jueves, 22 de octubre de 2009

Attila: pequeña (y personal) discografía

Es por todos conocido que el Verdi joven, o la mayoría de él al menos, estuvo, durante la primera parte del siglo XX, bastante olvidado. Comparemos, por ejemplo, a qué fecha se remontan las primeras grabaciones completas de La Traviata o Rigoletto y pensemos cuándo aparecen las de Nabucco  o la ópera que nos ocupa, Attila. Después, las ha habido que se han colocado mejor en el repertorio que otras. Attila ha tenido suerte. Miremos en la base de datos de Verdi Disco (muy recomendable página para los que somos fans del de Busseto) y encontraremos treinta y nueve grabaciones de distintas procedencias dedicadas a la peripecia del rey de los hunos. Para una ópera que conoce su primera grabación de estudio en fecha tan tardía como 1972, no está nada mal. Así que vamos a repasar unas cuantas de las que yo (con toda mi inoperancia para términos técnicos a cuestas) recomendaría para un acercamiento a Attila.



Así me la aprendí yo, como decían en no recuerdo qué programa ya fenecido. Esta grabación en estudio  fue mi primer Attila, ópera que me atrapó desde el bellísimo preludio. Tantas veces la escuché que acabé cargándome el disco (al que recientemente acabé sustituyendo por una copia legítimamente adquirida). Desde luego se le pueden poner pegas a algunos miembros del reparto. Aunque no a su protagonista Samuel Ramey, que parece haber nacido para cantar Attila, hasta tal punto que a veces da la impresión de que haya sido compuesto para él.  El DVD de la Scala con más o menos la misma distribución nos demostró,que incluso tenía el physique du rôle. La Odabella de la entonces omnipresente Cheryl Studer es bastante más problemática. Como los lectores sabrán, su estatus de estrella en los ochenta y primeros noventa hizo que cantara prácticamente de todo, un repertorio inabarcable que acabó pasándole factura.  Zancanaro, ese cantante que al principio no me decía gran cosa (desde el punto de vista expresivo, se entiende), es un barítono al que he comenzado a apreciar recientemente, cada vez más. Me dieran muchos (oh tópico) como él ahora. Shicoff cumple bien con el ingrato papel de Foresto. Riccardo Muti debe amar esta partitura verdiana, que lleva en repertorio desde los setenta, que llevó al Maggio y a la Scala y que marcará también su tardío debut en el Metropolitan de Nueva York. Se nota, porque la dirige como nadie; pocas veces ha sonado tan bella la música de Attila, con una orquesta que sabe cantar. Eso sí, los amantes de  los agudos de regalo tendrán que convivir con una perspectiva diferente de la suya.

Patané/Ghiaurov, Cappuccilli, Orlandi Malaspina, Veriano Luchetti. Coro yOrquesta del Teatro de la Scala de Milán, 1975. Varios sellos.

Retrocediendo en el tiempo, y esta vez en una grabación en directo, nos encontramos con otra de las grabaciones de Attila que se han colocado siempre en la lista de recomendadas.  Se trata de una toma en directo procedente de la Scala, publicada por diversas "casas" como Myto o Bongiovanni. El sonido es razonablemente bueno, y el reparto lujoso, encabezado por Ghiaurov y Orlandi Malaspina. Además de que también están Cappuccilli y Veriano Luchetti.  Especial mención al omnipresente  Piero di Palma, ese eterno secundario.  De Ghiaurov tenemos, además de este, otros registros de Attila, como por ejemplo el de 1972 en Florencia (Muti) o los de 1980 en Chicago (Bartoletti) y Viena (Sinopoli), pero no llegó a grabarlo en estudio. Tal vez su adecuación al papel no sea tan impresionante como lo es la de Ramey, pero aun así, es un buen Attila. Acompañando a Ghiaurov, una buena Odabella como la Orlandi Malaspina; cierran el reparto Cappuccilli y Veriano Luchetti, ambos serían Ezio y Foresto en otras grabaciones (el primero en la de Viena con Sinopoli, el segundo figura, por ejemplo, en el DVD de la Arena de Verona con Chiara y Nesterenko). Patané está bien, pero hace alguna cosa rara, supongo que la culpa es de la edición utilizada en esta representación de la Scala. El sonido no está mal.


Gardelli/Raimondi, Deutekom, Milnes, Bergonzi. Ambrosian Singers. Royal Philharmonic Orchestra. Philips, 1972.

