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miércoles, 5 de agosto de 2009

Sesión doble desde Orange

Alagna y Uria-Monzon. La foto viene de aquí.

Roberto Alagna (a veces acompañado de Angela Gheorghiu) ha sido y es un habitual de los veranos de Orange. En estos días se halla empeñado en las representaciones de Cavalleria Rusticana y Pagliacci, dirigido por el muy veterano Georges Prêtre. Después de la primera función y tal como se recoge en esta noticia, Roberto Alagna decía sentirse muy satisfecho, ya que "el reparto era magnífico y tenía la impresión de que era el compositor quien dirigía". También ha dicho sentirse más cercano al personaje de Canio que al de Turiddu (orígenes sicilianos aparte), porque el primero "afronta una situación que todo artista conoce, cuando en la vida privada las cosas no van bien y sin embargo hace falta olvidarlo todo para continuar con el espectáculo". Eso se refiere a la función del estreno, sobre la que también podemos encontrar otras críticas aquí y aquí (donde no dejan demasiado bien a la dirección orquestal de Prêtre ni a la dirección de escena, ni a Inva Mula, la Nedda de estas funciones). La representación del día 4 ha sido retransmitida por radio y por televisión. Seguramente mañana ya tendremos vídeos circulando por ahí. De momento lo que podéis encontrar aquí abajo es la grabación de la radio. Si he de dar mi opinión, aparte de que Alagna (que es un tenor que no sólo me gusta, sino por el que siento verdadero cariño, pese a que haga o diga locuras de vez en cuando, o tal vez precisamente por eso) nunca me ha parecido cómodo en este repertorio pero que a la vez ha sido el mejor de este reparto, es que en conjunto esta función no ha sido gran cosa. Correcta sin mas (quitando algunos aspectos), y ligeramente aburrida, al menos en lo que a Cavalleria respecta. He de añadir que yo siempre me aburro con Pagliacci, así que en ese particular la objetividad brilla por su ausencia; eso sí, ya hemos empezado mal con el Prólogo y luego, como suele ser mi costumbre en esta ópera, he pensado en otras cosas mientras llegaba la pantomima. Pues aquí las tenéis, tal y como han sonado por la radio (ruido de fondo del viento incluido):


Pietro Mascagni, Cavalleria Rusticana
Beatrice Uria Monzon : Santuzza
Anne-Catherine Gillet : Lola
Stefania Toczyska : Mamma Lucia
Roberto Alagna : Turiddu
Seng-Hyoun Ko : Alfio

Ruggero Leoncavallo, Pagliacci
Inva Mula : Nedda
Roberto Alagna : Canio
Seng-Hyoun Ko : Tonio
Stéphane Degout : Silvio
Florian Laconi : Beppe

Choeurs des Opéras de Région
Orchestre National de France
Georges Prêtre

Aquí

y

Aquí.



