martes, 26 de mayo de 2009

Comparaciones. Marguerite y sus joyas

No hará demasiado tiempo se habló por aquí de Faust, de Gounod, una de las obras cumbres de la ópera francesa y también una de las más célebres del repertorio galo. No menos conocida es el Aria de las Joyas de Marguerite (la Gretchen de la leyenda original), Ah, je ris de me voir. Un aria del Acto III, en el que se encuentra también la intervención más conocida del tenor, Salut, demeure chaste et pure. La escena de Marguerite se compone también del recitativo Je voudrais bien savoir... y del aria del Rey de Thule (Il était un roi de Thule), durante los cuales Marguerite rememora mientras hila en su rueca el encuentro que ha tenido con Fausto al salir de la iglesia. Después, la jovencita decide dejar de pensar en el joven que parecía tan distinguido y encuentra las flores que su eterno enamorado, Siebel (papel representado por otra soprano) le ha dejado. Pero no mucho más allá está el joyero bien repleto que Mefistófeles ha dejado a su alcance y se olvida del ramillete, dedicándose a adornarse con las joyas. Bien, pues allá van las cuatro damas. Como de costumbre, algo más de un mes para votar. Creo que son fácilmente reconocibles, pero, por supuesto, los nombres no se van a revelar hasta el final:




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