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miércoles, 8 de abril de 2009

Buenas noches con Calaf

¡Pobre Nessun dorma! Se ha convertido en un aria particularmente maltratada por la publicidad, y no sólo por la publicidad. En fin, volvamos (aprovechando que un día como hoy nacía en Ancona) a los orígenes acompañados del Calaf de Franco Corelli, para terminar el día.

vídeo de Wildlatinae

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Para acabar el año Puccini: una Turandot



PUCCINI

Turandot

Turandot: Montserrat Caballe
Emperor Altoum: Raymond Manton
Timur: Giorgio Tozzi
Calaf: Luciano Pavarotti
Liu: Leona Mitchell
Ping: Dale Duesing
Pang: Remy Corazza
Pong: Joseph Frank
Mandarin: Aldo Bramante
Three Princesses: Pamela South, Carol Vaness, Gwendolyn Jones
Chorus of the San Francisco Opera
Orchestra of the San Francisco Opera
Riccardo Chailly, 1977

Cd1 y Cd2

martes, 30 de diciembre de 2008

Turandot: el argumento

ACTO I. Frente a los muros de la Ciudad Imperial de Pekín, un edicto del Emperador proclama que la princesa Turandot, la Pura, se casará sólo con aquél que sea capaz de desvelar los tres enigmas que propondrá. Los infortunados que no consigan dar con la respuesta a los enigmas serán ejecutados con la salida de la nueva luna. Ese es el caso del joven príncipe de Persia, cuya muerte tendrá lugar inmediatamente. Mientras el anuncio tiene lugar, un anciano ciego que va acompañado por una muchacha cae al suelo. La joven pide auxilio a gritos, y a levantarlo acude un joven que lo reconoce como su padre, Timur, un rey exiliado. Timur explica a su hijo que la muchacha, la esclava Liù, ha estado ayudándolo siempre, guiándolo y mendigando por él incluso. El príncipe pregunta a Liù por qué se ha entregado tan devotamente a su padre, y ella le responde que es su manera de agradecerle que un día, en palacio, le sonriera.


Mientras nuestros tres personajes hablaban, el pueblo, reunido ante el palacio, comienza a impacientarse: quieren la sangre del joven príncipe de Persia de inmediato. Quieren que la luna aparezca, que el verdugo Pu-Tin-Pao cumpla su deber. Pero en cuanto ven al sentenciado, se conmueven y le ruegan a la princesa que tenga piedad. Nuestro desconocido príncipe, es decir, Calaf (puede que Turandot tenga que permanecer en la ignorancia de su nombre, pero nosotros no tenemos por qué), se une al coro que pide el indulto, pero en vano. Calaf maldice la crueldad de la princesa. Pero eso es hasta que la propia Turandot aparece con su séquito. Naturalmente Calaf queda prendado al instante de la belleza de la princesa, y las advertencias de Timur o las lágrimas de Liù tienen nulo efecto en él, y tampoco se arredra por el grito que el condenado, llamando a Turandot, deja oír al morir. Quiere hacer el intento de resolver los tres enigmas.



También los tres ministros imperiales, Ping, Pang y Pong, sin duda cansados de tanto príncipe descabezado, intentan convencerle de que no merece la pena arriesgar la vida por la princesa, al fin y al cabo una mujer como las demás, con sus dos brazos, sus dos piernas, sin nada excepto su sangre que la distinga del resto. Testarudo como él solo, Calaf responde que la ama, que la ama y que la ama, ya verdaderamente obsesionado, como lo están los espectros de los pretendientes muertos, que siguen llamándola... Timur vuelve a rogar a su hijo que recapacite, y Liù le suplica que la escuche. Pero Calaf no hace caso. Así que, tras recomendar a la esclava que cuide de su padre, y esquivando a los tres ministros, hace sonar el gong, anunciando que se une a la lista de pretendientes.

