miércoles, 5 de marzo de 2008

Turandot antes de Puccini, o los orígenes de la leyenda

El Turán es una estepa de Asia Central, que ocupa la mayor parte de Kazajistán y Urkmenistán, atravesada por el río Amu Daria y limitada por el Caspio y el mar de Aral, o al menos lo que queda de este último. El nombre de la heroína de la última ópera de Puccini deriva del persa y alude a esa región: Turandot, hija del Turán. Aunque el libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni se basaba principalmente en la Turandotte de Carlo Gozzi, en la que a su vez se basaría Schiller, la leyenda es mucho más antigua y queda establecida por vez primera por el poeta persa Nezami, también llamado Nizami, cuyo nombre completo es Ilyas ibn Yusuf Nezami, conocido además por Nezami-ye Ganjavi (1141-1209). Considerado como el más grande poeta épico de la lengua persa, Nezami escribió en torno a 1196 el Libro de las Siete Bellezas (Haft Peykar), también llamado Libro de las Siete Princesas. Es el quinto libro de un ciclo más amplio, el Panj Ganj (en persa Las Cinco Joyas), más conocido por el nombre arábigo de Khamse. El protagonista de este libro es el rey sasánida Bahram V, pero el personaje que atrae nuestra atención es una altiva princesa de origen ruso, Turandokht, que se encierra en una fortaleza, convencida de que ningún hombre es digno de ella, y propone a sus pretendientes mortales acertijos; ni siquiera acertándolos tenían la seguridad de salir vivos de su fortaleza, pues para llegar a la princesa debían atravesar una puerta "guardada por misteriosas espadas que amenazan con decapitar al intrépido". Turandokht cae enamorada del protagonista apenas franquea el umbral de su castillo, no obstante insiste en que pase por los acertijos antes de entregarse a él, disimulando sus sentimientos bajo una gélida apariencia.


El poeta persa Nezami en una recreación moderna

La historia fue conocida en Europa gracias, principalmente, a la traducción al francés de François Pétis de la Croix (1653-1713), orientalista francés que tradujo la obra de Nizami como Les mille et un jours. Contes perses, turcs et chinois, traducción publicada entre 1710 y 1712. En los cinco volúmenes que ocupaba la traducción de Pétis de la Croix se nos narra la Histoire du Prince Calaf, nombre que ya nos resulta muy familiar. Calaf es el hijo de Timurtasch, rey de los tártaros. Derrocado este por el sultán de Carizme que ha invadido su reino, el príncipe Calaf viaja a China. Allí se enamora de Tourandocte, la hija de Althoum Khan. Tourandocte es famosa por someter a sus pretendientes a temibles acertijos, que Calaf descifra fácilmente. Cuando a su vez desafía a la princesa a que averigüe su nombre, Tourandocte envía a su esclava personal, Adelmule, para que seduzca a Calaf y le sonsaque el nombre... Pero con lo que no cuenta la princesa es con el enamoramiento de su esclava. Adelmule, sabiendo que su amor por Calaf es imposible, advierte al príncipe de las intenciones asesinas de su señora, a la que sin embargo acaba por revelar el nombre, y se quita la vida. Todo conduce sin embargo a un final feliz para el resto de los personajes. Tourandocte acaba por casarse con Calaf y los derechos de Timurtasch son restablecidos. Una alusión a una historia similar también aparece en la traducción de Las mil y una noches. No obstante, en la adaptación de Pétis de la Croix ya podemos ver la trama principal de la obra pucciniana. La historia de Tourandocte, como la llamó Pétis, conoció cierta popularidad a partir de la época, la suficiente como para que en 1729 se estrenara un vaudeville basado en ella, La Princesse de la Chine, de Alain-René Lesage (el autor de esa novela picaresca a la francesa que es Gil Blas de Santillana) y Jacques-Philippe d'Orneval.
No obstante, la siguiente adaptación de la historia de Turandot, la de Carlo Gozzi, Turandotte (1762), terminaría de delinear la historia que todos conocemos. Gozzi añadió tres personajes cómicos, Truffaldino, Pantaleone y Tartaglia (el Tartamudo), que son el jefe de los eunucos, el secretario y el Gran Canciller de Altoum respectivamente, y que pueden ser considerados como los antecedentes de Ping, Pang y Pong. Adelmule se transforma en Adelma, princesa tártara convertida en esclava favorita de Turandot. La galería de personajes se amplía aún más. Otra esclava de la princesa, Zelima, el antiguo preceptor de Calaf, Barach, conocido en la corte bajo el nombre de Assan. La Turandot de Gozzi también siente piedad de Calaf al verlo (Costui mi fa pietà, comenta a Zelima), pero pronto vence su altivez. Entretanto, su esclava, la princesa tártara Adelma, reconoce en Calaf a un joven que antaño viera en la corte de su padre y al que amó en el acto, aun creyéndolo un siervo. Turandot propone sus tres enigmas y Calaf los resuelve, para desesperación tanto de la princesa como de Adelma, que no desea que sea esposo de su señora. Esta, por otra parte, suplica a su padre que no la entregue a Calaf. Sólo el pensamiento de estar sometida a un hombre, dice, la mata. Calaf le propone que intente averigüar su nombre; si lo hace, podrá disponer de su vida. La princesa lucha entre su convicción de rechazar al extranjero y los sentimientos que nacen hacia él en su corazón, que confiesa ante sus esclavas. Adelma intenta convencer con embustes a Calaf, cuyo nombre averigua, de que Turandot quiere matarle a traición, pero el príncipe se niega a huir con ella. Finalmente y cuando Calaf está a punto de apuñalarse ante la princesa, ella detiene su brazo. Turandot acaba perdonando la traición de Adelma. La esclava es liberada y se le concede un reino y el privilegio de escoger a su esposo. Todo termina felizmente para los implicados.
La obra de Gozzi conocería una amplia difusión, en especial gracias a la adaptación alemana de Schiller, Turandot, Prinzessin von China (1802), para la que Carl Maria von Weber compondría la música incidental. Pero de la música nos ocuparemos en otra entrada.

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