jueves, 4 de octubre de 2012

Las raras: Hunyadi László de Erkel, o la ópera nacional húngara

El 27 de enero de 1844 se estrenaba en Pest la segunda de las óperas de Férenc Erkel - había debutado como compositor operístico con Bathory Maria, que supuso un gran éxito, cuatro años antes - , compositor húngaro que permanece tan ligado al sentimiento nacional húngaro como Verdi lo está al italiano. De hecho se pueden hacer bastantes paralelos entre lo que supuso Hunyadi László y lo que supondrían las óperas patrióticas del joven Verdi. Durante la Revolución de 1848, fragmentos de la ópera serían interpretados junto con La Marsellesa. El coro final del Acto I, que contiene las palabras el traidor ha muerto, se asociaba a la caída del odiado Metternich. Erkel también sería el compositor del himno húngaro adoptado en 1844, el mismo año del estreno de Hunyadi Lászlo. Las óperas de Erkel son populares en su patria, pero no tanto fuera de ella; quizá la más conocida es Bánk Bán, cuya aria Hazám, hazám, es una suerte de himno oficioso para los húngaros. Aprovechando la retransmisión en directo de una representación de Hunyadi László el pasado sábado desde Budapest, me he decidido a hablar de esta ópera, que es otra de mis rarezas favoritas y que resulta una curiosa mezcla de la grand-opéra con las tradiciones húngaras... y porqué no, casi como un Verdi surgido a orillas del Danubio.
Retrato de Ferenc Erkel, por Alajos Gyorgi Giergl.
La  primera ópera de Erkel, Bátory Mária, había sido representada por primera vez en junio de 1840, en el mismo teatro en el que cuatro años más tarde se estrenaría la que ahora nos ocupa. En octubre de ese mismo año, y a rebufo del éxito conocido, se anunciaba en los periódicos que Béni Egressy estaba preparando el libreto para otra nueva ópera nacional húngara titulada Hunyadi Lászlo con música que sería compuesta por el señor Erkel. Pero pasarían cuatro largos años hasta el estreno, a pesar de que los manuscritos dan a entender que la partitura, incluyendo la orquestación, estaba terminada a finales de 1842. Incluso algunos fragmentos fueron publicados en reducción para piano en 1843. ¿El problema? El libreto de Egressy tomaba como punto de partida un drama que había ganado un concurso literario en 1839, pero que aún no había sido representado en escena. Su autor, Lorinc Thót, era un joven abogado y escritor que vería estorbado el estreno de su obra – originalmente llamada Hunyadi Laszlo y luego rebautizada como Los dos Laszlos- por culpa de la censura. La obra teatral no se pondría en escena hasta finales de 1842, y es muy posible que el propio Thót se opusiera al estreno de la ópera de Erkel antes de su drama.
La figura histórica en la que Thót y Erkel fijaron su atención cayó bajo el hacha del verdugo el 16 de marzo de 1457, a los veinticuatro años de edad. Ladislao Hunyadi era hijo del regente Juan Hunyadi, voivoda de Transilvania, y de la "mujer heroica" Isabel Szilágyi. También era el hermano mayor de otra figura fundamental en la historia húngara: Matías Corvino. Nacido en 1533, Ladislao se había convertido en una poderosa figura después de la muerte de su padre el regente. El joven se vio inmerso en la lucha entre facciones partidarias de los Hunyadi y de Ulrico de Celje, consejero del rey Ladislao V "el Póstumo". Celje fue asesinado en circunstancias poco claras por los hombres de Hunyadi, después de una discusión entre él y Ladislao. Aunque el rey juró no tomar represalias por la muerte de su consejero, apenas regresó a Buda mandó llamar a Ladislao y su hermano Matías, encarcelándolos. El rey decidió la ejecución de Ladislao tras deliberar con sus consejeros. A la muerte del joven le siguió la guerra civil; el rey Ladislao no vivió mucho más y Matías fue nombrado su sucesor.
Hunyadi Lászlo tuvo que enfrentarse a diversas dificultades antes de que el telón se alzara por primera vez. Además, el teatro atravesaba un momento delicado. La cantante para la que Erkel había pensado el personaje de Erzsebet, la madre de Lászlo, que lleva sobre sus hombros un gran peso vocal y trágico, no estaba en Hungría para aquellas fechas. Se trataba de Rosalia Schödel, a la que Berlioz llamaba una véritable tragedienne. La Schödel había abandonado la escena de la Ópera Nacional de Pest después de una tumultuosa función en diciembre de 1840 y había salido de Hungría, una vez supo que el teatro no renovaría su contrato. En su ausencia, se adueñó del papel Henriette Carl, una soprano alemana que animó a Erkel a seguir trabajando en la partitura. Si finalmente el papel fue a parar a manos de su destinataria inicial, fue porque la pobre Henriette, sistemáticamente boicoteada por crítica y parte del público, decidió olvidarse del asunto y de Hungría. Tras hacerse mucho de rogar, la Schödel acabaría regresando y firmando el contrato en septiembre de 1843. Un nuevo problemilla se presentó a la hora de conseguir dos primeros tenores para la ópera en mitad de la temporada, ya que el teatro sólo disponía de uno para el rey de Hungría, y faltaba otro para el héroe Laszlo. Consiguieron a Adolf Pecz, que estaba en Pressburgo, (es decir, Bratislava) y que en el estreno se las apañó como mejor supo con el idioma húngaro. El éxito fue inmediato. Algún crítico gruñó que poner en escena a los héroes húngaros para que rompieran a cantar era poco menos que un sacrilegio, pero la acogida fue en general entusiasta. Las peticiones de bises y las llamadas a escena del compositor fueron numerosas en las primeras funciones. El fracaso de la revolución húngara no provocó que Hunyadi Lászlo fuera censurada. Extrañamente, los partidarios de los Habsburgo siguieron apreciándola y manteniéndola en cartel.  Sometida a diversas revisiones, tanto la del estreno como la tradición establecen tres actos, mientras que el libreto de la edición crítica habla de cuatro.


