viernes, 21 de enero de 2011

Las raras: Madame Sans-Gêne, de Umberto Giordano

Esta es una entrada robot. Ha sido programada para evitar la muerte por inanición del blog debido a una ausencia de varios días. Igual que fue aquí, y aquí, etc, etc, etc.
Gracias a la prolífica pluma de Victorien Sardou Catherine Hubscher, antigua lavandera y después Duquesa de Dantzing, se convirtió en Madame Sans-Gêne. Un apodo que jamás llevó en vida y que fue arrebatado a la verdadera propietaria de tal sobrenombre, Marie-Thérèse Figueur, una mujer-soldado que se alistó en un regimiento de dragones y luchó en casi todas las campañas de la Revolución y el Imperio, siendo herida en varias ocasiones. Catherine hizo su fortuna, sin saberlo, al casarse allá por 1783 con un soldado llamado François-Joseph Lefebvre. Con el tiempo sería uno de los Mariscales de Napoleón, además de Duque de Dantzing. Ni Catherine ni él perdieron un ápice de su franqueza, lo que causaba cierta consternación en la Corte. No era raro que la nueva Duquesa hiciera referencias del tipo Cuando yo era lavandera..., ante el soponcio de sus interlocutores. No menos cuando el mariscal, ante cualquiera que presumiera de tener ilustres antepasados, respondía No seáis tan orgulloso. Yo soy un ancestro. En lo que a descendencia toca, fue numerosa: los Duques de Dantzing tuvieron catorce hijos. Por desgracia sólo uno de ellos sobrevivió.
En 1893 se estrenó la comedia de Victorien Sardou. Tendrá considerable éxito, no sólo inspirando la creación de alguna novela histórica badada en la obra teatral. Con la llegada casi inmediata del cine, la historia de Catherine Hubscher saltó a las pantallas. De 1900 a 2002 han sido varios los títulos cinematográficos que se han ocupado de ella, siguiendo más o menos las líneas argumentales de la obra teatral. Y también se ajusta a ellas la ópera de Umberto Giordano.
Madame Sans-Gêne se estrenó en el Metropolitan de Nueva York el 25 de enero de 1915, con Geraldine Farrar como protagonista. Giovanni Martinelli hacía el papel de Lefebvre y Pasquale Amato el de Napoleón. A la batuta, Arturo Toscanini. El crítico del New York Times describió la partitura de Giordano como tuneful, but not of great distinction. Aunque describió la noche del estreno como un éxito, también tildó el humor presente en el libreto de "rayano en el ridículo" y auguró que la nueva ópera de Giordano no tendría una impresión duradera en el público.  En esto no andaba muy descaminado, aparte de que el compositor jamás se recuperó del éxito de su otra obra sobre la Revolución, Andrea Chénier. Del resto sólo se salvó Fedora.
Geraldine Farrar - la primera Sans-Gêne de Giordano en 1910, como Charlotte en Werther
El telón se abre con los acordes de la Carmañola que Giordano ya citaba en Andrea Chénier. Por supuesto a lo largo de la ópera menudearán las alusiones al Ça ira o a la Marsellesa. Estamos en París, en un momento muy concreto: el 10 de agosto de 1792. La audaz Caterina Hubscher, llamada Sans-Gêne, va a casarse con el sargento Lefebvre. Su establecimiento es bastante popular: lo frecuenta el siniestro Joseph Fouché, que nunca paga sus facturas. También un joven oficial sin un céntimo al que Caterina perdona que sea tan lento a la hora de pagar como el anterior: un tal Napoleón Buonaparte al que Fouché se empeña en  llamar Timoleón. Después de la toma de las Tullerías, Caterina se compadece de un herido, el conde austriaco Neipperg y lo esconde en su alcoba. También su prometido, después de un inicial arranque de celos, contribuirá a salvar la vida al austriaco.
Luego damos un importante salto temporal. También en la posición social de los Lefebvre. Corre el año 1811 y Caterina es ahora la Duquesa de Dantzing. No obstante, bajo sus lujosos vestidos, sigue siendo tan franca como antes, una mujer del pueblo. Ni siquiera los que trabajan para ella la toman demasiado en serio: el modisto Leroy se queja de tener que servir a una persona de extracción tan baja. No obstante, tanto él como Despreaux, que intenta enseñarle a desenvolverse ante la corte, se deshacen en halagos ante Caterina, estorbada por las galas que ahora viste. Cuando llega Lefebvre, le anuncia abatido que el Emperador, harto de la torpeza en sociedad de la Duquesa, le ha ordenado que se divorcie y busque una esposa más distinguida. Los dos se desesperan. Una preocupación se añade a sus penas: Neipperg, el conde austriaco al que Caterina salvó, está nuevamente en peligro porque Napoleón sospecha que ama a la emperatriz Maria Luisa... y que es correspondido.
Durante una fiesta en la Corte, Caterina es duramente tratada por Carolina y Elisa, las hermanas del Emperador - arpías en la vida operística y en la real. Caterina no se arredra y le recuerda a la primera que está casada con el hijo de un posadero y que todos los que están en las Tullerías son en algún modo hijos de la Revolución. Anuncian a Caterina que el Emperador quiere verla. Al comienzo Napoleón exige a la Duquesa que se divorcie de inmediato, sin reconocer a su antigua lavandera. Ésta saca una de las notas que el entonces teniente Buonaparte le escribió, prometiéndole pagar los sesenta francos que le debía. Todo parece arreglado, pero de repente se oyen voces: han sorprendido a Neipperg en los aposentos de Maria Luisa. Convencido de la culpabilidad del conde, Napoleón ordena que lo degraden y que sea ejecutado. Desesperada, Caterina trata de demostrar la inocencia del conde. Finalmente, ésta queda clara (?) gracias a una nota dirigida por la emperatriz - Maria Luisa es aburrida en la vida real y en la operística: ni siquiera aparece en escena- a su padre, en la que le pide que llame a Neipperg a Viena, porque su presencia es incómoda en las Tullerías. Todo acaba bien y la triunfante Duquesa de Dantzing sale del despacho del brazo del Emperador... y con su matrimonio intacto.
Madame Sans-Gêne no tiene una discografía demasiado nutrida. El crítico del Times, como decía más arriba, no andaba muy descaminado cuando escribió que la ópera no había hecho mella en el público. No sólo es que las grabaciones sean escasas: es que ni siquiera hay fragmentos que podamos llamar populares. La primera de las grabaciones recogidas es la de la RAI en 1957, con  Arturo Basile a la batuta y Magda László en el papel titular. Después vinieron las funciones de la Scala dirigidas por Gavazzeni y las tardías de Freni, recogidas tanto en audio como en vídeo, aunque este último parece difícil de conseguir y no ha sido editado comercialmente, al menos que yo sepa (sí que lo fue el CD). Os dejo la función de la Scala en los años sesenta.


Madame Sans-Gene - Umberto Giordano 
 Caterina  Orianna Santunione 
 Lefebvre  Ferruccio Tagliavini 
 Fouché  Renato Capecchi 
 Conde de Neipperg  Nicola Tagger 
 Napoleón  Mario Zanasi 
 Toniotta  Limbania Leoni 
 Giulia  Jolanda Gardino
 Vinaigre  Rinaldo Pelizzoni
 Princesa Elisa  Laura Zanini 
 Orquesta y Coro del  Teatro alla Scala di Milano 

 Gianandrea Gavazzeni (1967) 

Aquí y aquí
Editado. ¿Por qué no hay enlace? Por esto.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Mi canal