Mostrando entradas con la etiqueta Norma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Norma. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de junio de 2010

Norma en concierto

Bellini ha vuelto en esta temporada al Teatro Real -está por ver cuando lo hará de nuevo- a través de dos de sus obras maestras, I Puritani y Norma... Aunque, pequeño problema, las dos en concierto. Otro pequeño problema: de los Puritani los mortales sin entrada no pudimos escuchar nada, ya que no se retransmitieron -algo bastante llamativo, dado el reparto, con el Arturo de Flórez...-. Con Norma hemos tenido más suerte, y, a pesar de que no fue en directo sino enlatada, ayer se pudo escuchar a través de Radio Clásica una de las funciones. Protagonistas de esta Norma eran Violeta Urmana, Sonia Ganassi y Francesco Hong. Sobre la función del estreno, que fue el 20 de mayo, podéis leer una crítica o similar aquí.
Como todo el mundo sabe, Violeta Urmana empezó a cantar como mezzo, hasta que se pasó a la cuerda de soprano. De Azucenas, Kundrys y Ebolis, pasó a interpretar a Maddalena di Coigny, Tosca,  Lady Macbeth, Isolda o Santuzza, por poner unos cuantos ejemplos, y ya sabemos que también se ha atrevido con señoras tan temibles como Odabella. El papel de Norma lo debutó en 2006, en Dresde. Es uno de los casos de Adalgisas que también han cantado a la hija de Oroveso. No tengo grabación de la Norma de su debut, pero sí de su sacerdotisa jovencita:
vídeo de baritonas
Norma no es un papel para el que hoy en día abunden intérpretes, y las que nos podemos encontrar en los teatros pueden resultar decepcionantes en uno u otro sentido, ya sea por estar fuera de estilo o por no poder cumplir con las exigencias del papel. De entre las que he escuchado, Urmana es de las que mejor se desempeñan, cantándolo con corrección, aunque, como suele pasarme con ella, me doy el encontronazo contra la barrera. Contra una especie de frialdad en su interpretación -puede que acentuada al ser versión en concierto-, que así me resulta menos convincente de lo que podría ser. Pero a pesar de ello y tras haberla escuchado -sin comparaciones inútiles con las Normas de otros tiempos-, personalmente la prefiero a otras cantantes que han encarnado en los últimos tiempos a la sacerdotisa de Irminsul, como Daniela Dessì o Edita Gruberova. Habrá que esperar a verla en una versión escenificada para comprobar si esa frialdad se esfuma, pero la llama no acaba de prender.

Y, aunque en la actualidad existe la tendencia a devolver el papel de Adalgisa a las sopranos, en la versión del Real se adoptó la tradicional solución de confiarlo a una mezzosoprano, Sonia Ganassi, que  a estas alturas se debe conocer de memoria a la giovinetta. A decir de los que estuvieron en las representaciones del Real, fue la verdadera estrella de la noche. Me gustaron especialmente sus dos dúos con Norma. No tanto el del Acto I con Pollione -papel en el que el panorama  actual está si cabe más difícil que en el caso de la hija de Oroveso-, interpretado por Francesco Hong, uno de esos tenores con buenos agudos, pero a los que no encuentro otro encanto. Si bien tenía una ventaja, y es que, utilizando una expresión acuñada en los foros, al menos no da la impresión de que le está pidiendo a Norma el impuesto revolucionario. Por lo demás a veces me recordó una malísima costumbre que tenía una servidora en los exámenes: la de saberse cuatro datos e improvisar por el camino a ver qué salía.Vaya por delante que al menos no me estorbó en el curso de la función, que se reveló con esa cierta frialdad de la que hablaba más arriba, pero bastante disfrutable en su conjunto. Dirigió Massimo Zanetti - al que en la página del Teatro Real se llama Zenetti-, curiosamente el mismo director con el que Urmana debutó Norma hace cuatro años. En general los tempi fueron rápidos, con un Oh, di qual sei tu vittima digno de figurar en el Concierto de Año Nuevo por su ritmo de polka veloz. Algo que, confieso, acaba por resultarme adictivo y todo. 



VINCENZO BELLINI
Norma

Pollione: Francesco Hong 
Oroveso: Carlo Colombara 
Norma: Violeta Urmana 
Adalgisa: Sonia Ganassi 
Clotilde: Sandra Ferrández 
Flavio: Andrés Veramendi
Dirección musical:
Massimo Zanetti 
Dirección del coro:
Peter Burian 

Coro Titular del Teatro Real
Orquesta Titular del Teatro Real
(Orquesta Sinfónica de Madrid)

Aquí y aquí

jueves, 14 de mayo de 2009

Una Norma agitada

Aparte de la "tríada" formada por Callas, Sutherland y Caballé, muchas otras cantantes se han enfrentado al papel de la sacerdotisa de Irminsul con mayor o menor fortuna son tantas (incluyendo alguna tan exótica como Antonietta Stella, de la que se conserva una grabación en pésimas condiciones sonoras, con Del Monaco como Pollione) que es difícil hacer una relación exacta. No obstante, una de las representaciones de Norma más sonadas quedó recogida en disco. Y la función sucesiva, también.En 1958 Anita Cerquetti estaba cantando Norma en el San Carlo cuando tuvo lugar la función de la que hablamos. Mientras ella daba vida a la sacerdotisa en Nápoles, Callas estaba haciendo lo propio en la Ciudad Eterna. Pero la Divina se encontraba indispuesta (treinta y seis horas antes de la ópera estaba sencillamente afónica) y dejó la representación después del primer acto. Al parecer, había insistido antes de la función para que buscaran una sustituta, pero la dirección del Teatro de la Ópera de Roma se negó, alegando que era una noche de gala y que el Presidente de la República estaría presente. Después de un primer acto de dura lucha con su voz (al término del cual algunos miembros del público le gritaron Vuélvete a Milán, ¡Nos cuestas un millón de liras! y cosas semejantes) , y pese a los ruegos de Santini, del director artístico del teatro y de otros presentes en el camerino. Al día siguiente los periódicos hablaban indignados de "Esa artista de segunda clase, italiana por matrimonio, milanesa a causa de la admiración injustificada de ciertos segmentos del público de la Scala, internacional por su peligrosa admiración con Elsa Maxwell". Pero hablábamos de Cerquetti, que llegó, cantó la segunda función de Norma y cosechó un considerable éxito que desató el interés de los teatros por ella. Cuando Callas, aún en Roma, declaró que se había restablecido y quería cumplir con su contrato, la dirección de la Ópera se negó. Se entabló un pleito que acabaría ganando Callas, con la Ópera de Roma condenada a pagarle los daños y perjuicios. Entretanto, Cerquetti, que cantó las demás funciones, tuvo que llevar su Norma de Nápoles a Roma. No es extraño que con esto, y con la frenética actividad que desarrolló en su demasiado breve carrera, Cerquetti aludiera al estrés que sentía en aquella época, que le impedía incluso dormir. Norma será siempre, según sus propias palabras, la ópera más cercana al corazón de la Cerquetti. En el resumen del argumento habéis podido escuchar el dúo final entre Norma y Pollione, y gracias al vídeo de magghot podéis hacer lo mismo con su Oh, di qual sei tu vittima!. Como podréis ver, el sonido no es el mejor de los posibles.