domingo, 17 de mayo de 2009

Una efeméride para hoy: Cavalleria Rusticana


No sé si los autores del verismo se acarrearon una especie de maldición que hizo que fueran conocidos esencialmente por una sola ópera. Giordano y Andrea Chénier. Leoncavallo y Pagliacci. Mascagni y Cavalleria Rusticana...
Cavalleria Rusticana, basada en una novela homónima de Giovanni Verga (aquí podéis ver una página dedicada a él, y aquí leer la novela que dio origen a Turiddu y compañía), se estrenó un 17 de mayo de 1890 en Roma. No sería la única basada en la novela de Verga, porque al menos hay otras dos: Mala Pasqua, estrenada casi simultáneamente a la Cavalleria y como ella basada en el relato de Verga, obra de Stanislao Gabaldon (célebre por ser el compositor de Musica proibita), y, años más tarde (1907) Domenico Monleone, estrenó su propia Cavalleria Rusticana, que ha quedado relegada al olvido. En parte, la culpa de ese olvido fue del propio editor de Mascagni y en cierto modo responsable de que la primera Cavalleria viera la luz.
Cuando compuso Cavalleria Rusticana, el mayor éxito de su carrera, Mascagni tenía veintiséis años. Cuando en 1888 la editorial milanesa Sonzogno (la archirrival de la Ricordi) convocó un concurso para jóvenes compositores, Mascagni decidió presentarse. Según las bases, debían enviar a la editorial una ópera en un acto; las tres mejores serían representadas en Roma con todos los gastos de la producción a cargo del propio Sonzogno. Lo que la tradición nos cuenta es que Mascagni lo supo un poco tarde, dos meses antes de que concluyera el plazo. El libreto, a cargo de Giovanni Targioni-Tozzetti (que era amigo del compositor) y de Guido Menasci, se basaba en la novela de Verga, popular por entonces, aún más a raíz de su adaptación teatral. De nuevo la leyenda interviene para decirnos que Mascagni la compuso en apenas una semana, y que, descontento de su trabajo, decidió no enviarlo, pero que su esposa envió la partitura en secreto a Sonzogno. Naturalmente, Cavalleria fue una de las seleccionadas y sería representada en el Teatro Costanzi de Roma con un enorme éxito que no se repitió en la misma medida en ninguna otra obra de Mascagni. Dos años más tarde vería la luz su compañera habitual por los teatros (en el mundo anglosajón se refieren a ellas familiarmente como Cav&Pag): Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo.
¿Y qué pasó con la otra Cavalleria Rusticana, la de Monleone? Su autor, denunciado por plagio, se vio obligado a cambiar la historia y el título para evitar comparaciones con la de Mascagni. Además, para rematar el paralelo, Monleone había presentado su ópera al concurso Sonzogno. El editor la rechazó y Monleone acabó estrenándola en Amsterdam, en un doble programa compartido con... sí, la obra de Mascagni sobre el mismo tema. Al final, y después de la remodelación obligada por la acusación de plagio, la Cavalleria de Monleone acabó en el olvido. Recientemente se han editado algunas grabaciones, y se ha llegado a ofrecer un doble programa compuesto por las dos obras, la de Mascagni y la de Monleone.
Cavalleria Rusticana, la de Mascagni, claro, se ha convertido en un título popular, incluso utilizado con cierta frecuencia en el cine. En especial el último (e impactante) tramo de la tercera parte de la saga de El Padrino, que, muchos recordaréis, se desarrolla en torno a una representación de esta ópera (lo podéis ver aquí, y aquí, y aquí; naturalmente os fastidia el desenlace de la película si es que todavía no la habéis visto). Os dejo con una curiosa grabación en la que el propio Mascagni presentando el registro que celebraba el cincuentenario de su criatura, como él mismo dice. La dirección, naturalmente, corre a su cargo. La voz de la siciliana la pone Beniamino Gigli:

vídeo de gabrielpadilla

domingo, 12 de abril de 2009

Inneggiamo, il Signor non è morto!



Vídeo de
corelliavoice



Inneggiamo,
il Signor non è morto!
Inneggiamo
al Signore risorto
oggi asceso
alla gloria del ciel!


Al contrario de lo que diría Santuzza, ¡buena Pascua a todos (sí, las horas son un poco avanzadas ya, pero más vale tarde que nunca)!

miércoles, 9 de enero de 2008

Una de cumpleaños

Empezamos la mañana con la señora Meier, que hoy cumple años. Aquí la vemos en un repertorio no muy habitual para ella, el verismo, aunque... ¡cualquiera lo diría! (no es menos sorprendente cómo está su compañero José Cura; mucho mejor de lo que suele):


Hablando de la chica del cumpleaños, hoy El País publica una entrevista con ella, con motivo de su próximo estreno como Isolda en el escenario del Real:

Viajar con Wagner por la vida produce tanto placer como tormento. Waltraud Meier lo sabe bien y puede soportarlo todo sobre el músico alemán salvo que algunos conjeturen sobre él. "Muchas veces, las interpretaciones que se hacen suyas son tan artificiosas que no se acercan ni por asomo a su verdad", asegura la cantante. Ella puede presumir de conocer varios aspectos de los abismos de sus criaturas con el conocimiento que da haber representado 17 papeles del compositor alemán desde que debutara en 1976: largos, cortos, fascinantes o fundamentales como el de Isolda, la protagonista de una epopeya de amor que cambió el rumbo de la historia de la música. "Tristán e Isolda no es antigua ni moderna, es eterna", asegura esta cantante, para muchos, la más grande intérprete wagneriana que puede verse hoy encima de un escenario.


"Para Wagner, el placer existía en la compenetración de pensamiento"

"Entre la decoración y el teatro, yo me quedo con el teatro"

El próximo 15, Meier se sube por tercera vez a las tablas del Teatro Real, después de haber representado La valquiria y Lohengrin, con el deseo de intentar contagiar la emoción de un personaje inagotable: trágico y determinante, tierno y arrollador. Le toca darle vida ahora en un montaje de Lluís Pasqual, con Jesús López Cobos en el foso, después de haber triunfado en la Scala de Milán con el mismo papel bajo la batuta de Daniel Barenboim y la dirección de escena de Patrice Chéreau. Una experiencia que, confiesa, le ha cambiado su visión de la obra.

