Os deseo un feliz Año Nuevo con una de las músicas que son capaces de arrancarme hasta de la depresión navideña (a pesar de estar en el marco de algo que constituye, probablemente, un tópico navideño en sí mismo). De las no navideñas, también:
Para dar la bienvenida a la nueva estación que hoy comienza recurramos a Karajan en su único Concierto de Año Nuevo, el del 87. No es excesivamente original, lo reconozco. Recientemente (después de tenerlo como un recuerdo nebuloso y mitificado durante veinte años) he podido hacerme con él, y, la verdad, impresiona ver a este hombre ya atormentado por los dolores abriéndose paso hacia el podio a duras penas. Y una vez en él... el espectador se olvida de los años que tiene encima. Maravilloso. En aquel año, la actualmente casi desaparecida en combate Kathleen Battle (con vestido ochentero cien por cien, ay los ochenta) nos regaló una versión del vals de Strauss Voces de Primavera. No recuerdo muchas intervenciones similares en los Conciertos de Año Nuevo. Así que escuchémoslos a ambos, pocos años antes de que él muriera y ella acabara relegada por todo el mundo debido a su comportamiento de diva desaforada.
Hablando del vals en sí, prefiero la grabación estratosférica de Dessay. Pero no la tengo tan mitificada. Y es que, claro, asociada a ella no está el recuerdo lejano de ver a Karajan un 1 de enero en la tele del salón.
Por la ORF ya sabemos quién será el director que nos "despertará" en 2010, así que los amantes de los valses preparen el viaje a Viena, si quieren. El agraciado es Georges Prêtre, como recordaréis responsable de uno de los conciertos más dinámicos, divertidos y brillantes que se recuerden en los últimos años. Antes de que conectemos con la famosa "Sala dorada" y con Barenboim dirigiendo a los vieneses, os dejo con un momento absolutamente glorioso del año pasado, la Orpheus Quadrille:
Para empezar el día. Dulzarrón, lo sé. El temible espíritu de Año Nuevo ha debido apoderarse de mí. Me encanta Strauss "el malo", compañero habitual de días tristes (él y tantos otros) en los que me sirve de consuelo. Aunque a veces lo escucho por puro capricho. Como hoy. Gracias al Ministro Ping por el regalo.