Como ya apuntaba por algún lugar, la Norma interrumpida de Callas en Roma (cuyo teatro haría, muchos años más tarde, un acto de desagravio a la Divina) fue preservada y algo de ella puede escucharse aquí, si tenéis curiosidad, así como la reacción del público (y de los locutores de la radio) ante la retirada de la soprano. Curiosamente recuerdo que el tema de la función romana interrumpida resurgió con ocasión de la "espantada" de Alagna en la Scala, durante la ya célebre función de Aida, considerándose como precedente. Claro que Callas tuvo el detalle de terminar el primer acto, así que la comparación resulta un poco traída por los pelos. En cuanto a la Norma de Cerquetti, varias casas discográficas la han editado (por ejemplo la imprescindible Opera d'Oro, qué sería de nosotros, operómanos de pocos recursos, sin ella), aunque el sonido (al parecer la grabación procede de un espectador que estaba presente en el teatro) deja bastante que desear en todas y cada una de las ediciones.

martes, 5 de mayo de 2009

Norma, pequeña y personal discografía: Caballé

Que Caballé ha sido la gran sucesora de las otras dos "Normas del siglo", por así decirlo, es algo que tenían muy claro Maria Callas y Joan Sutherland, que la animaron a hacer suyo el personaje, a pesar de las dudas iniciales de la catalana. Callas, incluso, le regaló los pendientes que utilizó en una de sus representaciones de Norma. Como si, dijéramos, le pasara las insignias imperiales a su sucesora. La entrega del testigo habría tenido lugar, según se dice, después de que la Divina viera el famoso vídeo de la no menos célebre Norma de Orange. Aparte de esta representación, publicada tanto en audio como en video, nos han quedado numerosos testimonios de la Norma de Caballé. Una vez más, somos afortunados. Comercialmente, ha sido editada, por ejemplo, la de 1971 con la orquesta de la RAI dirigida por Georges Prêtre, con su Adalgisa de cabecera, Fiorenza Cossotto, y el (relativamente) poco conocido Roberto Merolla. La podéis encontrar en la casa Dynamic, con un sonido más que bueno. No le encuentro pegas a este registro. Es cierto que el Pollione de Merolla no es nada del otro mundo, pero acertar con ese endiablado personaje es difícil. Dos damas estupendas y un director por el que siento un inmenso cariño y una gran debilidad, como es Prêtre, hacen que esta grabación sea una de mis Normas "caballistas" preferidas. Ha sido editada además en diversas colecciones de prensa que han pululado por toda Europa, así que no es difícil encontrarla. Caballé también cantó Norma en la Scala, bajo la batuta de Gianandrea Gavazzeni. Tarea nada fácil la de sacar adelante un papel en el que Callas había sido tan aplaudida en el mismo teatro, y ya sabemos lo que es el viudismo. También existe un vídeo posterior de las representaciones con Tatiana Troyanos como Adalgisa. Caballé cantó esa Norma acompañada, como no, por Fiorenza Cossotto, y con Gianni Raimondi como Pollione. La grabación está editada por Myto y G.O.P (Great Opera Performances, vamos). Si buscáis buen sonido ante todo, esta no es vuestra opción. Si no es eso lo que más os preocupa, adelante. No conozco la grabación de estudio a las órdenes de Cillario, con un Pollione tan exótico como el todoterreno Plácido Domingo y con, nuevamente, la Cossotto como Adalgisa, que data de 1974, así que me limito a mencionarla. La que sí es de obligada escucha (y visionado, dada la existencia del DVD) es la famosa Norma de Orange, del mismo año, con Jon Vickers (el audio del DVD está trucado y para cubrir un agudo del tenor aparece... ¡la voz de Plácido Domingo!) y Josephine Veasey. Aquellos que no creen en la implicación dramática de Caballé deberían escuchar (y ver) esta joya. El sonido se resiente un poco por el viento que reinaba aquella noche. Podéis encontrarla editada por Opera d'Oro. Por último, citar una Norma en su momento polémica por la propuesta escénica y que antes podíais encontrar en la tristemente desaparecida colección Opera Magic's (presentación pobretona, precios excelentes); me estoy refiriendo a la que Caballé, Cossotto y Cossutta protagonizaron en Viena en 1977, dirigidos por Riccardo Muti. Norma que pretendía ser en tonalidad original y que al final se quedó a medio camino de serlo, ya que Cossotto no pudo con la misma (lo que causó un rifirrafe entre mezzosoprano y director -que no mantuvo el secreto de que su Adalgisa no podía afrontar la partitura tal y como se había escrito...- que acabó con el transporte de medio tono hacia abajo en lo que a Adalgisa se refiere). El sonido es extraordinario. Personalmente, os aconsejo que no os dejéis llevar por las críticas que se han hecho sobre esta Norma, y la escuchéis. Ah, ojito con el Oh, di qual sei tu vittima. Puede causar adicción.

