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sábado, 3 de septiembre de 2011

Oberturas y otros animales: Aida y su Sinfonia alternativa

Querido Giulio: le envío una Obertura - la tinta aún está húmeda - con la que tal vez debamos preceder Aida. Digo "tal vez" porque apenas la he mirado y puede que sea un desastre. Teniéndola lejos de mi vista durante unos días, podré leerla y juzgarla debidamente cuando llegue a Milán, y decirle si merece la pena el mandarla copiar. De todas maneras, siempre tendremos el Preludio (...).
Verdi escribía estas líneas a su editor Giulio Ricordi el 28 de diciembre de 1871, hablándole de una Obertura alternativa que había compuesto para Aida, ópera estrenada en El Cairo apenas cuatro días antes con éxito considerable. De extensión mucho mayor que el Preludio que todos conocemos, contenía, además de los temas de Aida y los sacerdotes, el del lamento de la princesa etíope (Numi, pietà), los motivos que aludían a Amneris (citando tanto el que aparece en Quale insolita gioia nel tuo sguardo, coincidiendo con la entrada de la egipcia, y el que se escucha en Forse l'arcano amore). Todos ellos acababan fundiéndose, con una reaparición final del tema de Aida que acababa con las trompetas recogiendo la melodía asociada a la protagonista. Algo que, según el propio Verdi, podía resultar un gran efecto o un desastre si las trompetas no tocaban con brillantez suficiente. Sin embargo el compositor no parecía convencido, ya en la carta que acompañaba la partitura. Su valoración se hará definitiva cuando haga ensayar la pieza en cuestión a la orquesta de la Scala. Así se lo contaría a Emilio Usiglio en una carta fechada en enero de 1875:
Aida no tiene Obertura. Tal vez haya oído usted decir que en uno de los ensayos de Aida hice tocar a la orquesta una pieza que tenía el aire de una obertura. La orquesta respondió, preparada y obediente, y la pieza hubiera sonado bien si su construcción hubiese sido sólida. Pero la excelencia de la orquesta sólo sirvió para demostrar la debilidad de la supuesta obertura.
Así que, condenada por su propio creador, la obertura "alternativa" quedó archivada, hasta cierto punto. Porque algunos directores se resistieron a dejarla morir, de modo que tenemos unas cuantas grabaciones de esta pieza descartada. Arturo Toscanini  estaba interesado en la partitura desde que, en 1912 - siempre siguiendo a Budden - formó parte de un grupo que la examinó... aunque en aquel entonces se decidió respetar el deseo de Verdi, no interpretándola. La tentación o el aprecio por la obertura pudieron más y Toscanini acabó interpretándola en concierto - pudo disponer de la partitura gracias a los herederos de Verdi- ,  siendo su grabación de 1940 con la NBC la primera conocida de la pieza en cuestión. El legendario director escribía en 1939:

Hice un ensayo de la Obertura de Aida y decidí que merecía la pena interpretarla en concierto. No sé si sabes que Verdi había escrito una Obertura después del hermoso y pequeño Preludio que es usualmente interpretado, y habría sustituído éste con ella si lo hubiese juzgado favorablemente, pero las cosas no fueron de ese modo. Por el contrario, su opinión era muy severa. Demasiado, creo yo.


Si Toscanini fue el primero en interpretar la Obertura, se puede decir que el director que más amor ha mostrado por este "descarte" verdiano ha sido Claudio Abbado, que la llevó al estudio de grabación en dos ocasiones, con la London Symphony Orchestra y una segunda versión con la orquesta del Teatro alla Scala, del que entonces era director musical. Esta última es la que tengo más a mano, y se incluye en un disco maravilloso - al menos para mí - con Pavarotti y las rarezas verdianas como protagonistas.  Circula la historia - no sé si llamarla leyenda - de que Abbado no disponía de la partitura, así que básicamente la reconstruyó a partir de la escucha de la grabación de Toscanini.
Como no hay dos sin tres, vamos a cerrar la entrada con una interpretación más, la de Riccardo Chailly al frente de la Orquesta Verdi de Milán, de la que fue director entre 1999 y 2005. Con dicha formación, Chailly grabó algunos discos de rarezas verdianas, rossinianas y puccinianas. En el disco dedicado a Verdi, entre algunos fragmentos inéditos - incluyendo el Preludio descartado para Otello, de autoría un tanto dudosa - se encontraba una vez más la Obertura descartada de Aida. 
La verdad, no es por enmendarles la plana a los directores que han mostrado un loable interés en la pieza descartada por Verdi, sólo que no puedo evitar el estar de acuerdo con el de Busseto. Siempre nos quedará el Preludio. 
vídeo de

