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viernes, 23 de marzo de 2012

Una de Mercadante

 
Primero, el ambiente idóneo para la entrada. Sí, es Mercadante y sí, tiene un aire español, pero no, no se trata de ningún fragmento de I due Figaro. Se llama La zingarella spagnuola y es una canción - aquí interpretada por Yvonne Kenny -,  que podéis encontrar en este disco editado por Opera Rara, casa conocida afectuosamente entre los iniciados como Opera Cara. Aconsejable, como todo lo que han editado del de Altamura. Si tenéis Spotify, podéis escuchar Virginia - mi favorita - La Vestale - bueno, no será la de Spontini pero no está nada mal -o Elena da Feltre para empezar. Seguramente buscando con más atención podéis toparos con alguna grabación de Il Giuramento o Il Reggente.

Riccardo Muti - con Mortier al fondo - durante la rueda de prensa de hoy. Foto EFE/J.J. Guillén.
Alertaba hoy Riccardo Muti, durante la rueda de prensa en la que se ha presentado I due Figaro de Mercadante, de los peligros que traen consigo los recortes que se realizan en cultura. Difícil no estar de acuerdo, sobre todo leyendo las ediciones digitales de los periódicos y encontrando en artículos que hablan del asunto faltas de ortografía aterradoras. Una de ellas casi consigue que deje de leer, lo que habría sido una lástima, teniendo en cuenta la anécdota que me estaba esperando al final. Me ha proporcionado la sonrisa del día, algo que - de nuevo por cuestiones ajenas al mundo virtual u operístico - me hacía falta. Podéis leer sobre la presentación de I due Figaro aquí, aquí, aquí y en mil sitios más.También os podéis encontrar una entrevista a Riccardo Muti en este enlace. Por cierto, y aparte de La Rappresaglia que podremos ver el año que viene, parece que al napolitano lo vamos a tener por la Villa y Corte aún más veces, aunque no hay nada concreto sobre esos proyectos y, como él mismo ha dicho a lo Padre Guardiano, nadie puede leer el futuro.
Hablando de futuro y como se venía diciendo... hay nubarrones en el del Real, sobre todo en el de sus trabajadores, lo que puede repercutir en representaciones de Vida y muerte de Marina Abramovic y Cyrano de Bergerac.
... No puedo dejar de señalar con amargura que mientras tanto, en todos los medios, la noticia más leída se relacionaba con la anatomía de una presentadora televisiva que en época de Mercadante habría sido considerada de edad venerable.
Edito dos días después para añadir el ya tradicional vídeo de Téllez colgado por el teatro en su canal de Youtube. Téllez nos habla sobre la obra y su autor, cosa necesaria. En estos días he escuchado pronunciar su nombre y apellido en todas las variantes erróneas posibles, pero si en la prensa rebautizan a Rossini qué nos vamos a esperar de compositores menos conocidos:

viernes, 3 de junio de 2011

Emilio Sagi habla sobre "I due Figaro"

El Festival de Salzburgo ha añadido a los vídeos de su canal uno en el que el director de escena Emilio Sagi explica algunas cosas sobre la ópera de Mercadante que el Festival de Pentecostés en Salzburgo estrena la próxima semana. Y que, como todo el mundo sabe, es una coproducción con el Teatro Real y podrá verse en Madrid el año próximo. También podemos ver algún momento de los ensayos.
El Times de Nueva York también ha dedicado dos páginas a la obra de Mercadante rescatada por Muti, quien además revela que su primera intención habría sido dirigir una de las tragedias del compositor de Altamura, tal vez Il Bravo, pero que finalmente se decidió por una comedia después que le enviaran la partitura que Mercadante escribió para Madrid. 