lunes, 13 de abril de 2009

Norma: pequeña discografía; Sutherland

de
Cronológicamente hablando, Joan Sutherland es la segunda de la tríada de grandes Normas que deparó el siglo XX. Como en el caso de Callas, la Stupenda grabó Norma en dos ocasiones, separadas, en su caso, por veinte años de diferencia. La primera la grabaría en 1964, con Marilyn Horne y John Alexander. La segunda, en 1984, con Montserrat Caballé y Luciano Pavarotti. En ambas, Sutherland estuvo dirigida por su esposo Richard Bonynge. Aparte, hay numerosos testimonios de la Norma de Sutherland en vivo. El problema es que, siendo (de las tres grandes) la que menos he frecuentado, sólo puedo hablar de las dos grabaciones de estudio.
Siempre he sostenido que a los Bonynge (y a la política de la Decca que lo favoreció) habría que hacerles un monumento (caso de que no lo tengan ya erigido) por su afán a la hora de grabar las óperas completas, sin los tijeretazos que tan habituales eran (aún) en la época. Así que, gracias a la pareja (en ocasiones triunvirato gracias a la adición de Pavarotti) pudimos disfrutar por vez primera de ediciones completas de las joyas del bel canto. En fin, a lo que íbamos. La Norma de Sutherland tiene, además, otras peculiaridades, como es la de cantar en la tonalidad original de sol mayor. Lo normal era bajar un tono la partitura, y así la ha cantado la mayoría de intérpretes de la sacerdotisa de Irminsul. En su primera grabación (1964), Sutherland está acompañada por Marilyn Horne, como decía antes. La Stupenda hace honor a su apodo, y cumple con todas las exigencias vocales del papel con facilidad insultante. El problema es que prefiero las Normas más implicadas de Callas y Caballé. Horne también maravillosa, el tenor (Alexander) no tanto, pero los hay peores. Para mi eterna vergüenza (al menos hasta que la escuche) aún no he disfrutado en su totalidad de la grabación en directo del Met (1971) con las propias Sutherland y Horne, esta vez acompañadas de Bergonzi, un Pollione que no afronta el papel de modo brusco-chulesco como algunos de sus antecesores (y sucesores).
La que sí conozco (y prefiero a la anterior grabación de estudio) es la Norma que Sutherland grabó en 1984, un regalo de "su casa" para celebrar el vigésimo aniversario de la Stupenda en la casa londinense. Esta grabación en estudio es, además, especial, por una razón evidente: la Adalgisa de Caballé. Originalmente, Bellini compuso el papel de la joven sacerdotisa (y flamante dueña de los afectos del procónsul Pollione) para soprano, pero a lo largo del tiempo la tradición ha ido encomendándolo a una mezzo (tipología vocal que no existía tal y como la conocemos en época del compositor), lo que, entre otras cosas, ayudaba a diferenciar las voces... La de Decca no es la primera grabación que restituye el papel de Adalgisa a su verdadera vocalidad (hay por esos infinitos espacios de Internet, y publicada también por alguna "casa" pirata una Norma florentina por la que tengo cierta debilidad, con Scotto y dirigida por Muti) ni tampoco la última (aunque probablemente tengan que sobornarme para que me acerque a esto o a esto, dados los repartos; acepto sobornos), pero sí es la que mejor resulta (y que recuerde, la única en estudio), gracias al reparto. Y a Bonynge. Sutherland con veinte años más encima, claro. Y se notan, por supuesto. Aun así... es en mi opinión su Norma más bella. Si a eso le añadimos más belleza en forma de Caballé (Norma ilustre), con una Adalgisa que al fin suena jovencita, como una Norma antes de perder la inocencia, un Pollione que no extorsiona a las sacerdotisas de sus amores y a Ramey de Oroveso... ¿qué más podemos pedir? Ah, sí. El sonido. Estupendo, marca de la casa.

miércoles, 8 de abril de 2009

Norma: pequeña y personal discografía; Callas.

