domingo, 29 de junio de 2008

A vueltas con Alagna

Que no. Que no estemos tan seguros de que Roberto Alagna va a volver a la Scala, como afirmaba el tenor muy ufanamente en El País. En el mismo diario un portavoz del teatro aclara: "Se ha hablado de proyectos posibles, focalizados en una Carmen y un Simón Bocanegra, pero de momento no hay nada concreto, ningún compromiso, sólo un pourparler". Total, que todo sigue como antes, sólo que un poco más distendido. De momento, pequeña fantasmada de Robertino, a lo que parece.
En cuanto al recital que ha cerrado, en el Teatro Real, el ciclo de Grandes Voces, la prensa se muestra dividida. Ojo a lo que dice El País:
No vino a cuento la insistencia en Aida, pero al menos se veían ganas de triunfar, quizá hasta desesperadas. El segundo momento conflictivo vino con Questa o quella, de Rigoletto, que el tenor cantó peor que cualquiera de sus arias anteriores, lo que suscitó alguna protesta y un grito de esos que cortan la respiración: "A aprender al conservatorio". El tercer momento fue el Exultate, de Otello, donde tenor, orquesta y coro bordearon el naufragio.
(...)
lo que el concierto dejaba era una sensación de monotonía, de falta de expresividad, de lunares técnicos, de emoción congelada. Tratándose de Verdi, mala cosa. La orquesta y el coro no estuvieron excesivamente inspirados a las órdenes de David Giménez. Todo sonó un poco ramplón, charanguero, con una elección de los tiempos más que discutible.

Y ojo a lo que publica ABC:

Agradezcamos su interesante programa «tutto Verdi», extraído de sus óperas «Macbeth», «La forza del destino», «I Lombardi» y «Aida», incluidas en la primera parte de la velada, y con «La traviata», «Rigoletto», «Luisa Miller» y «Otello» en la segunda. Generoso en las «propinas» concedidas, con orquesta y al final solo, estimo necesario consignar que si no hubo función de ópera, sí se respiró su genuino ambiente con la volcada y notoria influencia del entusiasmo espectacular de los «pros» y la escasa intolerancia de los «noes», que tendrían una justificación ante una correctísima afinación, quebrada únicamente en un comienzo inestable en «La mia letizia infondere», el aria de «I Lombardi».
(...)
Preparó muy bien las contadas intervenciones corales el vienés Peter Burian, y un muy sincero aplauso para la batuta de Giménez Carreras, penetrante en las partituras que dejan admirar sobre sus contornos una sustancia importante, aplauso mantenido para la siempre acertada labor de los profesores de la gran Sinfónica madrileña, que dejó admirar nuevamente su extraordinaria clase cuando siempre actúa fuera del foso.


Por lo que han comentado bastantes asistentes al concierto y por lo que puede escucharse en el blog de Mocho parece que el recital estuvo más cerca de la decepción que otra cosa. Lástima. Y a mí que la voz de este señor cada día me gusta más. Pero a veces no sé si el personaje de Alagna me enternece o si tengo ganas de darle un coscorrón, a ver si espabila un poco. Con lo bien que lo hace cuando quiere... Ay...
Lo que tampoco comprendo es lo de los críticos, que parecen haber asistido a dos conciertos distintos, tanto en lo que se refiere a la actuación del consorte de la Gheorghiu como a la prestación de coros y orquesta. Pero bueno, con eso también contaba...

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