Al duo Philips-Gardelli los verdianos de pro debemos mucho, sobre todo en lo que respecta al Verdi juvenil. Para aquellos que no lo sepan, decir que la casa discográfica tuvo en su día la idea de grabar una integral verdiana, idea que no llegó a materializarse totalmente, pero que nos dejó registros de estudio de obras hasta entonces difíciles de encontrar en disco o simplemente con un sonido soportable. En el caso de Attila, también fueron pioneros, ya que esta es la primera toma en estudio (1972). Protagonista de ella es Ruggero Raimondi, aunque el Foresto de Carlo Bergonzi (EL Foresto por excelencia) es un robaplanos de primera. Raimondi no es santo de mi devoción y todos los juicios que pueda emitir al respecto están empañados por eso. Dramáticamente siempre se ha defendido bien, eso hay que reconocerlo. Le acompaña la Deutekom, una soprano todoterreno que lo mismo cantaba Amelias que Abigailles, Reinas de la Noche o Elviras (Puritani) y que quizá es menos conocida de lo que merecería. Más o menos como pasaba con Raimondi, no soy especialmente partidaria de Milnes, que aquí interpreta a Ezio. Bergonzi, como se ha dicho, es Foresto y eso no tiene vuelta de hoja. Ya he dicho lo de la gratitud eterna a Gardelli por su dedicación al Verdi temprano; pero, aparte de eso, su dirección resulta bastante anónima.


Muti/Raimondi, Stella, Guelfi, Cecchele. Coro y Orquesta de la RAI de Roma. Varios sellos. 1970.

Seguimos con nuestro viaje hacia atrás en el tiempo, esta vez para detenernos en una grabación de 1970 procedente de la radio italiana, editada por Opera d'Oro con un sonido bastante bueno. Volvemos a encontrarnos con el Attila de Ruggero Raimondi, para el que vale más o menos lo dicho más arriba. Su Odabella es algo más peculiar, pues nadie asociaría inmediatamente a la Stella a ese tremendo papel, y menos en las postrimerías de su carrera, como estaba en aquel entonces. Soluciona la papeleta con bastante soltura, pese a los años, aunque no faltará quien la note bastante desbordada en la escena del Prólogo. Esta sí es de mis Odabellas favoritas (es la ley que le tengo a la Stella). El señor Guelfi padre se cantaba entonces todos los Ezios habidos y por haber (¿por qué?), empezando por la primera grabación del 51 y terminando con esta. Cecchele canta a la  Del Monaco... salvando la inmensa distancia entre original y copia. Dirige Muti en su primer acercamiento a Attila.  Hay otra grabación de 1972 (con Ghiaurov, Gencer, Mittelman y Luchetti), pero el sonido es bastante peor. En esta de 1970 nos encontramos con un sonido bastante bueno; se trata de una grabación para la RAI, aunque con presencia de público, que se hace notar de vez en cuando.

Bartoletti/ Christoff, Roberti, Guelfi, Limarilli. Coro y Orquesta del Teatro Comunale de Florencia. Varios sellos. 1962.
La edición de Opera d'Oro (que es la que obra en mi poder) tiene un sonido bastante aceptable, y en algunas discografías no puestas al día que he consultado figura como la más antigua grabación de Attila (la de 1951 se daba por perdida). Christoff fue uno de los cantantes que contribuyeron a devolver en cierta medida a Attila al repertorio. A decir verdad, no me gusta mucho su concepción del personaje, que noto un tanto ogresca. Margherita Roberti canta la Odabella, añadiendo de vez en cuando alguna cosa de su cosecha. Guelfi, ese eterno Ezio, también andaba por ahí. El sonido es más que aceptable para la época. Bartoletti puede parecer un poco lento, pero aporta la tensión necesaria a las peripecias del rey de los hunos y compañía.

Además, tenéis más opciones. Por ejemplo, la pionera con Giulini, Italo Tajo, Caterina Mancini y Gino Penno... y  el omnipresente Guelfi. Una grabación de 1951 que surgió a raíz del cincuentenario verdiano. El problema es el sonido, al menos en la copia de que dispongo, que no deja apreciar demasiado bien el desempeño de los cantantes o de Carlo Maria Giulini (uno de mis directores irrenunciables, y el primero que, como comenté tiempo atrás, me hizo entender lo que contaba la batuta en una grabación operística). También está la dirigida por el malogrado Sinopoli en Viena, con Ghiaurov y Cappuccilli flanqueados por, ay, Mara Zampieri, editada por Orfeo. Ni Sinopoli me hace demasiada gracia en Verdi ni Mara Zampieri en general. Para mí merece la pena por Cappuccilli y Ghiaurov. Pero como siempre, lo importante es explorar por uno mismo.

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