Resulta inevitable (en esta no tan pequeña discografía) empezar por Callas, si es que queremos ceñirnos únicamente a lo esencial. Y dentro de la gran variedad de grabaciones que han conservado la visión callasiana del personaje (arrancado de la vertiente verista de una Cigna o una Milanov, por citar dos antecedentes), desde las primeras en Méjico hasta la úlitma función interrumpida en París (y pasando por otra función interrumpida, la de Roma del 58), la primera a tener en cuenta es la que recoge la Norma que cantó Callas en el Covent Garden de Londres en 1952. Bajo dirección de Vittorio Gui y editada por una variedad de sellos hasta que la "casa" de la Divina decidió publicarla de manera más o menos oficial. No hago mención a las anteriores grabaciones por su sonido pésimo. El de esta grabación no es el mejor del mundo, está claro, pero al menos es tolerable. No conozco la edición de EMI, sino la de Divina, así que no puedo comparar cuál de las discográficas ha sacado una copia con mejor sonido (aunque teniendo en cuenta los antecedentes de Traviatas y Sonnambulas en las que EMI sale perdiendo frente a casas más modestas, diría que el de Divina es mejor). Callas ofrece una interpretación ejemplar; su voz está intacta y ya está presente todo su talento dramático; probablemente el londinense sea el Ah, non volerli vittime más conmovedor de toda la discografía de Norma. Stignani fue una Adalgisa muy frecuente, no sólo con Callas, sino con sus antecesoras en el papel; está estupenda, aunque para esa época parecía (por el timbre) la madre de Norma, más que una sacerdotisa jovencita y apetecible para el desfacedor de doncellas Pollione. Hablando del procónsul, o más bien de quien lo interpreta aquí, Mirto Picchi, su presencia no aporta gran cosa. Como en tantas ocasiones, los caballeros no hacen justicia a las damas de esta grabación. Como curiosidad, aquí el papel de Clotilde lo representa una futura gran Norma, Joan Sutherland. Gui no deja que nos aburramos y aporta la emoción necesaria desde el foso.
Dos años más tarde (1954) llega la primera grabación de estudio de Callas, esta vez bajo la batuta del nunca suficientemente valorado (gran director de ópera) Tullio Serafin, contando de nuevo con Stignani como Adalgisa, y esta vez con Mario Filippeschi como Pollione. Editada y reeditada por EMI, tanto en su colección dedicada a Callas como en Great Recordings of the Century, y ahora disponible en otras casas que nos piden menos desembolso (Naxos y compañía), supone la primera de las grabaciones de estudio que la Divina realizaría de Norma, ambas con Serafin a la batuta. De Callas puede decirse más o menos lo mismo que anteriormente, sólo que el personaje está más interiorizado y contenido, cosas del estudio. No hay sobreagudos espectaculares como en Londres (ni falta que me hacen, por otra parte), eso sí. De Stignani, véase arriba. Me gusta el Pollione de Filippeschi, aunque sea habitual calificar al tenor como una especie de Mario del Monaco de segunda división.
Llegamos ahora a LA Norma. O al menos la que considero como tal. Me refiero a la función registrada en la Scala en 1955 (¡buen año!), con Maria Callas, Giulietta Simionato y Mario del Monaco, bajo dirección de Antonino Votto. Esta es una de las grabaciones que me convirtieron en una especie de fetichista escalígera. Callas en su momento álgido, como actriz y como cantante. En una entrada anterior podéis escuchar All'ira vostra, procedente de esta grabación. Una Adalgisa de lujo, como un lujo es todo lo que podemos escuchar de Simionato. Del Monaco... Bueno, su Pollione carece de sutileza por completo. Un procónsul desatado y un tanto chulesco, si se permite la expresión. Votto, ni bien ni mal, sino todo lo contrario. Con oficio y ya está. Para el cotilleo queda el rumor extendido por Del Monaco de que, aquella noche, a la hora de recibir los saludos, Callas le había dado una patada en la espinilla al tenor, para salir a saludar sola. Rumor que muchos se apresuraron a creer y que cimentó la leyenda de "la Tigresa". Está disponible en varios sellos. La misma historia de siempre respecto al sonido. Soportable, en unas ediciones más que en otras.
Del mismo 1955 es la grabación romana, una Norma en concierto realizada para la RAI, que reúne a dos de los protagonistas de la noche escalígera, pero con Stignani como Adalgisa y bajo dirección de Serafin. Una Norma que podemos encontrar en el catálogo de Opera d'Oro, que la distribuye con su habitual precio bajo, y también con su habitual parquedad en cuanto a notas y libreto se refiere. Digamos que lo que vale para la función de la Scala vale para esta Norma en concierto, aunque prefiero la de la Scala. Por puro fetichismo.
No aconsejo demasiado la segunda grabación en estudio, ya con sonido estéreo; dramáticamente, Callas impresiona, como siempre, pero lo pasa fatal con las dificultades que entraña el personaje y no vendría mucho después el momento en que no podría, directamente, cantar Norma. El único punto de interés de esa grabación se halla para mí en Corelli. Si es que lo vuestro tiene a la fuerza que ser una grabación de Callas con buen sonido y en estudio, podéis intentarlo.

lunes, 6 de abril de 2009

Norma: el argumento

Antes de que se alce el telón, hay que hablar un poco de los antecedentes; nos encontramos en la Galia de en torno al 50 a.C. Norma, hija de Oroveso y sacerdotisa de Irminsul, se ha convertido en la amante del procónsul romano Pollione, quebrantando su voto de castidad y dándole dos hijos. Pero la pasión de Pollione ha comenzado a enfriarse y ha fijado sus miras en una sacerdotisa más joven: Adalgisa.

ACTO I. Cuadro primero. En el bosque sagrado, ante el roble de Irminsul, Oroveso y los demás druidas ruegan para que los dioses les liberen pronto de los romanos. Esperan que Norma, a la que se atribuyen habilidades proféticas, les ordene al fin atacarlos, pues la sacerdotisa siempre recomienda a los galos que esperen. Cuando los druidas desaparecen, entran en el bosque sagrado el procónsul Pollione y su confidente Flavio. Ante el estupor de este último (¡Es tu amante, la madre de tus hijos!, exclama, aunque no llega tan lejos como el Flavius de Soumet, que aconsejaba a su amigo que "fuera un hombre" y se dejara de perseguir sacerdotisas en cadena) afirma que ya no ama a Norma, y que ahora su corazón es de Adalgisa. Además, revela a Flavio un sueño inquietante que relaciona todos los pedazos de su complicada vida sentimental: Norma, Adalgisa, los niños... Según el sueño, los celos de Norma acabarán destruyéndolos a todos. Cuando escuchan acercarse a los galos precedidos por la sacerdotisa, que acaba de salir del templo, Pollione y Flavio se marchan, no sin que el procónsul desafíe el poder de Irminsul, que poco tiene que hacer ante su pasión por Adalgisa (Meco all'altar di Venere... Mi protegge, mi diffende, con Franco Corelli):

(vídeo de EvaHartwig)
Entra Norma, que recrimina a su pueblo el deseo de guerrear (por supuesto, por temor a que algo le pueda pasar a Pollione...) : Roma caerá un día, sí, pero no será a manos de los galos sino de su propia corrupción. Les exhorta a conservar la paz, mientras eleva una plegaria a la Luna. (Casta Diva... con la Divina)

(vídeo de flyfra89)
Terminada la plegaria, Norma se marcha del bosque sagrado, y mientras el coro proclama su impaciencia porque llegue el día de la venganza, la sacerdotisa piensa en Pollione y en los días en que comenzó su relación con él (Ah, bello a me ritorna... con Rosa Ponselle):

(vídeo de maldoror26)
Pero no todo el mundo se ha marchado del bosque; Adalgisa se ha quedado atrás, esperando a Pollione, con el que se ha citado. Para sí, la joven lamenta no saber oponerse al amor que siente por el romano, el amor que la empuja a traicionar a su pueblo y a su dios. Le ruega a Irminsul que la proteja, entre llantos. Mientras Adalgisa reza, llegan Pollione y Flavio. El procónsul aleja a éste y se acerca a Adalgisa, a la que dice no poder abandonar. Le pide que se marche con él a Roma, a donde está a punto de regresar. Adalgisa aún se resiste, por lo que el romano le reprocha su crueldad. Adalgisa acaba por ceder, "traicionaré a mi dios, pero te seré fiel a tí", afirma. Acuerdan encontrarse al día siguiente en el mismo lugar. Veamos a Pedro Lavirgen y a Fiorenza Cossotto:

(vídeo de Onegin65)
Cuadro segundo. Norma llega a su escondite y le ordena a su confidente Clotilde que esconda a sus hijos, a los que dice amar y odiar a un tiempo. También se pregunta si Pollione la llevará con él a Roma, a donde ha sido llamado. Apenas se ha llevado Clotilde a las dos criaturas cuando aparece una agitada Adalgisa, dispuesta a confesar su delito. La joven confiesa que está enamorada. Norma recuerda su encuentro con Pollione y se muestra comprensiva: será clemente, relevará a Adalgisa de sus votos. Escuchemos a Tatiana Troyanos y Joan Sutherland en Oh rimembranza...:

(vídeo de magghot)
No obstante, cuando Adalgisa confiesa que el hombre al que ama es un romano, las alarmas de Norma se disparan; el cambio de actitud asusta a Adalgisa. Ese es el momento que Pollione aprovecha para aparecer. La joven señala al procónsul. El desprecio y la furia de Norma no tienen límites. Le dice a Adalgisa que Pollione la traicionará, como ya la ha traicionado a ella. El estupor de la sacerdotisa es inmenso; Pollione trata de llevársela consigo, pero la joven se niega, diciéndole a Norma que antes preferiría morir que irse con él. Mientras suenan los coros que llaman a Norma al templo, Pollione huye al fin. Veamos a Montserrat Caballé, Josephine Veasey y Jon Vickers en el trío final del Acto I, Oh, di qual sei tu vittima!:

(vídeo de Onegin65)
ACTO II. Cuadro primero. Es de noche. Mientras los hijos de Norma duermen, ella se acerca al lecho puñal en mano, dispuesta a quitarles la vida. Prefiere verlos muertos a que sean sometidos a la esclavitud en Roma, o a que tengan una madrastra. Además, eso hará que Pollione sufra tanto como ella. Sin embargo, su determinación pierde la partida frente a sus sentimientos maternales. Norma no se atreve a descargar el golpe y abraza sollozando a los niños, que se despiertan. Luego ordena a Clotilde que traiga ante ella a Adalgisa. Escuchemos a Callas (grabación del Covent Garden, 1952; como Clotilde podemos escuchar a una joven Joan Sutherland) en Dormono entrambi:

(vídeo de yeahhhme)
Cuando Adalgisa entra, Norma le dice que se lleve con ella a sus hijos. Que Pollione y ella sean felices con los niños en Roma. Mientras tanto, ella librará a la tierra de su presencia. Adalgisa se niega. Adalgisa no quiere separar a los niños de su madre; irá a ver a Pollione, sí, pero para convencerlo de que vuelva junto a Norma y a sus hijos. Conmovida y tras resistirse, Norma acepta la oferta de Adalgisa. Las dos mujeres se juran amistad eterna. Nuestras protagonistas son Maria Callas y Ebe Stignani, en la grabación de estudio de Serafin (1954):

(vídeo de ThPaw)
Cuadro segundo. Impacientes por sacudirse el yugo romano, los druidas tascan el freno, esperando atacar a los romanos; cuentan con que la partida de Pollione (que va a ser sustituído por un guerrero más temible) ayude a que estén desprevenidos. Oroveso ha interrogado a Norma, pero esta se niega a dar una orden de ataque, argumentando que no es el momento propicio para ello. Pese a que ello le disgusta, prefiere no contrariar las órdenes de los dioses y esperar a otro momento para levantarse contra Roma.
Cuadro tercero. Norma aguarda las noticias de Adalgisa, con esperanzas de que la joven lo convenza para que vuelva a su lado. Sin embargo la realidad es muy diferente. Clotilde anuncia que Adalgisa ha fracasado en su intento; Norma se pone furiosa, creyendo que la joven la ha traicionado. En realidad, cuenta Clotilde, Adalgisa ha vuelto al templo llorando y suplicando que le sean renovados sus votos. Pollione ha jurado raptarla aunque sea a los pies del dios. Norma, airada, golpea el escudo para convocar a los guerreros y anuncia a éstos que ha llegado la hora de atacar a los romanos. Todos entonan un himno guerrero. Veamos a Caballé en la famosa representación de Orange:

(vídeo de LadyArmide)
Pero antes del ataque es tradición sacrificar a una víctima que debe ser designada por Norma. Se oye un tumulto y los guerreros anuncian la captura de un romano en las inmediaciones del bosque sagrado. Norma presiente que se trata de Pollione, y acierta. Pero, cuando está a punto de herirlo, la sacerdotisa vacila: no puede matar al procónsul. Tras pedir que la dejen a solas con él para interrogarlo, Norma le ofrece un trato a Pollione: si olvida a Adalgisa, le dejará libre. Pero Pollione se niega; no importa que Norma le confiese que ha estado a punto de matar a sus hijos como venganza por haberla abandonado. Norma desiste, pero quiere vengarse: los romanos perecerán, y Adalgisa será entregada a las llamas por haber quebrantado sus votos. Pollione suplica al fin; no le importa morir, pero ruega piedad para Adalgisa. Norma se regocija en su sufrimiento: "Al fin eres tan infeliz como yo", le espeta. Pollione forcejea para hacerse con la espada y Norma llama en su ayuda a los galos. Escuchemos In mia man alfin tu sei, con Anita Cerquetti y Franco Corelli:

(del canal de corelliavoice)
Ante los druidas y guerreros, Norma anuncia que el sacrificio tendrá otra víctima además de Pollione: una sacerdotisa que ha profanado sus votos y traicionado a su patria. La multitud le exige el nombre de la culpable, mientras Pollione le suplica que no diga nada. Pero, antes de pronunciar el nombre de Adalgisa, Norma se dice a sí misma que no puede acusar a una inocente de una falta que ella ha cometido. Cuando la multitud exige por segunda vez el nombre de la sacerdotisa que debe ser sacrificada, ella responde: "Soy yo". Todos enmudecen y al comienzo se niegan a creerlo. "Norma no miente", afirma, ante Pollione y el resto.