ACTO II. En un pabellón cercano al palacio Imperial, los tres ministros, Ping, Pang y Pong, se reúnen para preparar, por un lado, la boda de la princesa si los enigmas son resueltos, y por otro, las exequias de su nuevo pretendiente si éste fracasa. Se lamentan del destino de China, pues pareciera que, desde que Turandot tiene uso de razón, sólo se ocupan de cortar las cabezas de los príncipes que aspiran a su mano; este año y con el príncipe de Persia ya van trece. Recuerdan con nostalgia sus casas de descanso en exóticos parajes, a las que no van desde hace demasiado tiempo. Repasan todos los príncipes que Turandot ha enviado a la muerte sin conmoverse. Entretanto, la multitud se reúne y llega Calaf, dispuesto a resolver los enigmas de la princesa o a morir. Que el propio emperador le advierta que debería volverse atrás ahora que está a tiempo no sirve de nada.


Al aparecer, Turandot rememora la historia de su antepasada, la princesa Lou-Ling, que en ese mismo palacio que ahora habita ella fue violada por un extranjero. Con su implacable actitud, quiere vengar el terrible destino de Lou-Ling.



¡Oh, príncipes,
que en largas caravanas
desde todos los rincones del mundo
venís hasta aquí a jugaros la suerte,
yo vengo en vosotros, en vosotros,
aquella pureza, Alineación al centro
aquel grito y aquella muerte!
¡Aquel grito y aquella muerte!
¡Nadie jamás me tendrá!
¡Jamás nadie! ¡Nadie me tendrá!
¡El horror que la mató
está vivo en mi corazón!
¡No! ¡No! ¡Nadie jamás me tendrá!
¡Ah, renace en mí el orgullo
de tanta pureza!
¡Extranjero!
¡No tientes a la suerte!
¡Los enigmas son tres,
la muerte una!

Turandot plantea sus tres famosos enigmas... y Calaf los resuelve sin vacilar, uno tras otro. La multitud aclama al príncipe, pero Turandot se niega a ser suya. Aunque le ruega a su padre que no la entregue a un extranjero, el Emperador le recuerda que ha hecho un juramento y este es sagrado. Finalmente, Calaf le propone a Turandot que resuelva otro enigma: si consigue averiguar cuál es su nombre antes del alba, se dejará matar por ella.



ACTO III. En los jardines del palacio, mientras los heraldos proclaman que esa noche nadie debe dormir en Pekín, pues todos deben ayudar a que se desvele el nombre del extranjero, Calaf está seguro de su victoria. Es aquí cuando encaja el aria más maltratada de los últimos años, Nessun dorma:


Calaf es interrumpido por los tres ministros. Estos, que sienten peligrar su cargo y su vida, le proponen que les diga su nombre a cambio de mujeres, de tesoros inmensos. Como Calaf no cede ante los sobornos, ya que lo único que quiere es a Turandot, pasan a la amenaza de tortura, y cuando ésta no surte efecto, arrastran ante él a Timur y a Liù, a los que han sorprendido vagando por las cercanías del palacio. No sirve de nada que el príncipe ordene que les suelten, porque no saben nada.

Liù afirma que conoce el secreto, pero que no quiere desverlarlo. Con la llegada de Turandot, la tortura comienza, pero la esclava se mantiene firme. Su muerte es una ofrenda hacia su amado señor.

Tras anunciar a la princesa que ella también acabará sucumbiendo al amor, Liù, incapaz de seguir soportando el dolor de la tortura, y teniendo "miedo de sí misma", se quita la vida. El pueblo, antes sediento de sangre, y los ministros, se lamentan sobre el cadáver de la esclava. Calaf, enfurecido, le echa en cara a la princesa toda la sangre que ha corrido por voluntad suya, y acaba diciéndole que "todo su hielo es mentira". Calaf la besa mientras ella clama que es un sacrilegio y le confiesa su nombre: ahora su vida está en manos de la princesa.

En la escena final, y ante la multitud y su imperial padre, Turandot afirma conocer el nombre del extranjero. Su nombre, afirma, es "Amor". El pueblo celebra el compromiso entre ambos.

