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viernes, 25 de diciembre de 2009

Ponselle y La Vestale

Muchos años después de afrontar el papel de Giulia en el Metropolitan de Nueva York, Rosa Ponselle explicaría que se trataba de un papel estrictamente clásico. "O consigues el aplauso por tu canto, o no lo consigues en absoluto. No hay resultados rápidos ni baratos trucos dramáticos". La producción, según los testimonios  de la época, "habría satisfecho el alma megalómana de Spontini", en palabras de un crítico del Herald Tribune que añadió (perdónese la traducción):
En primer lugar estaba la propia Vestal, Rosa Ponselle; porque había una "joven vestal" realmente joven. He aquí una cantante que podía cantar las largas y gravemente esculpidas melodías de Spontini con el necesario sentido de la línea y el estilo (...), con admirable fraseo (...) y no era menos admirable en los momentos de verdadera expresión dramática en los que la partitura abunda.


Rosa Ponselle como otra famosa sacerdotisa operística: Norma.

Durante dos temporadas la joven vestal estaría presente en el escenario de Nueva York, con unos repartos que hoy nos hacen abrir los ojos de asombro, especialmente si examinamos los de la segunda; el 1 de noviembre de 1926 la ópera de Spontini abría temporada con Ponselle en el papel de Giulia, Giacomo Lauri-Volpi como Licinio, Giuseppe de Luca como Cinna y un debutante Ezio Pinza como Pontífice Máximo (en las funciones de la temporada anterior el papel lo había cantado José Mardones). Dirigía Tullio Serafin. Según la base de datos del Met, la ópera se representó sin demasiados cortes, porque se nos habla de dos ballets (aunque uno de ellos lo sitúan en el acto II, y no en el III); la versión elegida fue la italiana. A pesar de que se alabó la iniciativa del rescate de La Vestale y las representaciones fueron exitosas, una vez más la obra de Spontini falló a la hora de establecerse en el repertorio. Después de nueve representaciones (una de ellas en Philadelphia), se esfumó del escenario del Met.


Tullio Serafin había sido el responsable del acercamiento de Ponselle a Spontini, ya que lo consideraba como una especie de "prueba" antes de que la soprano se enfrentara a Norma. El tiempo que Ponselle empleó para prepararse la ópera de Bellini va de dieciocho meses a dos años, según distintas versiones que ella misma daría. En el verano de 1925, también comenzó a preparar La Vestale. De 1926 son las grabaciones de las arias de Giulia que constituyen el único testimonio de Ponselle en este papel. Ya las he puesto por aquí en algún momento, pero de todas maneras, escucharlas siempre es un placer.


vídeos de maldoror26
La Giulia de Ponselle tiene un epílogo en suelo italiano. En 1933, fue la protagonista de unas funciones de La Vestale durante el Maggio Musicale Fiorentino (entonces en su primera edición), en compañía de Alessandro Dolci, Tancredi Pasero y Ebe Stignani, que, recordémoslo, apareció veinte años más tarde en otra histórica Vestal, junto a la "heredera" de Ponselle, Maria Callas. Ponselle obtuvo un gran éxito, y en una de las representaciones hubo que conceder el bis en O nume tutelar. La retransmisión radiofónica contribuyó a aumentar el mito de esta Vestal florentina que Ponselle consideraba entre lo mejor que había hecho jamás. A pesar del triunfo (y de que al menos en Florencia la habrían recibido con los brazos abiertos), Ponselle no volvió a cantar en Italia, cuyo público temía. La retirada llegó cuatro años más tarde,  en 1937, cuando la soprano aún estaba en plenitud.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Favoritas de la casa... La Vestale de Spontini