(vídeo de Lohengrin)
Ahora, mientras el resto de los presentes se debate entre el asombro y la furia, Norma se dirige sólo a Pollione. Van a morir juntos, a pesar de los intentos que el procónsul ha hecho por huír de ella y abandonarla. Él se da cuenta ahora de la grandeza de Norma; se arrepiente y ruega que le perdone antes de morir; además ha comprendido que la ama a ella, y más que nunca. Sólo le queda una preocupación a Norma, y es qué será de sus hijos cuando sea consumida por las llamas. Mientras todos reclaman su muerte, Norma le confiesa a su padre que tiene dos hijos y le ruega a Oroveso que los proteja. Oroveso se niega al principio, pero los ruegos desesperados de Norma hacen que ceda, entre lágrimas. Satisfechos, Norma y Pollione marchan hacia la pira... Veamos toda la escena final con Caballé y Vickers, de nuevo en el vídeo de Orange (vídeos de LadyArmide y Onegin65) :


viernes, 3 de abril de 2009

Norma antes de Bellini: el drama de Soumet

En abril de 1831 se estrenaba en París un drama en cinco actos, Norma ou l'infanticide, de Alexandre Soumet (que podéis encontrar por esos mundos de Internet gracias a Google Books), que sería meses más tarde la inspiración del libreto de Romani para la Norma belliniana. Su autor nació en Castelnaudy en 1788 y murió en París en 1845. Su padre habría preferido a un militar antes que a un poeta, pero tuvo que rendirse a la evidencia; admirador de Schiller, en 1810 publicó algunos poemas en honor a Napoleón que le valieron un empleo (curiosa forma de otorgar los puestos de trabajo). Su popularidad se dispara en 1814 con una elegía titulada La pauvre fille. Después de la Restauración, Soumet volvió a publicar poemas en honor a sus soberanos (aunque esta vez fueran de la casa de Borbón), y el éxito de las tragedias Clitemnestra y Saul (1822) acabarían por abrirle las puertas de la Academia Francesa. A estas dos obras siguieron más de temática histórica, como Cleopatra (1824) , Juana de Arco (1825) o Isabel de Francia (libremente adaptada por Soumet del Don Carlos de su admiradísimo Schiller), estrenada en 1828. Con la llegada de la Revolución de 1830 y el nuevo destronamiento (esta vez definitivo) de la dinastía borbónica, Soumet se adaptó nuevamente a las circunstancias y fue nombrado del rey Luis Felipe.
Frontispicio de la tragedia de Soumet que inspiraría a
Bellini y Romani: Norma ou l'Infanticide



Soumet escribió Norma para una mujer que había sido la protagonista de algunos de los dramas arriba citados (concretamente de Saul, Cleopatra y Juana de Arco): Marguerite-Josephine Weimer, más conocida en los escenarios como Mademoiselle George (o Georges, según las fuentes), una gran trágica (según los testimonios de los contemporáneos, y en estos testigos podemos incluir a Hugo o a Dumas padre), nacida en 1787. Desde los cinco años anduvo por los escenarios, hasta su debut en la Comédie Française en 1802. Los aficionados al cotilleo histórico conocerán su nombre por haber sido amante de Napoleón durante el Consulado (Me habría dejado matar por él, decía la George). La propia actriz contaría con detalle la relación en sus Memorias, publicadas muchos años más tarde. En aquel entonces, se desató una feroz rivalidad entre sus seguidores y los de otra diva de la época, Mademoiselle Duchesnois. Partidarios de una y de otra llegaban a las manos y se arrojaban cuanto tuvieran a su alcance (asientos incluídos) si las dos coincidían en una representación.



La primera Norma de Soumet, Mademoiselle George (o Georges)

Después de la caída del Imperio, Mademoiselle Georges fue "represaliada" por bonapartista durante algún tiempo. Finalmente pudo volver a París. Para cuando tuvo lugar el estreno de Norma, la actriz había reconquistado todo el terreno perdido. Según testimonios de la época, en la escena de locura del Acto V (después de haber retratado todos los aspectos de Norma a lo largo de los cuatro actos precedentes) "alcanzó lo sublime" y enloqueció al público, asegurando el éxito de la tragedia de Soumet. El argumento varia en bastantes aspectos del de la ópera belliniana, aunque las líneas generales se conservan. Norma, hija de Orovèse, jefe de los galos, ha quebrantado su voto de castidad al convertirse en amante del procónsul Pollion, con el que ha tenido dos hijos, Agénor y Clodomir. Pero Pollion no piensa en la fidelidad y se siente atraído hacia Adalgise, una joven gala que sirve en el templo. Al contrario que en Bellini/Romani, la Norma de Soumet transcurre ya en la era cristiana. Clotilde, la confidente de la sacerdotisa, tiene aquí un mayor peso y es precisamente el único personaje de esa religión. Con frecuencia alecciona a Norma y a los hijos de ésta al respecto, sobre todo al que tiene mayor peso en el drama, Agénor, cuyas premoniciones sobre la muerte (la visión de Pollione, el de Bellini, en el Acto I, se corresponde con un sueño del muchacho en el drama original) acaban cumpliéndose. Y es que al contrario que en Bellini, Norma, que pierde la razón tras el abandono de Pollione, consumará el asesinato de sus hijos. Después de esto, invitará irónicamente al procónsul a casarse con Adalgisa antes de arrojarse al vacío, en una escena final que parece calcada (como muchas otras cosas en esta tragedia) de Medea. La última palabra del drama queda para Oroveso, que anuncia a Pollione que es entonces cuando comienzan sus sufrimientos, mientras que los de Norma han acabado con el suicidio.