- El argumento.

 
La obertura de Hunyiadi László

La muerte de Cillei. En Nándorfehérvar (el Castillo de Nandor). Los partidarios de Lászlo Hunyadi se encuentran reunidos, esperando la visita del rey Lászlo V, bastante desconfiados, al contrario que su líder. Ni se fían del monarca ni del tío de este, el gobernador Cillei. Las sospechas del grupo de partidarios se confirman cuando se intercepta a un mensajero de Cillei; entre sus papeles se encuentra una carta en la que el gobernador promete al príncipe serbio Brancovicks la cabeza de los dos Hunyadi, Lászlo y su hermano menor, Mátya. Los gritos de los partidarios de la familia reclamando la venganza contra el traidor son interrumpidos por la trompeta que anuncia la llegada del rey y de Cillei. El soberano y su tocayo Hunyadi se encuentran en el patio del castillo; Cilley acusa a Lászlo y a su familia de traición. En respuesta, el dueño de la fortaleza le entrega las llaves al monarca, que se las devuelve diciendo que no pueden estar en mejores manos. Pero cuando la guardia del castillo se niega a admitir en sus muros a los mercenarios alemanes que acompañan al rey, argumentando que los húngaros le defenderán mejor, Lászlo V se enfurece. Cillei aprovecha para encizañar un poco y manifestar una vez más su voluntad de acabar con la familia Hunyadi. El rey se resiste por breves momentos, pero Cillei le dice que si no vierte la sangre de los Hunyadi – a lo que Laszlo V se resiste-, ellos derramarán la suya. Con carta blanca de su señor, Cillei –que ambiciona el trono para sí- escribe a toda prisa una carta y se la entrega a un oficial. Es otro mensaje para el príncipe serbio. Descubrimos poco después que los varones de la familia Hunyadi serán invitados a un banquete esa misma noche, banquete que presidirá el rey. En medio de la fiesta, serán asesinados.
 