No es este un tema nuevo en el blog, pues, como es fácilmente comprobable, tengo cierta obsesión por esta ópera,  ya desde la primera escucha (a despecho de un sonido de fondo atroz, que ninguna remasterización ha conseguido aliviar) de la grabación de 1954. La predilección, dada no sólo la aparición periódica del tema en esta casa, sino la presencia de una imagen de Maria Callas como Giulia (Julia, en el original francés) en la cabecera del blog, es más que evidente. De hecho, una de las ilusiones de esto escribe antes de irse al otro barrio es ver una representación de la ópera de Spontini, a ser posible sin cortes (no, no a ser posible: SIN cortes, ya que estamos) y con protagonistas adecuados. Otra es hacer otro tanto con La Forza del Destino, también con protagonistas que hagan justicia a la Innombrable de Verdi. Que cada cual juzgue qué es más difícil hoy en día.
Digamos, pues, cuatro cosas de sobra conocidas sobre esta ópera. Primero, que es mucho más habitual toparse con su versión italiana que con la original francesa, pues no hay que olvidar que Spontini estaba afincado en París desde los primeros años del siglo XIX. Que, podríamos decir, su importancia ha sido más histórica que real en cuanto a presencia en el repertorio operístico (aunque ha abierto en tres ocasiones la temporada de la Scala, por ejemplo).
Su resurrección, si podemos llamarla así (ya que en todo caso se trató de una vuelta muy, muy limitada a los escenarios), comienza con Rosa Ponselle, que hace suyo el papel  y que lo canta en la primera edición del Maggio Musicale Fiorentino bajo la batuta de su fundador, Vittorio Gui. En aquellas primeras ediciones el festival era trienal  y su objetivo era el rescate de óperas poco conocidas, o la interpretación de otras contemporáneas. Después, siguió (tras la incursión de Maria Vitale con la RAI) con Maria Callas, en la célebre, y espantosamente grabada (es una lástima que se hiciese una toma de sonido tan atroz), función de San Ambrosio de 1954. También, como su ilustre antecesora en el papel, dejó un registro en estudio de las arias principales del personaje. Siguieron a las dos pioneras Leyla Gencer, Renata Scotto o Montserrat Caballé, por citar tres grandes sopranos que cantaron el papel. También otras a las que tal vez no esperaríamos, como Gundula Janowitz. Pero, de momento, quedémonos con la gran antecesora. La más grande de todas (Callas dixit).


vídeos de maldoror26
Y ya de paso espero poder dar a algunas de las "favoritas" anteriores algo más de tiempo para atar algunos (qué digo algunos, muchos) cabos pendientes.


martes, 3 de marzo de 2009

Carmen, Carmencita

Un 3 de marzo de 1875 se estrenó en la Opéra-Comique de París Carmen, de Georges Bizet. La historia de su estreno es una más en la lista de títulos del gran repertorio que fracasaron en su primera representación. Más que de un fracaso absoluto, al parecer, se trató en este caso de una acogida gélida por parte del público, poco acostumbrado a heroínas como la célebre gitana nacida de la pluma de Mérimée. Heroína a la que, dicho sea de paso, se le han otorgado en el siglo XX ideas que poco tienen que ver con la época en la que nació.
La leyenda atribuye al fracaso de Carmen la temprana desaparición de Bizet, que moriría ese mismo año, en junio. Leyenda acrecentada por la narración de la primera cantante que encarnó al personaje titular, Celestine Gallie-Marie (en la imagen), que contó que había presentido el fallecimiento del compositor durante una representación, en la escena de las cartas. En realidad la causa fue más prosaica. Aunque sea cierto que el fracaso inicial de Carmen le desmoralizó, su muerte se debió más a que se empeñara en bañarse en el Sena en mayo, a pesar de la gélida temperatura de las aguas. Caería enfermo y ya no se recuperaría.
Irónicamente, Carmen, que había comenzado con tan mal pie, estaría destinada no sólo al éxito sino a la popularidad. Demasiada popularidad, acaso, que le ha acarreado el maltrato en mil y una formas distintas. y al que no es ajeno el mundo de la publicidad Después de la muerte de Bizet, Ernest Guiraud (que realizaría la misma tarea para Les Contes de Hoffmann, de Offenbach)le añadió recitativos. Así conocimos la obra hasta bien entrado el siglo XX. Actualmente se tiende a representar con preferencia la Carmen original, con su forma de opéra-comique, es decir, con diálogos insertados entre los números musicales.
Aunque sea un papel pensado para una mezzo, Carmen ha tentado a bastantes sopranos, de lo que es buena muestra la discografía. De los Ángeles, Callas (que solamente la grabó) o Price, por poner tres ejemplos célebres, cayeron en las redes de la gitana, personaje bastante suavizado respecto a su original literario, que era más sórdido. Eso sí, la dotaron de una "antagonista", Micaela, que no existe en la novela de Mérimée y que sale de una frase de Don José alusiva a la diferencia entre Carmen y las mujeres de su patria chica, siempre ataviadas con falda azul y con el cabello recogido en trenzas (mientras que la heroína de la historia va vestida de forma que, en Navarra, "habría hecho que todos se santiguasen"). También "ascendieron" a Escamillo (nombre no mencionado en la novela) a matador, ya que para Mérimée era simplemente miembro de una cuadrilla. Eliminaron al marido de Carmen, al que Don José mata en una pelea. Por último, suavizaron un poco las actividades delictivas a las que Carmen y compañía se dedican, y que quedaron en simple contrabandismo en la ópera.
L'amour est un oiseau rebelle es uno de los fragmentos más repetidos, cantados y populares de todo el repertorio operístico. Bizet la adaptó de una canción de Sebastián Iradier (autor de La Paloma), El Arreglito. Todas las cantantes femeninas, y no sólo las mezzos han caído alguna vez en la tentación, al menos, de la Habanera. La lista sería infinita. De modo que, para celebrar el aniversario, veamos a una que, en principio, no asociaríamos al papel de Carmen, Rosa Ponselle, que en las postrimerías de su carrera haría una prueba de cámara para Hollywood en la que cantó unos fragmentos de la ópera, como podréis ver en el vídeo (del canal de dorje1975):