miércoles, 1 de abril de 2009

Favoritas de la casa: Norma

Después de la serie de entradas dedicadas a La Traviata, durante este próximo bimestre hablaré de otra de mis "favoritas", Norma, de Vincenzo Bellini. Ya se ha hablado por aquí de Norma brevemente, e incluso se ha ofrecido LA Norma que podéis recuperar ahora. Naturalmente cuando digo LA Norma quiero decir LA Norma... aunque para muchos, quizá, su Norma no sea esta. Estrenada un 26 de diciembre de 1831 con un fracaso bastante sonado, Norma jamás se ha caído de la programación de los teatros de todo el mundo, a pesar de que las intérpretes que hayan hecho justicia al tremendo papel de esta Medea frustrada no sean numerosas. Aunque el papel titular sea uno de los más exigentes del repertorio, muchas han sido las que lo han afrontado desde que Giuditta Pasta tomase por vez primera el manto druídico. Intérpretes que hoy nos sonarán ajenas al mundo belliniano, como Cigna o Milanov, fueron las Normas de las primeras décadas del siglo XX. Luego llegó Callas, y, como en tantas otras ocasiones, revolucionó la manera de entender el papel. Ella sería una de las tres grandes sopranos que han marcado Norma en este siglo. Las otras, naturalmente, son Caballé y Sutherland, que aportaron otras maneras de ver a la sacerdotisa de Irminsul. Y ello sin perder de vista a otras grandes intérpretes como Gencer o la prodigiosa y fugaz Anita Cerquetti. Así que bienvenidos a las Galias, durante este par de meses.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Bellini

No, no voy a seguir con el tema de la famosa y flamante Sonnambula publicada por Decca. Un día como hoy nacía Vincenzo Bellini. Los aficionados a la música siempre tendemos a los "y si...". ¿Y si Bellini hubiese vivido más tiempo? ¿Tal vez un Verdi joven lo habría tenido difícil ante un Bellini maduro? Si tópica es la pregunta, aún lo es más la respuesta: nunca lo sabremos.
Como suele ser habitual con los genios muertos jóvenes, a Bellini (nacido en Catania, Sicilia, en 1801) se le atribuyen una serie de prodigios en su niñez, entre ellos el de cantar arias de Fioravanti con dieciocho meses, lo que superaría seguramente cualquier récord ostentado por compositor anterior y posterior; el resto es más normal: comienzo del estudio de la teoría musical a los dos años (su padre y su abuelo fueron sus primeros maestros), piano a los tres, tocándolo con soltura a los cinco, compositor a los seis. Impresiona, ¿verdad? Naturalmente todo fue in crescendo a partir de ahí. Gracias a una beca, Vincenzo pudo, en 1819, salir de su Catania natal y estudiar en el Conservatorio de Nápoles (nota: una de las leyendas que corren sobre Bellini es que su fantasma aún ronda por allí; la otra es que a menudo se le aparecía el espectro de su antigua prometida, que se alzaba de entre los muertos para "reclamarlo"...), con Zingarelli, entre otros, como maestro. En el conservatorio compuso su primera ópera (un trabajo de "fin de curso" para graduarse en composición), una obra semiseria llamada Adelson e Salvini (1825), representada en el propio Conservatorio. Su siguiente ópera, Bianca e Gernando (1826. Su título original era Bianca e Fernando, pero hubo que cambiarlo porque el protagonista de la ópera compartía nombre con el Rey de las Dos Sicilias...) , obtuvo cierto éxito en el San Carlo, lo que le abrió las puertas de la Scala. El empresario que lo había contratado, Domenico Barbaja, tuvo que trabajar duramente para convencer a sus socios de que un compositor recién salido del Conservatorio y virtualmente desconocido merecía debutar en el templo milanés. Fue entonces cuando Bellini quedó emparejado con el libretista Felice Romani, que creyó de inmediato en el joven y había ofrecido quedarse sin su estipendio si la ópera no era un éxito. No hizo falta, porque el público acogió bien Il Pirata (1827), que contó en su estreno con un reparto que encabezó Rubini. El éxito de Il Pirata se repitió con La Straniera, también estrenada en la Scala. La crítica lo erigió en el único rival posible para Rossini. Sin embargo, otros estrenos posteriores no tendrían tanto éxito: fue un fracaso Zaira (1829), y es conocido el fiasco (fiasco, fiaschissimo, según el propio Bellini) de la que es considerada por muchos su obra maestra, Norma. Tanto esta última como La Sonnambula fueron escritas para la Scala y estrenadas en 1831, mientras que escribiría para Venecia I Capuleti e i Montecchi (estrenada en 1830) y Beatrice di Tenda (1833), que tampoco alcanzó gran éxito y que fue una obra bastante olvidada durante toda la primera mitad del siglo XX. Para el Theatre des Italiens de París Bellini compuso I Puritani, con libreto de Pepoli, estrenada el 24 de enero de 1835. Formaban el reparto Rubini, Tamburini, Grisi y Lablache. Un éxito, el último. En septiembre de aquel mismo año, Bellini sucumbía, con 34 años, a una infección intestinal. Fue enterrado en el cementerio parisino de Pére-Lachaise, cerca de las tumbas de Chopin y Cherubini. En 1876, sus restos fueron repatriados, y hoy su tumba se encuentra en la Catedral de Catania, "donde yacen olvidados los huesos de tantos reyes".

Para celebrar el cumpleaños de Bellini, una grabación que ya ha sido ofrecida por aquí, y que de nuevo "sube" a los altares. Grabación 100 % libre de pretensiones historicistas que, sin embargo, es histórica.

VINCENZO BELLINI
NORMA

Maria Callas-------------------Norma
Mario del Monaco------------- Pollione
Giulietta Simionato------------Adalgisa
Nicola Zaccaria----------------Oroveso

Coro y Orquesta del Teatro de la Scala de Milán
Antonino Votto, 1955
Grabación en vivo.

Por aquí.



sábado, 12 de abril de 2008

Caballé como Norma

La escena final. En la Scala, bajo la batuta de Gavazzeni, en 1977. Hoy empezamos la mañana con Doña Montserrat que, por cierto, cumple años. Felicidades (y luego seguiremos con ella).