Todos los vídeos, salvo el final (de 18gianni79 y perteneciente a las famosas funciones del Met con Marton y Domingo) son de wjrmonkey y corresponden a una función de Turandot en la Ciudad Prohibida de Pekín con el coro y la orquesta del Maggio Musicale Fiorentino dirigidos por Zubin Mehta.





In questa reggia (mil y una maneras de cantarla...)

Ghena Dimitrova:

Vídeo de operamusicfan

Birgit Nilsson (con Franco Corelli):

Vídeo de Oneguin65
Gina Cigna:

Video de TurandotFanatic
Maria Guleghina:

Vídeo de parsifalito
Montserrat Caballé:

Vídeo de lucpebo
Joan Sutherland:

Vídeo de actor001
Maria Callas:

Vídeo de Onegin65
Ángeles Gulín:

Vídeo de Onegin65
Eva Turner:

Vídeo de jozefsterkens
Eva Marton:

Vídeo de meditativemaster
Martina Arroyo:


viernes, 26 de diciembre de 2008

Turandot: una pequeña y personal discografía

A lo largo de este año en el blog se ha ido tratando la obra de Puccini, aunque unos apartados han quedado mejor que otros, evidentemente. En algunos casos, por la relevancia que el título ha tenido en el repertorio a lo largo de la Historia. En otros, simplemente por impedimentos de otra clase, como una pequeña intervención quirúrgica que, coincidiendo con los meses de marzo y abril, me impidió escribir con frecuencia. No quiero terminar el año sin dedicarle unas cuantas entradas más a Turandot, subsanando en cierto modo las lagunas.





Empecemos por un registro sorprendente por su protagonista, esto es, Joan Sutherland; hablo de una grabación que se ha colocado entre las referencias del título, y con toda la razón. Aunque al principio nos pueda costar imaginarnos a la Stupenda como la principessa di gelo. Dirigida por un joven Mehta (que nunca me ha sonado mejor, ni antes ni después) y acompañada por unos antológicos Pavarotti y Caballé (también llegó a cantar Turandot en varias ocasiones y a grabarla para la EMI). Sutherland sólo cantó el papel de Turandot en esta grabación en estudio, jamás en directo. Lástima, porque de todas las Turandots habidas y por haber la suya me parece la más completa. No sólo porque acierta con la criminal partitura que pasa inevitable tributo a toda soprano que osa acometerla, sino también por su enfoque del personaje. Así que, si por alguna extraña razón no queréis tener más que una grabación de Turandot, os aconsejo esta. No os arrepentiréis. En cuanto al sonido, ya conocéis a la Decca.
La grabación histórica con Ghione, Cigna, Merli y Olivero es objeto de culto entre muchos "turandotófilos". El sonido es muy bueno para ser de esa temprana época, y las reediciones por diversos sellos como la bendita casa Naxos lo han mejorado aún. Aparte, se trata de una grabación de dominio público y como tal podéis encontrarla aquí. Se trata de la primera grabación íntegra, grabada en estudio y con la RAI de Turín. Contemporáneos a esta grabación son unos fragmentos registrados para EMI por Eva Turner con Giovanni Martinelli como Calaf y con la dirección de Sir John Barbirolli.
Erich Leinsdorf dirige otra de las grabaciones que suelen citarse como referenciales. Es el caso de la protagonizada por Birgitt Nilsson, Jussi Björling y Renata Tebaldi. Esta ya había grabado Liù junto a Inge Borkh y Mario del Monaco bajo la batuta del impersonal (en Navidad se debe ser bueno así que le aplicaremos este suave calificativo) Alberto Erede. La Nilsson es una Turandot muy pero que muy recurrente. Aun así, se puede preferir otra de sus grabaciones de estudio...
Es decir, la de Molinari-Pradelli junto a Renata Scotto y Franco Corelli (EMI, 1965), sin duda el Calaf más heroico de todos.
Mejor es prescindir de las grabaciones de Callas para EMI y de la de Karajan con Ricciarelli para DG. La primera no parece acompañada de su habitual estado de gracia, además de estar acompañada por un reparto inadecuado y en el que se incluye la... desconcertante, por ser nuevamente bondadosos, Liù de Elisabeth Schwarzkopf. De manera bastante incomprensible esa ha sido la Turandot elegida por EMI para ser reeditada en su serie Great Recordings of the Century.