martes, 22 de enero de 2008

"La más grande de todas nosotras"

Con esa frase definía María Callas a su idolatrada Rosa Ponselle, nacida como Rosa Melba Ponzillo un 22 de enero de 1897 en Meriden, Connecticut. Sus padres, emigrantes italianos que tenían una tienda de comestibles, eran amantes de la música, como se deduce del segundo nombre de la cantante, que alude a la soprano Nellie Melba. Su madre era cantante aficionada, y de ella recibió sus primeras lecciones. Su hermana, Carmela, era una mezzosoprano de bella voz. En el colegio nunca dejaron que Rosa cantase en el coro, pues su voz era tan potente que sobresalía sobre las de sus compañeros. En 1915 Carmela llevó a su hermana a una audición con su agente; éste quedó impresionado, y durante tres años las Ponzillo Sisters actuaron juntas cantando arias y baladas en los teatros de vodevil. En 1918, Carmela fue a estudiar a Nueva York con William Thorner, un conocido maestro de canto y agente con importantes contactos. Rosa negaría después haber recibido lecciones de Thorner, aunque sus declaraciones sobre el particular siempre fueron contradictorias. La historia sigue así: Thorner invivó a Enrico Caruso a su estudio. El tenor quedaría tan impresionado con la Ponselle que conseguiría una audición para la joven en el Met. El resultado, un contrato con el teatro neoyorkino para la temporada de 1918-1919. Debutaría como Leonora en La Forza del Destino de Verdi, precisamente junto a Caruso. Las críticas fueron entusiastas. Además de la Forza, aquella temporada cantó Oberon de Weber, Cavalleria Rusticana de Mascagni, y el estreno mundial de The Legend, de Breil (ópera que Ponselle odiaba, por cierto). En temporadas sucesivas, cantaría Guillermo Tell, Aida, La Juive, Ernani, La Gioconda, Don Carlo, L'Africaine, Andrea Chénier, La Vestale, y uno de los papeles que más se asociaría a su persona: Norma. Cantó también en el Covent Garden, donde debutó en 1929. Cantaría en el teatro londinense Gioconda y Norma (en 1929 y 1930). En 1933, en Florencia, causó sensación como Giulia en La Vestale de Spontini. Sin embargo, aunque consideró un contrato con la Scala, no llegó a cantar allí. La leyenda atribuye el hecho al temor que el público italiano inspiró a Ponselle al presenciar el trato que recibía Giacomo Lauri-Volpi después de fallar en una nota. En 1931 comenzaría a recibir los ataques de la crítica tras su aparición como Violetta en el Met. Su interpretación sería calificada como "demasiado dramática". Los ataques de la prensa se acentuarían con su debut como Carmen en 1935. La crítica del New York Times fue tan cáustica que Ponselle se sintió profundamente herida. Durante sus dos últimos años en el Met cantó sólo Santuzza y Carmen. Después tuvo diferencias con la administración del Met que no le renovó el contrato para la temporada de 1937-1938. Se retiró a los 40 años, aún en plenitud de facultades. Entre los cantantes que tendrían la suerte de ser alumnos suyos citemos a Beverly Sills, por poner solamente un ejemplo. Ponselle moriría en 1981 en su hogar, Villa Pace, en Baltimore.














viernes, 14 de diciembre de 2007

Rosa Ponselle como Desdémona

Hoy empezamos el día de forma melancólica: con la Canción del Sauce del Otello de Verdi, interpretada por Rosa Ponselle:

sábado, 10 de noviembre de 2007

Más de la Forza (Leonoras varias)

La Vergine degli angeli, con Ezio Pinza y Rosa Ponselle:

Pace, pace mio Dio también con Ponselle:

Leontyne Price:

Montserrat Caballé:


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