dirigía Paul Ethuin, al mando de la NHK Orchestra de Tokio. Como podréis escuchar, el sonido es razonablemente bueno para ser un directo. Compañeros de Scotto en aquellas funciones fueron, otra vez, Nicolai Ghiaurov y Alfredo Kraus como Faust. Volvamos a escuchar a Scotto:
Ganadora, aunque por la mínima, de esta encuesta, resulta Marguerite número 3: Victoria de los Ángeles, en su segunda grabación de estudio para EMI, en 1958. La casa discográfica realizó dos grabaciones de estudio de Faust en muy poco tiempo (la primera en 1953), ambas dirigidas por André Cluytens y ambas con Victoria de los Ángeles como protagonista (otros que repitieron fueron Boris Christoff y Nicolai Gedda), la segunda más completa (ya que se incluyó el ballet) y con mejor sonido. De la Marguerite de De los Angeles existe también una grabación en vivo del Met (1953), con Richard Tucker y Nicola Moscona. Volvamos a escucharla:
Los asistentes a la función que presidió el veterano barítono hablan de entusiasmo, de emoción, de, en fin, una gran noche de ópera a pesar de que la voz del protagonista ya no está en su mejor momento. Reconozco que Nucci jamás me ha gustado ni ha despertado el menor entusiasmo en mí, y no creo que eso vaya a cambiar, aunque respete su carrera y reconozca que, probablemente, sea uno de los pocos capaces en sacar adelante el papel del bufón con autoridad. Veamos lo que dijo una crónica "oficial", la de El País:Naturalmente también podéis leer sobre esta función en el blog de Mocho; ya sé que he dicho que no me gusta Nucci. A pesar de todo una noche de ópera tan apasionante como la que todos los asistentes describen, no me importaría haberla vivido. Vamos, que me muero de la envidia. Yo me tuve que conformar con la retransmisión de días atrás, con otro barítono (Frontali) y otro tenor (Bros), en la cual sólo me gustó Ciofi y aborrecí al Sobrinísimo, Roberto Abbado.
Y otra visita más, la de Elina Garanca y José Cura; ambos fueron protagonistas de un concierto con fines benéficos (a favor de la Fundación Banco de Alimentos) en el Teatro Campoamor de Oviedo. Un éxito, según informa Pablo Gallego en La Nueva España, y según también comentarios de los asistentes que he podido leer en Una Noche en la Ópera y en La Tertulia. Otra razón más para la envidia. Me hubiera gustado estar allí escuchando a la Garanca y pensando en otra cosa cuando le tocase el turno a Cura. Con todos los respetos hacia los fans de este último. El programa estuvo compuesto por páginas de Verdi (Otello para él, Eboli para ella), Donizetti, Bellini (el dúo entre Adalgisa y Pollione) y de una selección de la Carmen de Bizet. Aparte de las propinas, que en el caso de la maravillosa Elina (se me espachurra la objetividad con ella), son de zarzuela, hacia la que manifiesta más amor que muchos cantantes españoles. Y que canta así de bien (nunca está de más recordarlo):
vídeo de leporello89

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“Hay que sacar el máximo provecho de los inconvenientes. A posteriori, el hecho de no haber estudiado en el conservatorio, me ha permitido crecer y alcanzar la madurez en el momento oportuno. La etapa más delicada para cualquiera es la juventud y el principio básico en nuestra disciplina es no forzar. Hay que buscar la manera de cantar que te permita obtener resultados sin retorcer los medios. Es imprescindible elegir una literatura adecuada, arias italianas, algunas canciones, que expliquen algo tan fundamental como es el legato. La voz necesita crecer despacio, sin presión. El sistema educativo es erróneo en su concepción. Los cinco años que se toman como base es muy poco tiempo para un cantante. Así pasa lo que pasa, que muchos, con aparentes posibilidades, quiebran sus instrumentos en seguida”
"Creo que el sentido del canto, en general, es conmover, sorprender al público con emociones, con el corazón y con el intelecto. Ese es para mí el sentido de hacer música"(Thomas Quasthoff)
