En inglés y grabado en 1979, cuando se preparaba para cantar Manon Lescaut en Dallas.
vídeo de norbart76
La versión que recomendaría a todo indeciso que no sabe qué Manon Lescaut escoger, y que la escucha por vez primera, es la de Bruno Bartoletti (1971). A sus órdenes, Plácido Domingo (Des Grieux omnipresente, como vimos ayer), Montserrat Caballé y Vicente Sardinero. Una edición en mi opinión referencial, con la ventaja de que EMI la editó en su serie media, por lo cual el precio no es demasiado alto. Si se está pensando en tener una sola grabación de Manon Lescaut, con buen sonido y un buen reparto, esta sería la primera opción que aconsejaría. De los registros históricos, destacaría tres. El primero, el de Jonel Perlea con Licia Albanese, Jussi Björling y Robert Merrill. Albanese y Björling
también son protagonistas, por cierto, de un registro en vivo del Met, con Mitropoulos en el foso, editado por Melodram. La grabación de estudio que nos ocupa, sin embargo, fue en origen publicada por RCA y más recientemente (y como suele ser habitual a un precio más reducido) por Naxos Historical. Dos grabaciones que no llegan a convencerme están protagonizadas por las archirrivales que reinaron sobre el planeta operístico en los años 5o, Maria Callas y Renata Tebaldi. La grabación de Francesco Molinari-Pradelli, cronológicamente
la primera de las dos (1954) y estrictamente contemporánea de Perlea reúne a la Tebaldi, su habitual partenaire Mario del Monaco y a Mario Boriello como trío protagonista; la casa, claro está, es la Decca. Como Geronte, desgraciadamente, mi aborrecido Fernando Corena. No llega a convencerme, pese al placer que supone escuchar la voz de la Tebaldi. La grabación de Tullio Serafin es unos años posterior, 1957. Ni Maria Callas ni Giuseppe di Stefano (especialmente él) están en muy buena forma en este registro de EMI, pese a la pasión que transmiten a sus personajes. Para fans, lo mismo que en el caso de la grabación tebaldiana. Curiosa la presencia, por cierto, de Fiorenza Cossotto en el secundario
papel del músico. He de reconocer que tengo una gran, gran debilidad por la grabación de Sinopoli con Mirella Freni, Plácido Domingo (¡otra vez Des Grieux!) y Renato Bruson, con la Philharmonia y el Coro del Covent Garden. Debilidad que no viene desde luego por parte de Sinopoli, que no es santo de mi devoción, sino principalmente por mi adorada Mirella. Grabada para Deutsche Grammophon, fue la primera Manon de cierta entidad que escuché y la considero muy, muy recomendable. La
propia Freni volvería a grabar Manon con Luciano Pavarotti bajo la batuta de James Levine en 1992 (Decca). Por el año, recomendaría cautela con esta grabación de la que nada más puedo decir, por no haberla escuchado. Otra que tal baila (en cuanto a cautelas por cronología) es la de Riccardo Chailly con Carreras y Te Kanawa en 1987, con la Orquesta y el Coro del Comunale de Bolonia, en la que Paolo Coni comparte protagonismo con ambos... el año indicaría un estado no demasiado bueno de la voz de Carreras... En directo, y como
grabación más reciente, la de la Scala, 1998. Riccardo Muti, que no se prodiga demasiado en Puccini, con José Cura y Maria Guleghina en una hiperlujosa puesta en escena de Liliana Cavani (existe filmación en DVD). Buen sonido directo de la Deutsche Grammophon y, debo decir, poco más. Cura, cuyo nombre suele producirme ciertas reticencias (¡por decirlo suavemente!) no está tan mal, pero tampoco puede decirse que me gustara. Nada, nada, no hay caso. Bartoletti, Bartoletti y Bartoletti... Mejor será. 

tan a menudo que finalmente no se atribuyó a ningún libretista cuando fue publicado por vez primera; lo normal hoy en día es citar a los cinco libretistas que intervinieron en él. El primer encargado de realizarlo fue Ruggero Leoncavallo, que no mucho después (sobre todo a raíz de las "dos Bohèmes") se convertiría en archienemigo de Puccini. Leoncavallo, no obstante, no duró mucho en el puesto. Puccini entonces se volvió hacia Marco Praga (1862-1929), un dramaturgo conocido suyo. Praga aceptó, si bien, como inexperto en escritura de libretos y poco hecho a versificar, "reclutó" al poeta y crítico Domenico Oliva (1860-1917). Juntos crearon un esquema que seguía, en su concepción original, muy de cerca la novela de Prévost y que por tanto se parecía bastante al desarrollo de los hechos en Massenet, escena del "nido de amor" parisino de Des Grieux y Manon incluída. Una vez más, las constantes intervenciones de Puccini en la realización del libreto molestaron a sus colaboradores. Praga abandonó, dejando sólo a Oliva con el trabajo. Oliva retocó el Acto III en el que se llama a las prostitutas a bordo de la nave que las lleva a América (una de las escenas más impactantes de la ópera, sin duda), pero también acabó marchándose. Finalmente, Ricordi recomendó a Puccini que emplease a Giuseppe Giacosa. Este fue el primero en recomendar, a su vez, a Luigi Illica. El compositor convenció a ambos para que colaboraran, y así surgió la "tríada" sobre cuyas relaciones hablamos en la entrada dedicada a la gestación de Tosca el mes pasado.