martes, 26 de octubre de 2010

Las raras: Virginia, de Saverio Mercadante

A Saverio Mercadante le faltó poco para que el estreno de Virginia fuera póstumo, y los años venideros tampoco  reservarían  para ella un lugar en el repertorio operístico. Conocería el mismo destino que el resto de la producción del compositor de Altamura. No obstante, el retraso en el estreno no se debió precisamente al olvido, ya que Mercadante fue uno de los compositores con más éxito de la época y su primera función causó auténtica expectación. La culpa de tan tardía fecha fue de la censura napolitana que no veía con buenos ojos la historia de la ópera: un abuso de poder que causó una revolución. El estreno, que había sido planeado para 1850, fue vetado por Fernando II de Nápoles. La prohibición desató fuertes críticas y no pocas burlas en toda Europa, de modo que los censores hicieron una oferta a Mercadante. Si hacía los cambios oportunos en el libreto - obra de Cammarano-, situándolo en Egipto por ejemplo, la ópera se estrenaría. Compositor y libretista se negaron al apaño;  un poco como el padre de su heroína, preferían la muerte de su criatura a la deshonra. Virginia fue retirada de cartel y sustituida por otra obra de Mercadante, Medea. El estreno de Virginia tuvo que esperar hasta que el Reino de las Dos Sicilias cayera a su vez. La ópera subiría a escena en 1866, cuatro años antes de la muerte de su compositor, siendo la última de su amplio catálogo en estrenarse (no en componerse, ya que ese lugar le correspondería a Pelagio). Fue su último gran éxito. Para entonces, Mercadante se había quedado ciego y dictaba aquello que componía a sus alumnos. Un mes antes de morir seguía trabajando de esa forma.
La muerte de Virginia, según el pintor ruso Nicolai Ge (1831-1894)
El libreto de Virginia se basaba en la obra del mismo título de Vittorio Alfieri (1749-1803), una de sus numerosas tragedias, que para más alarma de las autoridades napolitanas se englobaba en una trilogía denominada "de la libertad". La fuente de dicha obra estaba en la Historia de la Antigua Roma -aunque tal vez deberíamos hablar de leyenda- y había sido recogida por Tito Livio. Alfieri no había sido el primero en inspirarse en este hecho que habría desatado la rebelión de los plebeyos, y que hacía buena pareja con la historia de Lucrecia que había supuesto el fin de la monarquía. Tampoco sería el último. En España , sin ir más lejos, tenemos dos ejemplos,uno anterior y otro posterior a Alfieri: la Virginia de Agustín de Montiano y Luyando, y la de Manuel Tamayo y Baus. Virginia, hija del centurión Virginio, ha sido prometida en matrimonio al tribuno Lucio Icilio, pero tuvo la desgracia de que uno de los Decenviros, Appio Claudio, se encaprichara de ella. Después de intentar en vano corromperla a base de dinero y de regalos, ideó un plan para poseerla. Para ello buscó la ayuda de uno de sus clientes, Marco Claudio. Éste reclamó a la muchacha como esclava suya, robada de su casa y llevada de niña a la de Virginio. El primer intento de apoderarse de Virginia por la fuerza fracasó porque la acompañante de la joven dio la voz de alarma y fue el pueblo quien la apartó de Marco Claudio. Virginia, cuyo padre estaba ausente, fue citada a juicio. Casualmente, el destinado para decidir sobre si la joven pertenecía o no a Marco Claudio era el propio Appio. Las protestas de su prometido Icilio fueron desoídas. También las de Virginio, cuando éste regresó. El caso se decidió a favor de Marco Claudio, estableciéndose que Virginia era hija de esclavos y propiedad suya. El centurión apuñaló a Virginia a la vista de todos, exclamando "Este es el único modo, hija mía, en que puedo darte la libertad". Después, y sobre la sangre derramada de  su hija invocó la venganza divina contra Apio Claudio. Éste ordenó el arresto de Virginio, pero el centurión ya se había abierto paso entre la pasmada concurrencia y, en compañía de Icilio, exhibió el cadáver de Virginia ante el pueblo, provocando las iras de los romanos y la rebelión contra Apio. Cómo acabó este último es algo no del todo aclarado: Livio nos dice que se suicidó en la cárcel. Otras fuentes nos dicen que no acabó voluntariamente con su vida, sino que se le forzó al suicidio.
Las Storie di Virginia de Sandro Botticelli. La obra se lee de izquierda a derecha.
Volviendo a la ópera... Virginia era un verdadero festival de agilidades, cabalettas y concertantes. Desgraciadamente para la obra, los quince años de retraso en su estreno obraban en su contra. Los gustos del público habían cambiado de forma irremediable, y la figura gigante de Verdi dominaba todo el panorama operístico. Cuando el telón se alzó por vez primera sobre Virginia, ya se había estrenado no ya la Trilogía Popular, sino también Les vêpres siciliennes, Un Ballo in Maschera o Simon Boccanegra. Pasado el éxito inicial, pocos se acordaron de Virginia. Representada a lo largo de la década siguiente de su estreno en varios teatros de  Italia, vuelve al San Carlo a comienzos del siglo XX. Después, en los setenta, es exhumada en Belfast, con Janet Price en el papel titular, función de la que existen grabaciones piratas que pululan por Internet. Caballé preparó el papel, que debía cantar en el Carnegie Hall en 1978. Desgraciadamente cayó enferma, Virginia fue cancelada y nunca llegó a reponerse en cartel. El pasado año Opera Rara añadía Virginia a su conjunto de grabaciones de Mercadante, proporcionando - bien, proporcionándonos-  así un registro de estudio a los interesados por el compositor de Altamura. Ya antes habían grabado algunos extractos, por ejemplo el terceto Paventa, insano -el final del Acto I-, que daba nombre a un disco dedicado a Pacini y Mercadante. Como Virginia, Licinio y Appio escuchamos a Majella Cullaj, Alan Opie y Bruce Ford:
vídeo de Meyerbeer1
La edición en disco también parece ser el destino de las representaciones que han tenido lugar este año en el irlandés Festival de Wexford, siempre dado a recuperar títulos poco frecuentados, y que ya antes se ha dedicado a Mercadante, poniendo en escena - y luego, a través de las grabaciones, en el mercado discográfico-  La Vestale o Elena da Feltre, con repartos generalmente formados por jóvenes cantantes. a la espera de la edición discográfica, hace unos días pudimos escuchar en directo y a través de la radio la primera representación de esta Virginia.  En este caso los cantantes tenían que apechugar con una partitura nada cómoda. Dado que los mitos del canto del siglo XX no llegaron a tiempo de participar en el interés actual por rescatar este repertorio, hay que apañárselas con lo que hoy tenemos, así que lo de apechugar está, creo yo, bien empleado. Del reparto que pudo escucharse a través de las ondas era Angela Meade la que sacó adelante su parte con mayor fortuna. A Virginio en cambio le tocó bailar con la más fea, es decir, con el barítono Hugh Russel, que no estuvo particularmente brillante... ¡por decirlo con muchos remilgos! Los dos tenores cumplieron con lo suyo, más nervioso al principio Ivan Magri en el papel del villano, tembloroso en su primera escena  - una faena gastada por Mercadante a los tenores-, aunque fueron entonándose hasta cierto punto a lo largo de la función. La dirección de Izcaray fue bastante animada, aunque en algún momento pasada de revoluciones. En espera de que llegue una edición oficial, os dejo esta grabación radiofónica.




