lunes, 2 de enero de 2012

El otro Concierto de Año Nuevo

En el año 2004 y desde el veneciano teatro de La Fenice se intentó contrarrestar la tradición vienesa con un Concierto de Año Nuevo autóctono. En vez de los valses y polkas de Strauss, una primera parte sinfónica - que curiosamente nunca se abre paso en la retransmisión televisiva - y otra dedicada a arias y fragmentos operísticos. Se habló entonces de un asunto de identidad nacional y se desterró a los vieneses - dirigidos aquel año por un italiano, sí, por Riccardo Muti - al diferido. Desde entonces el concierto veneciano viene transmitiéndose año tras año, en mi opinión con más pena que gloria. Como alternativa tal vez habría funcionado mejor de no ser por el evidente espíritu de emulación que asoma despiadado no sólo en cada coreografía - pero, aunque parezca difícil de creer, en versión aún más edulcorada - sino en la realización televisiva y hasta en los arreglos florales. Y, si bien podemos quejarnos de que todos o casi todos los años los vieneses quieran que escuchemos la Annen Polka, más monotonía respiran las selecciones del concierto veneciano, que aparecen fuera de su contexto. ¿Qué pintan Va, pensiero, o E lucevan le stelle en un entorno festivo? ¿Por qué la omnipresencia del brindis de La Traviata, cuya alegría es discutible ya que nuestra protagonista - que comienza a morir cuando suena el preludio - ha decidido aniquilarse yendo de fiesta en fiesta? Y aún más, ¿por qué se incluyen en el programa piezas que luego son recortadas de manera inmisericorde? Bien, será mi apego al concierto de Viena, que me hace contemplar la existencia del de La Fenice como una herejía.
Este año no sólo la RAI se ha ocupado del concierto veneciano, sino también la cadena franco-alemana Arte, si bien desde España no podemos volver a ver el programa, que, por lo que parece y al menos en la televisión italiana, ni siquiera se ha transmitido íntegro (?). Pero siempre hay almas caritativas y en Youtube puede verse gran parte. Diego Matheuz era el director de este año, sucediendo a otros como Harding, Gardiner, Maazel o Prêtre. ¿Momento favorito? Bien, si lo he recuperado ha sido por Jessica Pratt, porque los demás solistas me interesaban muy poco. Al final, sin embargo, me quedo con el vals del centenario Nino Rota, una muestra de un repertorio que - coreografías miméticas aparte - sí podría haber resultado una alternativa medianamente seria a Viena, en vez de hacer una gala-recital como las que se hacen en todos los teatros del mundo:
video de BISNAH
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