domingo, 6 de abril de 2008

Turandot sin Puccini: Busoni

(Debido a que no he podido hacerlo durante el mes de marzo, en abril seguiré con Turandot como obra pucciniana del mes)

Ferruccio Busoni (realmente Dante Michelangelo Benvenuto Ferruccio Busoni) nació en Empoli en 1866. Era hijo de dos músicos profesionales, una pianista de ascendencia alemana y un clarinetista. Fue un niño prodigio que seguía los viajes de sus padres por Europa y que dio su primer concierto en público a los siete años. En su juventud tuvo la oportunidad de conocer a Franz Listz, a Brahms y a Rubenstein. Posteriormente se hizo una brillante reputación como pianista. Como tal, inició una gira internacional que le llevaría a Moscú y a Estados Unidos, hasta que en 1894 se instaló en Berlín. Aunque residiría durante la Primera Guerra Mundial en Zürich y en Bolonia, sería en Berlín donde acabaría sus días. Particularmente partidario de las innovaciones de la música contemporánea, en 1907 publicó un (entonces controvertido) manifiesto denominado Esbozo de una nueva estética de la Música, en el que aboga por la innovación musical, pero sin romper todavía con el pasado, explorando la microtonalidad y la música electroacústica, aunque en realidad nunca llegó a utilizar estas técnicas. También adaptó al piano numerosas obras de Bach.
El 11 de mayo de 1917, estrenó en Zürich dos óperas de breve duración: Arlecchino y Turandot, basada esta última en el drama de Gozzi que años más tarde inspirará a Puccini su última obra. Desgraciadamente para la Turandot de Busoni, hay que añadir. Aunque más fiel al original que la obra Pucciniana, la ópera de Busoni quedaría relegada por el éxito de su sucesora. El ínterés de Busoni por la cruel princesa no surgía de la nada. En 1907, ya había estrenado Busoni una Suite Turandot, que sigue siendo su obra más conocida. Esta Suite sería la base de la composición de la ópera del mismo título. Una ópera, fuerza es decirlo, no muy representada, poco ayudada por la celebridad de su homónima pucciniana, un poco como pasa con la Bohème de Leoncavallo o la Cavalleria Rusticana de Domenico Monleone.
No obstante, ya en los años 50 se representó en el San Carlo de Nápoles la Turandot de Busoni, con un reparto que incluía a Raffaelle Arié como Altoum, Giuseppe Campora como Kalaf y Anna De Cavalieri como la princesa Turandot, mientras que el omnipresente Piero di Palma encarnaba a Truffaldino. A la batuta, el gran, gran, gran y nunca suficientemente alabado Gianandrea Gavazzeni. Función retransmitida por la RAI, y de la que hoy se conserva grabación, cantada en italiano, aunque el libreto original está en alemán. El reparto completo es el siguiente:

FERRUCCIO BUSONI

Turandot

Raffaele Arié (Altoum)
Anna De Cavalieri (Turandot)
Fernanda Cadoni (Adelma)
Giuseppe Campora (Calaf)
Italo Tajo (Barak)
Piero de Palma (Truffaldino)
Saturno Meletti (Pantalone)
Mario Borriello (Tartaglia)

