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domingo, 12 de junio de 2011

Corelli canta Spontini

Un día como hoy de 1829, se estrenó en Berlín Agnes von Hohenstaufen, de Gaspare Spontini. Gran ópera romántica - como reza su libreto en alemán - para algunos, obra tediosa y larga para otros... entre los que no me cuento. La ópera sufrió una revisión posterior, estrenándose su versión definitiva en 1837. En el siglo XX, hemos conocido esta ópera en versiones italianas, todas ellas recortadas. Su compositor siempre la tuvo en gran estima. Consideraba Agnes - que dedicó a su esposa Celeste - su mejor obra. No sólo eso, consideraba también, con esa falta de modestia tan suya, que ningún otro compositor podría ir más allá, y así se lo dijo a un tal Richard Wagner, que dejó en sus memorias el testimonio de su encuentro con el autor de La Vestale. En concreto lo que dijo el bueno de don Gaspar - ya he dicho más de una vez que tanta arrogancia acaba por enternecerme-  fue  ¿Cómo quiere usted, pues, que haya nadie que pueda inventar algo nuevo, cuando yo, Spontini, declaro que no puedo de ninguna manera superar a mis obras precedentes, y cuando sé, por otra parte, que después de La Vestal no se ha escrito una nota que no fuese robada de mis partituras? Genio y figura. 
Los aficionados a Spontini somos pocos y pacientes - es la costumbre, no nos queda otra- , así que confío en que tarde o temprano se acabará recuperando la partitura entera y en lengua alemana.  Si tenéis Spotify y os apetece ir más allá de este fragmento, podéis escuchar la que Vittorio Gui dirigió en Florencia en 1954. 
del canal de Stoltapaura 
Por supuesto O Re dei Cieli es mucho más conocida y no hay criatura viviente que la haya cantado como esta señora, que por desgracia no llegó a cantarla entera. 

jueves, 14 de mayo de 2009

Una Norma agitada

Aparte de la "tríada" formada por Callas, Sutherland y Caballé, muchas otras cantantes se han enfrentado al papel de la sacerdotisa de Irminsul con mayor o menor fortuna son tantas (incluyendo alguna tan exótica como Antonietta Stella, de la que se conserva una grabación en pésimas condiciones sonoras, con Del Monaco como Pollione) que es difícil hacer una relación exacta. No obstante, una de las representaciones de Norma más sonadas quedó recogida en disco. Y la función sucesiva, también.En 1958 Anita Cerquetti estaba cantando Norma en el San Carlo cuando tuvo lugar la función de la que hablamos. Mientras ella daba vida a la sacerdotisa en Nápoles, Callas estaba haciendo lo propio en la Ciudad Eterna. Pero la Divina se encontraba indispuesta (treinta y seis horas antes de la ópera estaba sencillamente afónica) y dejó la representación después del primer acto. Al parecer, había insistido antes de la función para que buscaran una sustituta, pero la dirección del Teatro de la Ópera de Roma se negó, alegando que era una noche de gala y que el Presidente de la República estaría presente. Después de un primer acto de dura lucha con su voz (al término del cual algunos miembros del público le gritaron Vuélvete a Milán, ¡Nos cuestas un millón de liras! y cosas semejantes) , y pese a los ruegos de Santini, del director artístico del teatro y de otros presentes en el camerino. Al día siguiente los periódicos hablaban indignados de "Esa artista de segunda clase, italiana por matrimonio, milanesa a causa de la admiración injustificada de ciertos segmentos del público de la Scala, internacional por su peligrosa admiración con Elsa Maxwell". Pero hablábamos de Cerquetti, que llegó, cantó la segunda función de Norma y cosechó un considerable éxito que desató el interés de los teatros por ella. Cuando Callas, aún en Roma, declaró que se había restablecido y quería cumplir con su contrato, la dirección de la Ópera se negó. Se entabló un pleito que acabaría ganando Callas, con la Ópera de Roma condenada a pagarle los daños y perjuicios. Entretanto, Cerquetti, que cantó las demás funciones, tuvo que llevar su Norma de Nápoles a Roma. No es extraño que con esto, y con la frenética actividad que desarrolló en su demasiado breve carrera, Cerquetti aludiera al estrés que sentía en aquella época, que le impedía incluso dormir. Norma será siempre, según sus propias palabras, la ópera más cercana al corazón de la Cerquetti. En el resumen del argumento habéis podido escuchar el dúo final entre Norma y Pollione, y gracias al vídeo de magghot podéis hacer lo mismo con su Oh, di qual sei tu vittima!. Como podréis ver, el sonido no es el mejor de los posibles.

