viernes, 3 de abril de 2009

Norma antes de Bellini: el drama de Soumet

En abril de 1831 se estrenaba en París un drama en cinco actos, Norma ou l'infanticide, de Alexandre Soumet (que podéis encontrar por esos mundos de Internet gracias a Google Books), que sería meses más tarde la inspiración del libreto de Romani para la Norma belliniana. Su autor nació en Castelnaudy en 1788 y murió en París en 1845. Su padre habría preferido a un militar antes que a un poeta, pero tuvo que rendirse a la evidencia; admirador de Schiller, en 1810 publicó algunos poemas en honor a Napoleón que le valieron un empleo (curiosa forma de otorgar los puestos de trabajo). Su popularidad se dispara en 1814 con una elegía titulada La pauvre fille. Después de la Restauración, Soumet volvió a publicar poemas en honor a sus soberanos (aunque esta vez fueran de la casa de Borbón), y el éxito de las tragedias Clitemnestra y Saul (1822) acabarían por abrirle las puertas de la Academia Francesa. A estas dos obras siguieron más de temática histórica, como Cleopatra (1824) , Juana de Arco (1825) o Isabel de Francia (libremente adaptada por Soumet del Don Carlos de su admiradísimo Schiller), estrenada en 1828. Con la llegada de la Revolución de 1830 y el nuevo destronamiento (esta vez definitivo) de la dinastía borbónica, Soumet se adaptó nuevamente a las circunstancias y fue nombrado del rey Luis Felipe.
Frontispicio de la tragedia de Soumet que inspiraría a
Bellini y Romani: Norma ou l'Infanticide



Soumet escribió Norma para una mujer que había sido la protagonista de algunos de los dramas arriba citados (concretamente de Saul, Cleopatra y Juana de Arco): Marguerite-Josephine Weimer, más conocida en los escenarios como Mademoiselle George (o Georges, según las fuentes), una gran trágica (según los testimonios de los contemporáneos, y en estos testigos podemos incluir a Hugo o a Dumas padre), nacida en 1787. Desde los cinco años anduvo por los escenarios, hasta su debut en la Comédie Française en 1802. Los aficionados al cotilleo histórico conocerán su nombre por haber sido amante de Napoleón durante el Consulado (Me habría dejado matar por él, decía la George). La propia actriz contaría con detalle la relación en sus Memorias, publicadas muchos años más tarde. En aquel entonces, se desató una feroz rivalidad entre sus seguidores y los de otra diva de la época, Mademoiselle Duchesnois. Partidarios de una y de otra llegaban a las manos y se arrojaban cuanto tuvieran a su alcance (asientos incluídos) si las dos coincidían en una representación.



La primera Norma de Soumet, Mademoiselle George (o Georges)

Después de la caída del Imperio, Mademoiselle Georges fue "represaliada" por bonapartista durante algún tiempo. Finalmente pudo volver a París. Para cuando tuvo lugar el estreno de Norma, la actriz había reconquistado todo el terreno perdido. Según testimonios de la época, en la escena de locura del Acto V (después de haber retratado todos los aspectos de Norma a lo largo de los cuatro actos precedentes) "alcanzó lo sublime" y enloqueció al público, asegurando el éxito de la tragedia de Soumet. El argumento varia en bastantes aspectos del de la ópera belliniana, aunque las líneas generales se conservan. Norma, hija de Orovèse, jefe de los galos, ha quebrantado su voto de castidad al convertirse en amante del procónsul Pollion, con el que ha tenido dos hijos, Agénor y Clodomir. Pero Pollion no piensa en la fidelidad y se siente atraído hacia Adalgise, una joven gala que sirve en el templo. Al contrario que en Bellini/Romani, la Norma de Soumet transcurre ya en la era cristiana. Clotilde, la confidente de la sacerdotisa, tiene aquí un mayor peso y es precisamente el único personaje de esa religión. Con frecuencia alecciona a Norma y a los hijos de ésta al respecto, sobre todo al que tiene mayor peso en el drama, Agénor, cuyas premoniciones sobre la muerte (la visión de Pollione, el de Bellini, en el Acto I, se corresponde con un sueño del muchacho en el drama original) acaban cumpliéndose. Y es que al contrario que en Bellini, Norma, que pierde la razón tras el abandono de Pollione, consumará el asesinato de sus hijos. Después de esto, invitará irónicamente al procónsul a casarse con Adalgisa antes de arrojarse al vacío, en una escena final que parece calcada (como muchas otras cosas en esta tragedia) de Medea. La última palabra del drama queda para Oroveso, que anuncia a Pollione que es entonces cuando comienzan sus sufrimientos, mientras que los de Norma han acabado con el suicidio.

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