martes, 26 de octubre de 2010

Las raras: Virginia, de Saverio Mercadante

A Saverio Mercadante le faltó poco para que el estreno de Virginia fuera póstumo, y los años venideros tampoco  reservarían  para ella un lugar en el repertorio operístico. Conocería el mismo destino que el resto de la producción del compositor de Altamura. No obstante, el retraso en el estreno no se debió precisamente al olvido, ya que Mercadante fue uno de los compositores con más éxito de la época y su primera función causó auténtica expectación. La culpa de tan tardía fecha fue de la censura napolitana que no veía con buenos ojos la historia de la ópera: un abuso de poder que causó una revolución. El estreno, que había sido planeado para 1850, fue vetado por Fernando II de Nápoles. La prohibición desató fuertes críticas y no pocas burlas en toda Europa, de modo que los censores hicieron una oferta a Mercadante. Si hacía los cambios oportunos en el libreto - obra de Cammarano-, situándolo en Egipto por ejemplo, la ópera se estrenaría. Compositor y libretista se negaron al apaño;  un poco como el padre de su heroína, preferían la muerte de su criatura a la deshonra. Virginia fue retirada de cartel y sustituida por otra obra de Mercadante, Medea. El estreno de Virginia tuvo que esperar hasta que el Reino de las Dos Sicilias cayera a su vez. La ópera subiría a escena en 1866, cuatro años antes de la muerte de su compositor, siendo la última de su amplio catálogo en estrenarse (no en componerse, ya que ese lugar le correspondería a Pelagio). Fue su último gran éxito. Para entonces, Mercadante se había quedado ciego y dictaba aquello que componía a sus alumnos. Un mes antes de morir seguía trabajando de esa forma.
La muerte de Virginia, según el pintor ruso Nicolai Ge (1831-1894)
El libreto de Virginia se basaba en la obra del mismo título de Vittorio Alfieri (1749-1803), una de sus numerosas tragedias, que para más alarma de las autoridades napolitanas se englobaba en una trilogía denominada "de la libertad". La fuente de dicha obra estaba en la Historia de la Antigua Roma -aunque tal vez deberíamos hablar de leyenda- y había sido recogida por Tito Livio. Alfieri no había sido el primero en inspirarse en este hecho que habría desatado la rebelión de los plebeyos, y que hacía buena pareja con la historia de Lucrecia que había supuesto el fin de la monarquía. Tampoco sería el último. En España , sin ir más lejos, tenemos dos ejemplos,uno anterior y otro posterior a Alfieri: la Virginia de Agustín de Montiano y Luyando, y la de Manuel Tamayo y Baus. Virginia, hija del centurión Virginio, ha sido prometida en matrimonio al tribuno Lucio Icilio, pero tuvo la desgracia de que uno de los Decenviros, Appio Claudio, se encaprichara de ella. Después de intentar en vano corromperla a base de dinero y de regalos, ideó un plan para poseerla. Para ello buscó la ayuda de uno de sus clientes, Marco Claudio. Éste reclamó a la muchacha como esclava suya, robada de su casa y llevada de niña a la de Virginio. El primer intento de apoderarse de Virginia por la fuerza fracasó porque la acompañante de la joven dio la voz de alarma y fue el pueblo quien la apartó de Marco Claudio. Virginia, cuyo padre estaba ausente, fue citada a juicio. Casualmente, el destinado para decidir sobre si la joven pertenecía o no a Marco Claudio era el propio Appio. Las protestas de su prometido Icilio fueron desoídas. También las de Virginio, cuando éste regresó. El caso se decidió a favor de Marco Claudio, estableciéndose que Virginia era hija de esclavos y propiedad suya. El centurión apuñaló a Virginia a la vista de todos, exclamando "Este es el único modo, hija mía, en que puedo darte la libertad". Después, y sobre la sangre derramada de  su hija invocó la venganza divina contra Apio Claudio. Éste ordenó el arresto de Virginio, pero el centurión ya se había abierto paso entre la pasmada concurrencia y, en compañía de Icilio, exhibió el cadáver de Virginia ante el pueblo, provocando las iras de los romanos y la rebelión contra Apio. Cómo acabó este último es algo no del todo aclarado: Livio nos dice que se suicidó en la cárcel. Otras fuentes nos dicen que no acabó voluntariamente con su vida, sino que se le forzó al suicidio.
