martes, 17 de febrero de 2009

La Traviata: pequeña y personal discografía

No sé si a estas alturas hace falta recordarlo, pero esta pequeña lista de grabaciones no es, ni mucho menos, una discografía "esencial", así en términos absolutos. En todo caso, es la que prefiero. Comenzamos con un testimonio que ha caído en nuestras manos de manera completamente casual, la grabación con Ponselle, Jagel y Tibbett dirigidos por Ettore Panizza. Ponselle no cantó demasiado el papel, pero lo que hizo le bastó para marcarlo para siempre. Procedente de unas funciones del Met de 1935, la conservamos únicamente porque la señora Tibbett grabó la retransmisión por radio. La grabación quedó en un cajón hasta que fue "redescubierta". Editada por Naxos historical, el sonido es naturalmente deficiente, pero aceptable teniendo en cuenta la época. Ponselle ofrece por primera vez un retrato veraz de Violetta (aunque se puede poner algún pero a la manera de interpretar la escena de la fiesta de Flora, demasiado verista). A Ponselle le añadimos un, también, soberbio, Tibbett. Una grabación a atesorar.
De Ponselle pasamos a Callas y sus dos míticas grabaciones en directo. Hay más Traviatas de Callas, por supuesto. Las dos mejicanas y el estudio para Cetra en la que ella solita sostiene la grabación (porque a Albanese, Savarese y Gabriele Santini no hay quien los soporte); y posteriores, la del Covent Garden. No obstante, las dos más conocidas son la de Milán en 1955 y la de Lisboa en 1958. Hablemos primero de la de Milán, también conocida como La Traviata del Siglo, editada "oficialmente" por EMI (y extraoficialmente y a menor precio por otras discográficas). Maria Callas, Giuseppe di Stefano y Ettore Bastianini son el trío protagonista de esta mítica producción de Visconti cuya sombra pesa cual maldición sobre los hombros de toda osada soprano que se atreva a cantar Violetta en el mismo teatro, la Scala de Milán. El mito de estas funciones se construyó a posteriori, pues en su día Visconti fue duramente criticado por trasladar la acción a los años ochenta del siglo XIX y porque Violetta se quitaba los zapatos en escena o moría a medio vestir, con el sombrero puesto (como se encargó de reseñar un crítico de la época). Esta grabación recoge, además, la única actuación de Di Stefano en la producción de Visconti; el tenor se hartó de la atención, a su juicio excesiva, que se le prestaba a la dirección de actores y a lo centrados que estaban todos en Callas, así que después de terminar la función, se largó. La Divina estaba en 1955 en su annus mirabilis y era la reina absoluta de la Scala de Milán. Es el año de La Sonnambula con Bernstein, la Norma con Votto... También es el año del mucho menos exitoso Chénier, todo hay que decirlo. En plenitud de sus recursos, conmovedora, Callas da una de las interpretaciones más completas que puedan escucharse del personaje. El problema viene, sobre todo, por sus compañeros de reparto, que no están a la misma altura. Di Stefano está pasado de revoluciones, y eso se advierte especialmente en la escena de la fiesta de Flora. Sobre la dirección de Giulini, añadiré que... gracias a ella reparé en la importancia que puede tener un director en una representación operística, que su interpretación cuenta y que no se debe limitar a hacer ñigoñigoñí al fondo y a la derecha. Don Carlo Maria está a años luz por encima de Santini y demás agitadores de palos sin personalidad. El sonido depende de la edición que escojamos. No necesariamente el de EMI es el mejor. En todo caso, y aunque deficiente dada la época, es bastante aceptable. También se ha publicado (en la casa Myto) el resultado de las funciones de 1956 en las que se retomó la producción, esta vez con Gianni Raimondi como Alfredo.
La otra Traviata de Callas absolutamente imprescindible es de 1958 y la sorprende en el descenso de su fugaz carrera. La Traviata de Lisboa, de la que ha emergido no hace mucho una fuente con una nitidez de sonido bastante sorprendente, ha sido publicada por EMI y por otras casas. Maria Callas está acompañada aquí por Alfredo Kraus y Mario Sereni. Todo callasiano tiene el corazón dividido entre Lisboa y Milán; aquí Callas, a punto de decirle adiós a este personaje tan asociado con ella ( y con la voz rebelándose en más de una ocasión) está acompañada por un Alfredo que no se toma el papel como un inevitable peaje de todo tenor principiante (el señorito Germont no ha contado, tradicionalmente, con demasiadas simpatías en la cuerda) y que demostrará a lo largo de los años que puede convertirlo en algo más que el comparsa de Violetta, ese con la mentalidad de un crío de diez añitos, ese al que todo el público considera un impresentable (y que además no es fácil de cantar, por ti todo lo anterior fuera poco). Se puede preferir Sereni a Bastianini. El sonido también juega a favor de Lisboa, sobre todo tras el descubrimiento de las grabaciones de la radio portuguesa, limpias de todo el ruido de fondo que lastra las ediciones anteriores (la primera la de EMI). Ghione hace lo que puede con la orquesta y el coro del Sao Carlo, que no se lo ponen nada fácil y, en mi opinión, suenan a cacharrería (y ninguna remasterización en el mundo puede arreglar eso, por más que se progrese en este sentido); por eso, y por las mejores condiciones vocales de Callas, al final si tuviera que conservar sólo una de las dos sería la de Giulini. Con todo el dolor por renunciar a Kraus. Para acabar con Callas, hay también grabación de las funciones del Covent Garden.
