jueves, 12 de noviembre de 2009

La Vestale: el argumento (II)

Ya hemos conocido al héroe en la primera escena del ACTO I. Ahora vayamos, en la segunda escena del mismo, a conocer a Julia, nuestra heroína. Nos trasladamos al recinto del Templo, en el que las sacerdotisas cantan el himno de la mañana en honor a la diosa. En él se reflejan los castigos a los que se arriesga toda vestal que rompa sus votos. Naturalmente, hay una voz que no se une a la invocación de la ira divina: la de Julia, que tiembla ante el nombre de la divinidad a la que sirve.  La Gran Vestal recuerda a las sacerdotisas que hoy deberán asistir al triunfo y que una de ellas ceñirá la frente del vencedor con una corona de laurel. Naturalmente, la destinada a esa tarea no es otra que Julia. Cuando las demás se retiran, la Gran Vestal indica a Julia que se quede unos momentos. Escuchémoslo, esta vez en la versión francesa:

VESTALES
Fille du ciel, éternelle Vesta,
Répands ici tes clartés immortelles;
Conserve aux mains de tes vierges fidèles
Le feu divin que ton souffle alluma.


LA GRANDE VESTALE
Conserve aux mains de tes vierges fidèles
Le feu divin que ton soufflé alluma.
De ce lieu saint où l’univers t’adore
La vierge empie est bannie à jamais;
La flamme éteinte accuse ses forfaits;
La terre aussitôt la dévore.


JULIA
Je sens couler mes larmes
Et je frémis au seul nom de Vesta.


LA GRANDE VESTALE
Prêtresses, dans ce jour, Rome victorieuse
Va d’un Jeune héros couronner la valeur;
C’est a vous qu’appartient l’honneur
De ceindre du bande usa tête glorieuse.
Vous verrez à vos pieds, sous ces arcs triomphaux,
Tout le peuple Romaní, et le sénat lui-même;
Vous verrez des consuls la majesté supreme
S’incliner devant vos faisceaux.
Allez au temple, et par des sacrificas
A nos guerriers vainqueurs rendez les dieux propices.


Julia, demeurez


 VESTALES
Hija del cielo, eterna Vesta,
Irradia aquí tu luz inmortal;
Conserva en manos de tus fieles vírgenes
El fuego divino que tu aliento enciende.


LA GRAN VESTAL
Conserva en manos de tus fieles vírgenes
El fuego divino que tu aliento enciende.
De este lugar, donde el Universo te adora,
Sean expulsadas para siempre las vírgenes impías,
Que la llama extinguida denuncie sus crímenes
Y que la tierra después las devore.


JULIA
Siento correr mis lágrimas
Y tiemblo ante el nombre de Vesta.


LA GRANDE VESTALE
Sacerdotisas, en este día, Roma victoriosa
Va a coronar el valor de un joven héroe.
A vosotras corresponde el honor
De ceñir con la diadema su cabeza gloriosa.
Veréis a vuestros pies, bajo estos arcos triunfales,
A todo el pueblo romano, y al senado mismo,
Veréis la majestad suprema de los cónsules,
Inclinados ante vuestras fasces.
Id al templo, y que por los sacrificios
Sean los dioses propicios a nuestros guerreros vencedores.


Julia, quedaos.


Tiene lugar entonces la conversación entre la Gran Vestal y su sacerdotisa. En la versión francesa, se adopta un tono más formal, ya que la trata de vos. En la traducción del libreto al italiano, la suma sacerdotisa trata de tú a Julia (Giulia, en este caso), lo que le da un carácter más "maternal", a pesar de en ambos casos la preocupación de la Gran Vestal por esa muchacha que cumple con sus deberes cual alma en pena es evidente. La sabe enamorada y la advierte, una vez más (la última) de todo el peligro que corre. Julia le recuerda que no está allí por voluntad propia, sino que su condición de vestal es forzada. Su interlocutora le pinta todos los horrores del amor (un monstruo, un enemigo de Vesta) y le deniega el permiso para faltar a la ceremonia. Ella es la encargada de velar para que el sagrado fuego de la diosa siga ardiendo, a ella corresponde coronar al vencedor. Es su deber y no puede escapar de él. Escuchemos, en esta ocasión (vamos saltando de una a otra) a Gencer y Franca Matiucci, en 1969, en italiano:

GRAN VESTALE
È questa l’ultima volta
Che de’tuoi perigli l’immagen ti presento,
Che ravvivo il tuo coraggio,
E del Dover la voce udir ti fo.
Ti nuoce la catena che cingi,
E fino a piè dell’Ara
Quegli sguardi piangenti
Provano il grave duol che provi.
Ne’sensi tuoi smarriti un’altra furia
Di sacrilega brama
Il veleno versò, che a’lumi tuoi
Cela l’abisso in cui piombar tu vuoi.