Maurice Leloir: Manon Lescaut (1892). Leloir fue un habitual ilustrador


En la conducta del caballero Des Grieux verá un terrible ejemplo de la fuerza de las pasiones. He de pintar a un joven ciego que se niega a ser feliz para precipitarse por propia voluntad en los mayores infortunios; que poseyendo todas las cualidades más meritorias prefiere por su gusto una vida oscura y bohemia a las ventajas de la fortuna y de la naturaleza; que prevé sus desdichas sin querer evitarlas, que las siente y le agobian, sin aprovechar los remedios que de continuo se le ofrecen y pueden acabar con ellas en cualquier momento. Para resumir, un carácter ambiguo, mezcla de virtudes y de vicios, un incesante contraste de buenos sentimientos y de malas acciones componen el fondo del cuadro que trazo.
regreso a su ciudad natal de Amiens, acompañado de su amigo Tiberge, conoce en un albergue a la joven Manon Lescaut, que va de camino al convento, y queda fascinado por ella: "Se me antojó tan encantadora que yo, que jamás me había detenido a pensar en la difernecia de sexos ni fijado en mujer alguna mi atención; yo, repito, que por mi prudencia y mi comedimiento admiraba a todos, de pronto me sentí inflamado hasta creerme transportado en brazos del amor". La joven se lamenta de ser trasladada contra su voluntad al convento. Des Grieux se ofrece a arrebatarla a ese destino. Manon, que es acompañada por un viejo sirviente, finge que Des Grieux es su primo y sugiere pasar la noche en la posada. Los dos deciden huír juntos, pese a los intentos de Tiberge de disuadirlos. Escapan en la silla de posta, con lo puesto. Des Grieux dice que Manon "no tenía otro equipaje que su lencería". Aunque en principio la intención de los jóvenes es casarse, la pasión puede más y apartan el proyecto del matrimonio de su mente "defraudamos los derechos de la Iglesia y nos hallamos casados sin saber cómo". Se instalan en París en una habitacion amueblada. Durante tres semanas, son felices. "Yo habría sido dichoso toda mi vida si Manon me hubiera guardado fidelidad", dice Des Grieux. Cuando, pasado el primer entusiasmo de la pasión, Des Grieux reflexiona y planea casarse con ella, pidiéndole autorización al padre entretanto, la joven acoje la propuesta "con frialdad". Manon teme perderle si Des Grieux padre niega la autorización, pero también se ve cortejada por un rico vecino, el "señor de B", que le hace visitas clandestinas en la pequeña habitación que Des Grieux y ella comparten. El propio Des Grieux se entera un día por medio de la doncella. Des Grieux se niega a creer que Manon pueda engañarle. Cuando le pide explicaciones a su amante, la joven rompe a llorar. En ese momento llaman a la puerta y Des Grieux se ve retenido por lacayos enviados por su padre, que lo meten en un coche junto a su hermano. El coche los lleva a Saint-Denis. Comprende que Manon y el señor de B., como se llama siempre en la novela, son los que le han delatado. Su desesperación al saber que Manon le es infiel es inmensa. Su padre lo encierra en su habitación y Des Grieux, al saber que la joven vive en París mantenida por su rico amante, decide renunciar al mundo, entrando en el seminario de Saint-Sulpice. Alcanza cierta notoriedad como orador, y en la Sorbona vuelve a encontrarse con Manon: "Era Manon. Era ella, más amable y más hermosa que nunca. Contaba entonces dieciocho abriles. Sus gracias superaban a toda descripción; teníauna figura tan esbelta, tan gentil, tan agraciada... ¡la figura del amor mismo!". Des Grieux empieza por reprocharle su traición, pero ella rompe a llorar: "Pretendo morir (...) si no me devuelves tu corazón, sin el cual me es imposible la existencia". Manon es perdonada y reconquista a su amante. Vuelven a huir juntos, y con el dinero que la joven conserva de su viejo amante, se instalan en Chaillot. Con ellos va a vivir el hermano de Manon, un guardia de corps. Los tres despilfarran pronto todos sus recursos. Lescaut sugiere que Manon "debería mantenernos a los tres", o que Des Grieux se sirva de su juventud para entrar en relaciones con alguna rica dama que lo mantenga. Des Grieux se niega, como también se niega a jugar para mantenerse, como le sugiere Lescaut. Finalmente le pide dinero a su amigo Tiberge. Este se lo presta, pero son recursos pobres para el amor que Manon siente por el lujo. Después de gastar la suma, y de perder buena parte de los recursos que tenían en el incendio de su casa en Chaillot
