martes, 19 de febrero de 2008

Puccini y Manon Lescaut: el argumento


(Para ilustrar musicalmente el argumento de los cuatro actos de Manon Lescaut, de Puccini, he elegido una vieja grabación en directo del Met, que data de 1950. Los protagonistas son Richard Tucker como Des Grieux y Dorothy Kirsten como Manon; les acompañan el Lescaut de Giuseppe Valdengo y el Geronte de Gerhard Pechner. Dirige Fausto Cleva. El sonido no es especialmente bueno, sobre todo en Sola, perduta, abbandonata, que por esa razón no he incluído en la selección)


ACTO I. Una plaza en Amiens, junto a la puerta de París. Una pequeña multitud de estudiantes, soldados y burgueses pasea por la plaza junto a una posada, mientras atardece (Ave, sera gentile). Entre ellos destaca el joven Edmondo, que aborda a toda joven que se le acerca jocosamente. Cuando entra su amigo el Caballero Des Grieux, éste se burla abiertamente de la idea del amor, "ese drama, o mejor dicho, comedia" que nunca ha conocido, refiriéndose a las muchachas que pasean por la plaza irónicamente (Tra voi belle, brune e bionde). Llega el coche de París y entre los pasajeros que bajan de él se encuentra Manon, acompañada por su hermano, Lescaut y el viejo Geronte di Ravoir. Fascinado por su belleza, Des Grieux aborda a la muchacha y le pregunta cómo se llama. Manon le cuenta que por voluntad de su padre la llevan al convento. Des Grieux le pide una cita para esa noche (Cortese damigella); Des Grieux se confiesa enamorado, nunca ha encontrado a una joven como ella (Donna non vidi mai); ante la burlas de sus compañeros, acaba marchándose. entretanto, el viejo Geronte conversa con el hermano, sumamente interesado en la joven, invitando a ambos a cenar. El rico anciano pretende seducirla y llevársela a París, sobornando al posadero para que tenga preparado un coche. Edmondo descubre el plan y avisa a Des Grieux para que huya con Manon. La joven acude a la cita nocturna (Vedete? Io son fedele alla parola mia). Des Grieux se muestra al comienzo sorprendido por la inmensa tristeza de la joven, que le comenta que antes era alegre y vivía feliz, pero que todo cambió con la perspectiva del ingreso en el convento. El estudiante le confiesa su amor y advierte a Manon del plan de Geronte. Le pide entonces que huya con él a París en el coche preparado por el anciano. Manon se resiste primero, pero acaba cediendo y ambos huyen. Cuando Geronte se presenta dispuesto a seducir a la muchacha, advierte que esta se ha esfumado junto con el coche y quiere salir en su persecución. Lescaut, que ahora se da cuenta de las intenciones de su compañero de viaje para con su hermana, lo tranquiliza asegurándole que Manon no aguantará mucho una vida de pobreza junto a un estudiante y acabará entregándose a él.
ACTO II. Un salón en casa de Geronte en París. Tal y como Lescaut había previsto, Manon ha abandonado a Des Grieux y ahora vive rodeada de riqueza en casa de Geronte. Su hermano la visita mientras termina de acicalarse (Dispesotto questo riccio!). Sin embargo, Manon echa de menos a Des Grieux y lamenta haberlo abandonado sin un adiós a cambio de aquellos lujos que la aburren (In quelle trine morbide). Lescaut le cuenta entonces que sigue frecuentando a Des Grieux, que ahora es un consumado jugador que espera un momento de racha para enriquecerse y reconquistar a Manon. Son interrumpidos por un grupo de músicos que Geronte ha contratado para que distraigan a la joven con un madrigal compuesto por él mismo (Sulla veta tu del monte). Ella, aburrida, los despide mientras Lescaut se marcha con la intención de introducir en la casa a Des Grieux. Entretanto Manon es agasajada por Geronte y algunos amigos mientras le imparten una lección de baile (Vi prego, signorina). Cuando Geronte la deja para que ella termine de prepararse para ir a la calle, aparece Des Grieux. Al comienzo le recrimina a Manon que lo abandonase fríamente, pero la muchacha lo reconquista con facilidad, diciéndole que lo ama a él (Ah... Sarò la più bella). Extrañado por la tardanza, Geronte vuelve y los sorprende abrazados. Manon se burla de él; cuando el anciano desaparece, Des Grieux trata de llevársela de inmediato, pero ante tantas riquezas la joven vacila. Des Grieux se queja amargamente y Manon, abatida, le pide perdón; pero cada momento es precioso. Lescaut aparece para avisarles de que Geronte ha denunciado a Manon como prostituta y que su destino será el exilio. La joven se entretiene recogiendo algunas joyas. Cuando quieren huir, es tarde. Las joyas caen al suelo y Manon es detenida. Lescaut impide que Des Grieux corra tras ella, porque si lo detienen, nadie podrá salvarla.
Sigue el Intermezzo, que refleja la prisión y el viaje a le Havre.
ACTO III. El puerto de Le Havre. Des Grieux y Lescaut han llegado a Le Havre siguiendo a Manon, con el plan de liberarla. Sobornando a uno de los carceleros, han logrado que la muchacha pueda ver a su amado. Pero los intentos de Lescaut por liberar a su hermana fracasan. Aconseja a Des Grieux que huya para conservar la vida. Otro tanto hace Manon, pero Des Grieux se niega a abandonarla. Mientras los oficiales comienzan a pasar lista a las condenadas, mientras una multitud curiosa (alertada por el intento de asalto de Lescaut) asiste al triste espectáculo (Silencio! L'appello cominciano già!). Manon se despide de él, pero Des Grieux saca la espada y trata de llevársela por la fuerza. Inmediatamente se da cuenta de que todo es inútil y, dejándose desarmar, apela a la piedad del capitán del barco, suplicándole que lo admita a bordo junto a Manon. Apiadado, el capitán consiente.
ACTO IV. Un páramo en los confines de Nueva Orleans. Des Grieux y Manon vagan por el desierto; han huído de Nueva Orleans después de un duelo entre Des Grieux y el hijo del gobernador (Tutta su me ti posa). Completamente agotada, sedienta, Manon no puede seguir avanzando. Des Grieux se ve obligado a dejarla durante un momento para buscar agua. Sola, Manon da rienda suelta a su desesperación (Sola, perduta, abbandonata). Des Grieux regresa sin haber encontrado ni una gota. Manon se despide de él y muere entre sus brazos diciéndole que sus culpas serán olvidadas, pero que su amor por él nunca morirá (Fra le tue braccia, amore).

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