Aria de Lászlo, Acto I
Mientras tanto nuestro héroe, a solas, sueña con su prometida, Mária. De sus pensamientos le arranca bruscamente Rozgonyi, el oficial al que Cillei ha entregado la carta que podría acabar con la vida de los Hunyadi. Pero da la casualidad de que Rozgonyi es fiel a éstos y revela la conjura a Lászlo. Éste reune a sus partidarios; cuando Cillei llega muy zalamero para transmitir la fatídica invitación, Lászlo lo llama traidor y le arroja la carta a la cara. Por supuesto Cillei lo niega todo, pero, ante la evidencia que lo condena, insulta a Lászlo – llamándolo perro valaco – y lo ataca de improviso con su espada. El desarmado Lászlo logra parar el golpe con el brazo. Los partidarios de Hunyadi se abalanzan sobre Cillei y lo hieren mortalmente. Con su último suspiro, maldice a todos los húngaros. El rey llega entonces y, aterrorizado, finge otorgar el perdón. Un coro triunfal que alaba al soberano se alza, para celebrar la muerte del traidor.

Final del Acto I

 El juramento del Rey. Ternesvár. De nuevo nos encontramos en espera de una visita del rey, aunque en esta ocasión es la madre de László y de su hermano pequeño Matya quien espera, rodeada de sus damas de honor. La mujer tiene el presentimiento de que el perdón del rey es falso y que el soberano busca la muerte de sus hijos. Incluso ha tenido una visión en la que László se arrodilla para ofrecer su cuello al hacha del verdugo. Las damas intentan tranquilizarla. Con ella se encuentra Maria, la hermosa prometida de Lászlo. Cuando el rey llega, la madre de los Hunyadi cae a sus pies, rogando por la vida de sus hijos. El rey le asegura que, en memoria del esposo de Erzebet, Janos Hunyadi, no buscará sus muertes. Pero repentinamente la presencia de Maria atrae sus miradas. El padre de la muchacha se da cuenta de que su señor se siente atraído por la prometida de László y se propone utilizarla para obtener mayor poder en la Corte. El rey hace llamar a los Hunyadi y la familia se reúne, dichosa. Erzsebet se queda sola, pero tanta generosidad por parte del rey hace que tenga malos presentimientos. Laszlo y Maria cantan extasiados su amor, mientras, en la capilla, el rey jura solemnemente que no derramará la sangre de los Hunyadi y que perdona la muerte de Cillei.

Cabaletta de Mária Gara


 La intriga. Buda, en el palacio Real. László y su futuro suegro, Gara, hablan sobre la próxima boda del mayor de los Hunyadi y Maria. Lászlo quiere desposar a su amada cuando antes; siente que el aire de la capital está envenenado contra él, y después de la boda se despedirá del rey y, con Maria, se irá al castillo de Temes, donde puede respirar más libremente. Confía en Gara para que se lo comunique al soberano y luego va a reunirse con su prometida. A Gara no le hace demasiada gracia la noticia. ¿Por qué va a permitir que su hija se case con un Hunyadi, si puede hacer que se convierta en la amante del rey? Mientras tanto éste, obsesionado con Maria, no para de pensar en ella y de autocompadecerse, ya que la joven se le antoja inaccesible. Irrumpe Gara, que le anuncia que esa misma noche Mária será suya. El rey le pregunta de muy mal talante si bromea, ¿no iba a casarse con Hunyadi? Gara le dice entonces que su yerno le acaba de confiar un plan para asesinarlo, haciendo que lo estrangulen en el festín nupcial. Sin plantearse un momento si hay alguna evidencia de lo que Gara dice y recordando el destino de Cillei, el monarca ordena el arresto de László, felicitándose porque Maria será suya. Ajenos a todo el tejemaneje, László y Mária celebran su banquete nupcial rodeados de sus invitados. La fiesta es interrumpida cuando Gara aparece acompañado de hombres armados. Ante el estupor general, arresta a Lászlo y lo arrebata de los brazos de Mária.