Las Storie di Virginia de Sandro Botticelli. La obra se lee de izquierda a derecha.
Volviendo a la ópera... Virginia era un verdadero festival de agilidades, cabalettas y concertantes. Desgraciadamente para la obra, los quince años de retraso en su estreno obraban en su contra. Los gustos del público habían cambiado de forma irremediable, y la figura gigante de Verdi dominaba todo el panorama operístico. Cuando el telón se alzó por vez primera sobre Virginia, ya se había estrenado no ya la Trilogía Popular, sino también Les vêpres siciliennes, Un Ballo in Maschera o Simon Boccanegra. Pasado el éxito inicial, pocos se acordaron de Virginia. Representada a lo largo de la década siguiente de su estreno en varios teatros de  Italia, vuelve al San Carlo a comienzos del siglo XX. Después, en los setenta, es exhumada en Belfast, con Janet Price en el papel titular, función de la que existen grabaciones piratas que pululan por Internet. Caballé preparó el papel, que debía cantar en el Carnegie Hall en 1978. Desgraciadamente cayó enferma, Virginia fue cancelada y nunca llegó a reponerse en cartel. El pasado año Opera Rara añadía Virginia a su conjunto de grabaciones de Mercadante, proporcionando - bien, proporcionándonos-  así un registro de estudio a los interesados por el compositor de Altamura. Ya antes habían grabado algunos extractos, por ejemplo el terceto Paventa, insano -el final del Acto I-, que daba nombre a un disco dedicado a Pacini y Mercadante. Como Virginia, Licinio y Appio escuchamos a Majella Cullaj, Alan Opie y Bruce Ford:
vídeo de Meyerbeer1
La edición en disco también parece ser el destino de las representaciones que han tenido lugar este año en el irlandés Festival de Wexford, siempre dado a recuperar títulos poco frecuentados, y que ya antes se ha dedicado a Mercadante, poniendo en escena - y luego, a través de las grabaciones, en el mercado discográfico-  La Vestale o Elena da Feltre, con repartos generalmente formados por jóvenes cantantes. a la espera de la edición discográfica, hace unos días pudimos escuchar en directo y a través de la radio la primera representación de esta Virginia.  En este caso los cantantes tenían que apechugar con una partitura nada cómoda. Dado que los mitos del canto del siglo XX no llegaron a tiempo de participar en el interés actual por rescatar este repertorio, hay que apañárselas con lo que hoy tenemos, así que lo de apechugar está, creo yo, bien empleado. Del reparto que pudo escucharse a través de las ondas era Angela Meade la que sacó adelante su parte con mayor fortuna. A Virginio en cambio le tocó bailar con la más fea, es decir, con el barítono Hugh Russel, que no estuvo particularmente brillante... ¡por decirlo con muchos remilgos! Los dos tenores cumplieron con lo suyo, más nervioso al principio Ivan Magri en el papel del villano, tembloroso en su primera escena  - una faena gastada por Mercadante a los tenores-, aunque fueron entonándose hasta cierto punto a lo largo de la función. La dirección de Izcaray fue bastante animada, aunque en algún momento pasada de revoluciones. En espera de que llegue una edición oficial, os dejo esta grabación radiofónica.




Saverio Mercadante
VIRGINIA

Virginia Angela Meade
Virginio Hugh Russell
Appio Ivan Magri
Icilio Bruno Ribeiro
Marco Gianluca Buratto
Orchestra del Wexford Opera House
direttore Carlos Izcaray
Aquí

2 comentarios:

Joaquim dijo...

Lástima del reparto Nina, cuando escuchaba esta retransmisión, se me pasaron las ganas.
Ya es hora que alguien se decida a programar en los grandes teatros, las óperas de Mercadante.
Durante un cierto tiempo Il Giuramento frecuentaba los teatros de centro Europa, con Domingo, pero luego y a parte de los intentos quiméricos de la imprescindible Opera Rara,Nulla, Silenzio!

Nina dijo...

El barítono era el peor. Mercadante es un autor que merece ser rescatado, en vez de tantas Bohèmes y Traviatas. Que por otra parte me encantan, pero que no tienen por qué estar presentes todos los años.
Eso sí,como con el resto del repertorio hay que conformarse con las carencias actuales.

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