GIULIA
Che si vuole da me?
Le vostre leggi, vittima sventurata,
Dalla forza obbligata,
Obbedisco, piangendo il mio destino.


GRAN VESTALE
Forse d’invidia Maggiore ve n’ha sopra la Terra?
Roma del sacro suo Palladio a noi confida
Il prezioso arredo: omaggio, onori
Di Nostra vita fan lieta la sorte.


GIULIA
(E un istante di error ci danna a morte!)


GRAN VESTALE
La vera pace immerse,
E nel sen del soggiorno il più felice,
I tributi del mondo riceviamo,
E i perigli d’amor sprezzar possiamo


(Giulia sospira)


È l’Amore un mostro, un barbaro,
È nemico a Vesta Amor.
Gli diè vita un dì Tisifone
Dell’Averno fra l’orror.
Per lui sol di colpe e lacrime
L’empia terra s’inondò;
Sugli abissi il trono orribile,
Sulle tombe egli pianito.
Il tuo cor si perde, o figlia,
E per te tremar dovrò.


GIULIA
In nome degli Dei
(spaventata)
E di Vesta che adoro,
Quella grazia che imploro a me concedi;
Sofri che en queste mura,
Celata a ognun, senza di me disposta
La cerimonia del triunfo sia.


GRAN VESTALE
Invan sottrarti vuoi
Alle cure devote
Che la legge t’impone. Tu sei quella
Che vigila fra l’ombre della notte
L’eterna fiamma; l’immortal corona
Oggi ricever debe a’piedi tuoi il vincitor;
Invan sottrarti vuoi.
GRAN VESTAL
Es la última vez
que te presento la imagen del peligro que corres,
que revivo tu valor,
y que te hago oir la voz del deber.
Te pesa la cadena que ciñes,
e incluso al pie del altar,
tus ojos llenos de lágrimas
prueban el dolor que soportas.
En tus sentidos ha brotado una furia
de un deseo sacrílego,
un veneno que ante ti vela
el abismo en el que quisieras caer.


GIULIA
¿Qué se espera de mí?
Como víctima desventurada,
obligada por la fuerza, vuestras leyes
obedezco, llorando mi destino.


GRAN VESTAL
¿Acaso hay alguien más digno de envidia sobre la Tierra?
¿Roma no nos confía el cuidado de su Paladio?
Los homenajes, los honores,
hacen feliz nuestra suerte.


GIULIA
(¡Y un error nos condena a muerte!)


GRAN VESTAL
Envueltas en la verdadera paz,
en el seno del más dichoso palacio,
recibimos el tributo del mundo
y los peligros del amor despreciamos


(Giulia suspira)
El Amor es un monstruo, un bárbaro,
es el enemigo de Vesta.
Le dio vida un día Tisífone
entre el horror del Averno.
Por él sólo de pecados y de lágrimas
la tierra impía se inundó.
Sobre los abismos, su horrible trono,
entre tumbas erigió.
Tu corazón se pierde, oh hija mía,
y tendré que temblar por ti.


GIULIA
En nombre de los Dioses
(aterrada)
y de Vesta, a la que adoro,
concededme la gracia que os suplico;
permitid que sin mí sea dispuesta
la ceremonia del triunfo, y que
permanezca entre estos muros, oculta a todos.


GRAN VESTALE
En vano quieres evitar cumplir
con los deberes sagrados
que la ley te impone. Tú eres aquella
que vigila entre las sombras nocturnas
la eterna llama, la inmortal corona
hoy debe recibir, a tus pies, el vencedor.
En vano quieres evitarlo.