Danza (Palotás)

El patíbulo. En las mazmorras, Lászlo se siente en paz consigo mismo, pues no es culpable de la traición que se le imputa. No obstante, no cree que vayan a ejecutarlo sin un juicio, y cree que si puede ver al rey todo se aclarará. Piensa en Mária, a la que imagina llorando, rota por el dolor. Pero la joven tiene bastante más iniciativa de lo que su amado imagina. Bruscamente la puerta de la celda se abre: es ella; ha conseguido sobornar a los guardianes y no encontrarán dificultades para escapar, si lo hacen inmediatamente. Pero Lászlo se niega a escapar, sólo huyen los culpables, y él es inocente. Desesperada, Mária se arroja en sus brazos y le cuenta que el patíbulo ya ha sido levantado para él: no habrá juicio y será entregado al hacha de inmediato. Gara interrumpe la conversación; al sorprender a su hija en brazos de Lászlo, la amenaza con maldecirla para siempre si persiste en su amor deshonroso, lo que no deja de resultar pintoresco viniendo de un hombre que pretende arrojarla al lecho real. Lászlo, aunque está desarmado, hace ademán de defenderla del insulto. Mária se arrodilla ante su padre, suplicándole que salve a su querido Lászlo. Éste aún cree que el rey será capaz de averiguar la verdad y que su inocencia quedará demostrada. Lászlo y Mária se despiden, jurando que se amarán más allá de la tumba. Gara ordena que se lleven a la muchacha. Luego es el turno de Lászlo, que debe ser conducido al lugar de ejecución.
 
 Escena final y preghiera de Erzsebet

Erzsebet intenta abrirse paso entre los guardias para llegar ante el rey, gritando que su hijo va a morir inocente. La tormenta estalla con toda su furia. Los guardias le cierran el paso, y Erzsebet se arrodilla, pidiendo a Dios que salve a su hijo, para ella y para la patria. Los guardias permanecen inflexibles ante ella. Horrorizada, Erzsebet ve que su sueño se hace realidad: como en él, su hijo se encamina al cadalso y ofrece su cuello al verdugo. Antes de que el verdugo alce el hacha, Lászlo proclama una vez más su inocencia. Erzsebet ve cómo el hacha, por tres veces, yerra su objetivo. El pueblo pide piedad, y todos interpretan que László es inocente, pues el hacha aún no ha conseguido herirlo. Gara grita al verdugo que lo golpee una vez más. Esta vez, la cabeza de László rueda por el suelo de la plaza. Erzsebet grita y se desvanece. Cae el telón.

Os dejo la grabación de la representación del sábado, que fue en directo por la radio húngara. En cuanto a discografía oficial, nada mejor que empezar con la grabación de Hungaroton con Sylvia Sass.  Merece la pena y es fácil de encontrar por ahí. Hay otras grabaciones, casi todas provenientes de la radio, un vídeo en blanco y negro de una modesta producción setentera y algunas versiones filmadas, como esta en la que encontramos una de las arias que Erkel añadió en distintas revisiones de la ópera a mayor lucimiento de los cantantes, en este caso Anne de La Grange, una de las grandes intérpretes del personaje de Erzsebet. Este aria alternativa, conocida como el Aria de La Grange, también fue grabada por sopranos históricas como Lillian Nordica.


Férenc Erkel
HUNYADI LÁSZLÓ

Conductor - Domonkos Héja
King László V -  Dániel Pataki Potyók
Ulrik Cillei the regent -  László Szvétek
Erzsébet Szilágyi - Beatrix Fodor 
László Hunyadi - Attila Fekete
Mátyás Hunyadi - Atala Schöck
Miklós Gara - Mihály Kálmándi
Mária Gara  - Erika Miklósa 
Mihály Szilágyi -  Ákos Ambrus 
Rozgonyi - András Habetler

1 comentario:

Anónimo dijo...

Felicitaciones por tu blog.

Todo en armonía, el diseño, los colores, la claridad de la prosa; sin duda reflejan la delicadeza del alma de su tempestuosa creadora.

El fin de semana me dedico a esta ópera que recomiendas.

sutpen

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