Dos cosas saltan a la vista en la discografía de esta ópera de Spontini. Primero, que a pesar del relativo exotismo del título, contamos con doce grabaciones de distinta procedencia, según CLOR. Segundo, que ninguna de ellas acaba de convencer, por cuestiones técnicas, por los cortes practicados a mansalva en prácticamente todas, o por lo discreto del reparto en la única edición integral. La traducción italiana predomina, aunque también disponemos de grabaciones de la original francesa e incluso una muy reciente (del año 2002) en inglés, procedente de la ENO.
Previtali/ Maria Vitale, Renato Gavarini, Elena Nicolai, Alfredo Fineschi. Coro y Orquesta de la RAI de Roma, 1953. Fonit Cetra y otros sellos.
La grabación más antigua que tenemos a mano (¿podemos esperar el milagro de que algún día aparezca algo de Ponselle?) es la dirigida por Fernando Previtali y protagonizada por Maria Vitale como Giulia. Se trata de un registro del año 1953, y el sonido es bastante bueno. Obedece a la costumbre de la radio italiana de grabar óperas con su orquesta, algunas de ellas títulos relativamente inusuales por aquel entonces. Alumna de Giannina Arangi-Lombardi, la Vitale era una habitual en este terreno, y la discografía que de ella nos ha quedado se fundamenta en las tomas radiofónicas. Para la RAI había grabado I Lombardi alla Prima Crociata, Aroldo, I due Foscari u Oberto, conte di San Bonifacio (el joven Verdi era entonces también una rareza), o Elisabetta regina d'Inghilterra, de Rossini. Huelga decir que la ópera se ofrece en su habitual traducción italiana y que los cortes son generosos.
La grabación más antigua que tenemos a mano (¿podemos esperar el milagro de que algún día aparezca algo de Ponselle?) es la dirigida por Fernando Previtali y protagonizada por Maria Vitale como Giulia. Se trata de un registro del año 1953, y el sonido es bastante bueno. Obedece a la costumbre de la radio italiana de grabar óperas con su orquesta, algunas de ellas títulos relativamente inusuales por aquel entonces. Alumna de Giannina Arangi-Lombardi, la Vitale era una habitual en este terreno, y la discografía que de ella nos ha quedado se fundamenta en las tomas radiofónicas. Para la RAI había grabado I Lombardi alla Prima Crociata, Aroldo, I due Foscari u Oberto, conte di San Bonifacio (el joven Verdi era entonces también una rareza), o Elisabetta regina d'Inghilterra, de Rossini. Huelga decir que la ópera se ofrece en su habitual traducción italiana y que los cortes son generosos.
Votto/Callas, Corelli, Stignani, Sordello, Rossi-Lemeni. Coro y Orquesta del Teatro alla Scala de Milán, 1954. G.O.P. y otros sellos.
Supongo que esta grabación es la culpable de mi obsesión por este título. Callas resucitó a lo largo de su carrera algunas heroínas neoclásicas que habían caído en el olvido. Especialmente fue así en el caso de la Medea de Cherubini, un papel que quedó asociado para siempre a la Divina, hasta el punto de que hay quien dice que es más suyo que del compositor florentino. Giulia, la protagonista de La Vestale, fue otra de ellas. Primer fruto de la colaboración entre Callas y Visconti (que había sido una imposición suya), La Vestale abrió la temporada 1954-1955 de la Scala de Milán. De esas funciones nos ha quedado una grabación con una toma de sonido que linda en lo infame. Ha sido editada por diversos sellos y objeto de remasterizaciones que no han ayudado a mejorar este aspecto. Así que el que quiera escucharlo se ve obligado a adivinar entre los sonidos de fondo una Callas electrizante acompañada por Franco Corelli , pletórico y recién llegado al escenario milanés. Qué curioso que una de las últimas apariciones de Callas sobre ese escenario del que fue reina fuese con otra historia de romanos (Poliuto, de Donizetti) y acompañada por el mismo tenor. Como había hecho con Norma (la soprano se refería a la ópera de Spontini como una Norma neoclásica con final feliz), Callas despoja de verismos y similares a la joven Giulia. Tampoco hay que olvidarse de la Gran Vestal de Ebe Stignani. Votto resucita parte del ballet del Acto I, aunque algún corte (como el que ya explicaba en otra entrada de Caro oggetto) resulta difícil de justificar. Una grabación histórica que hay que conocer, (aunque una vez más repito: los oídos sensibles tal vez deban empezar con alguna de las grabaciones posteriores) y que debe complementarse con la audición de las arias que Callas grabó en estudio con Tullio Serafin.