(Manon, aburrida del pueblecillo, ha acabado por convencerle de volver a París), Des Grieux se convierte en un experto jugador. Su talento para los juegos de azar (y para las trampas) hace que Manon y él pronto amasen una cnsiderable fortuna. Una noche, sin embargo, sufren un robo a manos de sus criados. Manon se convierte en amante de un rico anciano, el señor de G. M. aconsejada por su hermano. El viejo amante de Manon le proporciona dinero y una casa, pero Lescaut intenta convencer a los jóvenes para que lo estafen. Los tres se burlan del anciano y huyen en el coche, pero son detenidos. Manon es encarcelada en La Salêtrière y Des Grieux, en la cárcel de Saint-Lazare. Después de escapar, Des Grieux vuelve a unirse a Lescaut, que le proporciona un arma. Con ella acude a la Salpêtrière y saca de allí a Manon. Cuando parece que los amantes van a conseguir al fin un poco de tranquilidad, aparece en escena el hijo del señor de G. M. , que se enamora de Manon. Ella concibe un plan para estafarle y vengarse así de su padre, pero fracasa. Manon y Des Grieux son de nuevo detenidos. Encarcelado en el Chatelet, el joven recibe la visita de su padre, que recrimina todas sus acciones pero le perdona. La ruptura entre padre e hijo, sin embargo, se hace inevitable cuando el último descubre su influencia en el destierro de Manon a América. Des Grieux gasta sus últimos recursos intentando liberarla. Finalmente, se enrola en el barco que la lleva al Nuevo Mundo para no separarse de ella.
LIBRO SEGUNDO: conducidos a Nueva Orleans, Manon promete a su amante que ha cambiado y que jamás volverá a engañarlo. Su historia conmueve de tal manera al gobernador de la ciudad que éste decide protegerlos y casarlos. Pero la boda no tendrá lugar. El sobrino del gobernador, Synnelet, se enamora de Manon y la asedia. Synnelet se enfrenta con Des Grieux en duelo y es dado por muerto, mientras su contrincante resulta herido. Manon y él huyen de la ciudad hacia el desierto, aterrados por la posible reacción del gobernador. Manon muere de agotamiento. Des Grieux excava una tumba para ella y decide dejarse morir sobre la sepultura. Pero Synnelet, que no sólo no estaba muerto, sino sólo herido, es encontrado y relata su duelo con Des Grieux. Este es hallado inconsciente sobre la tumba de la muchacha; en un primer momento se le acusa de asesinato, pero Synnelet confiesa la verdad y solicita su indulto. Finalmente Des Grieux es liberado y su amigo Tiberge, que ha viajado a América, le informa de la muerte de su padre y le convence para volver a Francia.
Siguiendo con este particular proyecto de dedicarle varias entradas cada mes a una de las obras de Puccini, Febrero estará dedicado a Manon Lescaut que por cierto se estrenó un día 1 de febrero, al igual que La Bohème. No obstante, y sin orden cronológico o de preferencia alguno (he de decir que Manon Lescaut es de las óperas que menos me gustan de Puccini) he decidido empezar por la primera de ellas, que además supuso el inicio de los éxitos de Puccini. Como ya veremos, con el estreno de Manon Lescaut, corrió riesgo de caer en el olvido, debido al gran éxito que la Manon de Massenet había conocido apenas unos años antes. Puccini se atrevió a tratar la misma historia desde un punto de vista y unos presupuestos diferentes. Y la jugada le salió bien, aunque no se trate de una de las más valoradas por el público de entre sus obras, Manon Lescaut siempre se ha mantenido en cartel. Un tema el de la heroína del abate Prévost que siempre ha sido cercano al mundo de la ópera. Aparte de Puccini y Massenet (que, a todo esto, reincidiría con Le portrait de Manon), existió otra Manon muy popular en su tiempo, la de Auber, hoy bastante olvidada, aparte de un ballet estrenado en 1830 con música de Halévy. La historia de Manon también sería tratada desde una perspectiva más moderna en Boulevard Solitude, de Henze. Pero naturalmente me centraré en Puccini, esperando que el experimento salga algo mejor que con Tosca.