Como ya apuntaba por algún lugar, la Norma interrumpida de Callas en Roma (cuyo teatro haría, muchos años más tarde, un acto de desagravio a la Divina) fue preservada y algo de ella puede escucharse aquí, si tenéis curiosidad, así como la reacción del público (y de los locutores de la radio) ante la retirada de la soprano. Curiosamente recuerdo que el tema de la función romana interrumpida resurgió con ocasión de la "espantada" de Alagna en la Scala, durante la ya célebre función de Aida, considerándose como precedente. Claro que Callas tuvo el detalle de terminar el primer acto, así que la comparación resulta un poco traída por los pelos. En cuanto a la Norma de Cerquetti, varias casas discográficas la han editado (por ejemplo la imprescindible Opera d'Oro, qué sería de nosotros, operómanos de pocos recursos, sin ella), aunque el sonido (al parecer la grabación procede de un espectador que estaba presente en el teatro) deja bastante que desear en todas y cada una de las ediciones.

domingo, 15 de junio de 2008

Mitos irrenunciables: Anita Cerquetti

Anita Cerquetti tuvo una carrera breve, demasiado breve. Eso es lo primero que todo aficionado descubre sobre ella, tras el descubrimiento de su asombrosa voz, claro está. En mi caso ese descubrimiento tuvo lugar gracias a un Vissi d'arte bajado de la red por puro azar. Lo mismo que sucedería no mucho más tarde con Antonietta Stella.
La Cerquetti fue uno de esos prodigios que se pasearon por los escenarios operísticos de los años 50, donde no sólo existían Callas y Tebaldi... Nacida en 1931 en Montecosaro, cerca de Macerata, en sus primeros años no estudió canto, sino violín. Pero la prodigiosa voz de Anita ya había llamado la atención de uno de sus profesores en el Conservatorio. O, según cuenta otra historia, cantó a los dieciséis años en la boda de una amiga, boda a la que asistía también un miembro de la orquesta del Teatro San Carlo de Nápoles, que le aconsejó que estudiara canto... Sea como fuere, el caso es que Cerquetti se inscribió en el Conservatorio Francesco Morlacchi de Perugia, estudiando con Aldo Zeetti. Le bastó poco tiempo para "pulir" su voz. Su primer concierto como solista tiene lugar en 1949, en Città di Castello. En 1951 (luego de haber participado en diversos concursos) hizo su debut como Aida en Spoleto. En julio de 1952, en el Teatro Nuovo de Milán, cantaría la Leonora del Trovatore. Los críticos alababan la poderosa y límpida voz, pero Anita distaba mucho de ser una estrella... No dejó de lado su formación y siguió estudiando para perfeccionar su técnica. Aida, finalmente, sería el papel con el que debutaría en la Arena de Verona en 1953. De todas maneras, los teatros importantes seguían sin hacer demasiado caso de la Cerquetti. Si exceptuamos a Florencia, claro, que siempre le prestó gran atención... Tampoco fue una asidua de las discográficas. La única grabación comercial de una ópera que grabó Cerquetti fue La Gioconda para Decca, con Del Monaco y Simionato, además de un recital para la misma compañía londinense. Se conservan, eso sí, grabaciones de Ernani, Un Ballo in Maschera, La Forza del Destino (Verdi), Gli Abencerragi (Cherubini), Norma (Bellini)... La sacerdotisa gala sería uno de los papeles más habituales de Cerquetti, y también el que la llevaría a los titulares... Aunque con una pequeña ayuda externa. En 1958, y en presencia del Presidente de la República, Maria Callas, que estaba cantando Norma en Roma, abandonó la función tras el primer acto. En realidad, Callas estaba enferma y no se sentía capaz de continuar, aunque eso no se supo hasta mucho después y en su momento fue tomado como un capricho de la Divina. En todo caso, fue Anita (que estaba cantando Norma en el San Carlo de Nápoles) la que sustituyó a la Callas, cosechando un gran éxito. No mucho después, recibía una invitación de la Scala. Allí cantaría la Abigaille de Nabucco en junio; posteriormente rechazó un contrato que Rudolph Bing le ofreció para cantar en el Met. En 1959 diversos acontecimientos afectaron profundamente a la soprano: la muerte de su padre y de su mentor Zeetti. Paulatinamente se retiró de los escenarios, hasta su desaparición de estos en 1961.


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