jueves, 11 de noviembre de 2010

Comparaciones: Una voce poco fa

El personaje de la Rosina del Barbero de Sevilla, la futura - y triste, y desencantada- condesa de Almaviva ha sido desde sus inicios asumido por cantantes de varias cuerdas: contraltos, mezzosopranos -algo que no existía tal y como hoy lo entendemos en la época del estreno de la más conocida de las obras rossinianas - y sopranos, tanto ligeras como con una voz más lírica. En especial las sopranos ligeras añadían toda clase de variaciones a lo escrito por Rossini, de ahí que, según una conocida anécdota, una vez alabase a una cantante innominada por su interpretación de la cavatina Una voce poco fa, preguntándole de inmediato quién era el autor. Además de introducir sus cadencias, las cantantes solían sustituir el aria Contro un cor ch'accende amore, correspondiente a la escena de la lección de música, con cualquier otro fragmento que ayudase a su lucimiento personal. La sustitución comenzó de forma muy temprana, casi inmediatamente después del estreno. La costumbre se mantuvo hasta entrado el siglo XX: a principios del mismo Nellie Melba era capaz de cantar prácticamente de todo en lugar del aria compuesta originalmente por Rossini, de la escena de locura de Lucia di Lammermoor hasta el himno estadounidense. Cuando las mezzosopranos comenzaron a reconquistar a Rosina, también acabó desapareciendo esta costumbre que había nacido prácticamente al mismo tiempo que el Barbero. 
En Una voce poco fa, Rosina hace su entrada. Es cierto que no sólo hemos oído hablar de ella, sino que también la hemos escuchado respondiendo brevemente a la serenata del conde, el supuesto Lindoro al que la jovencita, a la que el doctor Bartolo tiene virtualmente prisionera (con la esperanza de  casarse un día con ella quiere conseguir a toda costa. Rosina vivirá encerrada, pero tiene la mente despierta y sabe perfectamente lo que quiere, como nos manifiesta en el aria...  Al final se saldrá con la suya, como eficaz colaboradora de Figaro y Almaviva en el plan que acabará convirtiéndola en la esposa del conde. 



ROSINA
Una voce poco fa
qui nel cor mi risuonò;
il mio cor ferito è già,
e Lindor fu che il piagò.
Sì, Lindoro mio sarà;
lo giurai, la vincerò.
Il tutor ricuserà,
io l’ingegno aguzzerò.
Alla fin s’accheterà
e contenta io resterò
Sì, Lindoro mio sarà;
lo giurai,
la vincerò.
Io sono docile,
son rispettosa,
sono obbediente,
dolce, amorosa;
mi lascio reggere,
mi fo guidar.
Ma se mi toccano
dov’è il mio debole,
sarò una vipera, sarò
e cento trappole
prima di cedere
farò giocar!

ROSINA
Hace poco una voz
en el corazón me resonó;
mi corazón herido está ya
y fue Lindoro quien lo lastimó.
Si, Lindoro mío será,
lo juré y me saldré con la mía.
El tutor se negará,
yo mi ingenio aguzaré.
Al final se calmará
y contenta quedaré.
Si, Lindoro mío será,
lo he jurado,
y me saldré con la mía.
Yo soy dócil
y respetuosa,
soy obediente,
dulce, amorosa,
me dejo gobernar,
me dejo guiar.
Pero si me tocan
en mi punto flaco
seré una víbora, lo seré,
y de cien trampas
me serviré
antes de ceder.


Ah, por supuesto he seleccionado cuatro mezzosopranos. No es que tenga nada contra las Rosinas sopraniles, pero prefiero una voz más grave en este papel.




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