domingo, 6 de diciembre de 2009

El herrero y el Diablo


En 1887, Tchaikovsky estrenaba una de sus óperas más infrecuentes,  Cherevichki, traducida como Las zapatillas de la Zarina, Las zapatillas, Los zapatitos, Los caprichos de Oksana, etc. Era en realidad el intento de sacar del río del olvido una obra anterior que había fracasado en su estreno: Vakula el herrero. El libreto de Yakov Polonsky se basaba en el cuento Nochebuena, de Gogol, que (por otra parte) podéis leer aquí. También Rimsky-Korsakov compondría una ópera sobre este mismo texto, aunque en esta ocasión el libreto lo escribió él mismo.
La historia, que se desarrolla en la Rusia del siglo XVIII,  es una comedia (prácticamente la única incursión de Tchaikovsky en el género) con tintes fantásticos. Nos cuenta cómo el Diablo, harto de que el herrero Vakula le pinte en las situaciones más ignominiosas, decide vengarse del joven impidiéndole llegar a su cita con Oksana (u Oxana), la muchacha más bella de Dikanka, que además es una criatura bastante pagada de sí misma:
¿Es que no existen en todo el mundo unos ojos como los míos? ¿Qué belleza tiene esta nariz respingona? ¿Y las mejillas? ¿Y los labios? ¿Son acaso bonitas mis trenzas? ¡Oh!, al anochecer asustan de tan negras como son. Parecen largas serpientes que se enroscan alrededor de mi cabeza. Ahora me doy cuenta de que no soy del todo guapa.
Y apartando un poco el espejo exclamó: ¡No, ya lo creo que soy hermosa! ¡Y cuánto! ¡Soy una maravilla! ¡Cuán feliz haré al hombre que se case conmigo! ¡Cómo me admirará mi marido! ... ¡Su felicidad le hará olvidarse de todo! ¡Me besará hasta matarme!
Al mismo tiempo, la madre de Vakula anda en compañías poco recomendables, pues es ella con quien el Diablo ha sellado un acuerdo para robar la Luna. Oksana pone a Vakula una condición para casarse con él: que le traiga los zapatos que usa la mismísima Zarina. Sólo entonces consentirá en ser su esposa (la idea se le ocurre a nuestra protagonista cuando ve cómo una de sus amigas luce unos bonitos zapatos bordados en oro, regalo de su novio). Oksana zahiere al joven con su exigencia, hasta que éste, desesperado, anuncia su deseo de suicidarse y se marcha del pueblo. El Diablo interviene antes de que  Vakula intente quitarse la vida arrojándose al río, pidiéndole al herrero su alma a cambio de Oksana. Pero el herrero salta sobre la espalda de su interlocutor, obligándole (hará el signo de la cruz en su cola si se niega)  a llevarlo a San Petersburgo, donde se arroja ante la soberana y directamente le pide los zapatos en cuestión. A la Zarina (Catalina la Grande) le hace gracia el asunto y le da directamente los zapatos a Vakula. En el pueblo todos  creen muerto a nuestro héroe,  porque no ha vuelto a casa y todo apunta a que se ha suicidado (hay quien da detalles; unos dicen que se ahogó, otros que se colgó de una rama). A Oksana, preocupada en todo caso, le extraña que el rumor sea cierto, ya que Vakula es un buen cristiano y no se quitaría la vida. Al fin se atreve a admitir que está enamorada de él, y que los dichosos zapatos de la Zarina le traen sin cuidado. El día de Nochebuena el herrero aparece y todo termina felizmente: Oksana acepta ser su esposa incluso antes de que Vakula le enseñe su fantástico trofeo.

La obertura de Cherevichki

Tchaikovsky adoraba Vakula el Herrero (Me parece que me volveré loco si no tiene éxito, llegó a escribir), y había querido darle una oportunidad con esta revisión. Lo que pretendía era rescatarla del olvido en el que había acabado; el objetivo no se cumplió en ese aspecto, evidentemente. Cherevichki no es especialmente frecuente en los teatros, y la cantidad de grabaciones es bastante reducida (está la histórica de 1948 y otra bastante más reciente publicada por Dynamic, y poco más). Por eso siempre resulta bienvenida la iniciativa por parte de un gran teatro de rescatar el título. Me refiero a las recientes funciones que se han representado en el londinense Covent Garden, una de las cuales ha podido escucharse por la radio este fin de semana. Aquí la tenéis, por si queréis descubrirla.  Merece una escucha:

 Tchaikovsky:

Cherevichki
Solokha  ...... Larissa Diadkova
The Devil ...... Maxim Mikhailov
Chub  ...... Vladimir Matorin
Panas ...... John Upperton
Oxana ...... Olga Guryakova
Vakula ...... Vsevolod Grivnov
Pan Golova  ...... Alexander Vassiliev
The Schoolmaster ...... Vyacheslav Voynarovskiy
Wood Goblin ...... Changhan Lim
Echo ...... Andrew Macnair
His Highness ...... Sergei Leiferkus
Master of Ceremonies ...... Jeremy White

Royal Opera Chorus
Orchestra of the Royal Opera House

1 comentario:

Anónimo dijo...

Magnífica obra, la vi por cable pero me gustaría volver a verla. Podrías porfavor volver a subirla??
Eres mi única esperanza. Gracias.

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