miércoles, 26 de diciembre de 2007

Ah, Violetta! (2)

¿Es la Traviata una historia de amor atemporal o por el contrario esa situación de la cortesana que se sacrifica por librar a la familia de su amado del baldón que supone la relación del retoño Germont con ella es fruto del tiempo y de la mentalidad de la era victoriana? Depende de cómo lo miremos. Si tenemos en cuenta que ya en su estreno en La Fenice Violetta fue transplantada de época (del XIX al mucho más libre en ciertos terrenos siglo XVIII, donde una relación con una cortesana de lujo habría sido mirada de forma no sólo muy natural, sino que habría sido hasta elogiada...), no debería sorprendernos que los directores de escena quieran despojar a Madamigella Valery de enaguas, corsés y crinolinas y sumergirla en la época actual, aunque resulte un poco extraño que en nuestros días una parisina muera de tuberculosis.
La famosa Traviata de Salzburgo de 2005 con la también famosa pareja operística Villazón-Netrebko sitúa la acción en la época contemporánea. Eso no me molesta, Verdi es prácticamente indestructible. La propuesta de Willy Decker, sin embargo, se queda en un escenario prácticamente vacío la mayor parte del tiempo, adornado de un gigantesco reloj que señala el paso del tiempo y de poco más. Lo que menos me gustó de esta propuesta fueron las numerosas incongruencias que Decker comete con el libreto de Piave. Por ejemplo, empezamos con que Alfredo (Villazón) aparece en escena mientras Violetta canta Sempre Libera. Pase. Pero lo que ya no me explico es que la cortesana esté delante de Alfredo mientras éste resuelve ir a París a impedir la venta de los bienes de su amada, con la consiguiente expresión de pesar de ésta, que no obstante y tras haberlo visto partir a la carrera, pregunta al instante siguiente a su doncella Annina si ha visto a Alfredo. En la fiesta de Flora, que se desarrolla sin solución de continuidad en el mismo espacio, Alfredo y Violetta están presentes mucho antes de que se de su entrada "oficial"; de modo que ya se han visto mucho antes de que el barón Douphol señale a Violetta que Alfredo está presente. Aquí se terminan las incongruencias con el libreto, pero para mí es bastante ya con eso. La escena de la humillación de Violetta, con el tenor embutiendo su rojo vestido con los billetes ganados en la mesa del juego (el reloj se convierte en ruleta), parte de los cuales acaban en la boca de la infeliz cortesana, me pareció exagerada. Ni Netrebko (que está mucho más inspirada como Violetta en un vídeo del Teatro Mariinsky de 2003) ni Villazón (capaz de emocionarme, sin embargo, en otras ocasiones) me gustaron mucho; en cuanto a Thomas Hampson, prefiero no decir nada, no deseo ser cruel. No soy capaz de comprender la fama de esta representación de La Traviata.
Y como ya he dicho antes, yo a la Netrebko la prefiero en esta representación, disponible en varias plataformas dedicadas a la altruísta distribución del Arte... (ya sabéis por dónde voy). Naturalmente el vídeo es de Oneguin:

2 comentarios:

Barbebleue dijo...

Por algo la ópera es el arte de lo inverosímil. O lo inverosímil llevado a Arte, como prefieras.

Respecto a esa producción, poco que decir, no la conozco. La cortesana me atrae más bien poco.

Anónimo dijo...

En mi opinión La Traviata de Salzburg es una auténtica maravilla, tanto desde el punto de vista de la inteligente y conceptual dirección escénica como de la sublime interpretación de Anna Netrebko y Rolando Villazón. La Traviata de St. Petersburg muestra una carencia total de ideas y actividad del director de escena, si es que alguien ocupaba esta tarea. Anna Netrebko está también muy bien, pero sus partenaires no están a la altura. De todas maneras está muy bien poder verla en una puesta en escena tradicional. En Enero podremos verla en la tradicional puesta en escena de Eyre y acompañada de un reparto de primera clase

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