Pregunta. Las críticas han descrito el montaje de Tristán e Isolda en la Scala como algo muy profundo y deslumbrante. Para usted, ¿cómo ha sido?

Respuesta. He hecho el papel de Isolda desde 1993. Pero esto ha sido lo máximo en toda mi carrera. Chéreau y Barenboim han sabido extraer toda la verdad de la obra. Lo leíamos, lo analizábamos al detalle. Todo el mundo debería hacer lo mismo. Es la única forma de sonsacar los aspectos más luminosos porque no hay nada escrito al azar.

P. Pero ¿cuál ha sido la clave de esa visión de Chéreau y Barenboim?

R. Han ahondado en los aspectos más psicológicos. Se han centrado en lo que les ocurre a los personajes y han huido de contextualizarlo en una época o en otra. Así es como han extraído lo más puro y verdadero, toda la grandeza interior del comportamiento de los personajes, de sus sentimientos.

P. ¿Incluso le ha sorprendido la visión de Barenboim, que usted conoce tan bien porque lo han hecho tantas veces juntos?

R. Sí, incluso. Conozco su Tristán... desde hace 21 años y también cambia, se engrandece en los detalles. Hay veces que me sorprenden los sonidos de la orquesta. Pero, por encima de todo, él sabe que se trata de una ópera que conjuga como ninguna emoción e intelecto. Él dice que hay que pensarla con el corazón y sentirla con la cabeza.

P. ¿Y no será que usted también cambia en sus percepciones al enfrentarse a la obra? Porque Tristán e Isolda es de esas creaciones que acompañan toda la vida y crecen con nosotros.

R. También. Ahora me ha sorprendido la melodía del texto.

P. Abarca todos los aspectos del amor y de su ansiedad, esa dimensión tan contemporánea.

R. Es cierto, en el primer acto, esa ansiedad está provocada por el hecho de que no quieren permitírselo. Luego surge la pasión y después el amor en su mayor plenitud, en la que todo se comparte, hasta la debilidad y la vergüenza. Después, una vez vivido todo, exprimido todo, lo subliman muriendo juntos.

P. En esa visión ultrarromántica, la muerte también era preferible al fracaso amoroso que podía llegar cualquier día.

R. Así lo veía Wagner, así lo prefería.

P. ¿Y usted?

R. ¿Yo? ¿Personalmente? Creo que hay que luchar día a día por mantenerlo. O mejor que luchar, que es un poco fuerte, esforzarse para que no muera. Trabajar por ello. Los italianos, por ejemplo, confunden el amor con la pasión, yo no creo que sea lo mismo. Tampoco Wagner lo veía así. Para él existía un estadio del amor que producía un auténtico placer en la compenetración de formas de pensamiento, en la manera de ver la vida.

P. ¿El orgasmo intelectual?

R. Eso es. Así es.

P. También es necesario esforzarse para mantenerse en la cuerda wagneriana. Hay que trabajar duro, estar en forma. ¿Qué hace?

R. Mucho deporte. Gimnasia a diario si puedo. Dormir, beber agua, mucha agua y mantener los pies en la tierra.

P. Pero habrá días que le superará todo.

R. Sí, sin duda. Hay días en que no tienes ganas de nada, pero vences los obstáculos como puedes y luego, una vez en el escenario, se te pasa todo. Yo salgo al escenario y me convierto en una fiera.

P. El exceso, en Wagner, es un riesgo. Mal hecho cae en el ridículo absoluto.

R. Necesitas que predomine lo teatral, no dejarte llevar por lo artificial. Cuando en una ópera de Wagner se fomenta la buena interpretación y no sólo una bonita escenografía resulta mucho mejor. Entre la decoración y el teatro, yo me quedo con el teatro.

P. En Alemania, ¿conserva Wagner el peso que ha tenido históricamente?

R. En mi país, Wagner se está desdibujando. No se le entiende con profundidad en muchos casos. Me encontré una señora en el metro en Múnich que me reconoció y me dijo que ya no se le entendía bien. Le propuse que escribiera una carta al director de la ópera y me contestó que ya lo había hecho y que le habían contestado lo siguiente: "Señora, estamos muy satisfechos de que no le guste a todo el mundo". ¡Hay que ser arrogante y engreído!
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