Saverio Mercadante
VIRGINIA

Virginia Angela Meade
Virginio Hugh Russell
Appio Ivan Magri
Icilio Bruno Ribeiro
Marco Gianluca Buratto
Orchestra del Wexford Opera House
direttore Carlos Izcaray
Aquí

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Otros compositores, otras Vestales


El mundo de las sacerdotisas de Vesta y la terrible pena que les acarreaba el incumplimiento de sus votos han atraído a otros compositores aparte de Spontini, que no fue ni mucho menos el primero en llegar. Dejando a un lado a la más famosa sacerdotisa  infiel del repertorio operístico, Norma (que tantos puntos en común tiene con Julia), nuestra lista comenzaría con Gluck. La obra en cuestión es L'innocenza giustificata, una festa teatrale estrenada en Viena en 1755. El libreto se basaba en la leyenda de la vestal Claudia, una de las más célebres sacerdotisas de la orden. Si creemos la tradición, hacia el año 204 antes de Cristo, estando Roma en guerra con Cartago, una de las vestales fue acusada de romper sus votos. Claudia, la presunta culpable, consiguió arrastrar una barcaza que  había encallado en el puerto de Ostia con la ayuda de su ceñidor. No se trataba de una embarcación cualquiera: a bordo se encontraba una estatua de la diosa Cibeles. La inocencia de Claudia quedó demostrada con este prodigio. Como en la historia real, la peripecia de la vestal de Gluck acaba felizmente. Escuchemos Non è la mia speranza, de la grabación editada por Deutsche Harmonia Mundi:

vídeo de Sarma230

Saltándonos, claro está, a Gaspare Spontini, tendríamos una nueva incursión en el tema de las vestales gracias a Vicenzo Pucitta (1778-1861), cuya ópera La Vestale se estrenó en 1810, es decir, tres años después de la obra del compositor de Maiolati. Se trataba de un vehículo de lucimiento para Angelica Catalani, la superdiva afincada en la capital inglesa. En la Vestal de Pucitta, Giulia, la protagonista, está secretamente enamorada de Licinio, un general victorioso cuyo más leal amigo se llama... Cinna. Nos va sonando, ¿verdad? Pues sí, no sólo el nombre de los personajes es idéntico a los de Spontini, sino que podríamos hablar de plagio indisimulado. Eso sí, la Vestal de Pucita añade nuevos personajes (como el de Fulvia, amiga de Giulia) o pone nombre a algunos que sólo conocíamos por el título, pero el resto transcurre por los mismos caminos que en Spontini. El libreto es el de De Jouy, convenientemente traducido al italiano y modificado para la inclusión de Fulvia. En la copia del libreto que podéis consultar aquí no aparece el nombre de De Jouy. No tengo  la menor idea de cuál fue la reacción de Spontini a esta nueva Giulia,  aunque supongo que le reforzaría en su creencia de que todos los compositores lo plagiaban con mayor o menor fortuna. Después de su estreno londinense, la Vestale de Pucitta se estrenó en Lisboa y Milán; a la ciudad lombarda llegó en 1817. Después se sumió en una oscuridad mucho mayor que la que engulliría a su hermana mayor. No parece haber sido representada más allá de la primera mitad del siglo XIX, aunque sí se ha grabado un fragmento, gracias a la infatigable (y cara) firma Opera Rara:

vídeo de Meyerbeer1

Y si hablamos de oscuridad, más aún reina en torno a La Vestale de Giovanni Pacini. Aquí podéis consultar un libreto de la época de una representación en Barcelona, en 1830. Una de las escasas referencias que tengo al respecto procede del testimonio de Hector Berlioz, un verdadero adorador de Spontini en general y de La Vestale en particular, que asistió a una representación de la obra en Italia y acabó saliendo del teatro en mitad del segundo acto, descontento con todo lo que veía, y oía ,entre otras cosas con el hecho de que a Licinio lo interpretase una mujer (ya había tenido un problema parecido con los Capuleti bellinianos, aparte de su irritación por la escasa fidelidad del libreto a Shakespeare). El libreto de Luigi Romanelli toma los nombres canónicos, por así decirlo  de Giulia, Licinio, Cinna, etc, cambiando el nombre de la Gran Vestal (innominada en Spontini, llamada Marcia en la  ópera de Pucitta) por Emilia, conservando a Fulvia como amiga/confindente de Giulia, y añadiendo un elemento más al drama, ya que el Pontífice Máximo resulta ser el padre de Giulia, cosa que se descubre justo después de la condena de la joven. No obstante las fechas en las que nos movemos, el final seguía siendo feliz y Giulia era devuelta a los brazos de su amado y de su recién encontrado progenitor.
No fue así en el caso de Mercadante, que se decidió por un final trágico.  Como ya se dijo por aquí, también compuso su Vestale, obviamente con cierta influencia de la obra de Spontini, pero con libreto de Cammarano y sin concesión al final feliz.  En realidad pasamos de un extremo al otro:, del happy end al baño de sangre nuestra heroína muere enterrada viva, nuestro héroe Decio se suicida sobre su tumba y Publio, su mejor amigo, pierde la vida en la lucha por rescatar a la vestal.  La sacerdotisa de Mercadante se llama Emilia, y el encargado de condenarla a muerte es el padre de su enamorado, el cónsul Licinio. Aquí podemos escuchar dos arias, para Giunia (la amiga y confidente de Emilia), en la que ruega por la salvación de su amiga (Se fino al cielo ascendere) y para Metello, el sacerdote, secundado por el pueblo que pide la muerte de la vestal culpable. Mercadante tuvo más suerte que Pucitta o Pacini y de su Vestale sí existe grabación completa:

vídeo de LindoroRossini
Massenet compuso en 1912 Roma, una ópera trágica en cinco actos cuyo libreto se basaba en un drama visto años atrás, Rome vaincue, de Alexandre Parodi. Parodi retomaba el nombre histórico de una vestal que fue enterrada viva durante la segunda Guerra Púnica, Opimia. En su drama, hacía aparecer la figura de su

abuela, Posthumia, ciega por más señas. En el desenlace Posthumia atravesaba con un puñal el corazón de su nieta (que debía antes guiar su mano para indicarle el lugar donde herir) para ahorrarle la espantosa muerte a ella reservada.  Después, Posthumia se sentaba sobre la tumba de Opimia (los demás creen conveniente enterrarla y dejar las cosas como están, a pesar del sacrilegio) y esperaba la muerte. Massenet cambia el nombre de Opimia por el de Fausta, pero en esencia la trama es la misma. Existe grabación completa, procedente del Festival de Martina Franca; sin embargo vamos a escuchar una grabación realizada en el año en el que se estrenó Roma: 1912. El aria, Le soleil se couchait, no corresponde a la protagonista, sino a otra de las vestales, Junia. Canta Lily Dupre.

