martes, 7 de septiembre de 2010

Rigoletto desde Mantua

 Durante el pasado fin de semana y a lo largo de dos días hemos tenido la oportunidad de asistir, a través de la televisión, a algo que se nos publicitaba como un gran acontecimiento cinematográfico y cultural, el Rigoletto transmitido en directo a más de ciento cuarenta países y que tenía por escenario la Mantua en la que, por imperativo de la censura, Verdi situó la acción. Por si esta operación no tuviera ya bastantes peculiaridades, se añadía el que Plácido Domingo, como hiciera ya con Simón Boccanegra, asumía el papel titular, escrito para barítono por el genio de Busseto. La idea partía del productor Andrea Aderman, que ya estuvo detrás de otros proyectos como la Tosca rodada en Roma  -que igualmente no me convenció cuando la ví, pero que es desde luego la mejor de las tres- y la Traviata parisina protagonizada por José Cura y Eteri Gvzava, además de Rolando Panerai (!). Sobre esta última filmación parisina excuso dar opiniones.  Así pues, no era ninguna novedad el planteamiento. Hace unos días escribí que me enfrentaba a este Rigoletto con bastante escepticismo, impresión que, una vez vistos los tres actos repartidos a lo largo de dos días, se ha visto no sólo confirmada, sino sobrepasada. Así pues no hablaré de decepción, porque no tenía grandes esperanzas. Pero el resultado final, tanto musical como cinematográficamente, ha sido más mediocre de lo que había pensado.
Algunos problemas técnicos experimentó la retransmisión a través de la 2 de TVE: el Acto I - sábado 4- con los subtítulos cortados en su parte inferior, el Acto II - domingo 5 por la mañana- con problemas de sonido que hicieron que nos perdiésemos el recitativo Ella mi fù rapita y también la falta de subtítulos en los primeros minutos y alguna llamativa descoordinación en el Acto III. De nuevo se trató del subtitulado: mientras que Mehta eligió con buen criterio dejar la frase original del Duque cuando entra en la posada - Tua sorella e del vino-, leíamos en nuestras pantallas la tradicional versión "censurada". No fue la única televisión que no había adaptado sus libretos a la edición crítica.Como se puede ver en el vídeo de más abajo, los subtítulos franceses también se empeñaban, a estas alturas, en convencernos de que pedir una habitación en una posada es una especie de perversión, con la botella de vino como agravante. No habría estado mal, tampoco, introducir la retransmisión debidamente -algo sobre Verdi, una sinopsis del argumento,  en fin....- en vez de hacer un pequeño publireportaje sobre lo lujoso que era el proyecto.
Marco Bellochio es el director responsable de la filmación, mientras que Vittorio Storaro se ocupaba de la fotografía. La verdad es que siempre que veo una película de ópera me siento incómoda ante el choque de ambos lenguajes, que nunca acabarán de encajar. Pero incluso para la media, este Rigoletto los reunía con insólita torpeza. Llama la atención lo desaprovechadas que resultaron al final las localizaciones en los palacios mantuanos, gracias a la obsesión por los primeros  planos y a un planteamiento visual que recordaba a las telenovelas de los noventa -porque hasta eso ha evolucionado. El movimiento de la cámara también fue escaso o inexistente, con una fijeza ya superada en lejana época - muy lejana: basta ver alguna de las obras maestras del cine mudo en su última fase.
Dirección de actores ineficaz  que no ayudó en nada a que los cantantes se metieran en el personaje y que en algún momento resultó involuntariamente cómica. Sí, me refiero a las carreritas y al tira-y-afloja de Gilda, Giovanna y el supuesto Gualtier Maldè durante su dúo en el Cuadro Segundo del primer acto (Addio, addio, speranza ed anima). Se puede invocar la dificultad logística del proyecto, pero la Tosca antes mencionada era más eficaz dentro de sus limitaciones... Y de eso hace casi veinte años. La cosa es todavía más sangrante cuando se sabe el generoso presupuesto con la que esta producción contaba.
vídeo de keyakix
Siempre que hay alguna operación de este tipo, se dice que acerca a nuevos públicos a la ópera y que favorece su difusión. Es cierto, aunque personalmente recuerdo mis propias experiencias con esta obra verdiana, que no comenzaron con buen pie. La primera grabación que escuché era una vieja edición en directo - y por tanto dotada de todas las exageraciones que la tradición impone, amén de un público delirante- no particularmente ortodoxa que hizo que me mantuviera alejada del título durante mucho tiempo. Vino Kubelik y desfizo el entuerto. Al menos poniéndome en el lugar de un neófito, preferiría que las cosas se hicieran bien. Lamentándolo mucho, no es el caso de este Rigoletto. Puede que Domingo tuviera el capricho, pero no hacía falta que cantase el papel del jorobado ante el que muchos barítonos se lo piensan dos veces. Simon Boccanegra llegaba a convencer a fuerza de entrega, de carisma. Pero eso no sirvió con el bufón de la corte de Mantua. No aporta nada a su larga carrera y en ningún momento me pareció  vocalmente convincente. No podía serlo, ya que Verdi escribió esto para un barítono... La dirección de Marco Bellochio tampoco ayudó demasiado a caracterizar dramáticamente el personaje y que Domingo emplease sus dotes de actor. La debacle fue dolorosamente clara en el dúo de la Vendetta. Supongo que de todas maneras no se encontraba en buena forma, de ahí el percance -el estornudo- durante el mencionado dúo.
Y si la estrella fallaba, sus compañeros de viaje no estuvieron más afortunados. Es verdad que Vittorio Grigolo y Julia Novikova encajaban físicamente a la perfección con sus personajes. No había nada extraño en que el tenor pudiese pasar por "estudiante y pobre". El problema es que las buenas intenciones de Grigolo, que al menos comprende que el Duque de Mantua no es un espadón con exceso de testosterona, no llegaban a materializarse ante todas sus carencias técnicas y ante el esfuerzo que le suponía cantar el papel. Quizá la mejor fue Novikova, aunque compuso una Gilda sin demasiada personalidad, para mi gusto muy plana y abstraída que no parecía saber muy bien de qué iba todo lo que le estaba pasando. Raimondi,  estuvo bien como actor, como Sparafucile, asesino a sueldo e improbable hermano de Nino Surguladze, que tuvo algunas frases un poquito vulgares (el valeva di più por ejemplo) y que le dio un enfoque bastante inquietante a Maddalena. Me queda Mehta, claro, que como veterano de estas lides, sacó adelante la retransmisión, lo que ya tiene su mérito, aunque los tempi fueran demasiado lentos para mi gusto y la escena de la tormenta no me impresionase demasiado. Pero repito, el formato en el que se nos presentó no es precisamente cómodo...
Hablando de la difusión, los datos de audiencia para Rigoletto en la 2 no son precisamente esperanzadores, llegando en su mejor momento -curiosamente y a pesar de lo intempestivo de la hora el Acto III fue el que congregó a más espectadores, 219.000- a un 1,9% de cuota de pantalla.