Supongo que esta grabación es la culpable de mi obsesión por este título. Callas resucitó a lo largo de su carrera algunas heroínas neoclásicas que habían caído en el olvido. Especialmente fue así en el caso de la Medea de Cherubini, un papel que quedó asociado para siempre a la Divina, hasta el punto de que hay quien dice que es más suyo que del compositor florentino. Giulia, la protagonista de La Vestale, fue otra de ellas. Primer fruto de la colaboración entre Callas y Visconti (que había sido una imposición suya), La Vestale abrió la temporada 1954-1955 de la Scala de Milán. De esas funciones nos ha quedado una grabación con una toma de sonido que linda en lo infame. Ha sido editada por diversos sellos y objeto de remasterizaciones que no han ayudado a mejorar este aspecto. Así que el que quiera escucharlo se ve obligado a adivinar entre los sonidos de fondo una Callas electrizante acompañada por Franco Corelli , pletórico y recién llegado al escenario milanés. Qué curioso que una de las últimas apariciones de Callas sobre ese escenario del que fue reina fuese con otra historia de romanos (Poliuto, de Donizetti) y acompañada por el mismo tenor. Como había hecho con Norma (la soprano se refería a la ópera de Spontini como una Norma neoclásica con final feliz), Callas despoja de verismos y similares a la joven Giulia. Tampoco hay que olvidarse de la Gran Vestal de Ebe Stignani. Votto resucita parte del ballet del Acto I, aunque algún corte (como el que ya explicaba en otra entrada de Caro oggetto) resulta difícil de justificar. Una grabación histórica que hay que conocer, (aunque una vez más repito: los oídos sensibles tal vez deban empezar con alguna de las grabaciones posteriores) y que debe complementarse con la audición de las arias que Callas grabó en estudio con Tullio Serafin.
Previtali/Gencer, Merolla, Mattiucci, Bruson. Coro y Orquesta del Teatro Massimo de Palermo, 1969. Living Stage y otros sellos.
Quince años después de la representación de la Scala, otra gran cantante que se ocupó del repertorio olvidado hace suyo el papel de Giulia. Leyla Gencer es la protagonista de este registro que tiene un sonido notablemente mejor que el de la grabación de 1954, aunque tampoco sea una maravilla. Gencer asume el papel con dramatismo y convicción, obedeciendo al mismo sentido "clásico" establecido por la Divina (con alguna pequeña licencia, como también se tomara aquella) ; nada a destacar en el Licinio de Merolla. A señalar la presencia de Renato Bruson como Cinna. Previtali conserva los cortes que ya aplicara en la grabación con Maria Vitale. Regulares la orquesta y el coro, que se muestra extrañamente ineficaz en la marcha fúnebre (uno de los momentos más impactantes, que queda bastante diluído).
Kuhn/Plowright, Araiza, Pasino, Lefebvre. Coro y Orquesta de la Radio de Baviera, 1991. Orfeo.
Única grabación de estudio disponible de La Vestale, ha despertado las iras de algún spontiniano de pro, ya que, a pesar de su tardía fecha (en una época que suele abrir todos los cortes), deja fuera buena parte de la partitura, como los dichosos ballets, pero no sólo eso (se recorta ligeramente la intervención del bajo en el Acto II, especialmente en un pasaje que ya el destinado a su estreno había calificado de incantable). La ópera se presenta en su versión original francesa. La soprano inglesa Rosalind Plowright se defiende como Julia, mientras que a Araiza lo encuentro ligeramente decepcionante como Licinius. No es que esté mal, pero podría haber resultado mejor. La dirección de Kuhn me resulta algo monótona, no sólo comparada con la posterior grabación de Muti, sino también con sus antecesores.