sábado, 27 de agosto de 2011

Oberturas y otros animales: Iphigénie en Aulide, con arreglo wagneriano

En 1847, Richard Wagner presentaba una revisión de la Iphigénie en Aulide de su admirado Gluck. De esa revisión, de la que existe la grabación integral - así como el  experimento de utilizar solamente su final -; en esta revisión en lengua alemana Wagner introducía cosas de su propia cosecha. Los cambios de Wagner provocaron que la Obertura, que en Gluck da paso directamente a la primera intervención de Agamenón (Diane impitoyable!), se convirtiera, con la oportuna añadidura de una coda, en una pieza adecuada para interpretarla en concierto y separada de la ópera. De modo que se pasó de esto que podemos escuchar en la grabación de Gardiner... que es la única completamente ortodoxa - instrumentos incluídos-  que vamos a escuchar en la entrada:
A ésto, con Klemperer y la Philharmonia - o tal vez entonces era conocida ya como la New Philharmonia, parece increíble a estas alturas pero siempre me lío con la nomenclatura, y con la cronología de la legendaria orquesta londinense:
De la popularidad de la obertura con arreglo wagneriano dan testimonio las numerosas grabaciones que realizaron los directores a lo largo del siglo XX. Su presencia en las salas de concierto era desde luego mucho mayor que la de la ópera integral en los escenarios. Por ejemplo, escuchemos la versión que Richard Strauss grabó en 1929 con la Filarmónica de Berlín:
vídeo de 
También nos podemos encontrar con la dirigida por Arturo Toscanini a la NBC Orchestra en 1941, aquí con anuncio radiofónico incluído:
(del canal de ) 
... O con la de Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Viena, en una grabación de 1954:
No sé con qué frecuencia se interpreta hoy en día la obertura con el arreglo wagneriano. Supongo que con escasa frecuencia: los tiempos han cambiado y las formas de interpretar a Gluck - aunque sea en una sala de concierto y en esta particular versión - también. No puedo sino señalar que cambiar de la Philharmonia a Minkowski y su orquesta - que nunca, hasta donde yo sé, han atacado la Ifigenia en Aulide, me refiero naturalmente a la ópera completa - es una de las cosas que ha hecho que se acreciente mi amor - algunos dirán perversión - por los Glucks prehistoricistas, así como la renuncia a ver una ópera de dicho compositor en un teatro.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Herr Richard, 125 años

Tal día como hoy de 1883 moría en Venecia uno de los músicos más influyentes y geniales de todos los tiempos, Richard Wagner. Una no es una wagneriana fanática y en cierto momento le tuvo hasta miedo. En fin, eso es lo que pasa por creer a pies juntillas en la famosa frase de Woody Allen sobre Herr Richard y la invasión de Polonia, sin haber escuchado otra cosa que la Cabalgata de las Walkirias, tan explotada por la publicidad y el cine que es uno de esos fragmentos musicales que algunos melómanos llegan a odiar con frenesí (en mi caso el puesto número uno lo ocupa el dichoso Bolero de Ravel, oh dioses, cuánto lo odio). Luego las cosas fueron cambiando. Vinieron el Holandés, y Senta, Tristán e Isolda, Tannhäuser, Venus y la pavisosa de Elisabeth, etc. En fin, que aprendí a amar la música de Wagner; cualesquiera que fuesen sus ideas, porque al fin y al cabo me interesaba el compositor. A los artistas los amo por su arte; cómo sean, o fueran, en privado no me preocupa.
Sobre Wagner habría mucho que hablar, podríamos teorizar durante horas, y de su obra (que voy descubriendo poco a poco, con premeditada y hasta deliciosa lentitud) exactamente lo mismo. Mejor es escuchar su música. Este año me atreveré, por fin, a escuchar entero el Anillo, algo que deseo hacer desde hace tiempo. Entretanto, disfrutemos de una pequeña selección wagneriana...

El Liebestod dirigido por Toscanini (1951)

La escena de la inmolación dirigida por Solti y cantada por la Nilsson (cualquiera diría que el estudio es un teatro con estos dos).

El propio Solti y Wolfgang Windgassen al alimón: muerte y marcha fúnebre de Sigfrido.
Vídeos de olaig100, WagnerOperas y heildingunther, respectivamente.
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