4 comentarios:

meteoloco dijo...

Nina, las emisiones de La 2 de RTVE con el audio del II Acto reparado pueden bajarse desde aqui:

http://www.vagos.fm/showpost.php?p=610134

Astur dijo...

TVE ha estropeado la transmisión, no sólo con los cortes de los subtítulos en el primer acto y los problemas de sonido y textos en el segundo, sino con el formato de imagen incorrecto en el tercer acto, y el corte correspondiente en la transmisión para pasar de 4:3 a 16:9.
La realización tampoco fue buena, con muchos problemas de colorimetría (defectuosos ajustes de blanco) a lo largo de la transmisión.
Y respecto a la interpretación, me pregunto cómo Domingo se puede prestar a estas aberraciones operísticas.

meteoloco dijo...

El tema del paso de 16:9 a 4:3 y viceversa está arreglado en esos videos, pero lo de los subtítulos y color no hay forma de enmendarlo.

Nina dijo...

Pues lo de la presencia de Domingo parece ser, según indicaba en las entrevistas previas al evento, era porque Anderman no quería hacer la película de Rigoletto sin él. O con Plácido o no la hacía. Al final, fracaso musical, cinematográfico y de audiencia.
Y para el año que viene hay rumores de una Cenerentola, aunque no sé con quién.

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