Única grabación de estudio disponible de La Vestale, ha despertado las iras de algún spontiniano de pro, ya que, a pesar de su tardía fecha (en una época que suele abrir todos los cortes), deja fuera buena parte de la partitura, como los dichosos ballets, pero no sólo eso (se recorta ligeramente la intervención del bajo en el Acto II, especialmente en un pasaje que ya el destinado a su estreno había calificado de incantable). La ópera se presenta en su versión original francesa. La soprano inglesa Rosalind Plowright se defiende como Julia, mientras que a Araiza lo encuentro ligeramente decepcionante como Licinius. No es que esté mal, pero podría haber resultado mejor. La dirección de Kuhn me resulta algo monótona, no sólo comparada con la posterior grabación de Muti, sino también con sus antecesores.
Muti/ Huffstodt, Michaels-Moore, Graves, Raftery. Coro y Orquesta del Teatro de la Scala de Milán, 1993. Sony.
Un registro criticado por unos y elogiado por otros, y que provoca en mí opiniones encontradas. Eso sí; todo aquel que esté interesando en conocer esta ópera realmente, debe recurrir a esta grabación, hasta el momento la única que abre los cortes y nos presenta la partitura entera. A los demás les cabe la ópera en dos discos; esta edición tiene tres. La Vestale parece otra, dotada de todo su sabor neoclásico y de su gran continuidad. Al fin se comprende lo que quería decir Berlioz comparando el Acto II con un imparable crescendo. El principal problema de la grabación (descatalogada durante años, ahora ha reaparecido en la colección Sony Opera House) es el discreto reparto, lo que no es poco decir. La protagonista Karen Huffstodt capta el drama de Julia (nos encontramos ante la versión francesa, por si hacía falta aclararlo) y asume el papel con dramatismo, pero le queda muy grande. Michaels-Moore (al parecer la tesitura original del general romano se parece más a la de un barítono que a la de un tenor...) cumple con Licinius de manera eficiente y poco más. Dirige con brío Riccardo Muti, eterno defensor del repertorio neoclásico. El coro y la orquesta se muestran fantásticos (aunque tal vez demuestren más fuego en la grabación de la RAI efectuada en la noche de San Ambrosio, que circula por ahí). La toma es en directo, y aunque el sonido es bueno a veces da la impresión de ser un poco lejano (curiosamente algo que es habitual en las grabaciones procedentes de esa época y ese teatro).
Un registro criticado por unos y elogiado por otros, y que provoca en mí opiniones encontradas. Eso sí; todo aquel que esté interesando en conocer esta ópera realmente, debe recurrir a esta grabación, hasta el momento la única que abre los cortes y nos presenta la partitura entera. A los demás les cabe la ópera en dos discos; esta edición tiene tres. La Vestale parece otra, dotada de todo su sabor neoclásico y de su gran continuidad. Al fin se comprende lo que quería decir Berlioz comparando el Acto II con un imparable crescendo. El principal problema de la grabación (descatalogada durante años, ahora ha reaparecido en la colección Sony Opera House) es el discreto reparto, lo que no es poco decir. La protagonista Karen Huffstodt capta el drama de Julia (nos encontramos ante la versión francesa, por si hacía falta aclararlo) y asume el papel con dramatismo, pero le queda muy grande. Michaels-Moore (al parecer la tesitura original del general romano se parece más a la de un barítono que a la de un tenor...) cumple con Licinius de manera eficiente y poco más. Dirige con brío Riccardo Muti, eterno defensor del repertorio neoclásico. El coro y la orquesta se muestran fantásticos (aunque tal vez demuestren más fuego en la grabación de la RAI efectuada en la noche de San Ambrosio, que circula por ahí). La toma es en directo, y aunque el sonido es bueno a veces da la impresión de ser un poco lejano (curiosamente algo que es habitual en las grabaciones procedentes de esa época y ese teatro).






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