Coro y Orquesta del Teatro San Carlo de Nápoles
Gianandrea Gavazzeni, 1953

Podéis encontrarlo aquí

Y a modo de curiosidad, por ahí podéis encontrar grabaciones pianísticas del mismísimo Busoni (aquí interpretando a Liszt) que tuvo entre sus alumnos a un señor llamado Claudio Arrau... Vídeo de d60944



miércoles, 12 de marzo de 2008

Turandot sin Puccini: Weber y Hindemith


En torno a 1805, Carl Maria Von Weber encontró en el Dictionaire de musique de Rousseau una melodía "china" que atrajo su atención. Hasta tal punto que al año siguiente, 1806, compuso una Obertura china que se ha perdido. No obstante, esta Obertura ejerció una gran influencia en la creación de su música incidental para la Turandot de Schiller, basada en la obra de Gozzi. Hindemith retomaría el tema de la Obertura de Turandot en sus Metamorfosis sinfónicas sobre un tema de Carl Maria Von Weber. Debajo podéis escuchar tres fragmentos de la música compuesta por Weber para Turandot de Schiller, la obertura, la marcha china y la marcha fúnebre. También podéis escuchar el scherzo de las Metamorfosis de Hindemith.










miércoles, 5 de marzo de 2008

Turandot antes de Puccini, o los orígenes de la leyenda

El Turán es una estepa de Asia Central, que ocupa la mayor parte de Kazajistán y Urkmenistán, atravesada por el río Amu Daria y limitada por el Caspio y el mar de Aral, o al menos lo que queda de este último. El nombre de la heroína de la última ópera de Puccini deriva del persa y alude a esa región: Turandot, hija del Turán. Aunque el libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni se basaba principalmente en la Turandotte de Carlo Gozzi, en la que a su vez se basaría Schiller, la leyenda es mucho más antigua y queda establecida por vez primera por el poeta persa Nezami, también llamado Nizami, cuyo nombre completo es Ilyas ibn Yusuf Nezami, conocido además por Nezami-ye Ganjavi (1141-1209). Considerado como el más grande poeta épico de la lengua persa, Nezami escribió en torno a 1196 el Libro de las Siete Bellezas (Haft Peykar), también llamado Libro de las Siete Princesas. Es el quinto libro de un ciclo más amplio, el Panj Ganj (en persa Las Cinco Joyas), más conocido por el nombre arábigo de Khamse. El protagonista de este libro es el rey sasánida Bahram V, pero el personaje que atrae nuestra atención es una altiva princesa de origen ruso, Turandokht, que se encierra en una fortaleza, convencida de que ningún hombre es digno de ella, y propone a sus pretendientes mortales acertijos; ni siquiera acertándolos tenían la seguridad de salir vivos de su fortaleza, pues para llegar a la princesa debían atravesar una puerta "guardada por misteriosas espadas que amenazan con decapitar al intrépido". Turandokht cae enamorada del protagonista apenas franquea el umbral de su castillo, no obstante insiste en que pase por los acertijos antes de entregarse a él, disimulando sus sentimientos bajo una gélida apariencia.


