lunes, 11 de febrero de 2008

Amneris y los vecinos


Cuenta una bonita leyenda, que no sé si será cierta (y tampoco me importa si no lo es) que cuando los soldados de Napoleón llegaron ante el templo de Karnak durante la expedición egipcia de 1798-1799, la majestuosidad del lugar los hizo detenerse y, espontáneamente, presentaron armas ante aquellos monumentos sobre cuyo significado no tenían ni repajolera idea, pero que les impresionaron como habían impresionado a tantos viajeros, y como seguirían impresionándolos mucho después de que ellos pasaran por allí. El problema es cuántos viajeros más "presentarán armas" ante la majestuosidad de Tebas, la de las Cien Puertas, la que Verdi imaginara como hogar de la desventurada Amneris, por otro nombre Giulietta Simionato. Si nos fiamos de las últimas noticias, pocos. Todo el mundo ha tenido algún vecino despistado o fastidioso que se ha dejado el grifo abierto o la lavadora puesta y que ha terminado inundando a los demás. En el caso de Luxor, el vecino fastidioso que no advierte el daño que ha hecho es la presa de Asuán, que en veinte años ha dañado más esos viejos cimientos que milenios de esplendores, decadencias, macedonios de Alejandro, romanos de César, monjes coptos que martilleaban las imágenes de los dioses, la construcción de una mezquita, viajeros medievales, soldados franceses, cazadores de tesoros, turistas victorianos, dos guerras mundiales... Hay un plan para salvar los milenarios monumentos (el pan de Egipto, a la larga) de la fastidiosa vecina de Amneris. Esperemos que lleguen a tiempo.

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