del canal de CurzonRoad

domingo, 18 de mayo de 2008

Mercadante o la otra Vestale

Hace unos meses hablaba en el blog de una de mis óperas de cabecera (plúmbea para la mayoría, siempre excitante para mí; fue un flechazo desde la primera escucha): La Vestale, de Gaspare Spontini. En una época en la que la obsesión por la Antigua Roma estaba a la orden del día, no fue Spontini el único en inspirarse en una historia similar... Dejando a un lado Norma, cuyas similitudes argumentales son significativas, se conserva el recuerdo de varias óperas que son todavía más infrecuentes que la estrenada en 1807. Una de ellas es anterior: L'innocenza giustificata, ovvero La Vestale, de Christoph Willibald Gluck (1755). Otra es posterior: La Vestale, de Saverio Mercadante, estrenada en Nápoles en 1840 con libreto de Salvatore Cammarano (el mismo que tuvo que apañárselas con cierto drama español para sacar algo coherente en Il Trovatore de Verdi). La historia es básicamente la misma que en Spontini. Una joven vestal enamorada de un guerrero romano, el fuego sagrado que se apaga, la condena a ser enterrada viva... Naturalmente, los tiempos habían cambiado y se imponía un final trágico. Pero la estructura argumental es muy parecida. Por supuesto también cambian los nombres. Ahora la protagonista se llama Emilia, su amado es Decio, y el amigo fiel de éste, Publio. Además aparece una joven vestal amiga y confidente de Emilia, Giunia, y el padre de Decio, el cónsul Licinio. Otra cosa llamativa: La Vestale de Mercadante no podría ser jamás utilizada como vehículo de lucimiento por diva alguna. Si en el caso de Spontini son pocas las llamadas a encarnar a Giulia, en Mercadante, sorprendentemente, Emilia y Decio carecen de páginas solistas. No hay arias para ellos, y las figuras de Giunia y Publio cobran una importancia que puede despistar al oyente poco avisado. Su compositor decía seguir así una reforma que había iniciado con Il Giuramento (una de sus obras más conocidas actualmente, basada, como La Gioconda de Ponchielli, en el drama de Hugo Angelo, tirano de Padua): formas variadas, desaparición de cabalettas inútiles, una orquesta rica, pero que no cubra el canto... Así se expresaba Saverio Mercadante sobre esta ópera, que hacía el número 45 en su producción... de un total de 60. Nacido en 1795 en Altamura, cerca de Bari, y muerto en Nápoles en diciembre de 1870, Saverio Mercadante, compositor de gran éxito en su día, e imprescindible para todo belcantista que se precie, se vio eclipsado completamente por el ascenso del joven Verdi. Este lo respetaba hasta el punto de pedirle consejo para el reparto de Macbeth. Luego la relación se enfrió. Mercadante se veía amenazado por el peligroso rival. Verdi opinaba que "Zingarelli y Mercadante son grandes nombres, dos grandes Maestros... pero no han hecho nada según la exigencia de los tiempos y además han dejado de lado los estudios profundos que fueron las bases gloriosas de la escuela de Durante, Leo, etc". Al final, Verdi eclipsó no sólo a Mercadante, sino a la práctica totalidad de los compositores contemporáneos, así como a su "eterno compañero" Pacini (eterno compañero porque siempre se les cita juntos). Desde 1840 hasta su muerte, Saverio Mercadante se hizo cargo del Conservatorio de Nápoles, que en la época era el más importante de Italia. Antes ya había presidido el Liceo Musical de Bolonia, cargo para el que le había señalado Gioachino Rossini (siendo los otros candidatos Pacini y Donizetti). Pocos meses después dimitiría para como se ha dicho presidir el Conservatorio de Nápoles, puesto en el que su maestro Zingarelli había sido su predecesor.


(parte final)

Pero hablábamos de La Vestale, sobre la cual podéis encontrar una crítica detalladísima (aparecida en La Revue des Deux Mondes en 1842, en ocasión de unas funciones parisinas; naturalmente está en francés) en este enlace. Mucho menos extensa que su hermana mayor spontiniana, La Vestale de Mercadante se caracteriza, entre otras cosas, por la rapidez de la acción. Y desde luego por el final que se convierte en una pequeña matanza. Después de que el cónsul Licinio (padre de Decio) haya condenado a la joven Emilia por dejar que el fuego de Vesta se apagara (Giunia ha intentado echarse la culpa del incidente para salvar a su amiga, pero no ha convencido a nadie), más preocupado de cumplir las leyes de Roma que de atender las súplicas de Publio que le pide que se apiade de su hijo, la vestal es enterrada viva y el intento de su amado para salvarla por la fuerza es en vano. Emilia muere, y también lo hace Publio en su lucha por liberarla. Decio acaba suicidándose sobre la tumba de Emilia.
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