Julia se queda sola. Está divivida entre la alegría de ver a Licinius (y a sus pies, nada menos) aunque sea sólo un momento y delante de todo el mundo, y el terror que siente ante la posible ira de los dioses. Vesta debería darse, en su opinión, satisfecha con el sufrimiento que le causa. Después, vuelve a pensar en Licinius, para acabar implorando la piedad divina ante sus  sacrílegos pensamientos. Es interrumpida por sus compañeras, que la esperan para efectuar el rito antes anunciado por la Gran Vestal. Aparte del coro de las vestales, oímos en un plano lejano la marcha triunfal que precede a Licinius. Spontini era muy dado a estos efectos, siendo especialmente puntilloso en su realización (en otras óperas hasta situaría una banda interna debajo del escenario, para dar la sensación de que la música venía de debajo de la tierra), aparte de exigir unas orquestas mastodónticas siempre que tenía la ocasión (a Wagner, en Dresde, lo traía loco en este aspecto).  Sus detractores siempre refunfuñaban que "toda la melodía está en la orquesta, ese es el método de Spontini... que parece considerar las voces como meros instrumentos orquestales". Escuchemos a Maria Callas en este aria del Acto I que, desgraciadamente, no grabó en estudio, al contrario que hizo con las demás. Ya puestos a pedir, es una pena que no grabara la ópera entera y sólo nos quede este directo con la toma de sonido tan infame.

GIULIA
Oh di funesta possa
Invincibil comando!
Speme non v’è, da Numi
Mi veggo abbandonata.
Ribelle all’amor mio, volli, ma invano,
Al mio fato sottrarmi
Non solo, ma privarmi
Di mia sorte Maggiore,
Licinio vincitore
Remirando al mio piè; di compier seco
Dell’impero il dovere…Oh Diva!
Questo sforzo dell’alma mia
Bastante al tuo rigore esser dovria.
Ti vedrò fra momenti, o mio bene!
La soave tua voce udirò!
Ravvivar la primiera mia speme,
Al tuo sguardo, nel petto saprò,
D’una misera vita.
Condannata da’Numi,
Quell’istante potrò almen consecrare al caro amante.
Ove mai l’error fatale
Ti trasporta, empia Vestale?
Ahi1 qual nome a te sfuggi!
Grazia, clementi dei…

VESTALI
Ministra viene;
(sui gradini del tempio)
L’assenza tua sospende il sagrifizio.
A questa volta il cocchio del trionfante Duce
Segue il Correggio, il qual qui si conduce.

CORO
Pace richiama alfine
Or de’romani il vindice,
De Galli il domador.

GIULIA
Oh! Affano!... ahí! Che terrore!
Oh! Di funesta possa
Invincibil commando!
Gelare il cor mi sento.
Di me che fia in sì fatal momento?

GIULIA
¡Oh, de un poder funesto
orden invencible!
No hay esperanzas, los dioses
Me han abandonado.
Rebelándome a mi amor, quise, en vano,
No solo escapar a mi destino,
Sino privarme
De mi mayor dicha,
¡Ver a Licinio, vencedor, a mis pies,
Cumpliendo el deber
Del Imperio!... ¡Oh, Diosa!
El sufrimiento de mi alma,
Debería ser bastante para tu rigor.
¡Te veré dentro de un momento, oh bien mío!
¡Oiré tu dulce voz!
Podré reavivar en mi pecho la esperanza,
De mi desdichada vida
En cuanto encuentre tu mirada.
Condenada por los Dioses,
Podré consagrar al menos ese momento a mi amante.
¿Adónde, Vestal impía,
Te lleva tu fatal error?
¡Ah, olvida ese nombre!
Dioses misericordiosos, tened piedad.

VESTALES
Ministra, ven,
(en las escalinatas del templo)
Tu ausencia retrasa el sacrificio.
En este momento el carro del triunfal General
Sigue al cortejo, que se dirige hacia aquí.

CORO
La paz reclama al fin
El vengador de los romanos,
El vencedor de los galos.

GIULIA
¡Oh, dolor! ¡Oh, qué terror!
¡Oh, de un poder funesto
Orden invencible!
Siento que mi corazón se hiela.
¿Qué será de mí en este momento fatal?


Y, resignada a su suerte, Julia entra en el templo, dispuesta a llevar a cabo el sacrificio y a coronar al vencedor con sus manos. Queda, para terminar el Acto I, una escena triunfal con ballet incluído (La Vestale tiene dos), que propiciaba a Spontini y De Jouy la oportunidad para desarrollar las grandes escenas de masas a las que eran tan aficionados. Por ejemplo, posteriormente estos dos metieron diecisiete caballos en escena en Fernand Cortez (aparte de un templo azteca que se derrumbaba ante los ojos de los espectadores). Pero lo de la escena triunfal lo dejamos para otra entrada.

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