Vídeos de LadyArmide

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Norma

Vincenzo Bellini tuvo una vida breve pues se fué de este mundo con treinta y cuatro añitos, pero le dio tiempo de dejar tras de sí óperas de inmenso peso en el repertorio. Norma es la más conocida de todas ellas y a la vez una de las que han ejercido mayor fascinación, pese a que encontrar una intérprete a la altura de las circunstancias no es nada fácil, y pocas son las llamadas a destacarse como sacerdotisas de Irminsul. En el siglo XX, pocos nombres: Callas-Caballé-Sutherland, a las que se podría añadir la Gencer, y el resto a años luz.
El estreno de Norma se produjo el 26 de diciembre de 1831 en la Scala de Milán. Su libreto, obra de Felice Romani, se basaba en una tragedia de éxito representada en abril de aquel mismo año en el Odeon de París, Norma ou l'infanticide, de Alexandre Soumet (1788-1845), autor hoy día olvidado pero que sin embargo no era ajeno al mundo operístico, pues fue, junto con Luigi Balocchi, libretista del Asedio de Corinto de Rossini. El éxito de Norma ou l'infanticide se debió en gran parte a la interpretación de la actriz protagonista, Mademoiselle George, diva del mundo teatral del París de principios del siglo XIX (y, pequeño cotilleo, amante durante el Consulado de Napoleón que según ella "la dejó para hacerse emperador"), dividido entre ella y su rival Mademoiselle Duchesnois. Partidarios de una y de otra podían llegar a las manos en ocasiones (o a arrojarse las butacas del teatro de turno a la cabeza). Norma, la primera Norma, la de Soumet, guardaba sospechosas similitudes con Medea, y su versión operística además guardaría similitudes con La Vestale de Spontini.
El drama de Soumet situaba la acción durante la era cristiana, lo que resulta un tanto extraño entre tantos druidas, soldados romanos y la niñera cristiana de turno (sí, Clotilde) que intenta convertir a los hijos de Norma (Clodomir y Agénor), que serán asesinados por la madre, enloquecida por el abandono de su amante y deseosa de evitarles la posibilidad de ser esclavos en Roma. Finalmente Norma se arrojará por un precipicio ante el horror de Pollione y los druidas. El drama terminaba con la maldición del procónsul por parte del padre de la sacerdotisa: "Vivirás para ser torturado por su locura. Sus sufrimientos han terminado y los tuyos comienzan".
Afortunadamente Romani trasladó el drama de Norma a la era precristiana y lo concentró en los avatares sentimentales de los protagonistas: la celosa sacerdotisa atormentada por su culpa, eternamente fingiendo lo que no es, la joven e inocente novicia Adalgisa, y el perfecto desfacedor de doncellas y supuesto héroe (a ver dónde está su heroicidad), el procónsul Pollione. Oroveso (Segeste en el drama de Soumet) y Clotilde tienen mucho menos relieve, así como los hijos de Norma. Las invectivas de Pollione contra el dios Irminsul (un inciso: el irminsul no es un dios, sino un pilar o árbol que conecta el Cielo y la Tierra) parecen corresponder más al espíritu del drama original que a un verdadero romano (sabido es que los romanos no solían tener problemas con las religiones de los pueblos que conquistaban y que más de una vez las adoptaron con entusiasmo).
Norma fue un fracaso en su estreno, a pesar de los nombres del reparto, hoy asociados con la mitología de la ópera: Giuditta Pasta (Norma), Giulia Grisi (Adalgisa; más tarde sería también Norma)... Bellini quedó estupefacto; evidentemente no lo esperaba tras los triunfos de Il Pirata o La Sonnambula. Fiasco, fiaschissimo!, fueron exactamente las palabras del autor. No obstante, en las siguientes funciones las cosas mejoraron. Gaetano Donizetti, el por así decirlo rival de Bellini, asistente a una de las funciones, dejó escrita su opinión al respecto de Norma: "El único evento musical de gran importancia fue la representación de Norma, del joven Vincenzo Bellini. Estoy encantado por el gran éxito con el que esta ópera ha tenido en la Scala después del 26 de este mes... Esto es más significativo cuanto Norma fue recibida fríamente -podría decirse incluso que con cierta hostilidad- por una parte del público en la noche del estreno. Por el contrario, cuatro días después, una inmensa multitud llena las galerías y la platea aplaudiendo cada número con entusiasmo". En total fueron 34 representaciones, que se saldaron con un éxito que no se hubiera esperado viendo el fiasco de la primera noche, que aterraba a alguno de los miembros del reparto (la primera, la Pasta, que habría querido abandonar ante el fracaso).
Como ya se ha dicho antes, las grandes Normas nunca han sido muy frecuentes. A principios del siglo XX, el papel era defendido por cantantes como Zinka Milanov, Gina Cigna y Rosa Ponselle, aunque desde luego la manera que tenían estas de afrontar el papel no era la de Bellini. Maria Callas, como en tantas otras ocasiones, fue la pionera en darle a Norma su verdadera dimensión, ayudando a la recuperación del canto belliniano, senda en la que abundaríansus sucesoras Sutherland y Caballé, cada una de las cuales adaptó el papel a su visión particular y a sus características vocales. Fue el papel que más veces representó la Callas, en 92 ocasiones, desde Florencia, 1948, con Mirto Picchi, Fedora Barbieri y Cesare Siepi bajo la batuta de Tullio Serafin hasta su última función parisina de 1965, en la que compartió escenario con Cossotto (a la que cierta leyenda atribuye una actitud desagradable e insolidaria hacia Callas, imposible de verificar como toda leyenda), Cecchele e Ivo Vinco, dirigidos por Georges Prêtre, pasando por el famoso "escándalo" de las funciones de Roma de 1958, y por dos grabaciones en estudio, en 1954 y en 1960. Entre todas estas funciones de Norma destaca la de la Scala en 1955, con Antonino Votto, que la encuentra en plenitud, acompañada de Mario del Monaco y Giulietta Simionato, que podéis considerar como uno de los regalos de Navidad que, dejando aparte la norma autoimpuesta de no poner enlaces por aquí (ah, el temor a la Innombrable), podéis encontrar aquí debajo. Que la disfrutéis.

VINCENZO BELLINI
NORMA

Maria Callas-------------------Norma
Mario del Monaco------------- Pollione
Giulietta Simionato------------Adalgisa
Nicola Zaccaria----------------Oroveso

Coro y Orquesta del Teatro de la Scala de Milán
Antonino Votto, 1955
Grabación en vivo.

Aquí

jueves, 8 de noviembre de 2007

Maria Callas, Norma

Casta Diva y Ah! bello a me ritorna cantados por una jovencita Callas (se trata de su primer disco allá por 1949) para empezar el día.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Mi canal

Add to Technorati Favorites Add to Technorati Favorites