viernes, 1 de agosto de 2008

Agosto, el mes de Madama Butterfly

En el recorrido por las obras puccinianas, este mes estará dedicado a una de las más conocidas y queridas por el público (aunque personalmente debo decir que últimamente ha ido cayendo bastante en mis preferencias): Madama Butterfly. Queridas, ahora, porque en su estreno (que tuvo lugar el 17 de febrero de 1904 en la Scala de Milán) fue vapuleada por público y crítica, interrumpiendo la línea de éxitos que Puccini venía acumulando desde el estreno de Manon Lescaut. En origen en dos actos, fue sometida a una revisión que la dividió en tres; más tarde (y también coincidiendo con el estreno de Butterfly en otros teatros) introdujo otras modificaciones que ya iremos viendo durante este mes. Hay retoques de la partitura en 1905, 1906, 1907 y 1920, si bien la principal diferencia entre la versión del estreno y la que hoy conocemos es la división del Acto II, que resultaba demasiado largo en origen. La representación de esa segunda versión de Madama Butterfly tuvo lugar en Brescia el 28 de mayo de ese mismo año. Como suele suceder en estos casos, la revisión provocó el éxito, y Cio-Cio-San, la infortunada protagonista, enamorada y víctima de uno de los personajes masculinos más odiosos de todo el repertorio operístico (vamos, confesadlo: todo el mundo odia a B.F. Pinkerton) no se ha marchado desde entonces de los escenarios de todo el mundo. El libreto de Illica y Giacosa está basado en una obra teatral de David Belasco y esta, a su vez, en la novela de Pierre Loti Madame Crisantemo (1887). Algunos estudiosos piensan que los hechos narrados en Madama Butterfly tienen una base real y que aludirían a acontecimientos que tuvieron lugar en Nagasaki en 1890. Otros se han preocupado de buscar un contenido racista o colonialista, o incluso se la acusó de antiamericanismo (pero eso sería como acusar de francofobia a Verdi porque Alfredo Germont es un perfecto impresentable, ¿o no?).

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