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Don Giovanni - Mozart
Mañana en Radio Clásica, a partir de las 20:00, podremos escuchar la retransmisión de Rigoletto desde el Teatro Real, con Frontali, Ciofi y Bros, y el Sobrinísimo Roberto Abbado dirigiendo a la orquesta de la casa y al coro Intermezzo (después de que la dirección del teatro se haya querido desembarazar del titular). Aquí podéis ver un especial sobre estas representaciones, en el que se incluyen varios vídeos. Una de las funciones pudo ser vista el pasado sábado en la Plaza de Oriente, gracias a la pantalla gigante allí instalada y que había servido a unos fines parecidos durante el primero de los recitales de Flórez (que acabó con saludo y pequeña propina desde el balcón) a quien, en un principio, estaba destinado el papel de Duque de Mantua en esta producción. La opinión de los que han asistido no hace concebir demasiadas esperanzas sobre esta representación, aunque estas (las esperanzas, naturalmente) son lo último que se pierde. En cuanto a críticas "oficiales", que nos dan un poco de todo pero que coinciden en que las primeras funciones no han sido espectaculares precisamente, tenemos esta de El País:El distanciamiento de las pasiones no se conjuga nada bien con el universo verdiano. Los cantantes no transmiten cercanía. Tanto Bros como Frontali nos tienen acostumbrados a unos niveles artísticos superiores. El director musical Roberto Abbado mantiene en algunas escenas la tensión musical. En otras enfatiza en exceso las dinámicas y en otras, sencillamente, desaparece. La Sinfónica de Madrid está, en cualquier caso, por encima de su nivel medio habitual. El coro Intermezzo cumple musicalmente y se muestra disciplinado y eficaz en la papeleta escénica.
Y esta, de ABC:Por contra, Frontali fue un jorobado sin joroba con muchos problemas en la afinación, calante, corto de fraseo, pobre en expresividad. Una pena. Por su parte, la Gilda de Ciofi estuvo desdibujada, temerosa en la zona aguda y muy remisa a atacar las notas con sinceridad, cubriéndose en muchas ocasiones.El coro Intermezzo, de naturalidad donostiarra (treinta y cinco voces), cumplió bien con su tarea, aunque, a veces, pecara de timidez expositiva. Claro que esto puede achacarse a la dislocada batuta de Roberto Abbado, quien llevó la concertación a saltos, con roturas de tiempos, dejando en ocasiones a los cantantes sin protección alguna, y a la orquesta en un torbellino de desajustes, con descuadres notorios, desdibujando su acreditada solidez.
Pues lo dicho, mañana, en Radio Clásica, veremos qué tal se desenvuelve este Rigoletto.Quiere esto decir que aún hay tiempo para afinar varias de las imprecisiones del estreno de anoche. Lo primero la dirección musical de Roberto Abbado, alguien capaz de ponerle sustancia a la partitura, narrar con eficacia, energía y afán popular, pero no siempre fino en el ajuste con el escenario, a veces de manera tan evidente como en el coro del segundo acto o en el célebre «Quartetto».Es razonable imaginar mayores sutilezas en una orquesta que las tiene y también mejores prestaciones en un primer reparto que necesitó calmar los nervios y encontrar el sitio. José Bros pareció hallarlo ante «Parmi veder le lacrime» a falta de una mejor y más cómplice colaboración de Abbado. En cualquier caso siempre es posible hallar un punto de nobleza y elegancia en un cantante de probado rigor y que, al lado del Rigoletto de Roberto Frontali, aportó lo más gratificante de la representación. Lo cual es meritorio a sabiendas de la complejidad de este último personaje, al que Frontali salva apenas sobrevolando los contradictorios repliegues de su personalidad.Con razón, a ambos se les aplaudió. Y más aún a Patrizia Ciofi, seguramente en agradecimiento por el enorme esfuerzo que hizo al resolver el papel de Gilda aunque fuera trampeándolo, afalsetándolo y diciéndolo con precavida cautela y problemática voz.