El poeta persa Nezami en una recreación moderna

La historia fue conocida en Europa gracias, principalmente, a la traducción al francés de François Pétis de la Croix (1653-1713), orientalista francés que tradujo la obra de Nizami como Les mille et un jours. Contes perses, turcs et chinois, traducción publicada entre 1710 y 1712. En los cinco volúmenes que ocupaba la traducción de Pétis de la Croix se nos narra la Histoire du Prince Calaf, nombre que ya nos resulta muy familiar. Calaf es el hijo de Timurtasch, rey de los tártaros. Derrocado este por el sultán de Carizme que ha invadido su reino, el príncipe Calaf viaja a China. Allí se enamora de Tourandocte, la hija de Althoum Khan. Tourandocte es famosa por someter a sus pretendientes a temibles acertijos, que Calaf descifra fácilmente. Cuando a su vez desafía a la princesa a que averigüe su nombre, Tourandocte envía a su esclava personal, Adelmule, para que seduzca a Calaf y le sonsaque el nombre... Pero con lo que no cuenta la princesa es con el enamoramiento de su esclava. Adelmule, sabiendo que su amor por Calaf es imposible, advierte al príncipe de las intenciones asesinas de su señora, a la que sin embargo acaba por revelar el nombre, y se quita la vida. Todo conduce sin embargo a un final feliz para el resto de los personajes. Tourandocte acaba por casarse con Calaf y los derechos de Timurtasch son restablecidos. Una alusión a una historia similar también aparece en la traducción de Las mil y una noches. No obstante, en la adaptación de Pétis de la Croix ya podemos ver la trama principal de la obra pucciniana. La historia de Tourandocte, como la llamó Pétis, conoció cierta popularidad a partir de la época, la suficiente como para que en 1729 se estrenara un vaudeville basado en ella, La Princesse de la Chine, de Alain-René Lesage (el autor de esa novela picaresca a la francesa que es Gil Blas de Santillana) y Jacques-Philippe d'Orneval.
No obstante, la siguiente adaptación de la historia de Turandot, la de Carlo Gozzi, Turandotte (1762), terminaría de delinear la historia que todos conocemos. Gozzi añadió tres personajes cómicos, Truffaldino, Pantaleone y Tartaglia (el Tartamudo), que son el jefe de los eunucos, el secretario y el Gran Canciller de Altoum respectivamente, y que pueden ser considerados como los antecedentes de Ping, Pang y Pong. Adelmule se transforma en Adelma, princesa tártara convertida en esclava favorita de Turandot. La galería de personajes se amplía aún más. Otra esclava de la princesa, Zelima, el antiguo preceptor de Calaf, Barach, conocido en la corte bajo el nombre de Assan. La Turandot de Gozzi también siente piedad de Calaf al verlo (Costui mi fa pietà, comenta a Zelima), pero pronto vence su altivez. Entretanto, su esclava, la princesa tártara Adelma, reconoce en Calaf a un joven que antaño viera en la corte de su padre y al que amó en el acto, aun creyéndolo un siervo. Turandot propone sus tres enigmas y Calaf los resuelve, para desesperación tanto de la princesa como de Adelma, que no desea que sea esposo de su señora. Esta, por otra parte, suplica a su padre que no la entregue a Calaf. Sólo el pensamiento de estar sometida a un hombre, dice, la mata. Calaf le propone que intente averigüar su nombre; si lo hace, podrá disponer de su vida. La princesa lucha entre su convicción de rechazar al extranjero y los sentimientos que nacen hacia él en su corazón, que confiesa ante sus esclavas. Adelma intenta convencer con embustes a Calaf, cuyo nombre averigua, de que Turandot quiere matarle a traición, pero el príncipe se niega a huir con ella. Finalmente y cuando Calaf está a punto de apuñalarse ante la princesa, ella detiene su brazo. Turandot acaba perdonando la traición de Adelma. La esclava es liberada y se le concede un reino y el privilegio de escoger a su esposo. Todo termina felizmente para los implicados.
La obra de Gozzi conocería una amplia difusión, en especial gracias a la adaptación alemana de Schiller, Turandot, Prinzessin von China (1802), para la que Carl Maria von Weber compondría la música incidental. Pero de la música nos ocuparemos en otra entrada.

sábado, 1 de marzo de 2008

Marzo, el mes de Turandot


Continuando con el repaso a la obra de Puccini, este mes será dedicado en la medida de lo posible a su obra inacabada y estrenada póstumamente, Turandot, la historia (con múltiples, innumerables fuentes, cuyo rastro podemos encontrar por doquier, desde Las mil y una noches hasta los cuentos de los hermanos Grimm) de una despiadada princesa aficionada a los acertijos, de un príncipe bastante insensible con una pobre esclava que lo ama de verdad y que muere con él (pero eso a él no le importa, va detrás de la princesa), de tres ministros que se toman los arrebatos de su soberana con bastante filosofía dadas las circunstancias, y de un emperador de la China que no parece pintar mucho en todo el asunto. Una ópera sin embargo maravillosa, pese a que se pinte así a sus personajes, a la que también se han buscado finales alternativos, ya que, como dijo Toscanini en el estreno mientras el telón bajaba sobre el escenario, tras la muerte de la infortunada Liù, "aquí termina la obra, porque aquí murió el Maestro". Alfano había terminado lo que Puccini dejó inacabado, pero existen alternativas al final "oficial", y aun hoy los directores de escena y algún músico siguen buscando su final particular para la principessa di gelo.
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