Hasta ahora todas las Traviatas que se han citado conllevan los cortes tradicionales que se aplicaban en la época, esto es, las segundas estrofas de Ah, fors'è lui y Addio, del passato, la cabaletta de Alfredo O mio rimorso de la primera escena del Acto II, la cabaletta de Germont al final de esa misma escena, etc. Alguna grabación anterior ha recuperado la cabaletta de Alfredo (la de Tebaldi, Poggi y Protti en estudio, 1954, con dirección de Molinari-Pradelli), pero la de Pritchard con Joan Sutherland, Carlo Bergonzi y Robert Merrill, grabada en 1962 para Decca es una de las primeras en incorporar la partitura completa, sin un solo corte, aunque, eso sí, con todas las "tradiciones" incorporadas. El mi bemol de Violetta al final de Sempre libera, o el (horrible, horrible, horrible, aunque cantándolo Bergonzi o Kraus, por poner dos ejemplos, se puede escuchar) añadido del do de O mio rimorso ahí están. Sutherland entró en dos ocasiones en el estudio para grabar La Traviata. En la segunda estaría dirigida por su marido, Bonynge, y acompañada, como habitualmente, por Pavarotti y Milnes. Con Pritchard, la que seguramente es la mejor intérprete del Acto I se encuentra en mejores condiciones de voz, aunque para el Acto II y el III no sea especialmente conmovedora. Además tenemos un Alfredo que, como el otro gran intérprete al que nos referíamos, Kraus, se preocupa mínimamente por tan maltratado personaje. Merrill es un Germont clásico, que ya había cantado el papel con Toscanini, que lo había elegido a pesar de las reservas iniciales a la hora de contratar para la parte del padre a un joven barítono.
Recientemente reeditada por EMI en la colección Great Recordings of the Century (advertencia, con libreto en PDF y cuatro hojitas de nada acompañándola), la Traviata grabada en estudio en 1980 con Renata Scotto, Alfredo Kraus y Renato Bruson bajo la batuta de Riccardo Muti puede considerarse como la última gran referencia de esta ópera verdiana, y una de las mejores en estudio. Y eso a pesar de que es evidente que al reparto la grabación ya le pilla mayor. Scotto ya había grabado otra Traviata en estudio con Antonino Votto (que fue, mira por dónde, maestro de Muti) en los sesenta, y, aunque aquella la sorprende con una voz fresquísima y esta con serias dificultades en el Acto I, la profundidad psicológica que ha adquirido su visión del personaje hacen a esta tardía grabación preferible. Su interpretación, por ejemplo, de Amami Alfredo, o Addio, del passato, está a la altura de ilustres antecesoras. A su lado, un Alfredo Kraus que suena asombrosamente fresco, dada la cantidad de años y de Alfredos que han pasado desde su encuentro en 1958 (Tarde, demasiado tarde, según diría Ella) con la Violetta de Callas. Técnicamente, perfecto, aunque más tarde confesaría que no se sentía demasiado cómodo con Muti dirigiendo, por ser demasiado estricto con los cantantes. Aún haría otra grabación de estudio Don Alfredo, con Mehta y Kiri Te Kanawa, en el año 92, grabación que tengo en la pila de "no tocar ni en sueños" y en la que él es lo mejor del reparto, a pesar de que los doce años se notan, y mucho. Completa la terna protagonista Renato Bruson, ese Germont incombustible que todavía anda paseando el papel por los teatros. Muti no es el primero en ofrecernos una versión integral de la partitura sin cortes pero despojada de elementos "de tradición" (los ya citados mi de Violetta, que, sin embargo, si ha permitido en vivo, y el do de O mio rimorso), pues ya lo hiciera Prêtre en su grabación con Caballé y Bergonzi para RCA. Pero sí es (para mí, que acaso estoy un poquitín cegada por la parcialidad, todo hay que decirlo) el que mejor sale de la empresa, con gran diferencia.

3 comentarios:

Gaviot dijo...

Hola Nina. Gracias por la información y los comentarios con respecto a las grabaciones. Como no tengo esta discografía, busqué en Spotify, una especie de reproductor / radio con una base de datos increíble, y encontré algunas de las versiones que mencionás. Spotify me permite escucharlas sin necesidad de bajarlas a mi PC y con una calidad de sonido buenísima, así es que voy a disfrutarlas. Gracias nuevamente.

josep dijo...

Nina,
Magnífica la selección de "traviatas" que relacionas.
La version de Bonynge de 1980 con Sutherland i Pavarotti fue una de las "culpables" que me aficionara a la òpera y aunqué ahora hay grabaciones que me gustan más, guardo un especial cariño para la que me inició.
Un abrazo

Nina dijo...

Gaviot: conozco la existencia de Spotify (¡desde hace demasiado poco tiempo!) y la verdad es que deberían haberlo inventado antes. Es un modo estupendo de "catar" lo que te vas a comprar después (o no).

Josep,siempre se guarda un especial recuerdo de la primera versión que se escucha. En mi caso, fue la de Santini con Callas, aunque de todas maneras fue la de Giulini la primera que me conmovió de verdad. :D

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